jueves, 14 de diciembre de 2017

EL ZORRO, EL GALLO, OTRA AVE Y OTROS ANIMALES LA CAZA POR ENGAÑO

70 VERSIONES Y VARIANTES







A. EL ZORRO, EL GALLO, EL HORNERO U OTRA AVE

LA CAZA Y LA LIBERACIÓN POR ENGAÑO

CUENTOS DEL 32 AL 51

20 VERSIONES

 

B. EL ZORRO Y EL GALLO

EL NUEVO DECRETO

CUENTOS DEL 52 AL 76

25 VERSIONES

 

C. EL ZORRO, EL GALLO Y OTROS ANIMALES

EL ZORRO AUTORIDAD, EL ZORRO CONFESOR

CUENTOS DEL 77 AL 84

8 VERSIONES

 

D. EL ZORRO Y EL GALLO

EL ZORRO MAESTRO

CUENTOS DEL 85 AL 101

17 VERSIONES






LA CAZA Y LA LIBERACIÓN POR ENGAÑO



TUCUMÁN

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EL ZORRO Y EL GALLO




            En un gallinero vivía un gallo que se llamaba Gallardo. Juan, el Zorro, se lo quería come a Gallardo. Todos los días llamaba al gallo. Un día, Juan le decía:
            —¡Gallardo! ¡Gallardo!, vení que te leo un código que está muy importante. Dice que todos tenimos que ser amigos. Que nadie tiene que comer a otros. Vení, Gallardo, que te lo leo al código.
            Y áhi ha obedecido el gallo y ha venido a vé el código. Y áhi el zorro lo ha agarrao. Y lo ha llevado en la boca al pobre gallo. Y se iba pa comélo. Y por áhi ha pasado abajo di un árbol ande había muchos loros. Gallardo gritaba y gritaba. Cuando han visto los loros que el zorro lo llevaba al gallo, han empezao a gritá todos. Que era un griterío muy grande de los loros. Y decían:
            —¡Juan se lo lleva a Gallardo en la boca! ¡Juan, largálo a Gallardo! ¿Ande vas con Gallardo? ¡Lárgalo, Juan, largálo!
            El zorro 'taba muy enojao de ver como gritaban los loros, que todo el mundo se enteraba de que él se lo llevaba a Gallardo.
            Entonces el gallo le dice al zorro:
            —Deciles ¡qué te importa!, a esos loros entremetidos qui hacen ese griterío. ¡Qué te importa!, deciles a esos chismosos.
            Entonce el zorro, que 'taba muy enojao, si ha parao y les ha dicho a los loros:
            —¡Qué te importa!
            Cuando ha abierto la boca Juan, Gallardo si ha volao y si ha salvao arriba di un monte muy alto. Entonce los loros han visto que venía un cazador con muchos perros, y han empezao a gritá:
            —¡Dispará, Juan, que viene la polecía! ¡La polecía te caza, Juan! ¡Dispará! ¡Dispará!
            Juan, muerto 'i miedo ha preguntao:
            —¿Di ande viene la polecía?
            —¡Del norte! —le han gritao los loros, engañándolo pa que lo maten los perros.
            Entonce Juan disparó pal sú, y áhi cerquita se topó con muchos perros que venían con un cazador. Y los perros lo carniaron y lo devoraron al Juan. Entonce los loros se reían a carcajadas del pícaro Juan que quería engañá al pobre Gallardo pa comerlo. Y Gallardo, muy contento, se pudo bajá del monte y se jue a su gallinero despué que agradeció a los loros que lu habían salvao.

            Sabina de Mamaní, 60 años. Benjamín Paz, Trancas, Tucumán, 1964.
            Oriunda de este lugar, alejado y conservador. Su apellido figura entre los más típicos de sus ascendientes indígenas. Ha concurrido a la escuela primaria. Es buena narradora.


TUCUMÁN

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EL ZORRO Y EL GALLO




            El zorro si había hecho compagre del gallo porque andaba con intención de comerlo. Y güeno, un día lo agarró descuidau y se lo llevaba en la boca.
            Lo vieron unas mujeres y empezaron a gritarle:
            —¡El zorro se lleva el gallo! ¡El zorro se lleva el gallo! Entonce el gallo, más vivo que el zorro, le dice:
            —Dígales compagre que ¡qué les importa!, qui usté me lleva porque es mi compagre.
            El zorro que 'taba rabioso con los gritos de las mujeres, se da güelta y les dice, muy enojado:
            —¡Qué les importa, metidas, si lo llevo porque es mi compagre!
            Abrió la boca el zorro y el gallo aprovechó y se voló a un árbol. Se subió bien alto, contento di haberse salvado por un milagro.
            El zorro, qui había perdido la presa por zonzo, empezó a decirle al gallo:
            —Bajesé, compagrito, y sigamos juntos. Yo lo llevaba a pasiarse, así alzadito en mi boca.
            El gallo en vez de contestarle, miraba lejos y contaba:
            —Uno, dos, tres, cuatro y el cazador.
            Y el zorro li hablaba y el gallo seguía contando:
            —Uno, dos, tres, cuatro y el cazador.
            —¿Qué está contando, compagre? —le dice el zorro muy intrigado.
            —¡Son unos perros que vienen áhi cerquita con un cazador!
            —¿De qué lau vienen?
            —Di aquel lau, compagre, ¡dispare!
            Y el pícaro gallo lu hizo dispará pal lau que venían los perros, y lo mataron al zorro.

            Florencia Lucero, 48 años. Potrerillos, Luján, Mendoza, 1951.
            Campesina que vive en esta región de las montañas andinas. Analfabeta. Buena narradora. En su lenguaje hay influencia del habla rústica de Chile.



CHACO

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EL TIGRE, EL ZORRO Y EL ALONSO




            Resulta que el zorro y el tigre jueron a mariscá.1 Resulta que el tigre y el zorro no encontraron má lo que iba a mariscá. Lo encontraron al alonsito que 'taba haciendo su casa. 'Taba llevando barro para la casa.
            Cuando le vio al alonsito, el tigre le pegó un dentro para cazálo. El alonsito como é chiquito pasó por abajo del brazo del tigre y áhi le cazó el zorro que estaba atrá del tigre.
            Y se jue el zorro con l'alonsito en la boca. Y el tigre le miraba. Y el alonsito le dice al zorro:
            —Decile al tigre, qué pavo é para cazá.
            Y el zorro, contento, al decile eso al tigre, abrió la boca, y el alonsito se voló.
            Y se quedó el zorro sin el alonsito pa comele. El alonsito é má vivo que el zorro.

            Anastasio Melgarejo, 21 años. Machagai, 25 de Mayo, Chaco, 1959. El narrador ha concurrido a la escuela del lugar.



MISIONES

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EL ZORRO Y EL ALONSITO




            El zorro le agarró descuidado al alonsito. Y le vieron todo lo pájaro que había en el estero y gritaba que aturdía. Y le dice el alonsito al zorro:
            —¡Decíle qué pa1 le importa!
            Y el zorro le quería decí. Abrió la boca y se voló por2 un árbol el alonsito. El alonsito é vivo y le embroma al zorro.

            Pedro Gómez, 64 años. San Javier, Misiones, 1961. Nativo de la región. Oyó el cuento a muchos narradores del campo.



CORRIENTES

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EL ZORRO Y EL HORNERO




            En una oportunidad el zorro cazó un hornero. No lo comió allí mismo y lo llevó en la boca derecho a la cueva. Como el hornero no había muerto, procuró zafarse. Pataleó y picoteó en vano. Entonces empleó la astucia, y dijo al zorro:
            —Señor Zorro, por aquí todos son curiosos y no pierden la oportunidá en preguntar por todas las cosas. Esos teros1 que están allí son de los más curiosos y si le preguntan qué lleva en la boca, contestelé usté:
            —¡Qué le importa!
            Los teros, cuando vieron que el zorro trotaba por la orilla de la laguna y llevaba al hornero en la boca, empezaron las griterías:
            —¡El zorro lleva en la boca al hornero! ¡El zorro ha cazado al hornero!
            El zorro enfadado les dijo:
            —¡Qué les importa!
            Y cuando abrió la boca el zorro, se voló el hornero. Así salvó el hornero de ser muerto por el zorro. No hay astuto que no encuentre otro más astuto.

            Juan Bautista Acosta. Mburucuyá, Corrientes, 1950. El narrador es director de escuela. Habla el guaraní de la región.



CORRIENTES

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CUENTO DEL COMPADRE EL ZORRO




            Había hace muchos años un zorro que vivía cerca del alonsito. Se hizo compadre del alonsito. Una vez andaba con hambre atrasado el zorro, y se propuso comerlo al compadre alonsito.
            Cuando supo el alonsito de las intenciones de su compadre, no se descuidaba un solo momento.
            El zorro lo encontró al alonsito cerca de un estero1 y le dice:
            —Acercáte, compadre, que te contaré un cuento.
            El alonsito se paseaba dando saltitos sin acercarse. Tanto hizo el compadre para cazar al alonsito, que al fin, para engañarlo le dijo:
            —Pero, me hacés recordar a tu padre con ese modo de caminar tan compadrito que tené. Yo le conocía mucho a tu padre.
            Cuando le habló del padre muerto, el alonsito se acercó, y el zorro de un salto se lo cazó.
            Viendosé ya muerto el alonsito, mira hacia el estero y ve dos mujeres lavando ropas, y le dice al compadre zorro:
            —Mirá, esas mujeres dirán: ¡El pobre alonsito será muerto! Y vos, compadre, cuando griten, contestále: ¡Qué les importa!
            Entonce el alonsito empieza con su ¡Tis, tris! ¡Tis, tris!... gritando fuerte.
            Miran las mujeres y dicen:
            —¡El pobre alonso será muerto! ¡Lo lleva el zorro en la boca!
            Y el zorro enfadado contesta:
            —¡Qué les importa!
            Al decir esto el compadre abre la boca y el alonsito volando se escapa, salvandosé de la muerte.

            Carmen L. F. de Godoy. Arroyo Marote. Curuzú Cuatiá. Corrientes. 1950.
            La narradora es Directora de escuela. Habla el guaraní de Corrientes. Pronuncia con marcada aspiración las eses finales.



CORRIENTES

38

 

EL ZORRO Y EL ALONSO




            El zorro, dice, que cazó al alonsito. Y depué, dice, que lo 'taba llevando en la boca a la costa de una laguna.
            Y depué lo 'taba lavando do muchacha a la orilla de eta laguna. Y entonce dice que le dice el alonsito:
            —Cuando te digan la muchacha por qué me lleva, decile qué le importa a ella.
            El alonsito le enseñó así.
            Y le 'taba llevando el zorro al alonsito en la boca. Y la lavandera gritaba:
            —¡El zorro 'tá llevando a don Alonso en la boca! ¡Pobre don Alonsito!
            Y entonce el zorro s'acordó lo que le dijo el alonsito y le dice a la lavandera:
            —¡Qué le importa a ustede!
            Entonce, dice, abrió la boca el zorro para hablá. Y cuando abrió grande la boca, salió, saltó el alonsito volando y cantando.

            Severa Alfonso de Falco, 71 años. Corrientes. 1959. La narradora, mujer del pueblo, iletrada, es bilingüe guaraní-español.



CORRIENTES

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EL AGUARÁ Y EL ALONSITO

(El zorro y el hornero)



            Dice que ante... andaba un aguará1... Y dice delante del aguará iba pasando un alonsito... jha jhe'i chupé el aguará (y le dice el aguará):
            —Pero yáma nicó reyoguá pavé ndé abuelito, el finádope jha reguatarõ... zambó... jha rembotí-mbotírõ pende resacito... uperõ catú tevé es el reyoguá pait'éva —para adularle—¿sabe pa? (Pero qué idéntico parecido tené a tu abuelito, el finado, y cuando camina a saltito, a saltito, y cuando cerrá, cerrá eso tu ojito, entonce sí que le parecé en todo).
            Jha upérõ... é claro qu' el pajarito má cerraba y má abría lo ojito y en una de ésa saltó sobre él el aguará y le agarró... Y le tenía fue2 en la boca. Y dice que el alonsito le dijiste entonce:
            —Aní'pi che yucá güeterí. Jha agha yajháne ya pasa petei gallo renonderupi jha jhe'íne ndéve (No, pué, me vaye a matá todavía. Y ahora iremos por delante de un gallo y entonce te va a decí): ¡Epoí pe alonsítope! Jha entonce decile usté: ¡Nda poichéne! (¡Largale a ese alonsito!) Y entonce contestále usté: ¡No le he de largá!).
            Y dicen que fueron a pasá por delante del gallo. Y dice que le dijiste el gallo al aguará:
            —¡Epoí pe alonsítope!
            Y entonce le dijiste el aguará:
            —¡Nda poichéne!
            Abrió fue la boca el aguará para hablá y salió fue a vuela el alonsito. Y le bromó el aguará. Y subió en la rama a mirá por él.

            Gregorio González, 70 años. Itá Ibaté. General Paz. Corrientes. 1950.
            Transcribió el cuento la Sra. Rosa E. Gelardi de Schlomer, Directora de Escuela. El español del narrador es el de los viejos comarcanos que no han concurrido a la escuela y hablan el guaraní preferentemente. El narrador traduce espontáneamente su guaraní muy hispanizado.
            Antes de comenzar el cuento dice el narrador:
            —Aicua'á co peteí cuentico ïmá güaréva, la señora (Sé un cuento de antes, la señora).
            Quiere decir que lo sabe narrar en guaraní.
            —¿Conoce pa la señora el aguará? —agrega para advertir que ese animal es el personaje de su cuento.


CORRIENTES

40

 

EL ZORRO Y EL ALONSITO




            El zorro salió a rebuscarse. Que tenía hambre el zorro. Y por ahí se encontró con el alonso, que andaba comiendo. Caminando andaba el alonsito, que camina tan compadrito y se mueve tan lindo. Y le quería comer el zorro. Y para ver si le podía comer le dice el zorro al alonsito:
            —¡Puta, que só compadre! ¡Cómo caminá tan compadrito! ¡Ya verás cómo te voy a comer! Entonces le dijo el alonsito:
            —Eso 'tá lejo de su ambición.
            Y siguió caminando el alonsito, muy lindo. Y por ahí el zorro le descuidó y le cazó al alonso. Y el zorro no le mató, lo llevaba en la boca. Y el alonsito le dice que por ahí suele haber uno baile muy lindo y que el zorro, que é un mozo caté1, tenía que ir a eso baile. Y el zorro por ahí le pregunta, sin abrir mucho la boca:
            —Decime, por aquí ¿adónde suele haber baile?
            Y entonces le dice el alonsito:
            —Y bueno, tiene que reírse usté y dar un grito para que lo venga a invitar lo dueño del baile.
            Y pegó un grito el zorro. Cuando grita, abrió grande la boca y se escapó el alonso. A ese momento abrió la boca y salió volando el alonsito. Y el zorro quería ir a lo baile para comerse la gallina de la casa. Y cuando pegó el grito el zorro lo sintió uno cuanto perros y le corrieron y le arregló al zorro. Y entonce lo decía el alonsito que 'taba arriba de un árbol:
            —¿Ha visto que me decía que era compadre y que me va a comer?
            Y le mató al zorro lo perro y se salvó el alonsito.

            Pedro Amado Vázquez, 63 años. Itatí. Gral. Paz. Corrientes. 1959.
            Lugareño rústico. Bilingüe guaraní-español.



CORRIENTES

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EL GALLO Y EL ZORRO




            En una fría mañana de invierno y tentado por el hambre, un zorro madrugador recorría los gallineros y miraba los árboles para divisar las gallinas que dormían en él.1 De pronto quedó debajo de uno, viendo moverse un gallo. Largo rato aguardó debajo de éste en espera que bajase. Como el gallo no lo hacía, pues éste había notado la presencia del zorro, comenzó a desparramar unos granos de maíz para tentar el estómago del gallo. Aguardó otro rato. Impaciente ya el zorro y ansioso por darle caza, le dice:
            —Bajáte gallo a comer maíz.
            Éste, fingiéndose no oírlo alarga el pescuezo y mirando a lo lejos tratanto de divisar algo a la distancia, se puso a contar:
            —Uno, dos, tres...
            El zorro no le causó buena gracia esta cuenta y se apuró a preguntarle:
            —¿Qué estás viendo, gallo?
            Éste, completamente indiferente, comienza de nuevo:
            —Uno, dos, tres...
            El zorro afligido ya, viendo que nada bueno podía esperar, comenzó a inquietarse y con más fuerza pregunta:
            —¿Qué es lo que mirás, gallo?
            Éste se mantiene sordo y estirando el pescuezo todo lo que puede dice nuevamente y más alarmado:
            —Uno, dos, tres y cuatro con el rabón...
            El zorro al oír lo de rabón y por instinto del miedo, bajó la cola y haciéndose el chiquito, olvidándose de la presa codiciada que aguardaba, echó a correr todo lo que pudo. El rabón era nada menos que un perro cazador. El gallo, riéndose de la astucia del zorro, bajó a comer tranquilamente, pensando que él, teniendo una cabecita tan chica, pudo inventar la mentira del rabón para librarse de las garras del zorro.

            Dolores Celia Alaya, 45 años. Ciudad de Corrientes. 1950.
            La narradora, que es Directora de Escuela, oyó contar este cuento a una mujer del pueblo en El Malezal (Esquina).
            Es variante del cuento del nuevo decreto.



ENTRE RÍOS

42

 

EL CASERO Y EL ZORRO




            Éste era el zorro que un día había cazau al casero para comeseló. Y se lo llevaba en la boca. Iba por un camino y los demás pajarito se juntaron y gritaban alrededor del zorro. Que hacían un griterío muy grande, que lo enloquecían al zorro, diciendo:
            —¡Pobre don Casero! ¡Pobre don Casero! ¡Tan bueno y tan trabajador, que lo irán a comer! ¡Y el zorro lo lleva! ¡Áhi lo lleva el zorro a don Casero tan bueno y tan amigo qu' es de todos!
            Y el zorro iba no más con el caserito en la boca y marchaba por un camino. Y por áhi al casero se le ocurre decíle al zorro, que le dijiera a los demás pajaritos que eran tan entrometido, ¡qué les importa!
            Entonce el zorro que 'staba enojado con tanto griterío se paró y les dijo:
            —¡Qué les importa! —y abrió la boca tan grande que el caserito salió volando. Y así se salvó el caserito y el zorro se quedó rabiando no más.

            Dora Fassarella, 28 años. Villaguay. Entre Ríos. 1957. Nativa de la comarca. Muy buena narradora. Semi-analfabeta.



ENTRE RÍOS

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EL CASERO Y EL ZORRO




            El casero 'taba bañándose en un arroyo. Y en eso llega el zorro.
            —¿Aja! ¡Que 'tas haciendo?
            —Y me estoy bañando...
            Y quería volar y no podía. 'Taba todo mojado, todas las plumas mojadas, no podía volar. Y entonce dice que le dice el zorro:
            —¡Aquí te quería agarrar yo!
            Y entonce lo pesca de la cola y lo agarra, ¿no? Y lo llevaba.
            —No me apretés tan juerte —le dice el casero.
            —No —dijo.
            —Llevame —dice el casero— a una parte ande hay sombra, porque si me comés acá te va hacer mal. Mirá que estoy bien gordo, yo.
            —Sí, voy ande vos querás.
            —Sí, llevame ande hay un árbol lindo, en aquella sombra.
            Bueno, se van.
            Y vienen entonce todos los otros pájaros y dicen, gritando:
            —¡Ah! ¡Lo agarraron, lo agarraron a Alonso, después tan arisco que era, tan arisco!
            Y entonce que le dice don Alonso, que le dice al zorro:
            —Pero, es una vergüenza. Digalé ¡qué les importa! —dice.
            Y cuando abrió la boca para decirles qué les importa, le pegó el volido el casero y se le escapó otra vez, porque muchas veces lo había querido cazar el zorro al casero.

            Pedro Mazzuco, 66 años. Federal. Entre Ríos. 1970. Lugareño semiculto.



ENTRE RÍOS

44

 

EL CASERO Y EL ZORRO




            Lo encuentra don Juan el zorro al casero. Y lo quería comer, y le dice:
            —¿Cómo te va, Alonso? Tenés el mismo traje que tenía tu padre. El mismo traje también lo vestís vos. Qué parecido sos a tu padre, que era mi amigo querido.
            Al casero le gustaba mucho que le hablaran del padre que se le había muerto, y se olvidó de las mañas del zorro.
            Y le vuelve a decir el zorro:
            —Lo único que te falta para parecerte más a tu padre, es hacer unas cerraditas de ojos que él sabía hacer.
            Y entonce el casero inocente entró a cerrar los ojos. Y en una de esas que el casero cerraba los ojos, el zorro se abalanzó y lo cazó con la boca. Y partió al trote con el casero en la boca. Cuando lo vieron los otros pájaros empezaron a gritar, y decían:
            —¡Don Juan lo lleva a don Alonso! ¡Don Juan lo lleva a don Alonso!
            Y entonce le dice el casero:
            —Deciles que sos dueño, que ¡qué mierda les importa!
            Y el zorro, que iba enojado por el bochinche que hacían los pájaros, aflojó la boca, para decirles eso, y el casero salió volando y se asentó en un árbol. Y el zorro quedó mirando, arrepentido de haberlo atendido al casero.

            Santiago Estecho, 80 años. Villaguay. Entre Ríos. 1970.
            Hombre de pueblo, semiculto. Buen narrador. Ha olvidado casi todos los cuentos que sabía porque ya no los cuenta.



ENTRE RÍOS

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EL ZORRO Y EL CASERO




            Dice que una vez se agarra un casero el zorro. Lo llevaba en la boca. Quien sabe qué le dio que no lo apretó, que no lo mató. Y don Casero le dice:
            —Digamé, don Juan. Me han dicho qua usté sabe cantar muy lindo.
            Y don Juan esa vuelta creyó. Cuando abrió la boca para hacer un canto, que sé yo, se voló don Casero y se quedó mirando don Juan.
            De ahí sacó algo ya el zorro, algo para ser más zorro. Porque el casero lu había engañau. Eso quiere decir que a veces no hay que fiarse de cualquier persona porque el má humilde puede darle una leción, ¿no?

            Amílcar Anicero Zapata, 79 años. Estancia Rincón del Vizcaíno. Don Cristóbal, Nogoyá. Entre Ríos. 1970.
            Hacendado. Gran conocedor de la narrativa nacional.



SANTA FE

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EL ZORRO Y EL CASERO




            Una vuelta el zorro lo encontró al casero en un charco. 'Taba sacando barro pa hacer su casita, porque el casero es como un albañil para hacer la casa. Áhi lo empezó a conversar y en un descuido lo cazó. Salió al trote con el casero en la boca. En eso lo vieron los pájaros del campo y se amontonaron y hicieron un griterío, y lo insultaban al zorro, y le decían que lo largue al pobre caserito, que lo largue. Entoce el caserito, que es tan vivo, le dice:
            —Deciles que se dejen de joder, que qué les importa a ellos.
            El zorro que 'taba enojadísimo se paró, abrió la boca para hablar y el casero se voló.
            Los pajaritos hicieron una fiesta, revoloteaban y cantaban y el zorro siguió muy enojado y diciendo que ya se la iban a pagar todos.

            Francisco Galván, 65 años. San Cristóbal. Santa Fe.1953.
            Trabajador rural. Buen narrador.



BUENOS AIRES

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EL CAVARÁN Y EL PAJARITO




            Yo he conocido un pajarito que se llamaba cavarán1, que era muy malo, que se comía todos los pajaritos, ése. Y a él nunca lo podían agarrar. Y por áhi, otro pajarito lo agarró de descuido, no sé cómo lo agarró, y entonces le dijo:
            —Bueno... Vos estás acostumbrado a comer todos los pajaritos que agarrás. Ahora yo te voy a comer a vos.
            Entonces le dijo que sí, pero que antes le iba hacer un pedido. Le dijo:
            —Yo te voy hacer un pedido antes que me comás.
            Dice:
            —¡Sí, cómo no!
            —Vos tenés que decir: A un cavarán comí.
            Y entonces, cuando dijo: A un cavarán comí, salió volando el cavarán y le dijo al pajarito:
            —A otro zonzo, pero no a mí.
            Y así se salvó el pícaro cavarán.

            Ángel Moyano, 62 años. Estancia San Pedro. Cañuelas. Buenos Aires. 1969.
            Peón de campo.
            En el cuento hay una confusión entre el alcaraván del cuento español, el ave amiga de la paloma que le aconseja no entregar sus polluelos al lobo, y el caburé de nuestros campos. Seguramente el cuento ha sido narrado por inmigrantes españoles y adaptado por los narradores criollos.



LA PAMPA

48

 

EL GALLO Y EL ZORRO




            Se encontraron el zorro y el gallo. El zorro no sabía cómo hacer para agarrarlo. Le preguntó al gallo cómo hacía para dormir, y el gallo le preguntó al zorro cómo hacía él. Y el zorro se acostó, se puso la cabeza entre las patas y cerró los ojos, y dormía. Después se despertó y dijo al gallo:
            —Ahora enseñame vos cómo dormís.
            El gallo se agachó, puso la cabeza abajo de las alas. Entonces el zorro dio un salto y lo agarró y disparó con el gallo en la boca. Pasó cerquita del dueño del gallo. Y el dueño empezó a gritar y a decir:
            —¡Ay, mi gallo! ¡El zorro se lleva mi gallo! Entonces el gallo le dijo al zorro:
            —Decile que no soy más de él, que soy tuyo. Entonces el zorro, al abrir la boca para hablar, lo dejó escapar, y el gallo disparó. El zorro dijo:
            —¡Pobre mezquino!, quise hablar y tenía la boca llena. El gallo le contestó:
            —Y yo era zonzo que quise dormir y no tenía sueño.

            Antonio Liboa, 65 años. Rancul. La Pampa. 1955. Lugareño semiculto. Buen narrador.



LA PAMPA

49

 

EL ZORRO Y EL GALLO




            Esto sucedió en el tiempo que los animales hablaban. Había una gran escasez. El zorro con toda maña se había hecho compadre del gallo. Entonces un día vino y lo invitó al gallo a que salieran a rodar tierras y a buscar comida.
            El zorro lo convenció al gallo. Entonces prepararon las cosas y salieron. Anduvieron un buen trecho. Como el gallo se alimentaba de pastitos, de semillas, y bichitos, siempre encontraba algo para comer. Pero el zorro, como se alimentaba de carne, no encontraba nada. Entonce, ya muy hambriento el zorro, le dice al gallo:
            —Mire, compadre, me parece que si no encuentro nada para comer, me lo voy a tener que comer a usté.
            Entonce el gallo se asustó mucho y le contesta:
            —Pero, compadre, ¿cómo es eso? Usté es mi compadre, usté no me puede comer a mí.
            —Así no más hai1 ser, compadre —le dice y lo agarró. Y áhi el gallo pega el grito y le dice:
            —Compadre, vienen unos arrieros, grite que yo soy suyo pa que no lo persigan.
            El zorro se creyó, quiso abrir la boca pa gritar y el gallo se escapó y se voló a un árbol. Se dio cuenta el zorro y le empezó a decir que era una broma, que cómo lo iba a comer si eran compadres. Tanto le dijo que al fin el gallo se bajó.
            Siguieron andando. Al otro día, el zorro cada vez con más hambre, se decide a comerlo al compadre. Y entonce le dice:
            —Yo me lo voy a tener que comer, no más, a usté.
            Y en eso ven un polvo que se levantaba a la distancia, y el gallo le dice al zorro:
            —Mire, mire compadre lo que viene áhi cerquita. Pueden ser animales para carniar. Espere, voy a ver.
            Entonce el zorro le dice al gallo que se suba a divisar. Y ya el gallo se había subido a un árbol y empieza a decir:
            —Uno... dos... tres... y el cazador.
            —¿Qué dice compadre?
            El gallo no contestaba y mirando lejos seguía:
            —Uno... dos... tres... cuatro... cinco... seis y el cazador.
            —Pero ¿qué pasa? —decía el zorro desesperado. Nada contestaba el gallo y seguía diciendo:
            —Uno... dos... tres... cuatro... cinco... seis... siete... y el cazador.
            Y seguía contando el gallo, pero como el zorro le rogaba que por su vida le dijera quién venía, al fin le dijo:
            —Son perros que vienen con un cazador. Dispare, compadre, que lo van a matar.
            —¿De qué lado vienen? ¿Para dónde puedo disparar, compadre?
            —Dispare para aquel lado —le dice el gallo y le señalaba para el lado que venían los perros. Y áhi cerquita no más se encontró de golpe con los perros que venían corriendo y lo agarraron entre todos. Y así lo mataron y se salvó el pobre gallo que creyó que el zorro era compadre verdadero.
            Y entré por un camino y salí por otro para que otro cuente otro.

            Ruth Gil Torres. Pellegrini. Toay. La Pampa. 1964.
            La narradora es maestra de escuela. Aprendió el cuento del padre, Salvador Gil, nativo de La Pampa, gran narrador, que murió en 1959 a los 85 años.




NEUQUÉN

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EL ZORRO Y EL GALLO




            Una vez el zorro cazó el gallo y lo llevaba. Unos hombres lo vieron y le empezaron a gritar que lo largue. El gallo le dijo que les diga qué les importa. El zorro quiso decir y el gallo se voló.
            El zorro vino otra vez a comerse el gallo.
            El gallo 'taba alojado en un árbol. El zorro lo sentía cantar al gallo, y como ardiloso1 que es el zorro, dijo:
            —Yo lo voy a comer al gallo esta noche, ya sé en el árbol que 'ta. Yo me voy a ir despacito pa joderlo.
            El árbol 'taba caido contra la laguna, que había una laguna de agua, áhi. Y a la luz de la luna se vía el árbol y el gallo en el agua, en la laguna donde espejeaba el agua. Y llegó el zorro y lo vio al gallo en el árbol, tan cerquita, y dijo que lo iba a cazar fácilmente. Y el gallo se dio cuenta que el zorro lo 'taba por cazar en el agua, y dejó de cantar, se quedó calladito. Y entonce el zorro entusiasmado, atrepella. Y se hunde en lo más hondo de la laguna, donde espejea el agua. Y entonce dice, mientra se 'taba augando:
            —Me jodiste, gallo, otra vez.
            Y así se salvó el gallo del zorro, que lo andaba persiguiendo desde hacía mucho tiempo.

            Fernando Beccaria, 50 años. El Alamito. Neuquén, 1960. Peón de campo. Buen narrador.




JUJUY

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EL GALLO, EL ZORRO Y EL PERRO




            En el tiempo de antes dicen que los animales hablaban como nosotros. Entonces si habían juntado una vez el perro con el gallo y conversando los dos diz qui habían dicho:
            —'Tamos aburridos acá. Metidos en las casas, no conocimos nada, nadie, nada. Vamos a rodar tierra1 por otras partes.
            Y así habían dispuesto una alba a salir los dos en camino. Y si han ido. Así llegan, se les hace la noche a los dos, tanto caminar, y entonce le dice el perro al gallo:
            —Aquí hay mucho animal de peligro. Mejor 'tan ustedes como sagaces2. Hay león, tigre, zorro, todo. Esos nos han de pillar. Mejor usté subasé a ese árbol. Y yo me guá meter aquí, en este aujero, porque no puedo subir al árbol. Yo me guá meter aquí y usté subasé.
            Bueno... Se subió el gallo arriba a dormir y el perro 'taba áhi. Claro, el zorro, al oírlo cantar al gallo, se entusiasmó y fue a ver dónde 'taba cantando el gallo.
            —Aquí tengo buena presa yo —dijo el zorro. —Voy a comer hoy día bien.
            Bueno... Se va el zorro. Mira pa todos laus, pero no lo mira al perro. Bué... Porque era zonzo. Mira pa arriba. Bueno, lo que l'interesaba era velo al gallo, adonde 'taba el gallo, pues. Y ya lo ve y le dice:
            —Oiga, amigo gallo, baje. ¿Por qué si ha subiu usté tan arriba a dormir?
            —Así me gusta a mí dormir fresco —dice el gallo.— No me gusta a mí dormir abrigado. A mí me gusta dormir, cuando más fresco, más mejor. Yo hi dormido opíperamente3.
            —¿Y por qué no se baja, amigo gallo, a que vamos a casa a tomar un chocolate con leche, con tostadas? ¿No sabe que hay una orden del gobierno para que todos los animales seamos amigos, hermanos?
            —Ah, sí sí, iría con mucho gusto, pero yo no andoy4 solo, yo tengo mi compañero.
            Y el zorro se creyó que era otro gallo o gallina.
            —Tendríamos que ir los dos.
            —¡Cómo no, con el mejor gusto! ¡Sí, los dos! ¡Vamos a ir todos! Pero, ¿dónde está?
            —En el güeco 'el árbol, áhi si ha quedao a dormir él, de flojo porque nu ha podido subir arriba.
            Y ya el perro 'taba parando las pailas5 para saber.
            —¡Cuando ti arrimes no más ya vas a ver lo que te va a pasar! —le dijo entre dientes el gallo.
            Y el zorro mete la cabeza a velo si era gallo también y el perro le pesca el cogote al zorro y lo mata.
            Y con eso los compañeros si han vuelto a las casas6 y si han quedau tranquilos áhi.

            Sixta Castro de Guerrero, 53 años. Tilcara. Jujuy. 1968.
            Mujer del pueblo, pero que ha pasado buena parte de su vida en el campo. Semianalfabeta, pero verbosa y fantaseosa.
            Este cuento es una variante del cuento del decreto.



EL NUEVO DECRETO


TUCUMÁN

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EL ZORRO Y EL GALLO

EL NUEVO DECRETO




            Había una vez un zorro en un monte1. Y había también un gallo muy hermoso que vivía en el mismo monte. Y el monte era muy espeso. La guarida del gallo era un algarrobo. El zorro no sabía cómo hacer pa comelo, porque el algarrobo era muy alto y el gallo era muy volador.
            Un día, el zorro había pensao una manera pa cazalo al gallo. Agarró una vez un diario, y se jue por un caminito ande 'taba el gallo, y se paró abajo 'el algarrobo, y se puso a ler, y le decía al gallo:
            —Baje, amigo gallo, a ler la nueva ley que manda el gobierno. La ley dice que nosotros los zorros no podimos comer a los gallos, ni a las gallinas. Ni los perros pueden matar a los zorros.
            Y lo llamaba el zorro, y si hacía el que 'taba lendo. El gallo se venía bajando de gajo en gajo.
            Y por áhi ha dao la casualidá qui andaba un campero con perros. Y como el zorro 'taba entusiasmao lendo, no se daba cuenta que venían los perros. Cuando si ha dao cuenta ya los tenía encima y se echó a diparar. Y di arriba el gallo le decía:
            —¡Mostrales el diario! ¡Mostrales el diario!

            Víctor Daniel Jiménez, 26 años. Los Pereyra. Cruz Alta. Tucumán. 1954.
            Lugareño rústico. Trabaja en un ingenio azucarero. Buen narrador.



LA RIOJA

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EL ZORRO Y EL GALLO



            El gallo estaba escarbando debajo de un árbol. En eso se hace presente, disimulando entre el yuyo, un zorro, que venía con toda la intención de cazarlo al gallo. Pero el gallo alcanzó a verlo, ¿no? No se levantó al todo1, pero lo vio. Entonces voló arriba del árbol. Entonces el zorro llegaba áhi y que le dice:
            —¡Eh!
            —¡Cómo te va! —le dice al gallo.
            —Aquí 'stoy, tomando fresco aquí arriba.
            —Bajate, que charlemos un rato —le dice el zorro.
            —No —dice—, si podés subir vos, subí. Yo 'stoy bien acá, fresquito.
            —No, ¡bajate!
            —No, no, no me bajo.
            —Seguro que has de 'tar creyendo que te voy hacer alguna cosa, que te voy a comer, que te voy a cazar, en fin. No, esas cosas ya se dejaron —dice—. ¿Vos no sabés que el gobierno ha publicado un decreto donde nosotros, los zorros, no tenemos que hacerles nada a ustedes, las gallinas? Los perros no tienen que hacernos nada a nosotros. Ni los perros al gato, ni el gato a los ratones. En fin, esa lucha —dice— entre animales y animales, ya se quedó sin efecto. Así que bajate.
            —No, subí vos si querés.
            Y en tanto oía la conversación, entonce el gallo estiró un poco el cuello y miró así como a la distancia, y el zorro, di allá abajo lo miró. Y dice:
            —¿Qué 'tas mirando?
            —Y, de allá vienen unos dos tipos —dice—. Vienen a mula, con guardamonte, con lazo y todo eso. Y traen unos lindos perros —dice— galgos.
            —¿A dónde? —le dice el zorro.
            —Di aquel lado.
            Pero, el gallo le equivocó, porque los tipos venían del lado contrario. Entonce el zorro le dice:
            —Ya que no te querés bajar, me voy. Bueno, ¡chau!2
            —¡Chau!
            Y se fue. Pero a poca vista se encontró con los perros. Da la vuelta el zorro con la colita parada, corriendo, corriendo... Y cuando pasan debajo del árbol le dice el gallo, di allá arriba:
            —Che3, parate, léeles el decreto —le dice.

            Basilio Estargidio Martínez, 65 años. Malligasta. Chilecito. La Rioja. 1968.
            Maestro jubilado, dedicado a la vitivinicultura. Nativo del lugar.


LA RIOJA

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EL ZORRO Y EL GALLO


            Había un gallo que vivía apartado de la casa, en un árbol que él acostumbraba ir a dormir ahí. Y resulta que don Juan, el Zorro, lu había bichado, porque nu hallaba cómo hacerlo bajar pa comerlo —carne preferida de don Juan—. Y nu hallaba de qué artimaña valerse para hacerlo bajar. Una vez halla un pedazo de diario y se lo llevó abajo 'el árbol. Por cierto, don Gallo 'taba arriba acomodado pa dormir. Como tan temprano buscan sus locales pa dormir. Y... llegó don Juan con el diario.
            —¡Ah! ¡Pero qué bien el decreto del gobierno! Este decreto dice (y lo leía):
            «Los zorros no comer a los gallos, ni a las gallinas, ni a las aves. Y los perros no correr a los zorros».
            ¡Pero qué bien está este decreto del gobierno! Para mí esto merece aplauso.
            Mientras tanto el gallo lo 'taba sintiendo di arriba 'el árbol, pero no se confiaba porque lo conocía que don Juan tenía tantas mañas.
            —Venga, don Gallo. ¿No sabía el nuevo decreto del gobierno?
            —¡No! —dice el gallo.
            —Fijesé el decreto. Que nosotros no comemos a los gallos ni a las gallinas, ni a las aves. Ni los perros tampoco los corren a los zorros.
            —¡Está bien! —le dice don Gallo di arriba.
            —Porque no se baja, así charlamos un rato.
            —No, ya es tarde. Ya es hora de que yo busco donde acomodarme. Yo ya no me puedo bajar.
            Mientras tanto el gallo 'taba mirando y vio que venían unos arrieros y traiban unos perros.
            —¡Don Juan!
            —¿Qué hay?
            —Allá vienen unos arrieros con unos perros.
            —¿Di adónde vienen?
            —Del lau del norte —dice.
            Y en realidá venían del lau del sú.
            —Sabe que por precaución, no vaya ser que estos perros no conocen el decreto del gobierno y me vayan a querer correr, es mejor que me vaya.
            Y salió el zorro trotando, creendo que él nu iba en realidá para donde venía el arriero con los perros. En lo que iba trotando, agachado él, pensando ponerse a salvo, cuando mira que de ese lado venían los perros con el arriero. Y dio la vuelta don Juan y ha agarrau... ¡salvate patitas, que nadie te salva! Cuando venía abajo 'el árbol ya los perros lo traían cerquita, y como el gallo lo 'taba viendo di áhi, le gritaba:
            —¡Leeles el diario!... ¡Leeles el diario!...1
            En esa emergencia hasta el diario había perdido el zorro, en la carrera que tráia disparando...

Isidro Segundo Páez, 53 años. Los Sarmientos. Chilecito. La Rioja. 1968.


LA RIOJA

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EL ZORRO Y EL GALLO




            Una vez que iban dos viajeros que llevaban un gallo. Se les hizo la noche y acamparon al lado del camino y al gallo lo pusieron arriba de un árbol. El zorro oyó cantar al gallo y se arrimó a verlo, pero vio que estaban unos perros junto a los viajeros y cerca del árbol donde estaba el gallo, por eso no llegó. Cuando se fueron los hombres se olvidaron del gallo. Entonces llegó el zorro, buscó un papel, lo encontró, y se echó en el tronco del árbol haciéndose el que leía y decía:
            —¡Las nuevas leyes que salen ahora! ¡El perro que no lo corra al zorro y el zorro que no lo coma al gallo!
            El gallo vio que los hombres volvían y entonces dijo:
            —Allá viene mi amo.
            El zorro preguntó de qué lado venía y el gallo le dijo que del norte cuando venían en realidad del sur. Entonces el zorro disparó para el sur y se encontró con los perros. Los perros corrieron al zorro y éste pasó huyendo por debajo del árbol donde estaba el gallo.         Entonces el gallo le gritó:
            —¡Haceles ver el diario, ho...!1

            Laureano Aguirre, 45 años. Mollaco. Rivadavia. La Rioja. 1950.
            Lugareño con cierto grado de cultura.



MENDOZA

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EL ZORRO Y EL GALLO




            Había un árbol en el medio del campo. Un árbol solo. Y en el árbol 'taba un gallo. En ese momento venía un zorro a comerlo.
—Hermano mío —le dice el zorro—, baja1 tu cuello a mis brazos, que te recibiré con mucho cariño. Hay un decreto del gobierno que dice que todos somos hermanos y que ya no hay enemigos. Baja a mis brazos, aquí tengo el decreto, ya lo verás.
—¡Guarda! —le dice el gallo—, vienen dos comisiones. Vienen muy ligero. ¡Ya 'tan acá!
Las comisiones son los perros que matan a los animales dañinos. Son como las comisiones de policía.
—¿Cómo, hermano? ¿Cómo dices?
—Que ya 'tan acá unas comisiones que andan matando a todos los que hacen perjuicio a los demás.
—Bueno, hermano, le dice el zorro—, espera un momento. Ya voy a volver —y salió disparando de miedo a los perros.
Y con la mentira se salvó el gallo.
Y el gallo se quedó lleno de gloria cantando alegre en esta historia. Siempre trabaja el astuto engañador, pero a él también lo engaña otro menor.

Arturo Aguilera, 76 años. Uspallata. Las Heras. Mendoza. 1959.
Campesino semiculto.


MENDOZA

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EL NUEVO DECRETO




Que una vez estaba un gallo arriba di un árbol. Había subido bien arriba a divisar, porque había sentido1 un rumor. Y estando en el árbol, no si había bajau tuavía, que era temprano, llega el zorro.
Lo comienza a trabajar el zorro al gallo, que se bajara, qu 'él quería conversar con él, qu 'él había venido a hacerlo amigo.
—No —le dice el gallo—, yo no puedo confiar en vos. Yo nu hi sido nunca amigo de ninguno de tu familia.
Y le dice el zorro:
Lo que te digo es verdá y creme lo que te voy a contar. Hay un nuevo decreto —le dice— de que 'tá prohibido terminantemente de ofender el zorro a las gallinas, ni a ninguno que le pueda hacer nada. Tienen que ser amigos. Por eso quería conversar con vos que no estabas impuesto de esto. Como también el perro no le puede hacer nada a la zorra. Y se ha publicado hasta en los diarios. Me estraña que no lo sepas.
En eso, como el gallo 'taba arriba devisa un campesino que viene de lejos con dos galgos. Y le dice al zorro:
—Mirá, che, ¡qué casualidá! Allá viene un campero con dos perros.
Entonce le pregunta el zorro de qué lau.
—Viene del lau del norte —le dice, y venía del sur. Entonce el zorro trata de cortar la conversación y le dice:
—En otro momento hablaremos más.
El zorro tomó para el lau del sur ande se encontró con los galgos y volvió cara atrás, disparando, el zorro. Y pasó por abajo 'el árbol, ande 'taba el gallo.
Y el gallo le decía:
—Enseñale los diarios, que ésos no saben el decreto que se ha publicado.
Y, ¡patitas pa cuándo!, el zorro disparó lo que pudo, pero los perros lu alcanzaron y lo mataron.

Manuel Cardozo, 76 años. Libertad. Rivadavia. Mendoza. 1951.
Rústico. Peón de campo. Buen narrador.


SAN LUIS

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EL GALLO Y EL ZORRO




Que andaba una vez el zorro por comérselo al gallo. Y el gallo 'taba siempre arriba di un árbol y le decía el zorro que baje a conversar, que cada vez que lo iba a buscar 'taba más arriba. Y que el zorro un día dispuso de comérselo no más al gallo di alguna forma. Y se halla un diario. Y cuando llega abajo 'el monte ande 'taba el gallo, se pone a ler el diario, el zorro. Entonce dice el zorro:
—Éste es un decreto del gobierno que ningún zorro podía comer al gallo ni ningún perro podía matar al zorro, tamién. Todos los animales tienen que ser amigos.
Y ya para todo esto ya se comenzó a bajar el gallo, y que le dice:
—A ver, compañero, lealó de nuevo.
Y el zorro lo empezaba a ler otra vez. Y en lo mejor que 'taban lendo vienen unos camperos con unos galgos. Y el gallo ya 'taba bajito. ¡Uf!, el zorro 'taba entusiasmado lendo. Y los galgos cuando lo vieron lo sacaron corriendo, áhi no más. Y que el gallo le dice entonce:
—¡Compañero, leales el decreto!
¡Y qué les iba a ler si los perros lo llevaban te mato y te mataré!

Venancio Heredia, 22 años. San Francisco. Ayacucho. San Luis. 1951.
Lugareño que ha concurrido a la escuela local. Buen narrador.


SAN LUIS

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EL ZORRO Y EL GALLO



Había una vez un gallo que 'staba en la parte más alta de un árbol. Y resulta que un zorro se lo andaba por comer al gallo di hacía mucho tiempo y no podía. Y viene ese día el zorro, ya prevenido, y se pone a leer un diario abajo 'el árbol. Y lo habló al gallo y le dijo que había salido un decreto nuevo del gobierno que prohibía a los animales que se comieran unos a los otros. Y él decía que los zorros ya no iban a poder comer a las gallinas. Y que ya iban a ser muy amigos los dos, que bajara no más para que conversaran.
Cuando el zorro 'taba lo más ladino haciéndole las conversaciones al gallo, llegan unos perros, y el zorro salió disparando. Los perros lo sacaron ¡te mato y te mataré! al zorro, y di arriba del árbol el gallo le gritaba riéndose a carcajadas:
—¡Enseñales, Juancito, el decreto nuevo a los perros! ¡Saca el decreto nuevo, no disparís tan fiero!

Gilberto Bazán, 29 años. El Morro. Pedernera. San Luis 1953.
Modesto hacendado rural.


SAN LUIS

60
EL DECRETO


Es que el zorro quería cazar el gallo, y es que no podía porque el gallo se subía siempre arriba di un árbol, cuantito lo devisaba al zorro. El zorro inventó llevarle el mensaje a] gallo, que él no lo podía comer. Le dijo que había salíu un decreto del gobierno diciendo que los zorros no podían hacerle daño a ninguna ave, ni a gallinas, ni a nada, y que al contrario, las tenían que cuidar. Le dijo que tampoco los perros le podían hacer nada a los zorros, bajo ninguna forma. Y que se hacía, el zorro, que leía en un papel ese decreto nuevo que había salido. Y entonce le dice el zorro al gallo que se bajara para que anduvieran juntos, de compañeros, que iban a ser muy amigos, y que él lo iba a cuidar para que naide lo ofendiera, ni le hiciera daño.
Tuvieron mucho rato conversando, y el zorro dele decirle al gallo que se baje. Entonce, al final, el gallo le contesta que ya se va a bajar, porque 'taba mirando que venía un campero con unos cuanto perros cazadores. Entonce el zorro le dice que si era cierto que venían, que no lo engañara. Y el gallo le dice:
—No tenga cuidado, señor Zorro, puesto que estamos bajo el decreto del gobierno nada le ha de suceder.
A todo esto llegan los perros, lo ven al zorro y lo sacan corriendo. Y lo empiezan a hacer dar vueltas al zorro alrededor del monte1. Y el gallo le gritaba al zorro:
—¡Enseñales el decreto del gobierno! ¡Enseñales el decreto!
Y el zorro le dice:
—¡Qué decreto ni cuatro riales! Éstos no entienden de leyes del gobierno.
Y lo mataron los perros al zorro. Y el gallo se bajó muy contento de haberse salvado.

Marcelino Martínez, 66 años. San Martín. San Luis. 1931. Modesto hacendado rural. Buen narrador.


SAN LUIS

61
EL ZORRO Y EL GALLO



Había una vez que el gallo li andaba disparando al zorro porque el zorro se lu andaba por comer. Subió arriba di un monte. Entonce le dijo:
—Bajate pa que conversemos. Si vamos a ser amigos ahora. Porque ahora sale un decreto que un zorro no se puede comer un gallo, ni los perros pueden matar un zorro. ¡Ah, que bien 'tamos ahora! ¡'Tamos bien!
Entonce el gallo se empezó a subir má arriba. Y el zorro 'taba esperando a ver si se caía. Entonce que le dice:
—¿Qué mirás tanto?
—Allá viene un jinete con seis perros.
—¿Di a cuál lau vienen? —que le dice. —Decime, ¿vienen cerca? —que le dice. —¿Di a cuál lau vienen?
Le dijo del lau contrario. Entonce llegaron los perros y lu agarraron de sospresa1. Y ya gritaba el zorro. Y entonce que le decía el gaíto2 di arriba:
—¡Mostrales el decreto! ¡Mostrales el decreto! Y lo mataron no más.

Julián Aguilera, 65 años. Las Barranquitas. Pringles. San Luis. 1971.
Muy buen narrador. Posee un riquísimo repertorio de cuentos que aprendió en El Saladillo de donde es nativo.


SAN LUIS

62
EL DECRETO



Es que1 el zorro llegó un día a un gallinero ande 'taba un gallo, arriba di un árbol, y le dijo que había salíu un decreto que ellos, los zorros, no podían hacer nada a las aves, ni los perros a ellos tampoco. Eso le decía para engañarlo que se bajara y comerlo. Y lo envitaba que se bajara, que él no le podía hacer nada. Y claro, el gallo no le creía. Y tanto le decía el zorro que baje, que al fin el gallo para librarse, ve que viene un hombre del sur, con perros, y le dice:
—Allá viene un jinete con cuatro perros.
Y claro, el zorro ya si asustó y le pregunta que de qué lau viene, y el gallo le dice que viene del norte. Y áhi no más le dice el zorro:
—Hasta luego, ya voy a volver a seguir la conversación.
Y tomó al sur, el zorro, disparando, y áhi se encontró con los perros y el jinete, y ya lo volvieron atrás. Y pasó cerca ande 'taba el gallo y le decía el gallo:
—¡Mostrales el decreto nuevo! ¡Mostrales el decreto nuevo!
Y claro, los perros no le daban tiempo de lerlo, y áhi lo mataron.

Elías Alcaraz, 51 años. Las Lomas Blancas. Ayacucho. San Luis. 1948.
Campesino dedicado a la crianza de ganado. Buen narrador.


SAN LUIS

63
LOS ZORROS



Una vez que salió un decreto en un diario, para que no se mataran más los zorros. Los juanes1 cuando supieron la noticia, que hicieron un gran banquete. Ya que a la madrugada se habían agarrau una chupa2 bárbara, que estaban los gritos, y a los saltos, festejando el decreto, contentísimos.
En eso viene llegando, que lo divisan a la distancia, un campero con una tropilla de perros, de galgos. Y los zorros, que cuando lo vieron, más chupaban y gritaban. Y el campero se allegaba cada vez más. Y los zorros, ¡miéschica!3, que comienzan a alarmarse, y que uno dice:
—¡Pero... aquel zonzo no habrá visto el decreto!
Que el campero se allegaba, y se allegaba, y los perros ya venían cerquita.
—Pero si está puesto en los diarios que a nosotros no nos tienen que molestar—, que decían los juanes.
Y qué ¡miéschica! ¡Caráfita!4 Ya llegaron no más los perros y quedó la disparada de los zorros borrachos, y los perros que los tarasquiaban5 y los corrían a lo que daba. Y ya los jodieron, los mataron a todos, con decreto y sin decreto.

Jorge Pardo, 36 años. La Florida. Pringles. San Luis. 1947.
Trabajador rural de cierta cultura.
Esta es una variante del cuento tradicional de El decreto.


SAN LUIS

64
EL GALLO, EL ZORRO Y EL DECRETO



Había en el campo una estancia. En la estancia había un puesto que 'taba muy lejos. El puestero se jue, dejó el puesto solo, y se dejó olvidado un gallo. El gallo siguió viviendo solo. En la noche se subía a dormir en un árbol, y todas las madrugadas cantaba como de costumbre. En eso lo descubrió un zorro, y cuando vio que vivía solo este gallo, determinó de comerlo. Pero el gallo era muy vivo y el zorro no lo podía cazar. Cada vez que se allegaba a las casas el zorro, el gallo lo vía y se subía al árbol. Entonces empezó a pensar cómo lo podía engañar al gallo, tan avisado como era, y hacerlo bajar. Entonces llegó un día el zorro, al puesto, y con mucha amabilidá lo saludó, preguntándole por qué estaba solo. El gallo le dijo que estaba solo porque los dueños se habían ido. El zorro lo invitó a bajarse para que conversaran en el suelo. El gallo le decía que él estaba muy bien arriba del monte. El zorro que ya se moría di hambre pensó que tenía que engañarlo de alguna forma y hacerlo bajar. Empezó a andar por ahí cerca, hasta que encontró un pedazo de papel tirado en la basura, y vino otra vez al árbol y le dijo al gallo:
—¿No sabís el nuevo decreto qui ha sacado el gobierno?
Entonces el gallo le preguntó qué decreto era.
Entonces el zorro le dijo:
—Mira acá lo que dice: "los perros no pueden matar a los zorros y el zorro no puede matar al gallo". Esa es la orden del gobierno y todos tienen que cumplirla.
Y el zorro volvía a ler y lo invitaba al gallo que se baje, que ya eran hermanos. En eso el gallo descubrió que venía un recorredor de campo con varios perros y pensó que ésa era su salvación. Esperó que estuvieran cerquita, y entonce le dijo al zorro:
—Che, zorro, ahí viene un recorredor con cinco perros, les podís ler a ellos el decreto tamién.
—¿Di ande vienen? —le dijo el zorro muy alarmado.
—Di aquel lado —le dijo, y le enseñó el lado contrario.
Salió el zorro disparando para ese lado y ahí no más lo agarraron los perros. Cuando el gallo vio que los perros lo agarraban los tarascones, le gritaba al zorro:
—¡Enseñales el decreto! ¡Enseñales el decreto del gobierno! ¡Apurate ante que te maten!
Pero, qué, el zorro no atinaba a nada, como lo tenían los perros por matarlo, y al fin lo mataron no más, con el decreto y todo.

Gabriela Romero. 64 años. El Sauce. Chacabuco. San Luis. 1950.
Campesina. Buena narradora.


FORMOSA

65
EL GALLO Y EL ZORRO



Un zorro pasaba al trotecito cerca de una casa. El zorro hacía varios días que no comía. Y vio, en lo alto de un árbol, un gallo. Y se le arrimó y le dijo:
—¿Cómo le va, amigo?
—Yo no soy su amigo —le dijo el gallo.
—¿Cómo? ¿No sabe que todos los animales somos ahora amigos?
—¡No sé nada! —dijo el gallo.
—En la reunión de todos les animales quedamos de amigos. El tigre no se comerá al venado, el halcón a los pajaritos, la cigüeña a las ranas, el zorro a las gallinas. Y acá tengo el certificado. ¡Bajate, acá está! ¡Bajate! Léelo vos mismo. Aquí está escrito que hay que ser amigos.
En eso que estiba el zorro por comer el gallo, el perro de la casa olfateó al zorro y salió a buscarlo. Y cuando llegó salió corriendo el zorro y el gallo le gritaba:
—¡Mostrale el certificado! ¡Mostrale el certificado!
—¡No tengo tiempo! —contestaba el zorro.
Se ve que éste no estuvo en la reunión de animales.

Presentación de Carrasco, 52 años. Ibarreta. Patiño. Formosa. 1954.
Campesina nativa de la comarca aledaña a Ibarreta. Buena narradora.


FORMOSA

66
EL GALLO Y EL ZORRO



Un zorro hambriento pasaba al trotecito cerca de un corral de vacas, echando un vistazo a la casa vecina, calculando posibilidades para una visita nocturna.
En lo alto de un poste al que se había subido para cantar, estaba un gallo, por demás hermoso de plumas y gordura. Verlo el zorro y pensar en comérselo fue todo uno. Con aire alegre y muy suelto de cuerpo se acercó al poste y sentándose al pie le dijo:
—¿Qué tal, amigo?
—¿Yo, su amigo? —respondió el gallo con aire digno.
—¿Cómo? —exclamó con gran extrañeza el zorro. —¿No somos amigos, acaso? ¿No estabas por ventura en la última asamblea de animales?
—No —respondió secamente el aludido.
—Pues, solamente así se explica que no sepas que en adelante todos los animales quedamos de amigos. El tigre no se comerá al venado, el halcón a los pajaritos, la cigüeña a las ranas, el zorro a las gallinas... ¡Pero, hombre!, si acá debo tener el certificado correspondiente, firmado y sellado por el presidente de la asamblea.
Y empezó el zorro a palmarse el cuerpo, simulando buscar el certificado, mirando a hurtadillas al gallo, que impasible se alisaba las plumas.
—Fijate, acá está, bajate —dijo el zorro. —Léelo vos mismo. Ya verás cómo de hoy en adelante todos somos amigos.
Pero el perro de la casa, que había oído conversar a alguien y además había olfateado al zorro, salió a investigar y divisando a éste, se lanzó a la carrera sobre el astuto que, al verlo ya casi encima, salió a todo lo que daba, con el perro pegado al rabo.
—¡Mostrale tu certificado! —le gritó el gallo riendo.
—¡No tengo tiempo! —respondió el zorro.
—¡Se ve que éste tampoco estuvo en la asamblea!

José Ramírez, 40 años. Sargento Cabral. Patino. Formosa. 1952.
El narrador, persona culta, oyó el cuento a campesinos del lugar.


MISIONES

67
EL ZORRO Y EL GALLO



El zorro le solía perseguí al gallo. Le quería comé. El gallo le vio al zorro que venía y se subió por un árbol. Y el zorro vino y le decía:
—Bajá chamigo1, bajá. Hay una orden del gobierno que todo lo animale somo hermano. Ya no se puede come. Bajá. Bajá.
Y el gallo se pone a mirá lejo y decía:
—Uno... do... tre... cuatro... y cinco con el mariscador.
—¿Qué pa' tá diciendo, chamigo?
—Miro que 'tá llegando un mariscador2 con perro que anda por mariscá zorro.
Y el zorro salió a corré y el gallo se salvó.

Pedro Gómez, 64 años. San Javier. Misiones. 1961.
Nativo de la región. Modesto propietario rural. Aprendió el cuento de la madre, entre otros que ha olvidado porque ya no los cuenta.


CORRIENTES

68
EL ZORRO Y EL GALLO



Dice que el zorro vino y quería comé al gallo. Y vino y empezó a engañale. El gallo 'staba arriba de un árbol. Le trataba de chamigo y de compadre y le decía que hay un decreto para que todos los animales sean amigos.
—Bajese, chamigo, vamo a conversá bien —le decía.
Y el gallo le contestaba por él y no bajaba. Y dice que el gallo empezó a mirá lejo, y volvía a mirá y quedó medio alborotado.
Y le dice el zorro:
—¿Por qué usté pa se alborota y 'tá mirando lejo?
Y el gallo le dice:
—Sí 'toy viendo a una distancia. Viene un hombre 'toy mirando por él. Viene con siete perro.
—¿Cómo dice compadre?
—Sí, se viene un hombre con siete perro. Ya 'stá muy cerquita.
Y salió a correr el zorro y no volvió má a comer al gallo.

Isabelino Ramírez, 73 años. Santo Tomé. Corrientes. 1952.
Trabajador rural. El narrador es bilingüe guaraní-español.


CORRIENTES

69
EL ZORRO Y EL GALLO
EL NUEVO DECRETO



Un gallo andaba arisco. Andaba por un ombú, arriba, arriba.
Y llegó el zorro áhi y lo quería comer. Y el gallo sabe que el zorro é contrario y lo va a comé. Y el zorro le saluda. El zorro le dice que baje. Le dice que áhi le trae un decreto del gobierno para que todo lo animale sean amigo. Ya no se puede comer a otro. Y le llevó maíz. Y le dice el zorro:
—Bajá, chamigo. Aquí te traigo el decreto y aquí te traigo maíz para que coma.
Y el gallo le tiene miedo y le dice:
—Entonces yo me subo arriba a ver si no viene ningún otro amigo.
Y entonces el gallo dice:
—Uno, do, tre, cuatro, cinco, sei, siete.. .
Y otra vé volvía a decir:
—Una, do, tre, cuatro, cinco, sei, siete. . .
—¿Pero, qué contá, chamigo?
—É la comisión que viene. La comisión de siete perro.
Entonces le dice el zorro:
—¿Qué color tiene el perro que viene adelante?
Y le dice el gallo:
—É un overo colí1.
Era el perro má ligero, y el zorro largó el maíz en el suelo y disparó. Y se jue en el monte, lejo.
Y se bajó el gallo y comió bien. Se alimentó y se volvió a subir en el ombú de miedo que vuelva el zorro.

Fortunato Arce, 83 años. Sauce. Corrientes, 1959.
Gran conocedor de las tradiciones de su comarca. Buen narrador a pesar de su edad. Ha trabajado en las más diversas tareas del campo.


CORRIENTES

70
EL DIARIO



El gallo estuvo en el dormidero y vino el zorro. Le trajo un diario y le dijo que le mandaba el señor comisario que se baje del árbol para leer. Y el gallo le dijo que no. Que se baje, que le dio la orden el señor comisario. Le dijo el gallito que allí puede leer.
—Bajesé, sí. Así puede leer mejor. Y ademá de eso, esa orden yo traje.
—Que no —dijo el gallo.
—Bajesé a leer —le dijo otra vez el zorro.
El gallito no supo qué decirle y entonces suspiró y miró lejo, un hombre que venía con siete perro. El zorro oyó el suspiro y creyó que habló y le preguntó qué dijo.
—Allí veo un hombre con siete perro, digo no maaaá... —dijo cantando.
—Bueno, tome y lea ligero, y me voy a irme.
En eso se aproximó el hombre y los perros venían ya muy cerca por delante. Vio el zorro y salió a disparar.
Y los perro le estiraron y quedó con la boca abierta y hizo unos zorete1.
Le dijo el gallo desde arriba:
Ele 'eicá chupé nde diaaaario (hacele leer a ello el diario) —cantando tre vece.
Depué vino el compadre comadreja y le vio con la boca abierta, mostrando lo diente, y le dijo:
Compadre, no te haga el gracioso, no te esté riendo. Junta, junta tu naco2 y vamo.

Wenceslaa Acevedo, 16 años. Loreto. Corrientes. 1959.
Criada. Muy buena narradora. Es bilingüe guaraní-español. Ha cursado los grados de la escuela primaria.


CORRIENTES

71
EL ZORRO Y EL GALLO
EL NUEVO DECRETO



El zorro salió en busca de alguna presa encontrando un gallo en un árbol. Y entonce le saludó y le dijo:
—¿Mba'é pa nde coë, che reindi gallo? (¿Cómo amaneciste mi hermano gallo?)
Entonce el gallo le contestó:
—Iporä catú, ¿jha ndé? (Muy bien, ¿y vos?)
—Egüeyi ña monguetá. (Bajate, vamos a conversar.)
Y el gallo le contesta:
—¡Che jodéne! ¡Che jodéne! (¡Me vas a joder! ¡Me vas a joder!)
—Egüeyi catú. (Bajate, pues.)
Le vuelve a invitar, el zorro, que baje, y le sigue diciendo que el gobierno ha publicado un decreto ordenando que todo vivan como amigo.
—El decreto del gobierno dice que todo vivamo en amista y en comunidá. Bajate, chamigo, mirá, aquí tengo el decreto.
Y el gallo le contesta:
—Amirí chamigo. (Tengo miedo mi amigo.)
En ese momento aparecen unos perros y se echaron sobre el zorro y éte pegó una veloz disparada. Y el gallo, cuando le vio disparar, le decía:
—¡Ejhechucá catú el decreto! ¡Ejhechucá catú el decreto! (¡Mostrá, pues, el decreto! ¡Mostré, pues, el decreto!)
Se puso a reír el gallo.
No pudo embromarle el zorro al gallo con la mentira del decreto.

José C. Tripaldi. 50 años. Corrientes. 1959.
El narrador oyó este cuento en la zona rural de la ciudad de Corrientes desde su niñez. Es Director de Escuela y habla el guaraní de la región.


ENTRE RÍOS

72
EL CASO DEL LORO, EL ZORRO Y EL TIGRE
EL DECRETO



Estaba un loro arriba de un árbol cuando llegó don Juan, ¿no?, este picaresco. Este animal se lo quería, este, comer al loro, en una palabra. Entonce mostrándole un papel, le dice:
—Amigo loro, ¿no vio el decreto?
—¿El decreto? —dice el loro.
—Sí, dice, acá han sacado un decreto en que todos los animalitos del bosque tenemo que quererno, tenemo que amarno. Tenemo que ser hermano, en una palabra. Así que bájese, leremos el decreto.
Y el loro lo miraba, ya desconfiando, ¿no?, del zorro.
—No, dice, lealó de nuevo.
—Acá, dice, todos los animalitos del bosque tenemo que quererno, tenemo que amarno y ser como hermano.
Y bueno, así 'taban, que sí, que no, cuando en un repente, atrás se sintió un rugido. Claro, miró pa atrás el zorro. ¿Qué era? El tigre que venía despacito, atrás del zorro. ¡Qué! Cuando lo vio al tigre salió como vendiendo almanaque. Claro, imagínese, usté, ¿no?, el tigre atrás. Y el loro allá arriba, lo miraba al zorro que iba disparando, y le decía:
—¡Muestrelé el decreto, hermano! ¡Muestrelé el decreto!

Antonio Salúm, 31 años. La Paz. Entre Ríos. 1970.
Nativo de la comarca. Tiene gran vocación de narrador y conoce numerosas narraciones populares.
La variante de este cuento está en el cambio de dos de sus personajes.


BUENOS AIRES

73
EL GALLO Y EL ZORRO



Una vuelta, cuando los animales hablaban, este, el zorro, que siempre fue muy vivaracho, ¿no?, por eso tiene el nombre de zorro, le decía a un gallo que estaba arriba di una planta:
—Bajesé, compañero, dice.
Él, para agarrarlo, para comerlo, ¿no?
—Bajesé más abajo. Vamos a conversá. ¿No sabe las leyes nuevas que hay ahora?, dice, que somos todos amigos, dice, ya el perro con el zorro, el zorro con el gallo... Ya pueden hablar, pueden tomar las copas juntos... dice. Ya nu hay más esas diferencias que teníamos antes.
Y en esa conversación 'taban el gallo con el zorro y el gallo se venía bajando cada vez más. Y por áhi siente el zorro ladra unos perros. Y paró l'oreja, ¿no? Y cuando paró l'oreja le dice el gallo:
—¿Y por qué para l'oreja, amigo zorro?
—Vienen unos perros —dice el zorro. —¡Ya 'tan muy cerca! ¡Vaya que haya algún loco que no sepa las leyes nuevas y me quiera agarrar!
Y disparó el zorro y se salvó el gallo. Así que viene bien la copla ésta que dice:
A la orilla di un arroyo,
cantaba un zorro,
y vinieron los perros
y apretó el gorro.

Tomás Lértora, 73 años. Punta Indio. Magdalena. Buenos Aires. 1969.
Nativo del tradicional Pago de la Magdalena. Diestro en las múltiples tareas del campo.


NEUQUÉN

74
EL ZORRO Y EL GALLO



El gallo 'taba arriba de un árbol. Llegó el zorro y l'hizo una invitación a una reunión. El gallo le dijo que él lo quería comer. El zorro le dijo que él no lo podía comer, que había un decreto que los animales tenían que ser hermano, que no se podían comer. Pero entonce lo que quería el zorro era comer al gallo.
Y el gallo se avivó, se subió más arriba del árbol. Y el zorro lo aguaitaba1 di abajo, y que le decía que baje a ver el decreto.
Y el gallo vio venir un hombre con perros, y le dice:
—Allá viene uno con varios perros.
Y el zorro le preguntó:
—¿De qué lau vienen?
Y el gallo le dice:
—De aquel lau.
Le dijo del lau contrario, y lu echó para el mismo lau que venían los perros. Y el zorro disparó pal lau que venían los perros. Y áhi se encontró con los perros. Y áhi lo liquidaron los perros.
Y el gallo le gritaba:
—¡Cucurucú! ¡Sacá el decreto! ¡Cucurucú! ¡Sacá el decreto!

Segundo Prieto, 44 años. Pilolih. Catan Lil. Neuquén. 1960.
Campesino que trabaja en la cría de ovejas.


RÍO NEGRO

75
EL ZORRO Y EL GALLO



El zorro entró a un pueblo y anduvo por áhi sin cazar nada. Y a la mañana temprano salió. Siempre estudiando picardías.
Dice que había un gallo cantando arriba de una planta, y le dice el zorro:
—Buen día, amigo.
—Buen día —le dice el gallo.
—Bajesé, vamos a conversar un poco.
Y entonce, el gallo no se quería bajar.
—No, bajesé no má con confianza. ¿No sabe? Ha salido un decreto nuevo que no nos podemos comer unos a los otros. Bajesé, ya somos todos hermanos.
Y entonce, como el gallo 'taba arriba, 'taba viendo todo el movimiento de alrededor. En eso vio unos perros galgos que venían derecho ande 'taban conversando.
Y el zorro lo volvía invitar al gallo que bajara a conversar, y el gallo seguía arriba y no le decía nada al zorro de los galgos.
Y cuando quiso acordar el zorro llegaron los galgos y lo vieron al zorro. Y lo sacaron gambetiando. Y entonce el gallo de arriba le decía:
—Enseñale los papeles, enseñales el decreto.
Y los perros lo alcanzaron al zorro y lo mataron.

Francisco Linares, 73 años. Viedma. (Hogar de Ancianos.) Río Negro. 1971.
El narrador trabajó siempre en el campo, en San Javier, lugar cercano de Viedma hasta que por enfermedad se internó en este asilo.


CHUBUT

76
EL GALLO, EL PERRO Y EL ZORRO



En una güelta iban un gallo y un perro de viaje y al hacerse de noche se quedaron a alojar1 en la güella2.
Tarde en la noche cantó el gallo: Cucurucú...
El zorro qui andaba por áhi cerca lo oyó y se viene a ver este gallo que andaba por el campo.
Ya 'taba amaneciendo y el gallo 'taba arriba, en un árbol. El zorro lo saludó:
—Güen día, amigo.
Entonce el gallo contestó con un lindo canto.
Entonce el zorro le empezó a decir que era una güena oportunidá para decirle que el gobierno había hecho una ley para que jueran hermanos todos los animales. Que ya los zorros no iban a matar más las gallinas. Y lo invitaba que baje. Entonce vio un bulto áhi cerca, que era el perro, y se creyó que era la gallina con los pollos, y entonce dice:
—Ésta será su señora y los hijitos, y le voy a enseñar la ley. Y s' iba arrimando el zorro y entonce saltó el perro y al verlo el zorro salió corriendo. El gallo le decía que le enseñe la ley, pero no tuvo tiempo porque el perro lo alcanzó y lo mató.
Y así termina este cuento del zorro que lo quería engañar al gallo.

Videlmio Cid, 12 años. Trevelín. Futaleuíú. Chubut. 1954.
El narrador es un niño inteligente que cursa los grados de la escuela primaria. Oyó este cuento a pobladores de la comarca.


EL ZORRO AUTORIDAD.
EL ZORRO CONFESOR

TUCUMÁN

77
EL ZORRO COMISARIO



El tigre que lo había nombrado comisario al zorro en un pueblo. Bueno... Dice que el zorro era sobrino del tigre. Entonce el tigre, bicho muy malo, éste, dominaba a todo, entonce lo nombra de comisario al zorro. Único comisario de un destacamento. Con todas las autoridades que puede tener un comisario.
Entonce el zorro empezó, provisto de todo el uniforme que lleva el comisario con su correspondiente látigo, sable, todo, el gorro y todo.
Entonce, el zorro muy contento empezó a recorrer las calles.
Y cada día iba más y más. Entonce ya salía por todas partes.
Y en uno de esos recorridos empezó a encontrar los animales que encontraba ahí. Al ir por un camino, primeramente, encontró un gallo. Y bueno, entonce se presentó como comisario. Dijo que él era comisario de la zona, y que tenían que respetalo muchísimo y no andar en la calle. Entonce, no ostante eso, sacó el látigo, y le pegó un buen azote, y el gallo salió volando. Y bueno, sigue más adelante. Entonce que había encontrado al quirquincho. Y bueno también le dice lo mismo que él era el comisario de policía, que tenían que respetarlo y mientras tanto saca el látigo, y le da un buen azote al quirquincho. Entonce también se retira corriendo del camino. Más allá, que había encontrado al chivo. También le dice lo mismo que él era el comisario. Que tenía que respetarlo. Que no debían andar en la calle. Entonce, saca su látigo y el chivo, con poco gusto, le quería hacer frente. Pero éste le da un azote y se va también. Y en todo eso, que venía un perro por la calle, el gran enemigo del zorro. Y bueno, ya lo ve el zorro y que le dice a la distancia:
—Oiga, amigo, ¿adónde va usté?
El perro se hace que no lo siente.
Le vuelve a gritar por segunda vez. Y que lo ve el perro.
Y en esos momentos que se da cuenta que era el zorro y lo saca volando por la calle. Y bueno, que el zorro había chocáu en el alambre, había perdido la gorra, el sable, el látigo. Ya no si acordaba nada. Y el perro lo llevaba, lo llevaba corriendo. Que ya lo llevaba por agarrar. Y entonce el zorro, menos mal que trató de disparar y se entró en una cueva, en un vizcachero1.
Y entonce, que el perro enojado lo empezó a cavar. Y que lo tenía que matar. Y bueno entonce, que ya si había cansado de cavar el perro, y en esos momentos que venía un caranchi2 que andaba volando, un carancho, y bueno, lo habla el perro. Lo hace que se baje. Y le dice:
—Mirá, cuidame acá, que acá lo tengo al zorro. Y lo tengo que matar. Hasta mientras yo me voy a traer una pala de la casa y vuelvo.
—Y bueno —que dice el carancho.
Le da un garrote y se queda haciendo la guardia en la puerta de la cueva. De manera que aparece el zorro de adentro, medio triste y que le dice:
—¡Hola, compadre! —que le dice al carancho.
—¡Hola! —que le dice el carancho.
Le dice el zorro:
—¿A vos te han puesto que me cuides a mí?
—Sí, de aquí no te vas a mover —que dice. Yo tengo orden que no vas salir.
—Y bueno —que le dice el zorro.
Empieza a pensar. Y que se vuelve adentro 'e la cueva y de allá saca. Había teníu una botellita de anís. Y que le dice:
—Mire, compadre, yo ya voy a morir ¿por qué no se sirve una copita de anís de despedida? —que le dice el zorro.
—Y bueno —dice el carancho.
—Tomá una copita.
—Y bueno —que dice.
—Vea, compadre, yo le voy hacer un pedido —que le dice el zorro. Ya que, mire cómo estoy, yo ya voy a morir, entonces, ¿por qué no me hace el favor, usté que es buen cantor? —le dice al carancho—. ¿Porque no me lo3 canta una piecita ya?
Y bueno, aceta el carancho.
—Mientras tanto —le dice— sirvasé otra copita. Ya, ante que vaya a venir el perro con la pala y me va a cavar, acá me va a sacar y me va a matar.
Y bueno, toma otra copita el carancho.
En eso que empieza a cantarle el carancho. Y cantaba... Que dice el zorro:
—¡Ay, que voz hermosa que tené vo, compadre! —dice. —Mirá, esto me emociona tanto. Tomá otra copita de anís.
Se sirve el carancho otra copita. Vuelve a cantar otra pieza el carancho. Y en eso que le dice el zorro:
—¡Mirá, qué ojos lindos que tenés! ¡Mirá cómo te quedan lo que abrís la boca y los ojos para cantar! —que le dice el zorro.
Y el carancho más que abría los ojos y la boca. En eso, dice que el zorro ya había preparado un poco de tierra y que 'taba a la espetativa no más.
—Ay, qué lindo que cantás. Cómo te quedan esos ojos lo que los abrís grandes —dice que le dice el zorro de nuevo.
Y el carancho más que abría los ojos y la boca. En eso, dice y le tira a los ojos, así. Lo tapa de tierra, ¿no?, y bueno, el carancho queda ciego. Usté sabe, los ojos y la boca que no le podía contener, y encima borracho ya con el anís. Empieza a dar tumbos. Y que había salido el zorro tranquilamente y si había ido.
Cuando viene el perro que lu encuentra al carancho con los ojos, dele limpiarse los ojos que no podía más. Le dice:
—¿Qué te pasa?
Y dice:
—En lo mejor que 'taba, y no se podía parar bien, no sé qué le ha pasado, me han tirau un poco de tierra en los ojos, en la boca.
—Y el zorro ¿dónde 'ta? —dice.
—Debe 'tar adentro. Yo lo 'taba cuidando.
—¡Ay! —que dice.
Que si arrima el perro y dice:
—¡Miralo! Vos no servís para nada —que le dice al carancho.— Vos ya lu has dejado ir a éste. Mirá qué picardía ti ha hecho. ¿Que no ti hi puesto que lo cuides?
—Y sí, bueno... pero...
Y que lu agarra el perro al carancho, le da una patada. Lo tira para arriba, y claro, el carancho medio ciego sale volando y se va, y el zorro se fue y no le pudieron hacer nada.

Elidoro Marcial Díaz, 41 años. Estación Aráoz. Leales. Tucumán. 1970.
Aprendió el cuento de campesinos de este lugar de donde es originario.


CATAMARCA

78
EL ZORRO COMISARIO



Una vez lo pusieron al zorro de comisario. Y con un machete grandote se pasiaba a la salida de un callejón largo por donde se entraba al pueblo. Cuando vía venir alguno se paraba sacando pecho y enronqueciendo la voz le gritaba:
—¡Paresé, amigo! ¡Vea la justicia! ¡Haga alto!
Y si le convenía lo dejaba pasar, y si no, lo hacía volver. En eso apareció el perro por el callejón, y al verlo le gritó al perro:
—¡Epe, amigo! ¿Que no ve la justicia? ¡Haga alto! Pero el perro no le hacía juicio1 y seguía no más. Y el zorro volvía a gritar:
—¡Epe, amigo! ¡Haga alto!
Y el perro seguía no más. Y el zorro empezó a desconfiar, y reculando le gritaba cada vez más despacio, hasta hablar en secreto, lo que2 el perro ya 'taba encima:
—¡Epe, amigo! ¡Epe, amigo! ¡Epe, amigo!...
Y cuando el perro llegó, dio la güelta huyendo el zorro, y el perro se le echó por atrás. Y ya cuando el perro lo iba alcanzando, el zorro ve una cueva 'i vizcacha, y se pierde áhi. Ya cuando 'tá adentro se da cuenta por el olor, que del susto se había ensuciao y se había emporcao la cola. Y entonce, por disimular lo que le había pasao, dice:
—¡No ven, cola cochina, lo que ha hecho! ¡Que ya no se puede de la hedentina! ¡Velay!3 ¡Te vuá tirar pa juera!
Y hace que tira la cola, y recula en la cueva, y saca un poco l'anca. Y en eso, el perro que áhi taba esperando que saliera el zorro, lo pilla y lo hace pedazos. Y áhi terminó la justicia del zorro.

Delfín Camaño, 77 años. Ampolla. Santa Rosa. Catamarca. 1947.
Muy buen narrador. Campesino iletrado, pero muy inteligente.


LA RIOJA

79
EL ZORRO COMISARIO



Dice que era del tiempo que los animales hablaban. Don Juan Zorro andaba con mucho hambre y iba pasando por un camino. De lejo vio una cosa que brillaba y se puso contento creyendo que era algo para comer. Jue y vio, y era un sable viejo, herrumbrado, que lo habían tirado por inservible. Después de mucho pensar qué podía hacer con eso, dice:
—Ésta es la mía. Ahora me voy hacer autoridá. Esto me viene bien para hacerme comisario. Ya me van a respetar todos, quieran o no quieran.
Si arrimó a una carreta vieja qui habían dejado a la orilla del camino, sacó unos tientos y se ató el sable. Y quedó muy contento de parecer comisario en serio. Y entonce el zorro marchó muy derecho, con el sable al hombro y empezó a atajar a todos los animales que encontraba y darles órdenes. Todos los animales chicos si asustaban y obedecían. Claro, áhi no más se los comía. Pero, áhi pasó un perro viejo y achacoso. Entonce el zorro hizo de tripas corazón, y l'hizo frente, y con voz juerte le gritó:
—¡Epe, amigo! ¡Respete la autoridá, respete la justicia!
El perro no l'hizo juicio, lo miró de lado y siguió su camino. Claro qui al perro le daba risa de verlo al zorro difrazado con ese machete, muy tieso, haciéndose el importante.
El zorro que ya creyó que el perro le tenía miedo por el sable, se quiso hacer el valiente, y con todas las fuerzas de sus pulmones le gritó:
—¡Epe, amigo! ¿'Tá ciego que no ve que acá 'tá la justicia? ¡Aprenda a respetar, amigo! ¡Paresé y atienda!
El perro se paró, lo miró al zorro de pie a cabeza y lo atropelló para escarmentarlo.
Cuando vio el zorro que el perro lo atropellaba en serio, se olvidó del sable, lo botó y comenzó a correr. Volaba el zorro entre los cardos y las piedras, y el perro lo seguía di atrás. En lo que iba corriendo descubrió una cueva y ahí se zampó. Por suerte la cueva era como para su cuerpo, pero el perro no podía entrar. Por milagro se salvó el zorro que si hacía comisario, autoridá. El perro se quedó en la puerta de la cueva esperando que saliera.
Cuando pasó un rato, el zorro se tranquilizó y empezó a pensar cómo si había salvado del perro. Entonce empezó a decir:
—¡Ah, mis patitas y mis manitos, cómo corrían! ¡Qué lindas son!
En eso se mira la cola y ve que 'ta sucia y hedionda. Claro, con el susto al zorro li había ocurrido una desgracia, si había hecho todo encima. Y entonce, avergonzado, dice:
—¡Y vos, cola sucia, eras la que me estorbabas cuando corría! Y pa pior, ¡mirá lo qui mi has hecho! ¡Tomala, perro, tomala!
Jue retrocedendo, y sin darse cuenta la sacó ajuera, y áhi la vio el perro. El perro lu agarró de la cola al zorro, lo sacó y lo mató.
Y áhi se acabó el zorro comisario por hacerse el vivo.

Vicente Ranero, 66 años. Retamal. Rivadavia. La Rioja. 1950.
Lugareño rústico. Buen narrador.


SAN JUAN

80
LA ZORRA DE JUEZ



La zorra andaba flaca y muerta de hambre y no sabía qué hacer para conseguir alguna buena presa. Entonces pensó ponerse de juez, hacerse el juez para asustar a alguno de los animales que pudieran proporcionarle comida. Agarró un güeso largo, que encontró en el campo, y atravesado se lo puso en el hocico. Y jue y se paró en el medio de un camino, atajando a todos los animales que pasaban. Pasó un buey con astas muy grandes, y doña Juana le dijo:
—Oiga, don astas de leña, ¿no sabe que yo soy juez?
—Perdone señora —le contestó el buey.
—Pase no más1 —le contestó la zorra, que no podía aprovecharse de un animal tan grande.
En eso pasó un avestruz, y la zorra le gritó:
—Oiga, don cogote de revolvedor,2 ¿no sabe que yo soy juez?
—Perdone, señora! —le dijo el suri.3
—Pase no más —volvió a decir la zorra, que tampoco podía con aquel animal más ligero y fortacho4 que ella.
Así estuvo la zorra, haciendo de juez, en el medio del camino, y a todos los animales que pasaban hacía que le respetaran la autoridá. Siempre estaba a la espera de que pasara alguno que le pudiera servir para su comida. Pero por ahí vio una polvareda muy grande. Paró la oreja5 y miró. Vio que eran unos arrieros que venían con un arreo muy grande, y que traían muchos perros. Y cuando vio que los perros venían adelante, y qua ya estaban cerquita, botó6 el güeso y disparó. No tuvo más que meterse en una cueva que encontró.
Llegaron los perros que la habían visto y bajaron en la puerta de la cueva. Como no la podían sacar, los perros pícaros comenzaron a hacerle camino, para ver si la hacían salir, y matarla. Y le decían:
—¡Ay, doña Juanita, qué hociquito más pulido y bonito tiene! ¡Qué ojitos tan negros y brillantes le ha dado Dios! ¡Qué cuero más lustroso tiene, y tan suave que parece una seda!
La zorra estaba muy contenta, porque es muy vanidosa, y se movía moniando7, en la cueva. Con las manitos se tocaba el hociquito, y los ojitos, y el cuero. Pensaba que los perros le decían la verdá y que le envidiaban todo lo que ella tenía, tan lindo.
Y entonces los perros seguían diciendo:
—Lástima que tenga una cola tan fiera8, tan peluda y tan hedionda. Tire para afuera, doña Juanita, esa cola cagada, que le hace pasar vergüenza.
Doña Juanita se miró la cola. Le pareció que los perros tenían razón, que era una cola horrible, y claro, estaba muy hedionda, porque le había pasado una desgracia muy grande, con el susto que le dieron los perros. Y pensó doña Juanita que ella iba a ser mucho más bonita sin esa cola sucia y hedionda, y agarró y se acercó a la puerta de la cueva, y tiró para afuera la cola. Y en cuanto apareció la cola, se avanzaron los cincuenta perros que estaban esperando, sacaron la zorra para afuera y la despedazaron. Así pagó la zorra la mentira que le echó a la palomita y la muerte del hijito de doña Petrona, que todavía andaba llorando por el campo, la pobre9.

Y pasí por un caminito lleno de polvo,
para que usté me cuente otro.

Elvira A. de Videla, 55 años. San Juan. Capital. San Juan. 1945.
Semiculta. Excelente narradora.


CATAMARCA

81
EL ZORRO CONFESOR Y EL PERRO



Quesque1 el zorro si ha queríu hacer pasar por cura pa confesar las gallinas y comerlas. Y di áhi, si ha puesto una carona2 vieja qui ha encontrao botada, como sotana. Y ha empezao a llamar las gallinas y los pavos que se confiesen. Han venío y a todos les ha encontrao pecados graves y los comía.
Entonce li han dicho al perro que el zorro si ha metíu de cura, y lu ha empezao a perseguir. Y áhi lo alcanzó un día y ha dicho el zorro:
—Para ser cura hay tiempo y para correr, no.
Y ha botao la carona y ha salió huyendo y si ha metío en una vizcachera, una cueva 'e vizcacha. El perro ha quedao en la boca 'e la cueva, esperando. Quesque el zorro si ha hecho todo encima, del susto, si ha cagao.
Quesque el zorro, adentro, cuando se li ha pasao un poco el susto, ha empezao a decir:
—Gracias a estas patitas tan ligeras m'hi salvao y gracias a estos ojitos que vían todo. Y vos, cola sucia, fiera y hedionda, ¿pá que mi hais servío? ¡Tomala, perro, tomala! —que decía.
Y áhi que sin darse cuenta ha sacao un poco pa ajuera la cola, y el perro lo pilló al zorro de la cola, lo sacó de la cueva y lo mató.

Y entre por un portillo
y sale por otro,
pa que usté cuente otro.

Loreto Romero, 47 años. San Francisco. Ancasti. Catamarca. 1952.
Trabajador de campo. Buen narrador.


CORRIENTES

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EL ZORRO CONFESOR



El zorro iba hambriento y se encontró con el mono que llevaba un pedazo de carne. Se aproximó y le preguntó:
—Monito, ¿qué llevás?
—Hé1... y, carne.
—¿Dónde la conseguiste?
—Hé... en la carnicería.
—¿Y cómo te la dieron?
—Hé... y, por la plata.
El mono no se detuvo en ningún momento y el zorro vio que no iba a poder quitarle el trozo de carne. Entonces lo dejó ir. No lo siguió más.
Pensó y pensó qué podía hacer para engañar a los demás y por último decidió disfrazarse de sacerdote.
Cundió la noticia de que había llegado un misionero al pueblo y los feligreses se dispusieron a cumplir las abandonadas prácticas religiosas.
Se dijo el gallo:
—Yo iré a confesarme muy de mañana, antes de que amanezca, porque soy muy pobre y así evitaré que la gente vea mis ropas remendadas.
Como lo pensó, lo hizo. Antes del amanecer, el gallo llegó a la iglesia y lo recibió el señor cura.
—Vengo a confesarme. Padre —le dijo, y el zorro lo llevó hasta el confesionario y una vez allí, le requirió:
—Diga sus pecados, hijo, usté tiene aspecto de ser un gran pecador.
—No sé si será pecado —dijo el gallo— lo que yo suelo hacer es cantar todas las noches...
—¡Pecado! ¡Pecado! —lo interrumpió el cura—. ¿Y qué más?
—Después, cuando amanece, bajo del árbol donde duermo y como los granos de maíz que me da mi amo.
—¡Todo eso es pecado! ¿Y qué más?
En ese momento se oyeron golpes en la puerta. El cura llevó apresuradamente al gallo a una piecita contigua y le dijo que lo esperase allí. Después salió a atender la puerta y se encontró con el perro. El cura temblaba, pero ocultó lo mejor posible su inquietú y saludó efusivamente al perro:
—¡Hola, don Josecito Hidalgo! Viene muy temprano. Oficiaré la misa recién a las diez... Puede irse y volver más tarde...
—No —dijo el perro—, vengo a confesarme.
—Pero si usté no ha de tener pecados. No necesita confesarse.
—Quiero confesarme —insistió el perro.
El cura no quiso contrariarle y le llevó a confesarse.
—Yo cuido la casa donde vivo y suelo morder a todos los que llegan. Una vez casi maté a un chico.
—Eso no es pecado.
—Suelo ladrar y correr a todos los que pasan frente a casa y suelo morder las patas de los caballos, les tiro de la cola y procuro desmontar a los jinetes.
—Nada de eso es pecado.
—¡Ah! tengo que decirle otra cosa, Padre. La especial recomendación que tengo de mi amo es que si lo encuentro al zorro, sea donde sea, lo tengo que matar porque dicen que se ha metido de confesor.
Al oír esto, el cura, echó a correr con gran ruido de sotanas y se fue hacia el monte, seguido muy de cerca por el perro. Encontró en su camino una cueva de tatú2 abandonada y se metió en la cueva. El perro quedó en la boca de la cueva ladrando y cavando.
Y después del susto, cuando se vio a salvo en el fondo de la cueva, el zorro comenzó a decir:
—Gracias a mis patas pude llegar hasta aquí. Mis ojos me permitieron ver el camino en la oscuridá, pero ésta, mi cola tan peluda, tan pesada y tan inútil, me estorbaba. Se la voy a dar al perro para que se conforme y se vaya.
Sacó la cola sin darse cuenta. Áhi lo agarró el perro y lo sacó al zorro y lo mató.

Justo Pucheta. 53 años. Loreto. Corrientes. 1959.
El narrador es persona de cultura. Conoce una gran cantidad de narraciones tradicionales de su región, que oyó desde que era niño.


NEUQUÉN

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EL ZORRO CONFESOR



El zorro ya no sabía qué hacer para conseguir engañar a los animales que podía cazar. Todos lo conocían y se cuidaban de sus trampas. En las casas había perros muy malos y no podía entrar a robar en los gallineros. Entonce pensó en hacerse confesor de las aves. Hizo correr la voz que había venido un confesor. Se puso una sotana y se puso en un rincón oscuro di una iglesia. Áhi se armó un confesionario. Hizo decir que recibía confesión muy temprano porque tenía mucho trabajo en el día.
Muy temprano llegó un pavo.
—¿Usté viene a confesarse? —le dice el zorro.
—Sí, Padre —le dice el pavo.
—Buena falta le hace. Venga pal confesionario.
Lo llevó al confesionario y lo empezó a confesar.
—Diga sus pecados.
—Ayer me comí una juente de trigo.
—¡Ah!, ése es pecado muy grave, es pecado mortal —ahí se lo comió.
Al otro día jue una gallina, también muy temprano. Y el zorro la llevó al confesionario y le dijo:
—Diga sus pecados.
—Hace dos días me comí un plato lleno de maíz.
—¡Ah!, ése es un pecado de los más grandes, usté 'ta condenada — y ahí nomás se la comió.
Los parientes del pavo y de la gallina se alarmaron y le jueron a contar al perro lo que estaba pasando. El perro dijo que él se iba a confesar al otro día. Un gallo muy vivo lo acompañó al perro. Cuando llegaron, el confesor se dio un gran susto cuando vio al perro y les dijo:
—Yo soy confesor de aves, solamente, así el señor Gallo puede pasar solo. El señor Perro se puede ir. Yo no sé cómo se ha molestado tan temprano.
Entonce le dice el perro:
—No, señor confesor, yo vengo a confesarme, y usté, quiera o no quiera, me tiene que confesar.
Discutieron un rato y no tuvo más que confesarlo al perro.
—Diga sus pecados —le dice el confesor con voz muy débil.
—Anoche me comí una res de carne, que robé.
—¡Ah!, ése no es ningún pecado.
—Después me comí una torta que era para un regalo.
—¡Ah! ése no es ningún pecado.
—Mordí a un hombre en la calle y casi lo maté.
—¡Ah!, tampoco es ése ningún pecado.
—Ahora ando buscando al zorro para matarlo porque mi han dicho que si ha metido a confesor.
Y claro, áhi salió corriendo el zorro y el perro salió di atrás. Perdió la sotana y agarró para el lao del campo, pero el perro lo alcanzó y lo mató.

José Martínez, 30 años. Naunaucó. Ñorquín. Neuquén, 1947.
El narrador es viajante de comercio.


CATAMARCA

84
EL ZORRO, LA GALLINA Y EL GALLO



El zorro andaba por cazar a una gallina y a un gallo y no sabía cómo hacer.
Un día dispuso entrar en relación con ellos y los invitó a ir a misa. El zorro se consiguió un rosario y un libro de misa y fue y la invitó a la gallina a ir a misa.
—No —le dijo la gallina—, usté me va a cazar si voy con usté. Usté es enemigo de las gallinas.
—Pero, no señora, pero usté no sabe que yo mi hi dejado de cazar y que m' hi puesto muy religioso. Ya no hay más animales que maten a los otros que son como hermanos. Vamos a la iglesia para que Dios nos ayude a todos.
Ha oído el gallo y ha venido a ver qué quería el zorro. Y el zorro li ha dicho que los viene a convidar a ir juntos a la misa porque ya 'tan todos los animales como hermanos y tienen que cumplir con la iglesia y con Dios.
—Vamos juntos, vamos juntos para que vean como mi hi puesto en la religión.
Y si ha creído el gallo y han tomado los tres juntos el camino de la iglesia. El zorro hacía sonar el rosario y abría el libro de misa y si hacía el que rezaba.
A la mitá del camino el zorro ha dicho que 'taba muy cansado, que se sentaran a descansar en la sombrita di un árbol. 'Taban descansando y conversando y el zorro ha empezau a preguntarle a los compañeros cómo dormían ellos. Los dos han dicho que con la cabeza abajo 'el ala y cerrando los ojos. Y les ha dicho el zorro:
—Yo duermo con la cabeza para atrás y con los ojos abiertos. Me gustaría aprender a dormir como duermen ustedes. Se descansa mejor. ¿A ver cómo se ponen?
Áhi los dos, el gallo y la gallina, que ya si habían tomado confianza, si han puesto con la cabeza abajo 'el ala, como si durmieran. En el mismo momento el zorro ha saltado sobre el gallo y después sobre la gallina, y los ha muerto descogotándolos.
Y así los ha comido a los compañeros que creyeron que ya el zorro era como hermano de ellos.

Sara Albarracín, 24 años. Santa María. Catamarca. 1959.
La narradora ha concurrido a la escuela local. Trabaja como criada.
El motivo de este cuento es de la caza por engaño en la manera de dormir. Es variante del del decreto y el zorro confesor.


SALTA

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EL ZORRO MAESTRO



Diz que una vez el zorro ha andado muy escaso de comida y pensó que iba a inventar ponerse de maestro para que le manden los hijos los vecinos y así se los comía.
Diz que ya ha hecho saber que ponía una escuela y ha ido a pedir uno por uno de los que tenían hijos en edá para educarlos. Así ha llevado pichones de palomas, de perdices, de chuñas, de patos, de águila. Siempre decía que iban muy bien en el estudio y que pronto los iba a trair a los padres pa que vieran qué alhajitas 'taban los hijos. Pero, claro, no los vían más los padres.
Diz que los padres preguntaban y siempre decía lo mismo. Entonce l'águila ha dicho que ella iba a ver qué pasaba. Y así si ha ido a la casa del zorro cuando el pícaro andaba en el campo, y ha visto los güesos y las plumas de los hijitos muertos. Entonces ha dicho que se va a vengar.
Diz que lo buscó al zorro y lo invitó a una boda en el cielo, ande podía comer y trair comida. Li ha dicho que lo va a lleva apacho. Y lu ha subido muy arriba al zorro y lu ha dejau cair. Y ha caido sobre una piedra y ha quedado muerto y deshecho. Y áhi ha bajau l'águila y que li ha dicho:
—Anda a ser maestro de los hijitos de los vecinos. Ahí 'tá el castigo de tu falsía.
Y así si ha vengado l'águila.

Guillermo Alzogaray, 52 años. Finca del Rey. Anta. Salta. 1952.
El narrador es un gaucho de la región ganadera de Salta, rústico pero inteligente y buen narrador.


JUJUY

86
EL GALLO Y EL ZORRO



Dice que el gallo y el zorro eran compagres, y los polluelos eran ahijaus del zorro. Éste había ido a decir a la casa del gallo:
—Mis ahijaditos ya estarán listos para llevar a la escuela —así había ido a decir.
Y los había llevado, pero no para la escuela, los había llevado para su casa para comérselos, que es tan pícaro el zorro. Después había ido a decir al gallo que los polluelos están enfermos, que vaya a verlos la gallina, y a la gallina también se la comió. Después lo fue a trair al gallo, diciendo que la familia estaba enferma, que vaya a verlos. El gallo acompañó al zorro, pero cuando el zorro quiso agarrarlo al gallo para comérselo, el gallo no se dejó, y le dijo al zorro:
—Así no me gusta, compagre. El zorro le contestó:
—Yo soy chancista1 compagre, no quiero hacerle nada. Sigamos no más, los polluelos deben haber muerto, los habrán llevado al cementerio.
Pero cuando ya iban a llegar al cementerio, otra vez el zorro quiso agarrarlo del cogote al gallo, pero el gallo disparó volando a un árbol. El zorro corrió gritándole:
—Baje, compagre —pero el gallo no le hizo caso.
Después vio el gallo que venían unos perros por el camino y le dijo al zorro:
—Compagre, vienen perros por el camino cuesta arriba. El zorro comenzó a disparar cuesta abajo y como por ahí venían los perros, lo pillaron y lo mataron al zorro.
Así pagó el zorro lo que había hecho con la familia del gallo.


Leopolda Ramos, 45 años. Taina. Yavi. Jujuy. 1953.
Lugareña de cierta cultura de este lugar lejano de la Puna.


TUCUMÁN

87
EL ZORRO Y EL GALLO



El zorro si había hecho compadre del gallo. El gallo 'taba casao, po, con una gallina y tenían muchos pollitos. Los pollitos, po, eran los ahijaus del zorro.
Dice qui un día el zorro andaba con mucho hambre, y va y le dice al gallo:
—Compadrito, présteme, po, los ahijaditos pa que mi ayuden a sembrar. Yo les voy a enseñar a ler y a escribir. Usté sabe que soy máistro.
—Güeno —li ha dicho el gallo, y li ha prestau los pollitos. Los pollitos, claro, no volvían más. Va de nuevo el zorro y le dice al gallo:
—Compadrito, prestemé, po, la comadrita pa que mi ayude a sembrar y pa que vea el adelanto de los pollitos. Ya saben mucho.
—Güeno —li ha dicho el gallo y la ha mandau a la gallina con el zorro.
El zorro, en el camino no más la come a la gallina, y se va muy contento.
A los pocos días vuelve otra vez el zorro y le dice al gallo:
—Compadrito, fijesé que no puedo terminar de sembrar con la comadre y los ahijaus. Ayúdeme, po, usté también, ¿quiere?
Se va el gallo con el zorro. Y áhi lo qu' iban, de sólo 'tar, no más, el zorro le pegaba unos brinquitos al gallo, y lo mordía.
Nai1 claro, el gallo si ha empezao a asustar. Y, claro, ya si ha dao cuenta de las intenciones del compadre, y por áhi ve un árbol y se sube al árbol. Bien alto si ha subió. Y el zorro lo que ve que se le dispara, le gritaba:
—Bájese, po, compadre.
—No, usté mi anda por comer, compadre —le decía el gallo.
—No, compadre, bajesé, no le vuá hacer nada, mire el documento que hi firmao que no voy a matar a nadie.
Y le mostraba, el zorro, un papel, pero el gallo no quería saber nada. Y le volvía a mostrar el papel y le decía que baje.
Y güeno, áhi 'taban cuando aparece un perro qui atropellaba. Áhi el zorro no sabía qui hacer y como no podía disparar, pensó di asustar al perro. Agarró un güeso largo y lo levanta, y se lo pone como fusil al hombro, y le dice al perro:
—¡Respete, amigo, que 'ta la autoridá, que 'tá la polecía! ¡Alto! ¡Alto!
Pero el perro seguía no más. Y ha visto el perro que era el zorro y lu atropella no más. Entonce el zorro bota el güeso y sale ardiendo con el perro por atrás. Y entonce el gallo le gritaba al zorro, di arriba:
—¡Muestrelé, po, compadrito, el documento! ¡Muestrelé! ¡Muestrelé!


Juan Jiménez, 69 años. San Pedro. Burruyacu. Tucumán. 1954.
Lugareño rustico. Buen narrador.
Los dos últimos motivos son del cuento del nuevo decreto y del zorro autoridad.


SANTIAGO DEL ESTERO

88
EL ZORRO MAESTRO



El zorro no sabía cómo hacer para llevarle los pollos de una gallina que andaba escarbando en una casa. Hasta que al fin se acercó. El zorro desconfiaba que si le salía muy de golpe, la gallina se asustara y gritara, y iban a salir unos perros muy bravos que había en la casa.
Hasta que se acercó muy cariñoso y le dice:
—¡Ay, qué muchos niñitos y tan lindos que había teníu, señora!
Y ella le contestaba:
—Sí, señor.
—¿Y ya son bautizados?
Y ella le dice que no, que no están bautizados.
—¿Y ya saben leer sus hijitos?
Y ella le dice que no.
Y entonce le dice el zorro:
—Si usté quiere, yo puedo ser su compadre, y yo tengo escuela. Yo los puedo llevar a los niñitos. Ahora puedo llevar dos y después los otros. Y la gallina acepta y le dice:
—¡Cómo no, si me hace ese servicio! Puede llevar a esos dositos1.
Se va el zorro con los pollitos. Se los come y al otro día vuelve otra vez por otros dos. Y vino todos los días hasta que los terminó. Y al último le2 invita a la comadre gallina para que vaya a ver la educación de sus hijos.
Van a una cueva de vizcachas y da allí unos manotones en la tierra, el zorro, y de adentro las vizcachas contestan:
—Com, com, com...
Y el zorro le dice a la gallina:
—¿Oye? ¿Vé cómo están leyendo de bien?
Entonce le dice:
—Entre usté también, si quiere verlos ahí.
Y entró la gallina y la comió a ella también.


Andrónico Gil Rojas, 60 años. Santiago del Estero. 1951.
El narrador es Director de Escuela jubilado. Me dictó este cuento de los muchos que él ha recogido en el norte de Santiago. Ha publicado un libro con una recopilación de cuentos populares.


SANTIAGO DEL ESTERO

89
EL LEÓN Y EL ZORRO MAESTRO



El zorro, cuando vio la preocupación del león, del puma, por cuidar sus hijos, él se ofreció como maestro para tenerlos en su cueva y educarlos. Acepta el trato el león y se compromete a suministrarle alimentos al zorro, juntamente con sus hijos.
En un comienzo, el león encontraba presas fáciles, y permanentemente le llevaba carne. Y es así como el zorro vivía en la cueva con los hijos del león, bien comido, por supuesto.
Pero, empezaron a escasear las presas en el lugar, y el león no llevaba provisiones. Y lo que hizo el zorro comérselos uno por uno a los hijos del león. Y di áhi dice que desde ese entonces, cuando fue a buscar sus hijos, se encontró con que el zorro los había muerto. Y de ahí la enemistá manifiesta que existe entre el zorro y el león.


Manuel José Victoria, 50 años. Santiago del Estero. 1970.
El narrador, Inspector de Escuelas, conoce numerosos cuentos que ha oído narrar en toda la Provincia.
Este cuento es una variante del cuento tradicional de El zorro maestro.


CATAMARCA

90
EL ZORRO MAESTRO Y LA GALLINA



Diz que andaba el zorro varios días sin comer y si arrimó a una casa qui había una gallina con pollitos y el gallo.
Diz que empezó a darles conversación y a ponderar los pollitos, y áhi le preguntó a la madre si los ha educao en alguna escuela. La madre li ha dicho que no porque no tiene ninguna escuela cerca. Entonce si ha aprovechao el zorro y li ha dicho:
—Pero, señora gallina, ¿cómo no sabe que a la vuelta de aquella lomita está mi casa, qui áhi tengo una escuela y yo soy el director?
Eso fue para la gallina una buena noticia y prometió que los iba a llevar al otro día.
El zorro se fue a su casa y le avisó a su esposa, a doña Juana, que al otro día iban a tener un buen almuerzo.
La gallina le contó al gallo qui había teníu la suerte de encontrar un buen maestro, que era don Juan, el zorro. El gallo no estaba conforme, le tenía desconfianza a ese maestro, pero la gallina trató de convencerlo durante todo el día. Al fin cedió.
Diz que al otro día bien temprano la gallina salió con los pollitos camino a la escuela. En la puerta los esperaba don Juan, el maestro, y los hizo entrar a los pollitos para que pasaran al salón de clase, y ha despachado a la madre. En cuanto han entrao los pollitos los han comido.
Diz que al día siguiente ha ido la gallina y el maestro la ha hecho pasar para que vea los hijitos y áhi no más la ha muerto, y la familia del zorro ha tenío un buen almuerzo.
Diz que el gallo cuando ha visto que no volvía la gallina, si ha dao cuenta de todo con la desconfianza que tenía ya. Áhi dice que afiló bien unas púas di acero que tenía y se las puso, y se fue. El gallo había síu de riña1.
Cuando el zorro lo ha visto que llegaba, se ha relamido de gusto y li ha dicho a la zorra:
—Doña Juana, carne tenimos.
El zorro lo ha recibido muy contento y lo ha querido hacer pasar para adentro. Áhi el gallo se le ha avalanzado y con un golpe bien dado lo dejó ciego al zorro. Y áhi no más la atacó a doña Juana y también la dejó ciega.
Diz que el gallo volvió satisfecho de haber terminado con esta mala gente.
Diz que después de un tiempo volvió a casarse, como todo viudo, que tuvo muchos hijos, y que nunca los dejó ir a la escuela de ningún zorro.

Y colorín, colorao,
este cuento si ha terminao.

Águeda Avellaneda, 75 años. Los Quinteros. Tinogasta. Catamarca. 1946.
Lugareña rústica. Buena narradora.



CATAMARCA

91
EL ZORRO, EL GALLO, LA GALLINA Y LOS POLLITOS



Había una vez un zorro, una gallina, un gallo y diez pollitos. Un día el zorro le dijo a la gallina:
—Comadre, ¿quiere que le lleve a dos pollitos para ponerlos en la escuela?
—Bueno.
Se los lleva a los dos pollitos, y antes de llegar a la casa se los come a los dos.
Al otro día va y dice:
—Van muy bien los chicos en la escuela. Déme otros dos más.
—Bueno, bueno. Llevesé dos más.
Lleva. Antes de llegar a la puerta, los come a los otros dos pollitos. Y así se comió hasta los diez pollitos. Y un día le dice:
—Oiga, comadre, vamos, que tiene que firmar una nota.
—Bueno, bueno.
Y entonce van llegando, y ante 'e llegar a la casa se lo come a la gallina. Y se vuelve y le dice al gallo:
—Oiga, compadre, dice, que usté tamién tiene que ir a firmar la nota.
—Bueno, bueno.
Entonce va y lo quiere comer el zorro al gallo. Y el gallo se sube arriba di un árbol.
Y había un agente1 y le dice el zorro:
—Oiga, agente, digalé que se baje pa que firme una nota.
—No, no —dice.
—Yo ya le voy a traer, éste, gallinas coloradas, blancas, de toda clase, para usté.
—Bueno, bueno.
Entonces se viene el agente para acá y junta muchos perros galgos. Y le lleva. Y le dice:
—Meta la mano y saque lo que usté quiera.
Mete y le muerde un perro la mano. Y pega un grito el zorro. Y los sueltan a los perros y los largan. Y el compadre gallo di arriba le decía cantando:
—¡Alalalalai! ¡Alalalalai, compadre! ¡Nu hay tiempo, nu hay tiempo!


Jorge Eduardo Busto, 13 años. Copacabana. Tinogasta. Catamarca. 1970.
El narrador ha oído el cuento a los padres y a los abuelos. Dice que es costumbre del lugar que se reúnan los muchachos, en la noche, para contar en rueda los cuentos que todos saben.
En la actualidad cursa el último grado de la escuela primaria, de este lugar serrano.


LA RIOJA

92
EL ZORRO Y LA GALLINA CON POLLOS



Un zorro y una comadreja1 eran compadres de la gallina. La gallina tenía doce pollitos.
Un día el zorro pide a uno de sus ahijados para que vaya a visitarlo y echarlo a la escuela. La comadre manda a uno de sus hijos, encargándole se porte bien con el padrino. Llega el pollo y el zorro lo come.
Con engaños que los va a educar consigue comerse los doce pollos. Luego invita a su comadre para que vea lo bien que se encuentran los hijos, va y se la come.
Invitado el gallo a ver a su familia va, pero como malicia la intención del zorro, se sube a un árbol y canta:
—¡Yo no soy zonzo! ¡Yo no soy zonzo!
El zorro le dice que se baje a conversar, pero el gallo no quiere.
Empieza a contar:
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
—¿Qué cuenta, amigo? —le dice el zorro.
—Las hojas del árbol —le contesta el gallo.
Sigue contando.
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
—¿Qué cuenta, amigo?
—Una majada de perros.
—¿Por dónde encaro yo? —le pregunta el zorro.
—Por allí, compadre —y el gallo le señala por donde vienen los perros.
El zorro huye y los perros que lo encuentran, lo matan.


Clorinda Flores, 45 años. Catuna. Gral. Ocampo. La Rioja. 1950.
Mujer del pueblo. Oyó muchas veces este cuento a sus padres y a la gente del lugar.


LA RIOJA

93
EL GALLO, LA GALLINA Y EL ZORRO



Que en un campo vivían el gallo, la gallina y sus dos hijos, el pollo y la pollita. Y en un lugar cercano vivía un zorro. El zorro con engaños había logrado ser compadre del gallo y la gallina. Era padrino de los pollitos.
Que un día se presentó el compadre zorro en la casa, diciendolés a los compadres:
—Buenos días, compadre y comadre. Hi venido a una ocurrencia1. Les pido que me ayuden para cumplirla.
Y el gallo le dijo que si él podía lo iba hacer. Y el zorro lo dijo que como habían empezado las clases, y que era obligatorio mandar los chicos a la escuela, él venía a pedir que los mandara a sus ahijados para que aprendieran algo.
El gallo le dijo que cómo creía que los iba a mandar a los hijos a la escuela estando tan lejos ellos de la escuela.
Y el zorro le dijo:
—No, compadre, sus hijos irán a mi casa. Di áhi les queda cerquita.
Y los tuvo que mandar a los hijos a la escuela. Y dijo que lo iba a mandar al pollito. Y el zorro se jue con el pollito, y áhi cerca no más, al perderse2 de la casa se lo comió.
Después de un mes el gallo 'taba pensando que cómo estaría su hijo y al poco rato se apareció el zorro. El gallo lo primero que hizo, le preguntó de su hijo:
—¿Cómo 'tá m'hijo?
—¡Ah!, mi ahijado está muy adelantado y el mejor de la clase. Y al ver que es tan inteligente vengo a llevarle mi ahijada.
Y entonce el gallo le dijo:
—Pero, compadre, ¡cómo quiere que se quedemos solos! Se vamos a quedar muy tristes sin un solo hijo.
Güeno, tanto lo convenció, que la mandaron a la pollita. Y el zorro se despidió y la pollita también se despidió llorando de sus padres. Y al llegar el zorro al lugar que comió al pollito, se la comió también a la pollita.
Y ya después de muchos meses volvió el zorro a la casa del gallo, y diciéndole que sus hijos estaban muy adelantados, y que ya iban a dar examen, y que los maestros los mandaban a llamar a los padres.
El gallo le dijo que cómo quiere que deje la casa sola. Y entós3 el zorro le dijo que la mande a la comadre por lo menos. Y el gallo la mandó. Y ante que viera las plumas de los hijos ande los había muerto, la mató a la comadre.
Y después de dos días se presentó otra vez, y diciendolé al gallo que era obligatorio que vaya el padre. Y el gallo no quería ir. Y después de tanto insistir se jue.
Y después iban conversando los dos por el camino. Y por áhi el zorro ya dispuesto a matarlo al gallo, le dio un agarrón. Y el gallo alcanzó a volar a un árbol. Y áhi empezaron a discutir. Y entonce el gallo le decía al zorro que era un traicionero, que lo hacía venir engañado y que lo quería matar. Y el zorro le dijo que le quería hacer un cariño, y que se baje, que estaba muy apurado porque la comadre los estaba esperando.
El gallo se bajó y siguió caminando con el zorro, pero con desconfianza. Y al llegar a donde mató la gallina y a los pollitos, le dio otro agarrón que le hizo volar las plumas. El gallo con sus afiladas espuelas le metió en las narices y le hizo saltar la sangre al zorro, y se voló a un árbol alto, y di áhi lo empezó a insultar.
El gallo mirando para arriba4 vio que venía un hombre a caballo con cinco perros y un choquito5. Y entonce le comenzó a decir:
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis con un cuzquito.
Entonce el zorro se asustó y le dijo:
—¿Adónde, compadre? ¿Adónde, compadre?
Y el gallo seguía diciendo:
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis con un cuzquito.
Y el zorro ya muy afligido le dice:
—¡Adónde, compadre! ¿Di ande vienen?
Y el gallo le dice:
—Vienen di abajo6, dispare pa arriba.
Y el zorro salió corriendo, y lo que dio güelta pa atrás, por mirar pal otro lado, dio con los perros y lo mataron.
Y el gallo triste por haber perdido a toda su familia se volvió a vivir solo en su casa.


Luisa Carrizo, 23 años. Campanas. Famatina. La Rioja, 1935.
Muchacha de pueblo, empleada en el servicio doméstico. Buena narradora.


LA RIOJA

94
EL ZORRO Y LA CHUÑA



Había una vez un zorro y una chuña[1] que eran compadres. Que viene el zorro y le dice que le dé la hijita mayor para hacerla educar. La llevó y se la comió tras de una tusca[2]. Pasó el tiempo y volvió y le dijo a la chuña:
—Comadre, la chica está muy adelantada. ¿Por qué no me da la otra?
—No —dijo la chuña—, quedaré sola.
Después de un tiempo viene y le dice:
—Viera, comadre, como están di adelantadas las chicas. Déme la otra.
—¡Ay!, compadre, voy a quedar muy sola.
Y el zorro le decía:
—Sí, comadre, démela.
Por fin se la dio. Se la llevó y se la comió.
Sobre la hebra[3] volvió a llevarla a la comadre y le dice:
—¡Vamos, comadre! ¿Qué va hacer sólita? Así las ve a las chicas, qué adelantadas están.
—No, compadre, no voy a ir.
—Vamos, vamos —le decía.
Hasta que por fin le dijo que iría, pero que la espere que se bañe. Se fue a bañarse. El zorro impaciente preguntaba:
—¿Ya está?
La chuña se dio cuenta de todo y miraba cómo lo podía matar al zorro.
—¿Ya está? —volvía a preguntar el zorro.
—Todavía no, espere un rato —le contestaba.
Ella se bañó y se secó. Y le dijo:
—Ya estoy —y se voló arriba di una peña.
El zorro también saltó. De la peña voló la chuña al cielo. El zorro quiso imitarla y se cayó. Viniendo en el aire decía:
—¡Quiten palos, quiten piedras, pongan camas, que allá voy yo!
Se cayó y se mató. Quedó muerto mostrando los dientes. Un día iban otros zorros y decían:
—Velo a mi hermanito, se está riendo.

Y se fue por un zapato roto
que otro cuente otro.

Ramona Flores, 55 años. Loma Larga. Rivadavia. La Rioja. 1950.
Nativa de la región. Oyó muchas veces este cuento a su padre que era muy buen narrador.


MENDOZA

95
LA GALLINA Y LA ZORRA



Ésta que era la gallina y la zorra. Son comagres. La gallina tiene diez hijos. Viene la zorra y le dice:
—Comagre gallina, ¿queré darme uno de mis ahijaditos pa llevarlo a educarlo a la escuela?
—Bueno —le dice la comagre—, ya vamos a consultarlo con mi marido.
Viene el gallo y le consulta la gallina el pedido de la zorra. Y le dice el gallo a la zorra:
—Bueno, comagre, llévese uno de mis hijitos para que lu eduque en la escuela.
Bueno... La zorra agarró un pollito y se va. La 'tan esperando los zorritos. Tenía zorritos chiquitos la zorra. Apenas llega se lo comen al pollito. Y eso jue todos los días.
Bueno... Otra vez la comagre zorra le dice a los zorritos:
—Como 'ta tan bien educadito este pollito vamos a traer otro.
Y volvió a decir a la gallina que quería llevarse otro pollito a la escuela. Y se volvieron a consultar los padres, y le dieron otro. Y así la zorra se llevó nueve pollitos.
A los días vuelve otra vez:
—¿Cómo le va comagre?
—Bien —que le dice—. ¿Y mis hijitos?
—Viera que 'tan adelantadnos. ¿No quere, comagre, darme otro?
—Mire que me quedo sola. No me queda más qui uno.
—Mejor, así 'tan toditos educaditos lo mismo. Así va podere presumire con mis ahijaditos.
La zorra se va con el pollito. Los zorritos la 'tan esperando y se lo comen. A los días vuelve la zorra y le dice a la gallina:
—¡Buen día, comagre! ¿Cómo le va comagre?
—Bien ¿Y mis hijitos?
—¡Ah, los viera, comagre! ¡Dan gusto de verlos! ¡No los va a conocere!
Entonce le dice la gallina:
—Mire, comagre, ahora vamos a dir a su casa a ver los chicos.
—A eso vengo, comagre, a llevala pa que los vea.
Y le dice al gallo, la gallina, y se va. Allá llega la gallina y se dan un banquete los zorritos.
Y a los días viene la zorra y lu invita al gallo para ver la familia. Y ya el gallo había sabíu por otras bocas que ya li había comíu la zorra los hijos y la mujer, y andaba pensando vengarse.
—Bueno, sigamos la vuella1—dice el gallo—. Llevemos la viola2 para cantare un poco antes de llegare.
Llegan a la casa y el gallo se da cuenta que era cierto lo que le habían dicho, porque vio las plumas de su familia cerca de la boca 'e la cueva. Entonce le dice a la zorra:
—Espere, comagre, voy a cantare una tonada. Me voy a subiré arriba d' este chañar, así oye mejor la canción.
Y el gallo se subió alto, y ahí vio que venía un hombre con unos galgos, y le dice a la zorra:
—Comagre, mientras yo entono la guitarra, dispare pal lau del Norte que del Sur vienen unos galgos con un cazador.
Y la zorra, asustada, disparó pal Norte y ahí se topó con los galgos que venían de ese lau y la destrozaron.
Y así se salvó el gallo.
Éste es el cuento del gallo, la gallina y la zorra.

Florencia Lucero, 48 años. Potrerillos. Luján, Mendoza. 1951.
La narradora es campesina iletrada. Muy buena narradora.


SAN LUIS

96
EL ZORRO Y LA GALLINA

Había una vez una gallina. Tenía doce pollitos.
Entonce una vez fue el zorro y le dijo que se los diera para ahijaditos. Se los dio. Y el zorro se fue.
Después, un día fue a visitarlos. Le dijo que le prestara un ahijadito para compaña y enseñarle a ler. Entonce ella se lo prestó. Bué... Y se fue. Bué... Fue y se lo comió en la casa de él.
Volvió de nuevo. Que le preguntó la gallina:
—¿Qué hace mi hijito?
—Ahi 'tá —que le dice—, 'tá triste. Quiere que le mande otro hermanito para jugar, porque él 'tá solito.
Se lo dio. Lo llevó y se lo comió también.
Y así, de uno en uno, le venía con una y otra cosa, se los llevó a los doce y se los comió.
Entonce dice que la gallina, cuando quedó sola dijo que iba ir para la casa del zorro a ver los hijitos. Cuando fue se los había comido a todos. Entonce dice que la gallina se puso triste, a llorar, y el zorro se reía de la gallina.
Entonce dice que pasó una águila y le preguntó:
—¿Por qué llorás, gallina?
—Porque —que dice— el zorro mi ha comido todos mis hijitos.
—Dejameló —que dice— por mi cuenta. Yo te lo voy a matar.
—¿Cómo? —que dice la gallina.
Bueno, fue la águila donde 'taba el zorro, y entonce que le dijo que había un baile en el cielo.
—¡Vamos! —que le dice.
—¡No! —que dice el zorro—. Cómo voy a ir yo si yo no sé volar nada...
—¡No! —que dice la águila—, yo te llevo encima de las alas.
Lo llevó. El zorro muy contento, que dice:
—Ahora voy a conocer un baile en el cielo —y se fue.
Cuando iba alto, pero muy alto, lo largó en una piedra. Cuando venía en el aire el zorro decía:
—¡Pongan almuhadas y colchones qui acá va Dios! Nadie le puso. Cayó en una piedra y entonce s'hizo nata1.
Entonce dice que la gallina lo vio. Dice que 'taba contenta, lo que lu había muerto.
Triste porque li había muerto los pollitos, se los había comido, pero contenta porque lo mataron a él también.

Delicia Zavala de Pérez, 25 años. Cumbre de los Comechingones. Puesto La Rubia. Chacabuco. San Luis. 1968.
Campesina inteligente que ha superado la escasa cultura adquirida en un año de concurrencia a la escuela de estos lugares tan apartados de las montañas. Aprendió el cuento del padre, Segundo Zavala, gran narrador.

SAN LUIS

97
LA GALLINA CON LOS POLLITOS Y EL ZORRO



Una gaína1 y un gallo tenían cinco poítos. Fue un día el zorro y se los pidió para ahijados. Y entonces se los dieron para ahijados. Y entós un día vino el zorro y le dijo a la comadre:
—Déme, comadre, uno de mis ahijaditos para llevarlo y hacerlo estudiar.
—Bueno, compadre, lleveló.
Lo llevó. Cuando lo llevó allá áhi no más se lo comió. Ande vivía la gaína con el gallo nu había escuela y ande vivía el zorro, sí, según decía él.
Entós volvió otro día, y vino. Dijo:
—Buenos días, comadre.
—Buenos días, compadre.
—¿Qué hace m'hijito?
—Áhi 'tá bien. Ya sabe mucho, ya.
—¿Porque no me da otro de mis ahijaditos?
—Bueno, compadre, lleveló.
Bueno, lo llevó. Se lo comió otra vez.
Bueno, volvió otro día y dijo:
—Buenos días, comadre.
—Buenos días, compadre.
—¿Quí hace m'hijito?
—Áhi 'tá, muy bien. Ya sabe mucho, ya. Vengo a que me dé otro de mis ahijaditos para llevarlo para hacerlo estudiar.
—Bueno, compadre, lleveló.
Lo llevó. Entós se lo llevó y áhi no más se lo comió. Después, volvió otra vez. Le dijo:
—Buenos días, comadre.
—Buenos días, compadre.
—¿Quí hace m'hijito?
—Áhi 'tá bien. Ya sabe mucho, ya.
—Bueno, 'tá bien.
—Déme otro de mis ahijaditos.
—Lleveló al otro.
Bueno, lo llevó y se lo comió.
Volvió otra vez. Le dijo:
—Buenos días, comadre.
—Buenos días, compadre.
—¿Quí hace m'hijito?
—Muy bien. Ya sabe mucho, ya.
—Vengo a que me dé el otro ahijadito para llevarlo.
—Bueno, compadre, lleveló.
Lo llevó otra vez. Lo llevó allá a la casa 'el zorro y áhi no más lo volvió a comer.
Volvió otra vez, otro día. Le dijo:
—Buenos días, comadre.
—Buenos días. Que mandan a decir sus hijos que vaya para verlos.
—Bueno, voy a ir, entós.
Güeno... ya fue. Y cuando fue a la casa del zorro le dijo:
—¿Adónde 'tan mis hijitos?
—Sus hijitos 'tan para la escuela, comadre.
—Güeno, ¿no quiere que la peine, comadre, hasta que vengan sus hijitos?
—Bueno, peinemé.
La agarró, se puso a peinarla, le torció el cogote y se la comió.
Bueno, comió a todos. Volvió otro día.
—Buenos días, compadre —le dice al gallo.
—Buenos días.
—Manda a decir mi comadre y sus hijitos que vaya para verlos.
—¡Ah, no! —le dice el gallo—. No puedo, tengo muy muchas cosas que hacer.
El gallo se la malició que lu iba a comer. Se disparó y se subió a un árbol alto y le dijo:
—¡Ah! ¡Cómo se sienten toriar2 unos perros!
Se disparó áhi no más el zorro y entós él se salvó así. Que lu engañó que toriaban los perros y se disparó el zorro.

Elma Isabel Pérez de Molina, 39 años. La Cumbre de los Comechingones. Puesto El Paraíso, Chacabuco, San Luis, 1968.
Campesina nativa de estas altas mesetas.


SANTA FE

98
EL ZORRO Y LA GALLINA



Una güelta don Juan el Zorro andaba con mucho hambre y quería comer los pollitos de una gallina. Anduvo mucho hasta que se hizo amigo de la gallina y le pidió los hijitos de ahijados. La gallina le dijo que güeno creyendo que así no iba a tratar de matarlos.
Iba todos los días el compadre a la casa, y cuando ya tomó confianza, le dijo que él podía educar a los ahijados, que él les iba a enseñar como maestro y que no iba a tener necesidá de mandarlos a la escuela. La gallina se creyó y le dejó llevar un pollito. Al otro día llevó otro. Y al día siguiente otro. Así se los llevó a todos y siempre venía con el cuento de que estaban muy adelantados, que aprendían mucho.
Después vino, y le dijo a la madre, a la gallina, que tenía que ir a ver los hijitos. La madre se creyó y en cuanto llegaron a la cueva la comió también.
El gallo se dio cuenta de lo que pasaba y se jue a pedirle a los perros de la casa que mataran al zorro.
Al otro día se presentó a invitar al gallo para que vaya a ver el adelanto de la familia. Entonce el gallo se subió a un árbol y se puso a cantar. Esa era la señal para que vengan los perros. Y llegaron los perros y lo mataron al zorro que se hacía pasar como compadre y como maestro. Y se terminó el mentiroso malvado.


Ramona Andrea Quiroga, 55 años. Campo de los Zapallos, Santa Rosa, Santa Fe, 1951.
Nativa de este lugar. Rústica, pero buena narradora. Aprendió el cuento de la madre, que sabía muchas narraciones.


BUENOS AIRES

99
EL ZORRO DICE QUE ES MAESTRO



Una vuelta el zorro engañó a un gallo y una gallina, que él era maestro. Le dejaron llevar los pollitos y se los comió, ¿no? Después llevó a la gallina pa que los viera, y se la comió. Después vino y llevó el gallo, ¿no? Cuando iban por el camino, el gallo vio las plumas. Se dio cuenta de todo y ante que lo coma se voló a un árbol, y empezó a cantar. Áhi vinieron los perros y lo mataron al zorro y se acabó el maestro.


Tomás Lértora, 73 años. Punta Indio. Magdalena. Buenos Aires, 1969.
Narración abreviada del cuento.


NEUQUÉN

100
EL ZORRO, EL GALLO Y LA GALLINA



Éste era un gallo y una gallina que tenían cinco pollitos.
Un día llegó el zorro y con la picardía que tiene este animal, se hizo amigo de la familia y le pidió di ahijaus los pollitos. El gallo y la gallina lo desconfiaban, pero se los dieron di ahijaus.
Después di un tiempo vino a buscar uno de los ahijaus pa educarlo muy bien. Al principio los padres no querían, pero al fin se lo dejaron llevar. Así se llevó los pollitos uno por uno.
Otro día vino y le dijo a la gallina que juera a ver los hijitos. La gallina se jue. Cuando llegaron a la cueva, le dijo que entrara a la cueva a esperar los pollitos que ya iban a venir de la escuela. Entró la gallina y se la comió.
Otro día le vino a decir al gallo que lo viene a buscar pa que vea cómo están de bien todos los pollitos y la gallina, y que lo esperan sin falta.
El gallo 'taba desconfiando algo y se jue con el compadre zorro, pero se ponía un poquito lejos. Por áhi, cuando iban, el zorro le tiró un agarrón, pero el gallo se pudo escapar, y como iban pasando cerca di un árbol, se subió bien arriba el gallo.
Áhi el zorro pícaro le empezó a decir:
—Pero, compadre, si era una broma, baje, baje. No se demore que nos están esperando.
Entonce el gallo no le atendía y empezó a mirar lejos y a decir que venía un cazador con perros.
Áhi se asustó el zorro y le preguntó que de qué lado.
—Esperesé, esperesé ya le voy a decir.
Y así lo tuvo entretenido hasta que llegaron los perros y lo mataron al zorro.

Y colorín, colorado,
esto ha terminado.


Carlos Garrido, 16 años. Colonia Confluencia. Confluencia, Neuquén, 1951.
Muchacho campesino, buen narrador.


RIO NEGRO

101
LOS ZORROS MAESTROS



Era el matrimonio, el gallo y la gallina. Y tuvieron doce hijos. Y entonces el zorro y la zorra supieron que el gallo y la gallina tuvieron doce hijos. Entonces acordaron el zorro y la zorra de que se presentase la zorra como maestra de escuela para educarles los hijos del gallo y la gallina.
Y fue así que un día la zorra se presentó en la casa del gallo y la gallina pidiéndoles sus hijos como ahijados y al mismo tiempo para educarlos. Claro que el gallo y la gallina se interesaron porque esta señora educara a sus hijos. Y en seguida le dieron un hijo para que lo educara la zorra, la maestra. Después volvió la zorra y se llevó otro. Y así hasta que se llevó los doce hijos del gallo y la gallina. Pero la educación que le dieron fue comerselós. Y ya cuando se los comieron a todos, vino la zorra a invitarla a la gallina para que viera cómo habían adelantado los hijos. Entonces la zorra le dijo a la gallina que le dijera a su esposo, el gallo, que la dejara ir a ver sus hijos que estaban muy adelantados en la escuela. Y el gallo la dejó ir a la gallina. Y también se la comieron.
Bueno... Después vino el zorro y lo invitó al gallo para que fuera a ver su familia.
Entonces el gallo se dispuso a ir. Y claro, se iba con el zorro. Por el camino, el zorro marchaba siempre adelante del gallo, y el zorro quería que fuese el gallo adelante. Pero el gallo desconfiaba y no quiso ir nunca adelante. Y le decía al zorro:
—Cómo voy a ir adelante si no conozco el camino.
El gallo le dijo que no y no. Entonces el zorro le dice al gallo:
—Pase usté adelante porque yo tengo que hacer del cuerpo.
Y se fue a un lado. Se puso atrás de una mata y se puso como si hacía del cuerpo. El gallo 'taba alerta. Y de allá vino exigiéndolo que fuera adelante. Y el gallo le dijo que no y siguieron. Pero en eso el zorro se volvió de golpe para atrapar al gallo, le hizo un agarrón, pero el gallo que iba desconfiando, se voló y se fue a posar en las ramas de un sauce que había sobre el brocal de un pozo. Y el zorro se fue muy apurado para ver adonde se iba el gallo. Y entonce el zorro se asomó al pozo, cuando lo vio allí, en el agua; claro, era la imagen del gallo que se veía en el agua. Y se lanzó al pozo, y por suerte se pudo agarrar con la boca de unas ramas, si no se va al fondo. Y entonces el gallo se rió. Y entonce el zorro lo miró arriba y le dijo:
—¡Ah! ¡compadre, adonde había estado!
—¡Bah!— le dijo el gallo—, salga y escuchemé lo que le voy a decir. Allá, del lado Norte viene un capataz con siete galgos1. Y vienen en abanico, buscando presas.
—¿Y cómo me salvo yo, compadre?
—Vea, usté, compadre, vayasé acá derecho, rumbo al Sur.
Y lo engañaba. Era que el capataz venía del rumbo Sur.
Y se fue el zorro muy ligero. Pero cuando se acordó, el zorro estaba entre los galgos. Y ahora viene que lo corren los galgos.
Y el zorro disparó y se metió en una cueva. El capataz se fue con los galgos, pero uno se quedó en la puerta de la cueva.
Entonce el zorro, adentro de la cueva, cuando se le pasó el susto, empezó a decir:
—Estas patitas tan ligeras que me sirvieron para disparar.
Y estos ojitos que me sirvieron para ver los galgos y hacer gambetas. Y estas orejitas que me sirvieron para oír y escapar del peligro. Y esta cola me estorbaba, ¿para qué me sirve? La voy a tirar... Y empezó con las patitas a empujar la cola para afuera. Y la sacó hasta la boca de la cueva y hasta el alcance del perro. Y el perro lu agarró al zorro de la cola y lo mató, lo hizo pedazo.
Y así terminó la maldá del zorro.


José Savino Rojas, 91 años. General J. A. Roca, General Roca, Río Negro, 1971.
Tomado en el hogar de ancianos.
El narrador ha sido uno de esos maestros que, sin título, enseñaron por vocación, desde principios del siglo, cuando estas poblaciones tan prósperas comenzaban a surgir en la Patagonia. Conserva una extraordinaria lucidez mental.



1Mariscá < mariscar, 'cazar'. De uso general en la región guaranítica. Voz marinera.
1Pa. Partícula del guaraní usada como signo de interrogación. Se usa en el habla corriente de los rústicos de la región guaranítica.
2El mal uso de las preposiciones se observa con frecuencia en el español de la región guaranítica, particularmente en el habla rústica.
1Tero o tero-tero (Belonopterus cayennensis), del que hay dos razas, que vive cerca del agua o en campos abiertos. A su grito característico y frecuente debe su nombre onomatopéyico.
1Estero 'terreno bajo inundado por las aguas de ríos, arroyos, lagunas y acrecentado por las lluvias'. Abundan en la región. Voz marina, antigua en la Argentina. Estos esteros son muy abundantes en esta Provincia.
1Aguará. Se trata, sin duda, del zorro de la pampa (Pseudalopex gymnocercus) o zorro gris común, llamado aguaráchai en la región guaranítica o simplemente aguará.
2Fue se usa como signo del pasado. Parece confusión con el cué del guaraní.
1Caté 'de categoría', 'elegante', 'distinguido'.
1En las casas campesinas de algunas regiones del país, hacen dormir las gallinas en árboles altos, a fin de protegerlas de los animales dañinos que las atacan.
1Cavarán, alcavarán. En la nueva palabra hay influencia de caburé, ave a la que se refiere el cuento. El alcavarán español no existe en nuestra fauna.
1Hai ser < ha 'i ser < ha de ser.
1Ardiloso < ardidoso; se dice en el interior del país.
1Rodar tierra: 'rodar mundo'. Expresión típica de los cuentos argentinos.
2Sagaces por volátiles
3Opíperamente por opíparamente, magníficamente. La narradora tiene propensión a usar términos cultos cuyo sentido desconoce.
4Andoy. Forma verbal analógica usada en el noroeste del país (como estoy, voy, soy).
5Uso metafórico de pailas por orejas en la expresión corriente; parar las orejas: 'oír con atención'.
6El uso de las casas por la casa es común en el habla del interior del país. Arcaísmo.
1Monte 'bosque'.
1La expresión al todo por del todo se dice en el interior del país, particularmente entre rústicos.
2El italianismo chau se ha extendido en el habla de todo el país, pero pocas veces lo encontramos en el lenguaje de los cuentos, en los cuales se mantiene el clásico adiós.
3La interjección che del habla de los argentinos es poco común en la narración tradicional.
1El narrador imita el canto del gallo.
1La interjección ho apócope de hombre, se oye en el centro y noroeste del país; también la forma hom.
1 El narrador explica: "Las personas de antes que eran educadas, decían siempre baja, come, sabes, y también decían tú. Ahora todos dicen bajá, comé, y dicen vos".
1 Sentido por oído. El verbo sentir conserva el antiguo significado de oír.
1 Monte 'árbol'. Significa también "bosque"
1 Sospresa < sorpresa.
2 Gaíto < gallito; esta caída de la y se observa en el habla de la región central y el noroeste, particularmente entre rústicos.
1 Es que es una da las fórmulas de comenzar los cuentos.
1 Juanes: 'zorros'.
2 Chupa 'borrachera'
3 Miéschica, forma eufemística.
4 Caráfita, forma eufemística.
5 Forma de tarasquear < tarascar.
1 Chamigo 'mi amigo'; voz híbrida formada por el término guaraní che 'mi' y el español amigo; es de uso general en la región guaranítica.
2 Mariscador (de mariscar 'cazar') 'cazador'.
1 Colí 'rabón'. Usado en la región guaranítica.
1 Zorete 'zurullo', 'pedazo rollizo de excremento sólido'.
2 Naco 'pedazo de tabaco negro que se lleva para mascarlo o hacer cigarrillos'.
1 Aguaitaba de aguaitar arcaísmo conservado en el habla del interior del país.
1 Alojar. Uso de la región como en Chile; en el resto del país se usa como pronominal: se alojaron.
2 Güella < huella 'camino'.
1 Vizcachero de uso regional; vizcachera se dice en general, en el país, a las cuevas de las vizcachas.
2 Caranchi se dice en el Noroeste al carancho; el narrador se corrige. Carancho. Ave de rapiña también llamada caracará. (Polyborus tharus.)
3 Uso del lo superfluo; también se usa para los dos géneros como en todo el Noroeste, en el habla rústica.
1 No hacer juicio = no hacer caso.
2 Lo que 'cuando'. Arcaísmo.
3 Velay, interjección arcaica que todavía usan los viejos campesinos de la región central y la del Noroeste. Aquí equivale a ¡miren ustedes!
1 Uso argentino de no más.
2 Revolvedor 'palito labrado para revolver la comida en las ollas particularmente la mazamorra y el locro'.
3 Suri. Nombre que se da al avestruz americano en la región central-noroeste (Rhea americana).
4 Fortacho < fortachón.
5 Parar la oreja 'atender en forma rápida e intensa'
6 Botar 'tirar, arrojar'. Voz marina.
7 Monear 'coquetear'
8 Fiera 'muy fea'.
9 La narradora alude al cuento dado por ella anteriormente:  La paloma y el chuschín.
1 Quesque < que es que. Contracción muy usada como iniciación del cuento.
2 Carona 'pieza generalmente de suela, que se coloca entre las que van sobre el lomo de la cabalgadura y la silla o albarda'.
1 ¡Hé!, interjección típica de la región; la h intensamente aspirada se oye como j.
2 Tatú (Dasypoda: sasypus) Gran armadillo de la región.
1 Chancista 'bromista'.
1 Nai < cómo no ha de ser.
1 Dosito es diminutivo de dos, muy usado en el Noroeste.
2 Resto de leísmo en Santiago del Estero.
1 A los gallos de riña se les colocan púas de acero muy fuertes.
1 Agente de policía.

1 Posiblemente la comadreja overa (Didelphis azarae), la más conocida de nuestra fauna. Enemiga de los gallineros. No tiene parte en el cuento.
1 Ocurrencia 'diligencia'.
2 Perderse 'desaparecer de la vista'.
3 Entós < entonces.
4 Arriba 'hacia el Oeste' las tierras altas de la Cordillera.
5 Choco 'perro pequeño. Gozque'.
6 Abajo 'tierras bajas'. En este caso es el Este. El Oeste o arriba, corresponde a las tierras que llevan hacia la Cordillera de los Andes.
[1] Chuña. Familia Cariamidae. Chuña patas rojas (Cariama cristala). Chuña patas negras (Chunga burmeisteri).
[2] Tusca (Acacia cavenia). Arbusto de la Familia de las Leguminosas, de flores muy perfumadas.
[3] Sobre la hebra, expresión que equivale a sobre el hilo 'inmediatamente'.
1 Vuella por huella (ultracorrección).
2 Violo 'la guitarra'.
1 Nata 'papilla'.
1 Gaína < gallina. Poíto < pollito  (caída de la y).
2 Toriar < torear ladrar.
1 Galgo, usado en el sentido genérico de 'perro'.
NOTA

EL ZORRO, EL GALLO, OTRA AVE Y OTROS ANIMALES
LA CAZA POR ENGAÑO

CUENTOS DEL 32 AL 101



El motivo del ave que caza el zorro por engaño, y que por engaño o con la ayuda de otros se libera, ha alcanzado en nuestra tradición un gran desarrollo en cuentos independientes y diversos. De ellos he recogido 70 versiones con algunas variantes. Como cuentos independientes son muy antiguos en la tradición occidental.

A. El zorro, el gallo, el hornero u otra ave. El zorro caza al gallo, al chuschín o chingolo o al hornero, por engaño o por sorpresa. Lo lleva en la boca; cuando lo ven otras aves o mujeres u hombres campesinos, arman una gran gritería. El zorro se enfada y el ave le aconseja que les diga que ella es de su propiedad o que a ellos no les importa. El zorro abre la boca para hablar y el ave se vuela. Tiene gran popularidad; en la Edad Media fue elaborada en el Román de Renard (Branche II, XIV, XVI, XVII) y figura en los Esopos. Entre las versiones españolas tenemos la 259 de Espinosa, la 172 de Ampudia y entre las argentinas la de Di Lullo, 257. Es el Tipo 6 de Aarne-Thompson.
B. El nuevo decreto. El zorro invita al gallo a bajar del árbol en donde está para leer un nuevo decreto del gobierno que ordena a los animales a tratarse como hermanos y a no matarse. El gallo desconfía. De pronto le dice que vienen los perros. El zorro pregunta la dirección que traen. El gallo le indica la opuesta. El zorro huye, se encuentra con los perros, vuelve, y al pasar por debajo del árbol le dice el gallo que les lea el decreto. Los perros matan al zorro. Conserva la integridad que tenía en la Edad Media, que elaboró el Román de Renard en El zorro y el pavo. Es el Tipo 62 de Aarne-Thompson, de la Paz entre animales. Se le encuentra en numerosas recopilaciones de cuentos de nuestros días; en Espinosa, Castilla, es el de La picaciña y los picaciños.

C. El zorro autoridad. El zorro confesor. El zorro se disfraza de comisario, de juez o de sacerdote para cazar las aves de su preferencia, sobre todo las gallinas. El perro lo sorprende, lo hace huir y generalmente lo mata. Estos cuentos terminan con el gracioso motivo del zorro que, refugiado en una cueva y pasado el susto, elogia sus patas, sus ojos, sus orejas y, viendo su cola sucia, hace el ademán de tirarla; los perros, que están de guardia, lo sacan y lo matan. Estos cuentos muy extendidos en la tradición occidental, aún se conservan en el folklore moderno como en el ruso (Sokolov, 245).

D. El zorro maestro. El zorro se presenta como maestro a una gallina y a un gallo que tienen muchos hijos y los convence de que él puede educarlos. Lleva por turno a los pollitos y los come. Invita a la gallina y también la come. Finalmente invita al gallo y éste, en el camino, descubre el engaño y se salva. Está relacionado con el Tipo 37 de Aarne-Thompson.



Difusión geográfica del cuento

Espinosa menciona a estos cuentos entre los motivos de La paloma, el zorro y el ave amiga, y documenta en forma erudita su difusión universal; en la Argentina abarca casi todo el país: Tucumán, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan, San Luis, Corrientes, Misiones, Formosa, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut.

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