domingo, 27 de octubre de 2013

Los ciclos mitólogicos galeses (IV)

LA HISTORIA DE BENDIGEIT


VRAM Y SU HERMANA BRANWEN

El rey Bendigeit Vran, más popular por su apodo de "Bran el Bienaventurado", fue considerado por muchos como el monarca más prudente y sabio de toda Britania. Su característica física principal era su colosal estatura, que le impedía vivir en una morada normal, ya que no existía ninguna que tuviera cabida suficiente para él. En sus acciones de gobierno, si bien vivían con Bendigeit su hermano Manawyddan, hijo como él de Llyr, y su hermana Branwen, el rey confiaba ciegamente en el consejo de sus dos hermanastros Nissyen y Evnissyen, ambos hijos de su misma madre, Penardun, pero concebidos por ella con Eurosswyd. Sin embargo, sus dos medio hermanos tenían caracteres totalmente opuestos: mientras Nissyen era un joven gentil, amable y de naturaleza moderada e indulgente, Evnyssien tenía un temperamento violento, amigo de la venganza y la brutalidad. Conociendo estas características, cuando Bendigeit solicitaba su consejo, hecho muy frecuente, siempre llegaba a la conclusión de que el término medio entre ambos era el más justo y equitativo, y era el que siempre adoptaba. Como resultado de esta mediación, Bendigeit se había granjeado la fama de ser el rey más sabio y más justo de toda Europa, mientras que sus hermanastros parecían odiarse, pues constantemente se encontraban compitiendo entre sí por el favor real.
Una tarde, encontrándose el rey con su familia y parte de la corte sentados en una roca del acantilado de Harlech, al norte de Gales, pudieron ver desde allí la llegada de una enorme flota que se acercaba desde Erín, a través del Mor Irwerddon.' Los barcos parecían nuevos y bien equipados, y cuando estuvieron más cerca, pudieron ver, de pie sobre la cofa, a un marinero sosteniendo en alto el gran umbo, un escudo colocado boca arriba, en señal de paz.
Como lo indicaba la tradición, el monarca destacó inmediatamente una comisión protocolar hacia el puerto, a los efectos de averiguar a quién pertenecía aquella gran flota y darles la bienvenida correspondiente. Así se enteró por los mensajeros que los navios pertenecían al rey Matholwch, de Irwerddon, que había llegado desde su país con el único propósito de pedir la mano de Branwen, la hermana del rey, en matrimonio. Ante este pedido, Bran no pudo menos que alegrarse, al igual que Nissyen —quien le aconsejó prontamente que aceptara— ya que de esa forma se sellaría una sólida alianza entre Irlanda y Britania, unión que aseguraba a ambos países un halagüeño porvenir. Evnissyen se encontraba momentáneamente fuera de la ciudad, pero ni Bran ni Nissyen dudaron por un momento que el hermano mellizo de este último compartiría su decisión.
Para festejar el acontecimiento, Bendigeit ordenó preparar un opíparo banquete, en el que las bendiciones y los deseos de felicidad se prodigaron entre ambas facciones y, hacia la hora de las canciones y las libaciones, como era la costumbre, se estableció que la boda se celebraría en la ciudad de Aberffraw, donde se alojarían en tiendas, ya que ningún edificio de la región era capaz de albergar el gigantesco físico de Bran. Y así, hasta el final de la noche, aquel primer encuentro se desarrolló en medio de mutuas demostraciones de alegría y amistad, y Branwen se convirtió en el centro de la fiesta, como prometida del rey de Irwerddon, con quien esa noche consumó su matrimonio.
Y todo habría continuado del mismo modo, si no hubiera sido porque Evnissyen, a su regreso, manifestó su total oposición a la decisión tomada por Bendigeit. En realidad, Evnissyen no veía con malos ojos la idea de la boda, pero le molestaba terriblemente el hecho de que el rey hubiera tomado una determinación sin esperar su consejo. Y dado que Bendigeit no parecía dispuesto siquiera a considerar una retractación, Evnissyen decidió sabotear el compromiso.
Para ello, esa noche se introdujo furtivamente en los establos de palacio, donde se encontraban los caballos de Matholwch, y mutiló a las indefensas bestias, cortándoles los belfos hasta las encías, de modo que mostraran sus dentaduras, les seccionó las orejas a ras del cráneo y les arrancó los párpados para que no pudieran volver a dormir en su vida.
Por supuesto, cuando el rey de Irwerddon descubrió a sus caballos tan brutalmente mutilados se sintió a la vez engañado y furioso, de modo que mató a los pobres animales y de inmediato se hizo a la mar, llevándose a toda su comitiva, no sin antes jurar que se vengaría de sus ofensores galeses. Sin embargo, antes de que zarparan, Bendigeit hizo un nuevo intento de concertación, enviando a su hermano Manawyddan y un séquito de nobles, entre los que se contaban Iddic, hijo de Anarawc, y Eveydd Hir, con el propósito de ofrecer a los irlandeses una reparación.
Como medida de buena voluntad, los mediadores ofrecieron un acuerdo: los hombres de Matholwch obtendrían, por cada caballo que habían perdido, uno mejor que el que había sido maltratado, y al rey, por su parte, le sería ofrendado un lingote de plata tan alto y tan grueso como su propio cuerpo y una bandeja de oro rojo del diámetro de su rostro. Desafortunadamente, Bran nada pudo hacer acerca de Evnissyen, como el reygwyddyl2 pretendía, ya que, por ser hijo de su propia madre, no podía hacerlo decapitar como se lo merecía y era también su deseo.
Finalmente, al ver las vacilaciones y cabildeos de los nobles de Irwerddon, Bendigeit decidió agregar a los regalos prometidos un gran caldero mágico con un poder invalorable para un rey: si se colocaba dentro de él a un hombre que hubiera sido recientemente herido o muerto en combate, saldría del caldero por sus propios pies y completamente sano, excepto por haber perdido el don de la palabra. A todas luces, se trataba de un objeto sumamente valioso para un rey, de modo que Matholwch olvidó sus reclamos y preguntó a Bendigeit cómo había obtenido el caldero, ya que alguna vez había oído hablar de uno semejante en su propia tierra, Irwerddon, pero nunca en poder de un mortal.
—Es muy probable que se trate del mismo, señor —confirmó Bendigeit—, ya que lo obtuve de dos personas que provenían de Irwerddon: Llassar Llaes Gyngwyd y su esposa Kynidei Kymeinvoll.
—Por supuesto que los conozco a ambos —replicó Matholwch—, pues los alojé una vez como invitados y resultaron la pareja más sucia y villana que he conocido en mi vida. El hombre, Llassar, no es más que un borracho fanfarrón, y su mujer, una cerda lujuriosa que trató de seducir a todos mis nobles, aunque ninguno de ellos quiso yacer con ella, por su falta de higiene y su mal aliento.
—Entonces —preguntó Bran— ¿cómo fue que permitisteis que se quedaran?
—Los toleré porque son demasiado importantes y poderosos para ser echados, y porque la mujer puede, por artes mágicas, dar a luz cada seis semanas a un guerrero aguerrido y valiente, completamente armado, aunque no totalmente humano, debo decir. De hecho, tres de esas criaturas han venido conmigo en este viaje —acercándose a la ventana señaló a su través a tres monstruosas criaturas absolutamente idénticas, tan fuertes como robles y tan altas como los muros del castillo.
—Tan sólo cuando mis súbditos me amenazaron con una revuelta para destronarme —finalizó Matholwch— consentí en deshacerme de esa malhadada pareja.
—Para librarme definitivamente de ellos —recordó Matholwch—hice construir en secreto una enorme estancia de placas de hierro, disfrazada como un salón de banquetes, e invité a Llassar y Kynidei a un gran festín, a los cuales eran muy aficionados. Una vez que ambos estuvieron completamente ahitos y abotagados por el mead, los demás comensales se escabulleron secretamente, tras de lo cual hice que los sirvientes tapiaran las puertas y prendieran un gran número de hogueras que estaban preparadas y disimuladas alrededor del salón. De ese modo, la habitación se transformó en un enorme horno en el que los dos desgraciados comenzaron a quemarse como si fueran trozos de cordero —concluyó riendo el rey de Irwerddon.
—Pero antes de quemarse del todo— continuó Matholwch—, Llassar y su esposa comenzaron a bramar como toros en celo, lanzándose contra los muros de metal y, si bien éstos al principio resistieron los embates, al poco tiempo comenzaron a ablandarse con el calor, y Llassar, cubriéndose la cabeza con el caldero, embistió contra ellos, atravesándolo y precipitándose ambos al Mar de Irlanda para enfriarse, tras de lo cual se marcharon utilizándolo como embarcación.
El rey Bendigeit se rió y retomó el relato:
—Recuerdo perfectamente su llegada. Se quedaron impresionados por mi estatura, pero parecían haber escarmentado por el tratamiento que habían recibido en Erín, así que aceptaron retirarse a vivir tranquilamente en las colinas detrás de Harlech y engendrar un nuevo soldado para mis ejércitos cada seis semanas, a cambio de que yo les proporcionara comida y alojamiento.
Finalmente, la promesa de nuevos caballos para su caballeros, los regalos en metálico para él mismo y la distendida y amena charla sobre las experiencias pasadas con la monstruosa pareja lograron calmar al enojado monarca, quien aceptó de buena gana sus preseas y embarcó con su esposa de regreso a Irlanda, donde Branwen fue calurosamente recibida por los nobles y cortesanas de la corte. Y al cabo de un año cabal, Branwen proporcionó al reino un heredero al trono, que fue bautizado con el nombre de Gwern y enviado fuera del reino para su educación, como lo dictaba la tradición .
Sin embargo, y aunque el rey estaba más que influido por la impactante belleza de Branwen, el paso del tiempo y las maquinaciones e intrigas de los nobles irlandeses, que no olvidaban la injuria infligida por Evnissyen, lograron por fin su cometido, y Branwen fue poco a poco relegada a las tareas de las cocinas de palacio, como una humilde sirvienta. Sin embargo, Matholwch no las tenía todas consigo y, temeroso de las consecuencias que su acción podía desencadenar, especialmente si lograba despertar las iras de Bendigeit ante el insulto sufrido por su hermana, prohibió todo tipo de navegación, hasta el más pequeño curragh,4 entre Irlanda y cualquier puerto de Britania, y cualquiera que llegaba de esas tierras era deportado sin permitírsele el ingreso a Irwerddon.
Pero Branwen no era mujer de quedarse con los brazos cruzados ante una afrenta semejante, y utilizó como correo a un pequeño estornino que había recogido al caerse del nido, al cual, ayudada por las artes mágicas heredadas de su madre Penardun, había enseñado a hablar. Así, cuando el pichón estuvo en condiciones de entenderla, le contó todos sus padecimientos y le rogó que cruzase el Mor Irwerddon para revelarle a su hermano la situación en que se encontraba.
El ave, que la adoraba por haberle salvado la vida, voló sin descanso hasta llegar al palacio de Bendigeit en Harlech y le contó lo que sucedía con su hermana, ante lo cual el monarca montó en una cólera tal, que las murallas de la fortaleza temblaron ante su furia. Inmediatamente ordenó que se alistaran las naves .le guerra y partieran a hacer pagar caro a los irlandeses su inmenso insulto. El mismo rey comandaría las acciones, y por primera vez en su vida Nissyen y Evnissyen estuvieron de acuerdo que aquélla era la decisión más adecuada, aunque el último de ellos, coherente con su carácter, agregó que "no debía dejarse piedra sobre piedra de ese país de bárbaros".
La flota galesa que se puso al servicio de Bendigeit era tan numerosa que sus barcos impedían que se pudieran ver las aguas, y si bien el rey era demasiado grande para poder trasladarse en barco, lo solucionó rápidamente, vadeando el Mor Iwerddon sobre sus propios pies, y dejando Britania bajo la regencia de su hijo Caradawc y otros seis jefes de Estado.
Cuando la armada galesa comenzó a acercarse a la costa de Leinster, en la región oriental de la Isla Esmeralda, contradictorios informes comenzaron a llegar a los oídos de Matholwch; uno de los soldados la divisó a la luz del atardecer, pero las dimensiones de la flota, el número de barcos y la penumbra le impidieron precisar lo que estaba viendo, por lo que informó al rey que "había visto acercarse algo monstruoso, que parecía un bosque navegando a favor del viento, junto al cual se desplazaba una enorme montaña con un elevado risco en su parte central, con un lago a cada lado".
Ante la imposibilidad de saber de qué se trataba, uno de los nobles recordó a la antigua esposa del rey, exiliada en la cocina, y aconsejó que enviaran a alguien en su busca, porque aquello "era algo que venía de Gales, y ella, como galesa, debía saber de qué se trataba". Siguiendo su consejo, Branwen fue mandada a buscar, y se le pidió que explicara, si podía, qué era aquella monstruosidad que se acercaba desde Britania.
—Eso significa, simplemente, que ahora conoceréis el poder de los galeses que vienen a vengarse de la injuria que me habéis infligido —explicó a Matholwch, hermosa y atractiva aún, a pesar de su apariencia sudorosa y despeinada por los trajines de la cocina—. Esos árboles que han creído ver tus hombres no son sino los mástiles y las vergas de la flota de Britania, tan apretados sobre el mar que se asemejan a un bosque. Y la cordillera con lagos al norte y al sur es, sencillamente, el enorme rostro de mi hermano; el risco central es su nariz, y los lagos, sus ojos azules. Pobre Matholwch, ha llegado la hora de que empieces a temer por tu reino y quizás también por tu vida.
Inmediatamente, el rey de Irlanda convocó a todos sus nobles a un consejo de guerra y, tras largas horas de deliberación, decidieron retirarse hacia las fuentes del Liffy, destruir el puente y tratar de interceptar a los galeses en el río, aprovechándose de su profundidad y evitando que lo cruzaran. En un primer momento, la estrategia pareció funcionar ya que, cuando los soldados de Bran quisieron remontar el Liffy con sus embarcaciones, éstas no podían vencer la fuerza de la corriente y eran arrastradas hacia el mar.



Pero los recursos de Bendigeit estaban muy lejos de haberse agotado y, cuando vio que sus tropas se encontraban estancadas, tomó una decisión heroica: se calzó su fuerte casco de combate, colocó un escudo sobre su espalda, como un caparazón, y se acostó sobre el río, de manera que sus pies quedaron sólidamente afirmados en la margen del lado de sus hombres y su cabeza firmemente apoyada en la otra orilla. De esa forma, construyó un verdadero puente humano que permitió a sus tropas cruzar al otro lado para atacar a los irlandeses por sorpresa. En recuerdo de esta gesta, el escenario de la batalla fue bautizado con el nombre de Baile Atha Cliath ("que el que es jefe, sea puente"), nombre con el que aún se lo conoce.5
Cuando el rey Matholwch comprendió que sus tropas eran impotentes para resistir el ataque gales, decidió probar con el engaño: mandó construir una estancia suficientemente espaciosa para albergar a Bendigeit, e invitó al jefe enemigo a un gran banquete, con la excusa de negociar un cese de las hostilidades. Según dejó entrever por intermedio de sus emisarios, Matholwch estaba dispuesto a abdicar el trono de Irlanda en favor de Bendigeit, idea que, en realidad, fue sugerida por Branwen, con el propósito de poner fin a la guerra.
Sin embargo, los jefes irlandeses decidieron agregar un pequeño detalle al plan de Branwen: para ello, fijaron dos sólidos ganchos de cada uno de los cien pilares que sostenían el techo de la gigantesca habitación, y de cada gancho se colgó una bolsa de cuero, con un guerrero armado escondido dentro de ella; de esta forma, cuando Bendigeit y sus capitanes se encontraran cenando y hubieran consumido suficiente mead, doscientos de los hombres de Matholwch caerían sobre ellos y los asesinarían a mansalva.
Al proponérsele la tregua, Bendigeit aceptó encantado, en parte porque él también quería terminar con la guerra, y en parte porque jamás había estado dentro de una habitación techada en la que cupiera holgadamente, y eso era algo que deseaba fervientemente experimentar.
Pero lo que los ancianos del Consejo gwyddyl no pudieron prever, fue que Evnissyen, el hermanastro de Bran y uno de sus asesores, ingresara al enorme salón antes que la comitiva galesa y notara un extraño movimiento en uno de los sacos de cuero colgados de las columnas.
—¿Qué hay en esas bolsas? —preguntó, llevado por su espíritu suspicaz.
—Alimentos, mi señor —respondió prontamente el encargado del salón.
Pero Evnissyan, no conforme con la respuesta, palpó disimuladamente uno de los sacos, hasta que localizó la cabeza del soldado oculto en su interior y le apretó el cráneo hasta que sus dedos atravesaron el cerebro del hombre, matándolo inmediatamente, sin que pudiera emitir el más mínimo sonido. Luego, Evnissyen se acercó a la segunda bolsa y repitió la operación, haciendo lo mismo, sucesivamente, con el ocupante de cada una de las ciento noventa y ocho bolsas restantes. Muchos de los soldados irlandeses que se encontraban presentes se dieron cuenta de la maniobra del consejero, pero ¿qué podían hacer para contrarrestarla? Gritar pidiendo ayuda hubiera sido tanto como reconocerla traición, así que no tuvieron otro remedio que permanecer callados mientras Evnissyen acababa silenciosamente con los doscientos hombres, uno tras otro.
Poco tiempo después llegaron los reyes con sus correspondientes comitivas y se dio comienzo al banquete, durante el cual ambos soberanos se manifestaron su mutuo aprecio y se juraron amistad y respeto eternos, tras de lo cual Matholwch envío en busca de Branwen, quien entró en el salón vestida con un lujoso vestido dorado y abundantes joyas, para demostrar a Bendigeit que se encontraba bien. Sin embargo, para evitar que el rey gales fuera engañado en su buena fe, Evnissyen le contó en un aparte la traición de los soldados ocultos en los sacos, poniendo de manifiesto la artera intención de los irlandeses.
Pero Nissyen, por su parte, fiel a su carácter apaciguador y sereno, imploró al rey gales que aceptara la paz que Matholwch le ofrecía, y resultó tan convincente y sensato, que Bendigeit finalmente aceptó la rendición que el monarca gwyddyl le ofrecía. Sin embargo, Evnissyen, que no terminaba de asimilar lo que consideraba una traición de los irlandeses, intervino diciendo:
—Mi señor Bendigeit, aceptemos el trato, pero a condición de que vuestro sobrino Gwern, hijo de Matholwch y Branwen, sea nombrado rey de Irlanda y vos os convirtáis en su regente.
La propuesta de Evnissyen le pareció justa a Bendigeit, como homenaje a lo que su hermana había sufrido, y fue aceptada por Matholwch, tras lo cual el príncipe Gwern recorrió todo el perímetro del salón, siendo abrazado por todos los presentes, hasta llegar al sitial en que se encontraba Evnissyen, quien, antes que nadie pudiera impedirlo, lo atrapó por los pies y lo arrojó en dirección a la chimenea. El niño cayó sobre las piedras, quebrándose el cráneo y sus sesos ardieron sobre las piedras del hogar.
Inmediatamente se desató una cruenta batalla dentro de la habitación. Los irlandeses, furiosos por la afrenta, se arrojaron contra los galeses, confiados en la ayuda de los hombres ocultos en las bolsas que, para su desconcierto, nunca llegó. La batalla, furiosa y sin cuartel, se prolongó hasta la caída de la noche y los jefes irlandeses, comprendiendo que se encontraban en inferioridad de condiciones, calentaron el caldero mágico que Bendigeit había regalado a Matholwch y, aunque los galeses mataban más soldados de los que perdían, esa ventaja se veía compensada con creces con los hombres que regresaban de la muerte.
Pero entonces, Evnissyen, viendo que había matado al mismo hombre dos veces, comprendió la táctica de los irlandeses y se sintió profundamente acongojado por haber puesto a sus compañeros en esa situación. Para compensarla, luchó hasta llegar junto al caldero, se zambulló dentro y presionó con los pies y la espalda contra las paredes hasta que el recipiente se partió en mil pedazos. Desafortunadamente, el esfuerzo realizado fue demasiado para su corazón y el hermano de Nissyen pagó con su vida el tremendo error de haber matado al príncipe heredero.
Finalmente, ante la imposibilidad de revivir a sus huestes, los soldados irlandeses fueron cayendo uno a uno, hasta que todos perecieron, mientras que por el lado gales sólo sobrevivieron, además de Bran, quien había sido herido en un pie por una flecha envenenada, siete guerreros: Prydery, Mannawyddan, Gliuieri eil Taran, Talyessin, Ynawc, Grudyen eil Murespel y Heilyn eil Gwyn Hen.6 Sintiéndose al borde de la muerte y dirigiéndose a los dos primeros entre los sobrevivientes galeses, Bendigeit les ordenó:
—Deseo que, cuando muera, me cortéis la cabeza y la llevéis con vosotros a Llundein (Londres), donde deberéis enterrarla en el Gwynn Vryn (Monte Blanco), mirando hacia Francia. Mientras ella permanezca allí, ningún enemigo podrá invadir el territorio de Britania. Durante el viaje, mi cabeza conversará con vosotros, y se convertirá en una compañía tan amable y amena como yo mismo lo he sido en vida. Sin embargo, tardaréis ochenta y siete años en llegar a destino, pues encontraréis innumerables motivos de demora a lo largo de vuestro camino. La primera demora se producirá en Harlech, donde pasaréis siete años entre fiestas y torneos, jactándoos de vuestras hazañas en Irlanda, mientras los pájaros de Rhyannon cantan dulcemente para vosotros.
"Luego partiréis hacia Penvro (Pembroke), en Gwales (Cornwall), donde os demoraréis los otros ochenta años en el castillo del hospitalario rey Myldrweyd, mientras mi cabeza permanece incorruptible, recordándoos los detalles de la batalla de Irlanda, hasta que abráis la puerta que da hacia Cornwall y Aber Henvelyn. En ese momento deberéis apresuraros en partir hacia Llundein y enterrar mi cabeza".
Y la profecía se cumplió al pie de la letra; tan pronto como Bendigeit murió, sus amigos separaron su cabeza del gigantesco cuerpo y partieron en cumplimiento de su pedido, llevando consigo a Branwen, pero ésta, tan pronto como pisó tierra en Aber Alaw, exclamó:
—¡Desdichada de mí por haber nacido! ¡Dos islas han sido totalmente destruidas por mi culpa! —Y diciendo esto, emitió un desgarrador gemido y su corazón cesó de latir.
A su muerte, los siete jefes galeses, portando la cabeza, se dirigieron a Harlech, donde permanecieron siete años escuchando los trinos de los pájaros de Rhyannon; luego partieron rumbo a Cornwall, y allí se alojaron durante ochenta años en un hermoso castillo, olvidando durante ese período todas las penurias pasadas y conversando con la cabeza como si fuera un contertulio más. Acorde con la profecía, el salón principal del castillo contaba con tres puertas, de las cuales dos estaban abiertas, y la tercera, la que conducía hacia Cornwall y Aber Henvelyn, permanecía cerrada. Pero al cabo de cierto tiempo (ellos no lo sabían, pero habían transcurrido exactamente ochenta años) Heilyn, hijo de Gwyn, exclamó:                                                 
—¡Que los dioses me condenen si no abro la tercera puerta, para ver si lo que fue dicho se ha cumplido!
Y con estas palabras la abrió, y de inmeditato la pena y el recuerdo cayeron sobre ellos, que se apresuraron a emprender el camino hacia Londres, donde enterraron la cabeza en Gwynn Vrynn, asegurando así que el territorio de Britania no sería afectado por plaga o enemigo alguno mientras la cabeza permaneciera en su escondite.
La verde Irwerddon había quedado deshabitada, con la sola excepción de cinco mujeres embarazadas, que se habían ocultado de la guerra en una gruta de las montañas de Wicklow. Esas mujeres parieron en la misma época cinco hijos varones, a los cuales criaron y educaron hasta que llegaron a una edad en que comenzaron a pensar en mujeres y a desearlas. Entonces, cada uno de ellos yació con la madre de otro y repoblaron la isla. También gobernaron el país, para lo cual lo dividieron en cinco reinos, que dieron origen a las cinco partes en que se divide actualmente Irwerddon.
Y así culmina esta rama del Mabinogion, que trata de la afrenta que Matholwch infiriera a Branwen, la lucha de Bandigeit Vran por vengarla y del viaje de su cabeza que durara ochenta y siete años.

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