domingo, 27 de octubre de 2013

El Mahabharata relatado en 15 episodios (IX)La doncella que se convirtio en caballero

Sucedió que la mayor de las reinas de Drupada, rey de los Pan-chalas, no tenía hijos, y había estado así muchos años. Drupada adoraba a Shiva diariamente, pidiendo que un hijo, no una hija, pudiera nacer para él; y dedicó su hijo por adelantado a la tarea de ayudar en la destrucción de Drona.
Finalmente, luego de muchas plegarias y severa austeridad, Shiva misma lo bendijo, diciendo: «¡Es suficiente, oh rey! Tú tendrás a tu debido tiempo un niño que será primero una hija y luego un hijo. Esta extraña cosa es decretada para ti. ¡No fracasará!»
Entonces Drupada volvió a casa y le contó a su reina la divina promesa que le había sido otorgada. Y ella, siendo una mujer de fuerte fe, llevó la bendición al corazón y basó todos sus pensamientos sobre este decreto del destino. A su debido tiempo la reina dio vida a una hija de gran belleza, pero por su fuerte creencia de que la promesa de Shiva sería cumplida ella realmente divulgó que había tenido un niño. Y Drupada, de acuerdo con la proclama, practicó todos los ritos que eran debidos al nacimiento de un hijo. La madre cuidadosamente guardó silencio y confió firmemente en Shiva, y el padre en todos los sitios decía: «Ella es un hijo»; y nadie en toda la ciudad sospechó que esa disimulada hija no era un hijo. Y ella fue llamada Shikhandin, porque ese nombre tenía una forma femenina que era Shikhandini, y para la educación de Shikhandin-Shikhandini Drupada tomo todos los cuidados. Ella aprendió a escribir y a pintar y todas las artes apropiadas para un hombre. Sus padres vivían a diario expectantes de un milagro, y era de su incumbencia estar listos para él cuando ocurriera. Y en tiro y esgrima la niña fue un discípulo del real guru Drona, y era de cierta forma no inferior a los otros príncipes en el manejo de las armas.
Entonces, cuando empezó a crecer, su madre animó a su marido a encontrar una esposa para su supuesto hijo y casarlo en la presencia de todo el mundo con alguna princesa de familia real. Entonces Drupada envió embajadores de desposorios en todas direcciones, y fmalmente seleccionó una doncella a la que se le propondría matrimonio en nombre de Shikhandin. Y esta doncella era la hija de un rey.
Pero ahora, por primera vez, el temido secreto comenzó a ser murmurado, y llegó a los oídos del real padre de la princesa que estaba prometida a Shikhandin en matrimonio. Y él, pensando que había sido insultado intencionadamente precisamente en ese punto, el honor de los nombres de las mujeres de su casa, envió mensajes de amenazas y venganza a Drupada. Él destruiría la ciudad, declaró, y mataría a Drupada y a su hija, y pondría uno de los suyos en el trono de los Panchalas.
Y en esta crisis el sentido de su propia culpa hizo algo débil a Drupada. Sin embargo, la reina públicamente se hizo responsable del engaño. Ella, dijo a su esposo en presencia de otros, tenía una promesa hecha por el dios Shiva, y confiando en esa promesa lo había engañado, de modo que él había públicamente anunciado al mundo el nacimiento de un hijo. Ella había sido totalmente responsable, y aún ahora creía en la palabra del Gran Dios: « ¡Nacido como hija, esta niña se convertirá en hijo! »
Drupada presentó esta declaración ante sus consejeros, y ellos discutieron juntos acerca de la protección de la ciudad y de los súbditos contra la posible invasión. En primer lugar, se negaron a admitir que el monarca hermano hubiese recibido tal insulto. La proposición de matrimonio había sido hecha con toda buena fe y eran proposiciones perfectamente adecuadas y correctas. Shikhandin, ellos repetían, era un hombre; él no era una mujer. Entonces fortificaron aún más la ciudad y reforzaron las defensas. Y al final de todo se instituyeron ceremonias extraordinarias de culto, y el rey apeló a la ayuda de los dioses en esta crisis, en cada templo de su tierra.
A pesar de todo el rey tuvo sus momentos de depresión, cuando conversaba sobre el asunto otra vez con su esposa; y ella hizo todos los esfuerzos posibles para levantar su ánimo. Rendir homenaje a los dioses es bueno, dijo ella, cuando es secundado por esfuerzos humanos; nadie podía decir cuánto de bueno. Se sabía que estas dos cosas tomadas de la mano llevaban al éxito. Indudablemente el éxito les esperaba. ¿Quién podía discutirlo?

La resolución de Shikhandini


Mientras marido y esposa conversaban así juntos su hija Shikhandini escuchaba, y su corazón se abatió al darse cuenta de la tácita desesperación que toda esta insistente alegría pretendía ocultar. El hecho de que ellos mismos se culparan socavaba su coraje, dado que en realidad la raíz de todo el problema y desperfecto era aparentemente ella misma. ¡Qué inservible debía ser! ¡Qué bueno sería si pudiera desaparecer y nunca oírse de ella otra vez! Aun si moría, ¿qué importaba? Perdiéndose podría salvar a sus infelices padres de una carga que podría costarles, incluso, sus vidas y reino.
Pensando así con gran desaliento, ella salió de la ciudad y deambuló sola hasta que llegó a los límites de un oscuro y solitario bosque. Este bosque tenía la reputación de estar encantado. Había en él una granja abandonada, con altos muros y puerta de acceso, y rica en fragancias de humo y granos. Pero aunque uno podía deambular a través de esta casa día tras día, nunca se encontraría con el propietario, y sin embargo nunca pensaría que no tenía dueño. Era, de hecho, la morada de un poderoso espíritu, un yaksha, conocido como Sthuna. Él estaba lleno de amabilidad, y sin embargo el nombre de la casa era una palabra de amenaza entre el pueblo campesino debido al vacío y misterio que la rondaba.
Pero Shikhandini no tenía idea de todo esto cuando entró al lugar. Ella fue atraída por la puerta abierta y la paz y el silencio; y habiendo entrado, se sentó sobre el suelo abatida por la pena, permaneciendo así durante horas y días, olvidándose de comer.
El amable yaksha la vio y se preocupó terriblemente por su angustia. Toda su atención estaba puesta en los profundos pensamientos que ella tenía, y su olvido de sí misma le parecía sin límites. El amigable yaksha, incapaz de consolarla, no podía hacer nada salvo mostrarse a sí mismo, y animarla a contarle lo que quería. Entonces él hizo eso, y al mismo tiempo le pidió a ella que le contara su problema, animándola a confiar en él y en todos los medios a su alcance. Él era un seguidor, dijo, de Kuvera, Dios de la Riqueza. No había nada que él no pudiera conceder si se le solicitaba. Él podía aún conceder lo imposible. Por ello la princesa debía contarle su problema. «¡Oh!», estalló Shikhandini, incapaz de resistir una amabilidad tan arrolladora cuando su necesidad era tan desesperada. «¡Oh! ¡Hazme un hombre, un perfecto hombre! ¡Mi padre será pronto destruido y nuestra tierra está a punto de ser invadida; y si yo fuera hombre esto no sucedería! ¡Con tu poder, gran yaksha, hazme hombre y déj ame mantener esa hombría hasta que mi padre se salve! » Y la pobre Shikhandini comenzó a llorar.

Shikhandini alcanza su deseo


Esto era más de lo que su anfitrión de amable corazón podía soportar, y, raro como esto podía sonar, comenzó a estar ansioso de hacer cualquier cosa en el mundo, incluso la absurda cosa que ella pedía, si esto fuera a consolar a esta infeliz dama. Entonces en ese momento hizo un pacto con ella. Él le daría su forma ardiente y su virilidad y toda su fuerza, y él se convertiría en su lugar en una mujer y permanecería escondido en su casa. Pero cuando su padre estuviera otra vez a salvo ella debería regresar inmediatamente, y otra vez hacer el intercambio. Ella sería otra vez la princesa Shikhandini, y él sería otra vez Sthuna el yaksha.
Las palabras no pueden describir la alegría del caballero Shikhandin al dejar al yaksha, y se dirigió a salvar a su padre y a la ciudad de su padre de la amenaza de la espada. ¡Pero, ay de mí, por el pobre yaksha! Sucedió un día o dos después que su maestro, el dios de la Riqueza, hizo un viaje real a través de esas regiones y, notando que Sthuna no se presentaba, le envió la orden de que lo hiciera. Y cuando el pobre encogido yaksha, con su atuendo y forma modificada, apareció frente a él avergonzado, Kuvera su rey, entre risas y disgusto, acaloradamente declaró: «¡Esto no será deshecho! ¡Tú permanecerás como una mujer y ella permanecerá como un hombre! » Y luego ablandándose un poco, al ver el miedo en la cara del yaksha agregó: «Por lo menos, esto será así hasta la muerte de Shikhandin. ¡Después de esto este tonto desgraciado puede coger otra vez su propia forma! »
Y a su debido tiempo, estando todo a salvo y en paz, el príncipe Shikhandin regresó a Sthuna, como le había prometido, para devolverle su valorada virilidad. Y cuando el yaksha vio que en el corazón de este mortal no había astucia se conmovió mucho y le contó la verdad: que había sido destinado a persistir en su recientemente adquirida femineidad. Y consoló al joven caballero por la injuria que involuntariamente le había hecho, diciendo: «¡Todo esto era el destino Shikhandin! No podría haberse evitado.»
Así fue cumplida la bendición de Shiva, hecha a Drupada: « ¡El niño que vas a tener, oh rey, será primero una hija y luego un hijo! » Y así sucedió que existió entre los príncipes y soldados de ese período uno que, aunque había nacido como mujer, era actualmente hombre y conocido como Shikhandin, doncella y caballero.

Pero sólo a Bhishma le fue revelado que ese Shikhandin no era otro que Amba, quien había nacido por segunda vez para el único propósito de su destrucción.

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