domingo, 13 de octubre de 2013

El ragnarok

Según la profecía de la Sibila, el mundo sería destruido por una batalla entre los dioses y los
poderes malévolos, y cada uno destruirá al otro.

Los Ases toleraron la presencia del mal entre ellos, personificado por Loki el embaucador. Se
dejaron llevar por sus consejos, permitieron que les involucrara en toda clase de dificultades de
las cuales lograban salir sólo al precio de separarse de su virtud o la paz, y poco a poco le
fueron permitiendo a Loki tener tal dominio sobre ellos, que no dudaba en robarles sus más
preciadas posesiones: la pureza, o la inocencia, personificada por Balder el bondadoso, etc...
Demasiado tarde se dieron cuenta de lo maligno que era este espíritu, hasta que hubo
encontrado un hogar entre ellos y, demasiado tarde, desterraron a Loki a la Tierra, donde los
hombres, siguiendo el ejemplo de los dioses, fueron corrompidos por su siniestra influencia. La
Batalla Final empezaría cuando Loki logre escaparse de su castigo por haber instigado a Hodur
para que matase a su hermano Balder. Según se vaya acercando el fin, habrá escasez y
discordias, Ragnarök. Los hermanos se matarán entre sí y los hijos no perdonarán a sus
padres. Habría tres años de invierno, Fimbul, después de que la vieja giganta Gulveig-Hoder
pariera una manada de lobos, de los cuales uno de ellos empezará a perseguir a Sol y Luna
(Mani): Managarm.
Viendo que el crimen predominaría y que todo el bien sería desterrado de la Tierra, los dioses
verán que las profecías se empezaban a cumplir y que la sombra de Ragnarök estará ahí. Sol y
Luna, temerosos, conducirán sus carros, mirando hacia atrás, sabiendo que los lobos les
estarán persiguiendo y que pronto les alcanzarán y les devorarán. Conocen sus destinos, pero
aún así continuarán su recorrido y se enfrentaránn a su final. Y al desaparecer sus sonrisas, la
Tierra se volverá triste y fría y el terrible invierno Fimbul comenzará. Los vientos soplarán
desde el Norte y la tierra se helará. Este severo invierno ya hemos dicho que se prolongará
durante tres estaciones completas sin descanso, seguido por otros tres, igual de duros, durante
los cuales toda la alegría abandonará la Tierra y los crímenes de los hombres aumentarán y
todos los sentimientos de humanidad y compasión desaparecerán.
En los nichos de Ironwood, la giganta Angerboda, alimentaría a los lobos: Hati, Sköll y
Managarm. Los alimentará con las médulas de los huesos de los asesinos y los adúlteros y tal
será el predominio de estos crímenes que nunca se les acabará la comida. Diariamente irán
ganando fuerzas para perseguir a Sol y a Luna y finalmente, lograrán alcanzarlos devorarles,
inundando la tierra con sangre de sus fauces goteantes. Ante terrible conclusión, la tierra se
estremecerá; las estrellas, asustadas, caerán desde el firmamento.
El Lobo Fenris se librará de sus cadenas y, con las fauces abiertas, devorará el mundo. Sus
ojos arderían y su aliento arrojaría llamas.
Loki será también liberado preparando un navío fantasmal, Naglfar, hecho de uñas de hombres
muertos, con una tripulación de cadáveres en putrefacción, zarpando desde el reino de su hija
Hel. La Serpiente Midgard, Jormagundr, despertada por el alboroto general y con inmensos
retorcimientos y conmoción, por lo que los mares serán azotados con enormes olas como
nunca antes habían alterado las profundidades del mar, se arrastrará hasta la tierra y se
incorporará a la terrible batalla. Una de las grandes olas, agitadas por los esfuerzos de
Jormagundr, será la que ponga a flote a Naglfar.
De un espeso banco de niebla, hacia el Norte, otra embarcación partirá pilotada por Hrym, en
la que todos serán gigantes de hielo, armados por completo e impacientes por entrar en batalla
contra los Ases, a quienes siempre habían odiado con todas sus fuerzas. Al mismo tiempo, Hel,
la diosa de la muerte, saldrá por una grieta en la tierra desde su reino de muertos, seguida de
cerca por el sabueso de ésta, Garm. Con ella, el resto de los malhechores de su lúgubre reino
y el dragón Nidhug, que sobrevolaría el campo de batalla, transportando cadáveres sobre sus
alas.
Al mismo tiempo, el dragón Nidhug roerá la raíz del fresno Yggdrasil, que hará estremecer
hasta a su rama más alta. El gallo rojo Fialar, posado en lo alto del Valhalla, cacareará en alto
la alarma, que será inmediatamente repetida por Gullinkambi, el gallo en Midgard, y por la
rojiza ave de Hel en Niflheim. Heimdall, observando la llegada de Ragnarök y oyendo el
estridente chillido del gallo, tocará inmediatamente el cuerno Giallar con el sonido esperado
durante tanto tiempo, y que se oiría en todo el mundo. Al oírlo, los Ases y los Einherjar se
levantarán de sus divanes dorados saliendo de El Valhalla.
La sangrienta y decisiva batalla final se librará en el Llano de Vigrid, como Vafthrundnir había
presagiado mucho tiempo atrás, que se extendía delante del Valhalla.
De Muspellsheim, vendrían multitud de jinetes armados con espadas de fuego, partiendo
súbitamente el cielo en dos, y cabalgando a través de la enorme brecha Surt con su espada
flameante, seguido por sus hijos y, mientras atravesaban el puente Bifröst con la intención de
arrasar Asgard, el glorioso puente se hundirá con un estruendo bajo las pisadas de sus
caballos y comenzando todo a arder.
Tan pronto como desembarque, Loki dará la bienvenida a estos refuerzos con alegría y,
colocándose en cabeza, marchará con ellos hacia la lucha. Los dioses sabrán muy bien que su
fin estrá ya cerca y que su debilidad y falta de previsión les hará estar en gran desventaja, pues
Odín sólo tenía un ojo, Tyr una mano y Freyr nada, excepto un cuerno de venado con el que
defenderse, en vez de su invencible espada. Sin embargo, los Ases no mostrarán señales de
desesperación, se pondrán sus más ricas vestimentas y cabalgarán alegremente hacia el
campo de batalla decididos a poner un alto precio a sus vidas.
Mientras reunan sus fuerzas, Odín descenderá una vez más hasta el manantial de Urd, donde
bajo Yggdrasil derribado, se sentarán aún las Nornas con los rostros cubiertos y guardando un
silencio obstinado, con su tela rasgada a sus pies. El padre de los dioses susurrará de nuevo
un comunicado misterioso a Mimir, tras el cual montará sobre Sleipnir para reunirse con el
ejército que le esperaba.

El lobo Fenrir devora a Odín

Los combatientes se encontraban ahora congregados en las vastas extensiones de Vigrid. A un
lado, se alinearán los severos pero tranquilos rostros de los Ases, los Vanes y los Einherjar,
mientras que en el otro se reunirán el abigarrado ejército de Surt, los sombríos gigantes de
hielo, el pálido ejército de Hel y Loki y sus horribles seguidores, Garm, Fenris y Jormagundr,
estos dos últimos, arrojando fuego y humo, y nubes de vapores tóxicos y mortales, que llenarán
todo el cielo y la tierra con su venenoso aliento.
A la cabeza de los dioses estará Odín, que será de entre los dioses la primera víctima al ser
devorado por Fenris. A cada momento triunfante de la lucha, su tamaño colosal asumirá
proporciones aún mayores, hasta que finalmente, sus fauces abiertas de par en par abarcarán
todo el espacio entre el cielo y la tierra, y el repugnante monstruo se abalanzará furiosamente
sobre el padre de los dioses engullendo su cuerpo entero dentro de su horrible estómago. Su
hijo Vidar correrá a vengarle y atravesará la mandíbula del lobo dándole muerte de una patada,
arrancándole la cabeza y clavándole un puñal en el corazón.
El dios Freyr fenecerá a manos del gigante Surt. Thor y la Serpiente Midgard se matarán
mutuamente, ya que aunque aplaste el cráneo de la serpiente con Mjöllnir no podrá reistir a
causa de los venenos respirados en la lucha. Loki y Heimdall se matarán uno a otro. Tyr morirá
también, después de haber matado a Garm, a consecuencia de las mordeduras que éste le
había causado. El resto de los dioses y todos los Einherjar se enfrentarían a enemigos dignos
de su coraje.
Desaparecidos todos los dioses que protegían a los hombres y todos los Einherjar, éstos
mueren, y la misma tierra pierde su forma. Surt arrojará súbitamente sus ardientes tizones
sobre el cielo, la tierra y los nueve reinos de Hel. Las estrellas que queden se desprenderán del
cielo y caerán, el fuego lo cubrirá todo y el Universo se conviertirá en un infierno. Las llamas
alcanzarán los palacios dorados de los dioses, que se consumirán por completo. La vegetación
sobre la tierra se destruirá de forma similar y el terrible calor hervirá todas las aguas. El gran
incendio se propagará violentamente hasta que todo se consuma, cuando la tierra, ennegrecida
y llena de cicatrices, se hunda lentamente bajo las olas hirvientes del mar. El mundo se
consumirá en llamas prendiendo a Yggdrasil, quedando el mundo reducido a cenizas y
hundiéndose en el mar definitivamente.
Loki se enfrenta a Heimdall
Después de la destrucción se creará un nuevo mundo. La tierra, depurada por el fuego y
purificada por su inmersión en el mar, emergerá de nuevo y será iluminada por el Sol, cuyo
carro estará conducido por un hijo de éste, nacido antes de que el lobo hubiera devorado a su
madre. El nuevo Sol no tendrá imperfecciones como el primero y sus rayos ya no serán tan
ardientes como para tener que situar un escudo entre él y la tierra. Estos rayos harán que la
tierra renueve su manto verde y crezcan flores y frutas en abundancia. Una tierra nueva, verde
y hermosa con recursos inagotables.
No habrá hambre, ni frío, ni mal. Asgard habrá desaparecido, pero allí regresarán los Ases que
sobrevivan a Ragnarök. A la cabeza de los nuevos dioses estarán aquellos de los antiguos
dioses que no cometieron falsedades, perjurios ni crímenes y que se salvaron por ello de la
destrucción. Todos los dioses que representaban las fuerzas en desarrollo de la Naturaleza
fueron asesinados en la batalla. El primer dios en resucitar será Balder, que junto a su hermano
Hodur, con quien estaba reconciliado y con el que viviría en perfecta amistad y paz. Odín no
volverá pero sí sus hijos Vali y Vidar y los hijos de sus hermanos Vile y Ve. Vali y Vidar eran las
fuerzas de la Naturaleza, que regresarían a las tierras de Ida, donde se les unirán Modi y
Magni, hijos de Thor y personificaciones de la fuerza y la energía, que rescatarán a Mjöllnir, y
junto a ellos caminará Hoenir.
Fue así como, caminando un día sobre el largo césped de Idavold, encontrarán de nuevo los
discos de oro con los que los Ases habían acostumbrado a jugar. Cuando el pequeño grupo de
dioses se vuelva tristemente hacia el lugar donde se habían alzado una vez sus moradas
señoriales, se darán cuenta de que Gimli, la morada celestial más elevada, con su techo de oro
en lo alto, no había sido consumida. Allí descubrieran que se había convertido en el lugar de
refugio de la nueva casta de dioses. Entre los sobrevivientes sólo habrá una mujer, Lif, y un
hombre, Lifthrasir, que se refugiaron durante la batalla en el Bosque de Hodmimir (Bosque de
Mimir), escapando y sobreviviendo de las aguas para refugiarse cuando Surt había puesto el
mundo en llamas. Habían caído en un tranquilo sueño, inconscientes de la destrucción a su
alrededor y habían permanecido allí, alimentados por el rocío de la mañana, hasta que fue
seguro para ellos el volver a salir. En ese momento tomarán posesión de la tierra regenerada,
que sus descendientes poblarán y sobre la cual tendrán un dominio completo. Emergrán
entonces de las profundidades del bosque de Hodmimir. De ellos nacerá una nueva raza
humana protegida por los nuevos y mejores dioses. Además, existían otras dos mansiones,
una reservada para los enanos y la otra para los algunos gigantes, pero ya que estas criaturas
no tenían libertad de voluntad y ejecutaban ciegamente los decretos del destino, no serán
consideradas responsables de ningún daño que hubieran causado, y por tanto no serán
consideradas merecedoras de ser castigadas. Se decía que los enanos gobernados por Sindri,
ocuparían un palacio en las montañas Nida, donde beberán el aguamiel, mientras que los
gigantes establecerían su residencia en el palacio Brimer, situado en la región Okolnur (nfría),
pues el poder del frío será completamente aniquilado y ya no existirá más hielo.

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