viernes, 20 de febrero de 2009

Historia de Griselda

Erase una vez un joven marqués que poseía vastísimas tierras y castillos numerosos. Cierto día , mientras iba de caza, encontró a una pastorcita muy bella de la que se enamoro enseguida. Se informó y supo que la joven se llamaba Griselda y vivía con su padre en una pobre cabaña de las cercanías. El marqués, decidido a hacerla su esposa, se dirigió a la pobre habitación y pidió al viejo pastor la mano de su hija. Pocos días después se celebraron con gran fausto las bodas pero Griselda, aunque elevada a tan lata posición, se conservó humilde y modesta como había sido antes.
Pasó el tiempo y la joven marquesa tuvo una hija. Pero su esposo quiso probar la sumisión y obediencia de su mujer . Para ello la hizo llamar y le dijo que sus cortesanos no podían admitir en la corte la presencia de una hija de una mujer de tan bajo origen y que, por ello, habría que matar a la recién nacida. Griselda se inclinó ante las órdenes de su señor sin una palabra de protesta. Poco tiempo después le nació un hijo varón que le fue arrancado por el marido con el mismo pretexto. La marquesa se sometió también sin discutir a esta segunda crueldad.
Pasaron veloces los años y el marqués , todavía no satisfecho, quiso imponer a su esposa otra prueba. La hizo llamar y le dijo que para calmar las murmuraciones de sus noble, se veía obligado a devolverla a su casa y casarse con una dama de alto linaje. Resignada, Griselda volvió a su casucha después de despojarse de sus ricos vestidos , que sustituyó por los míseros trapos que había abandonado. Pocos días después el marqués la hizo llamar a espacio para servir a su nueva esposa. Griselda acudió con entusiasmo a la llamada de su dueño y señor. Todos los caballeros y las damas de la corte hablaban de la extrema juventud y la belleza maravillosa de la nueva marquesa, que había llegado al castillo con su joven hermano , y la propia Griselda cuando la vio , unió sus alabanzas a las de los demás.
El marqués quedó entonces, por fin convencido de la gran bondad e su esposa, y ante toda la corte la abrazó conmovido y le dijo:
-He querido probar tu humildad y tu amor hacia y he visto que ninguna mujer en el mundo posee cualidades como las tuyas. Pero ahora basta. Tu sola eres mi verdadera esposa, tu la más buena y virtuosa de las mujeres,. Ha de saber que esta doncella bellísima , a quien has creído mi nueva esposa , es nuestra hija, y que el joven que la acompaña es nuestro hijo. Ven a abrazarlos; después de tantos años como has vivido separado de ellos, tienes todo el derecho.
Los dos jóvenes, conmovidos, estrecharon entre sus brazos a la pobre madre, que lloraba de alegría. El marqués ordenó que se celebraran grandes fiestas en todo el país y durante largos días el palacio resonó de músicas y cantos en honor de la marquesa.

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