domingo, 27 de octubre de 2013

Una leyenda de la danza de Shiva

Llegó a conocimiento de Shiva que vivían en el bosque Taragam diez mil rishis herejes, que enseñaban que el universo es eterno, que las almas no tenían señor y que realizar trabajos es suficiente para alcanzar la salvación. Shiva decidió enseñarles la reaIidad. Ordenó a Vishnu que le acompañara con la forma de una mujer hermosa, y los dos penetraron en el bosque salvaje: Shiva disfrazado como un yogui ambulante, Vishnu como su esposa. Inmediatamente todas las esposas de los rishis quedaron arrebatadas por el deseo del yogui; los rishis mismos estaban igualmente enamorados por la aparente esposa del yogui. Pronto toda la ermita estaba alborotada; pero pronto los ennitaños comenzaron a sospechar que las cosas no eran lo que parecían; ellos se reunieron y pronunciaron maldiciones totalmente ineficaces a los visitantes. Entonces prepararon un fuego de sacrificios e hicieron salir de él un terrible tigre que se lanzó sobre Shiva para devorarlo. Él sólo sonrió y, cogiéndolo amablemente, le arrancó la piel con su dedo menor, y la envolvió sobre sí mismo como un chal de seda. Entonces los rishis produjeron una horrible serpiente; pero Shiva la colgó alrededor de su cuello a modo de guirnalda. Más tarde apareció un maligno enano negro con una gran porra, pero Shiva presionó su pies sobre su espalda y comenzó a bailar, con su pie todavía presionando sobre el duende. Los abatidos ermitaños, superados por sus propios esfuerzos, y ahora con el esplendor y la rapidez de la danza y la visión de los cielos abriéndose, habiéndose reunido los dioses para observar al bailarín, se echaron ante el glorioso dios y se convirtieron en sus devotos.
Entonces Parvati descendió sobre el toro blanco, y Shiva partió con ella para Kailas. Así Vishnu fue dejado solo con sus acompañantes, la serpiente Ati-Sheshan, Anata, el Infinito, sobre quien descansa el océano de leche durante la noche de Brahma. Todos estaban aturdidos con la danza de Shiva, y Ati-Sheshan especialmente ansiaba ver otra vez la visión. Vishnu entonces liberó a la serpiente de servirle, ordenando a su hijo ocupar su sitio, y aconsejó a su reciente sirviente llegar hasta Kailas y obtener el favor de Shiva mediante una vida de ascetismo. Entonces la devota serpiente, con sus mil cabezas enjoyadas. partió hacia las regiones del Norte para estar junto a su gloria secular y convertirse en el mayor de los devotos de Shiva. Después de un tiempo, Shiva, adoptando la forma de Brahma cabalgando sobre su cisne, apareció para poner a prueba la sinceridad del devoto: él señaló que ya había sufrido los suficiente para merecer las delicias del paraíso y un elevado sitio en el cielo, y le ofreció un deseo. Pero la serpiente respondió: «Yo no deseo ningún cielo aparte, ni obsequios milagrosos; yo deseo sólo ver para siempre la danza mística del Señor de todos.» Brahma discutió en vano; la serpiente se quedaría como era, si era necesario hasta la muerte y a través de otras vidas, hasta que obtuviera la bendita visión. Shiva entonces adquirió su propia forma y, cabalgando detrás de Parvati sobre su toro blanco-nieve, se aproximó a la gran serpiente y tocó su cabeza.
Entonces él procedió como un guru terrenal —y para los shaivitas cada verdadero maestro es un enviado de Dios— a impartir antigua sabiduría a su nuevo discípulo. El universo, dijo, nació de Maya, ilusión, para ser la escena de innumerables encamaciones y de acciones tanto buenas como malvadas. Como una vasija de barro tiene por causa primera al alfarero, por causa material a la arcilla y por causa instrumental la vara del alfarero y la rueda, así el universo tiene a la ilusión por su causa material, el Shakti de Shiva —esto es, Parvati— por su causa instrumental y al mismo Shiva por su primera causa. Shiva tiene dos cuerpos, el primero con partes y visible, el otro sin partes, invisible y trascendental. Más allá de esto está su forma esencial de luz y esplendor. Él es el alma de todo, y su danza es la creación, preservación y destrucción del universo, y su entrega de cuerpos a las almas y su liberación. La danza es incesante y eterna; Ati-Sheshan la verá otra vez en Tillai, Chitambaram, el centro del universo. «Mientras tanto», dijo Shiva, «dejarás a un lado tu fonna de serpiente y, nacido de padres mortales, partirás a Tillai, donde encontrarás un bosque, donde hay una columna, la primera de las columnas cuidada por mi sirviente “Pie de Tigre”. Vive con él en la ermita que ha hecho, y llegará el momento en que la danza se revelará ante ti y él juntos.»
Ésa es la historia de la revelación de la danza de Shiva en el bosque de Taragam.

Notas acerca de la danza de Shiva



La anterior es una de las muchas leyendas de la danza de Shiva. La misma danza representa la actividad de Shiva como la fuente de todo movimiento dentro del universo, y especialmente sus cinco acciones: creación, preservación, destrucción, encarnación y liberación; su propósito es liberar de la ilusión las almas del hombre. Es frecuentemente enfatizado que el sitio de la danza, el sagrado santuario de Tillai o Chitambaram, es en realidad dentro en el corazón; el alma humana alcanza la liberación cuando la visión es vista en sí misma. Se verá que Shiva tiene muchas formas: lo mismo «malvada» que «buena». Esto debe ser siempre así si no vamos a postular un «diablo» separado. Como bailarín en la tierra crematoria (de sacrificios), el sitio más sucio y menos placentero, él es esencialmente un demonio pre-ario; él es también «El Terrible» y «El Destructor». Posteriormente la idea de Shaivate hace efectivo uso de esta dramática imaginería, no solamente argumentando que los demonios también deben ser una porción de Dios, no transfiriendo simplemente el sitio de danza al sagrado santuario de Chitambaram, sino aceptando la danza como es, como enconirando un nuevo significado en el suelo crematorio, el corazón de los devotos, baldío y desolado, y todo es destruido salvo el mismo bailarín.

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