Hubo una lejana época en que no existían las piedras en la Tierra.
Las montañas, colinas y valles no eran ásperos y era muy fácil caminar
en la suave tierra. Por esa época no se conocían arbustos. Todos los
árboles eran muy altos y derechos y apartados entre sí, de modo que
el hombre de aquellos tiempos podía pasar entre ellos sin marcar un
camino.
Existía también un enorme búfalo que recorría aquellas tierras. El
tenía poder para cambiar cualquier cosa en las formas que se le antojaran.
Tomó ese gran poder de un agua mágica. Ese poder sería siempre
suyo cada vez que bebiera unos tragos de una fuente de cierto lugar
escondido.
Existía también una gran montaña sobre la cual el búfalo solía vagar.
La quería mucho, tanto que un día le preguntó si deseaba convertirse
en algo que le gustase más que ser una montaña.
La montaña le dijo que ella quería convertirse en algo que nadie
deseara subir. El búfalo dijo:
-Te cambiaré en una dura prominencia a la que nombraré «piedra».
Serás tan dura que nadie deseará romperte, y las tierras donde te asentarás
serán tan fértiles, bellas y suaves que nadie querría subir por ti.
Así la montaña fue convertida en una enorme piedra. El búfalo le
dijo que permanecería en su imponente forma y que podía convertirse
en cualquier cosa mientras no fuera quebrada.
En esta parte de la Tierra no existían hombres: solamente el búfalo
vivía allí.
Los búfalos sabían que los hombres habitaban al otro lado de la
montaña, que éstos eran crueles y que mataban a los animales, de manera
que trataban de vivir lejos de los hombres.
Pero un día el búfalo pensó que él debía ir al otro lado de la montaña
para ver a los hombres. Trataría de hacer amistad con ellos para lograr
que no continuaran matando a los búfalos.
Pasó sobre la montaña y pronto estuvo en el otro lado. Caminó y
se encontró a poco de andar con la tienda de un indio, hecha de pieles,
junto a la corriente de un arroyo. En la tienda vivían una anciana y su
nieto. Cuando el niño vio al búfalo, se alegró mucho y le dijo a su abuela
que fuera buena con él.
El búfalo se contentó con la abuela y el niño, de tal manera que
les ofreció convertirlos en lo que ellos desearan. El niño dijo que no
quería ser convertido en ninguna otra cosa que él mismo, pero sí quiso
volverse un corredor muy rápido. La abuela dijo que ella desearía ser
cambiada en algo que estuviera siempre al lado de su nieto dondequiera
que éste se encontrase.
El búfalo les dijo que él se los llevaría entonces para su casa, y que
él pediría a los búfalos que enseñaran al niño a correr velozmente, y
que le pediría al agua mágica que convirtiera a la anciana en algo que
pudiera estar con su nieto en todos los lugares en que éste se hallase.
De este modo el búfalo, la anciana y el niño se fueron sobre la montaña
hasta llegar a la Tierra de los búfalos. Estos dijeron que enseñarían
al niño a correr muy rápido si el niño prometía que ni él ni su gente
matarían más búfalos. El niño prometió que él lo haría, y los búfalos le
enseñaron a correr con tal rapidez que pronto pasó a todos los búfalos
en sus carreras. Por otra parte, el agua mágica convirtió en viento a la
anciana, de manera que ella podía seguir a su nieto donde quiera que
éste fuera. El niño estuvo con los búfalos hasta que se convirtió en un
hombre muy fuerte; entonces le fue permitido regresar a su pueblo. Ya
entre los suyos, el joven fue designado el jefe de los cazadores por su
rapidísima carrera.
Un día el jefe de la tribu le indicó que fuera a matar búfalos, porque
ellos no podían mantener el rápido paso de los búfalos y éstos se les
escapaban. El jefe dijo al joven que si tenía buen éxito como cazador
de búfalos, lo adoptaría como hijo y le designaría como jefe de la tribu
cuando él muriera. La gran ambición del joven era ser jefe de la tribu,
así es que aceptó la encomienda y determinó cazar a los búfalos.
Reunió a los cazadores y les indicó que le siguieran. Subió la montaña
y bajó hacia las tierras de los búfalos, pero lo hizo tan velozmente
que perdió de vista a sus compañeros. Los esperó, y viendo a los búfalos,
les acometieron. Éstos se acobardaron mucho ante los cazadores y
escaparon, pero el joven emprendió rápida carrera, los alcanzó y mató
un gran número de ellos. Pero el gran búfalo no se hallaba presente,
porque había ido a beber el agua de un arroyo que no era el mágico.
Cuando regresó y vio lo que habían hecho los cazadores, se enfureció
y trató de convertir a los cazadores en hierba, para comérselos, pero
como no había bebido del agua mágica, se encontró con que había perdido
su poder.
Se fue entonces a la montaña de piedra y le pidió que hiciera algo
para castigar a los malvados cazadores de búfalos. Y la piedra dijo:
-Le voy a pedir a los árboles que se unan estrechamente para que el
hombre tenga dificultades al pasar entre ellos. Después me voy a partir
yo misma en muchos pedazos y me despeñaré por las tierras del mundo,
de manera que los rápidos corredores no puedan pasar sobre mí sin
herirse los pies.
Entonces la piedra se quebró en millares de pedazos y se regó por
todas las tierras, y de este modo, cuando los veloces cazadores intentaban
correr por la montaña, las piedras herían sus pies y las ramas de los
árboles golpeaban sus cuerpos.
Por eso es que hay tantas piedras en el mundo.
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sábado, 16 de marzo de 2019
El Doctor de la Tierra creó cuatro razas humanas (mito papago)
En el principio del mundo sólo existía la nada. Todo era una profunda
oscuridad y esta misma oscuridad se convertía en una espesa masa
de la cual se formó el Espíritu. Él fue llamado después Dios o Tei-as.
No había lugar alguno donde el Espíritu pudiera estar, de pie o colgado,
hasta que al fin el Espíritu logró sostenerse sobre su propio poder.
Se sacó cuatro pelos de su cuerpo y los puso de este a oeste y de
norte a sur, y puso otros dos en el medio de ellos con la forma de una
cruz. Se sacó de su cuerpo un grano de polvo y lo puso en el centro y
de allí surgió la Tierra.
El Espíritu creó al hombre a su semejanza y lo llamó Doctor de la
Tierra y éste aumentó el tamaño del mundo. Caminó mucho y encontró
los lados débiles de la Tierra. Entonces creó una araña y la ordenó tejer
un velo alrededor del mundo, lo cual ésta hizo.
Después hizo muñecos de barro y fango y les ordenó que vivieran, y
ellos le obedecieron. Éstos fueron los primeros seres de la raza humana
que existieron, pero estos muñecos eran muy deformes. Así algunos
sólo tenían una pierna; otros, orejas enormes, y otros echaban llamas
por sus rodillas. Entonces no se sintió satisfecho y los quemó a todos.
Entonces hizo una segunda raza, que era muy parecida a los hombres
que se ven hoy en día. Su número fue enorme, pero con el Tiempo
no hubo alimentos suficientes para ellos ni agua para beber. Entonces
Dios visitó al Doctor de la Tierra y le preguntó qué pensaba sobre estos
hombres.
Dios le dio una idea al Doctor de la Tierra: que enviara una enfermedad
que destruyera parte de ellos, para reducirlos y para que así
pudieran vivir mejor.
El Doctor de la Tierra se puso furioso con Dios, y casi lo insultó criticándole
su idea de la enfermedad. Pero Dios no le hizo caso y mandó
una epidemia que mató a una parte de los hombres, tal como lo había
pensado, y hubo en la Tierra gran aflicción.
Al Doctor de la Tierra no le gustó nada lo que Dios había hecho e
inventó un plan para destruir por segunda vez a la raza de los hombres.
Dijo a las gentes que vendría una inundación que los destruiría a todos.
Y las gentes le preguntaban qué podrían hacer para salvarse de perecer
ahogados, pero él no les dijo nada porque no quería que se salvara ninguno.
Pero vino un coyote a preguntar cómo podía salvarse y el Doctor de
la Tierra le dijo que cortara un carrizo y le taponara el fondo después
que estuviera dentro de él, y así lo hizo el coyote. Y quedaron de acuerdo
que quien pusiera un pie primero en tierra, después de la inundación,
sería el señor de la Tierra.
El Doctor de la Tierra fabricó una gran olla y se metió en ella cuando
vino la inundación. Cuando las aguas se fueron, dio un salto de la
olla y fue el primero que puso el pie en tierra y así fue el amo y señor
de ella.
Pero aunque el coyote fue el último en pisar la tierra reclamaba que
él fue el primero, pero no pudo probarlo.
Con la ayuda del coyote el Doctor de la Tierra creó la tercera raza de
hombres que vivió en alguna parte entre el Salt River y el Gila. Pasado
un tiempo el Doctor de la Tierra dijo a la gente que vendría una destrucción
sobre ellos, que bien pudiera ser una inundación; pero los que subieran
a la cumbre de la montaña rocosa podrían tener una oportunidad
de sobrevivir. Y esto fue lo que hizo la gente.
El océano se levantó, y los ríos, y las corrientes de los arroyos, y las
aguas fueron subiendo y subiendo. Cuando el agua parecía cubrir la
cumbre de la gran montaña, ésta, bajo el poder del Doctor de la Tierra,
se levantó más alta todavía. Pero las aguas siguieron subiendo.
Al fin el Doctor de la Tierra, sabiendo que si las gentes fueran destruidas
las aguas se retirarían, les dijo que él no tenía poder para salvarlos
y que todos debían perder sus vidas.
Le dijo entonces al perro que fuera a ver la altura del nivel de las
aguas. El perro fue y cuando regresó dijo, hablando con voz humana,
que las aguas ya estaban muy cerca de la cumbre. En ese mismo tiempo
la gente se convirtió en piedras. Cualquiera que suba la montaña rocosa
puede ver en su cumbre innumerables piedras con forma de gente, y
las actitudes que tenían cuando el perro vino a decirle al Doctor de la
Tierra el nivel que tenían las aguas con una voz humana.
Cuando las aguas se retiraron, el Doctor de la Tierra se halló con
que el resto de la gente, aquellos que no quisieron subir, se habían ahogado.
Entonces creó una cuarta raza que es la que existe todavía.
oscuridad y esta misma oscuridad se convertía en una espesa masa
de la cual se formó el Espíritu. Él fue llamado después Dios o Tei-as.
No había lugar alguno donde el Espíritu pudiera estar, de pie o colgado,
hasta que al fin el Espíritu logró sostenerse sobre su propio poder.
Se sacó cuatro pelos de su cuerpo y los puso de este a oeste y de
norte a sur, y puso otros dos en el medio de ellos con la forma de una
cruz. Se sacó de su cuerpo un grano de polvo y lo puso en el centro y
de allí surgió la Tierra.
El Espíritu creó al hombre a su semejanza y lo llamó Doctor de la
Tierra y éste aumentó el tamaño del mundo. Caminó mucho y encontró
los lados débiles de la Tierra. Entonces creó una araña y la ordenó tejer
un velo alrededor del mundo, lo cual ésta hizo.
Después hizo muñecos de barro y fango y les ordenó que vivieran, y
ellos le obedecieron. Éstos fueron los primeros seres de la raza humana
que existieron, pero estos muñecos eran muy deformes. Así algunos
sólo tenían una pierna; otros, orejas enormes, y otros echaban llamas
por sus rodillas. Entonces no se sintió satisfecho y los quemó a todos.
Entonces hizo una segunda raza, que era muy parecida a los hombres
que se ven hoy en día. Su número fue enorme, pero con el Tiempo
no hubo alimentos suficientes para ellos ni agua para beber. Entonces
Dios visitó al Doctor de la Tierra y le preguntó qué pensaba sobre estos
hombres.
Dios le dio una idea al Doctor de la Tierra: que enviara una enfermedad
que destruyera parte de ellos, para reducirlos y para que así
pudieran vivir mejor.
El Doctor de la Tierra se puso furioso con Dios, y casi lo insultó criticándole
su idea de la enfermedad. Pero Dios no le hizo caso y mandó
una epidemia que mató a una parte de los hombres, tal como lo había
pensado, y hubo en la Tierra gran aflicción.
Al Doctor de la Tierra no le gustó nada lo que Dios había hecho e
inventó un plan para destruir por segunda vez a la raza de los hombres.
Dijo a las gentes que vendría una inundación que los destruiría a todos.
Y las gentes le preguntaban qué podrían hacer para salvarse de perecer
ahogados, pero él no les dijo nada porque no quería que se salvara ninguno.
Pero vino un coyote a preguntar cómo podía salvarse y el Doctor de
la Tierra le dijo que cortara un carrizo y le taponara el fondo después
que estuviera dentro de él, y así lo hizo el coyote. Y quedaron de acuerdo
que quien pusiera un pie primero en tierra, después de la inundación,
sería el señor de la Tierra.
El Doctor de la Tierra fabricó una gran olla y se metió en ella cuando
vino la inundación. Cuando las aguas se fueron, dio un salto de la
olla y fue el primero que puso el pie en tierra y así fue el amo y señor
de ella.
Pero aunque el coyote fue el último en pisar la tierra reclamaba que
él fue el primero, pero no pudo probarlo.
Con la ayuda del coyote el Doctor de la Tierra creó la tercera raza de
hombres que vivió en alguna parte entre el Salt River y el Gila. Pasado
un tiempo el Doctor de la Tierra dijo a la gente que vendría una destrucción
sobre ellos, que bien pudiera ser una inundación; pero los que subieran
a la cumbre de la montaña rocosa podrían tener una oportunidad
de sobrevivir. Y esto fue lo que hizo la gente.
El océano se levantó, y los ríos, y las corrientes de los arroyos, y las
aguas fueron subiendo y subiendo. Cuando el agua parecía cubrir la
cumbre de la gran montaña, ésta, bajo el poder del Doctor de la Tierra,
se levantó más alta todavía. Pero las aguas siguieron subiendo.
Al fin el Doctor de la Tierra, sabiendo que si las gentes fueran destruidas
las aguas se retirarían, les dijo que él no tenía poder para salvarlos
y que todos debían perder sus vidas.
Le dijo entonces al perro que fuera a ver la altura del nivel de las
aguas. El perro fue y cuando regresó dijo, hablando con voz humana,
que las aguas ya estaban muy cerca de la cumbre. En ese mismo tiempo
la gente se convirtió en piedras. Cualquiera que suba la montaña rocosa
puede ver en su cumbre innumerables piedras con forma de gente, y
las actitudes que tenían cuando el perro vino a decirle al Doctor de la
Tierra el nivel que tenían las aguas con una voz humana.
Cuando las aguas se retiraron, el Doctor de la Tierra se halló con
que el resto de la gente, aquellos que no quisieron subir, se habían ahogado.
Entonces creó una cuarta raza que es la que existe todavía.
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