jueves, 14 de diciembre de 2017

El quirquincho tejedor


Una vez, el quirquincho* necesitó un poncho nuevo y, como era muy buen tejedor, decidió hacerse uno.
Tomaba el vellón de lana de guanaco y de vicuña y formaba hebras muy finas, torciéndolas en el huso.
Poco a poco se fue formando el ovillo.
Cuando la lana estuvo lista, clavó cuatro estacas en el suelo y armó el telar.
Comenzó entonces a tramar la tela; el ovillo iba y venía, mientras los colores se entremezclaban formando guardas.
Estaba en esta tarea, cuando un quirquincho vecino que pasaba por ahí le comentó que se estaba preparando una fiesta y que faltaban muy pocos días.
El quirquincho no le dijo ni sí ni no, pero se entusiasmó mucho con la idea y comenzó a apurarse para terminar su poncho. Quería estrenarlo en esa oportunidad.
Como el tejido no avanzaba todo lo que él quería, hiló las hebras más gruesas.
La tela ya no quedaba tan fina, ahora la trama salía más gruesa y despareja.
Pero el quirquincho quería terminar rápido y tejía y tejía afanosamente, sin darse cuenta de que los días pasaban.
Una tarde pasó por ahí su vecino y le preguntó:
—¿Qué está haciendo, don?
—Me estoy tejiendo un poncho para la fiesta.
—¡Pero mi amigo, si la fiesta ya pasó!
—¿Cómo que ya pasó? —preguntó contrariado.
—Sí, mi amigo, la fiesta se hizo anteayer —le contestó su vecino.
—¿Y cómo no me avisó?
—Usted no me dijo que quería ir y, como estaba tan ocupado, pensé que no tenía interés.
—¡Qué tonto que he sido! —exclamó desilusionado.
Ahora no tendría tanto apuro y siguió tejiendo con las hebras más finas.
Y terminó el poncho. No era un trabajo como los que él estaba acostumbrado a hacer; era muy visible el contraste que hacían las partes finas de las gruesas.
—Y bueno, ya está hecho —dijo y lo usó igual.
Pasó el tiempo, el quirquincho se hizo más viejo y ya no tuvo más ganas de tejer.
Siguió usando ese único poncho hasta que pasó a ser parte de su cuerpo.
* El quirquincho, en quechua quirquinchu, es una especie de armadillo que posee un caparazón óseo, parecido al poncho de la leyenda; con placas chicas, en la cabeza y en la cola y placas más grandes y separadas en el medio. Se lo conoce también con los nombres de piches, tatúes, peludos y armadillos. Hay una gran variedad de cuentos y leyendas de este simpático animalito, como así también coplas y adivinanzas, resaltando sus características como la de arquearse hasta parecer una bola, cuando se ve en peligro.
Ovillejo, ovillejo cara de viejo, ancho y bola, fortacho en la cola.

Leyenda quechua

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