domingo, 27 de octubre de 2013

El ramayana (VIII)

El regreso de Rama

Cuando amaneció, Rama, cogiendo el carro Pushpaka, que le había dado Vibhishana, estuvo listo para partir. El carro se movía por sus propios medios y era muy grande y estaba pintado bellamente; tenía dos pisos, con ventanas, banderas, banderines y muchas habitaciones, y hacía un sonido melódico al cruzar a través del viaje por el aire. Entonces dijo Vibhishana: «¿Qué más puedo hacer?» Rama contestó: «Satisface a estos osos y monos que han realizado mi labor con diversas joyas y riquezas; entonces ellos partirán a sus hogares. Y gobierna con justicia, autocontrol y compasión, y sé recolector justo de rentas, y todos te seguirán.» Entonces Vibhishana distribuyó riquezas entre toda la multitud, y Rama se despidió de todos los monos y osos, y de Vihhishana; pero ellos gritaron: «Nosotros queremos ir contigo a Ayodhya.» Entonces Rama los invitó con alegría, y Sugriva y Vibhishana y toda la multitud montó sobre el poderoso carro: el carro se levantó al cielo, llevado por gansos dorados, y se fue navegando, mientras que monos, osos y rakshasas descansaban.
Pero cuando pasó junto a la ciudad de Kishkindha, la capital de Sugriva, Sita rogó a Rama llevar con ellos hasta Ayodhya a Tara, la esposa de Sugriva, y las esposas de otros jefes monos; detuvo el carro mientras Sugriva trajo a Tara y a las esposas de los otros monos. Y ellos montaron y partieron hacia Ayodhya. Ellos pasaron a través de Chitrakuta, Jamna y el Ganges donde éste se divide en tres, y al final divisaron Ayodhya, y se inclinaron ante ella; y todos los osos y monos y Vibhishana se levantaron deleitados al verla, brillando bella como Amaravati, la capital de la Indra.
Era el quinto día después de catorce años de exilio cuando Rama saludó al ermitaño Bharadwaja, y por él supo que Bharata esperaba su retomo, llevando una vida de ermitaño y honrando sus sandalias. Y Bharadwaja le otorgó un deseo: que los árboles a lo largo del camino hacia Ayodhya tendrían flores y fruta al pasar ellos, aun fuera de estación. Y así fue que por tres leguas, desde la ermita de Bharadwaja a la puerta de Ayodhya, los árboles tenían flores y frutos, y los monos creían estas en el mismo cielo. Pero 1-lanuman fue enviado por delante para traer noticias de Ayodhya y Bharata, y se fue rápidamente, con forma humana. Llegó hasta Bharata, quien estaba en su ermita ataviado como un yogui, delgado y rendido, pero radiante como un poderoso sabio y gobernando la tierra como virrey de las sandalias. Entonces Hanuman le relató todo lo que había sucedido a Rama desde que los hermanos se separaron en Chitrakuta, y el corazón de Bharata se llenó de alegría, y dio órdenes para preparar la ciudad y de adorar a todos los dioses con música y flores, y a toda la gente avisó que se acercara para dar la bienvenida a Rama. Se regaron las calles y se izaron las banderas, y toda la ciudad se llenó de ruido de caballería, carros y elefantes. Entonces llegó Rama, y Bharata le veneró, bañó sus pies y humildemente le saludó; pero Rama lo levantó y lo abrazó. Entonces Bharata se inclinó ante Sita, dio la bienvenida a Lakshmana y abrazó a los jefes monos, nombrando a Sugriva «nuestro quinto hermano», y elogió a Vibhishana.
Rama fue adonde estaba su madre y humildemente tocó sus pies y saludó a los sacerdotes. Luego Bharata trajo las sandalias y las colocó a los pies de Rama, y con las manos unidas dijo: «Todo esto, tu reino, que me has confiado, te lo devuelvo: ¡mira, tu riqueza de tesoros, palacio y ejército se han multiplicado por diez!» Entonces, poniendo a su hermano sobres sus rodillas, Rama viajó hasta la ermita de Bharata, y, descendiendo allí, Rama habló al buen carro: «Regresad a Vaishravan. Os permito marcharos.» Este carro autodirigido había sido cogido por Ravana de su hermano mayor, pero ahora ante las palabras de Rama retornó al dios de la Riqueza.

Rama es coronado con Sita

Entonces Bharata devolvió el reino a su hermano, diciendo: «Deja que el mundo te vea hoy coronado, como el sol radiante del mediodía. Nadie salvo tú puedes soportas la pesada carga de un imperio como el nuestro. No vivas más en sitios solitarios, en cambio duerme y despierta con el sonido de la música y el tintinear de los brazaletes de los tobillos de las damas. Gobierna a la gente tanto como dure el Sol y tan lejos como se extienda la tierra.» Y Rama dijo: «Que así sea.»
Entonces vinieron barberos habilidosos, y Rama y Lakshmana se bañaron y se les cortó sus enmarañadas mechas y fueron vestidos con ropas brillantes; y las reinas de Dasharata atendieron a Sita y la cubrieron con espléndidas joyas, mientras Kaushalya vestía a las esposas de los monos, y los sacerdotes daban órdenes pasa la coronación. Entonces Rama montó en un carro conducido por Bharata, mientras Satrugna sujetaba un paraguas y Vibhishana otro. Sugriva montaba sobre un elefante, y los otros monos siguieron montados sobre elefantes hasta un número de nueve mil, y con música y sonido de conchas el señor de los hombres ingresó en su propia ciudad. A Hanumann, Jambavann, Vegadarshi y Rishabha les fueron entregadas cuatro jarras doradas para buscar agua pura de los cuatro océanos, y ellos se fueron por el cielo y trajeron el agua santa de los más lejanos límites del océano: Norte y Sur y Este y Oeste. Entonces Vashishtha, estableciendo a Rama y a Sita sobre sus tronos dorados, roció al primero de los hombres y lo consagró como rey de Ayodhya. Entonces los dioses se alegraron, los grandharvas cantaron y los apsaras bailaron; la tierra estaba llena de cosechas, los árboles tenían frutos y flores, y todos los hombres estaban contentos y alegres. Y Rama otorgó a los brahmanes regalos de oro y ornamentos, y vacas y caballos; a Angada le dio una cadena de oro con joyas como las que llevan los dioses, y a Sita un collar de perlas sin igual y otras joyas y espléndidos trajes. Pero ella, cogiendo las perlas con sus manos, miró a su señor y luego a Hanuman, recordando su bondadoso servicio; y Rama, leyendo su deseo, se lo permitió, y entregó el collar a Hanuman. Y el hijo del dios Viento, ejemplo de energía, fama, capacidad, humildad y coraje, llevando este collar, brillaba como una montaña iluminada por la Luna y aborregadas nubes. Y Rama entregó los debidos regalos de joyas y riquezas a cada uno de los demás héroes.
Entonces Sugriva, Hanuman y Jambavan, con toda la multitud, volvieron a sus hogares, y Vibhishana hacia Lanka. Rama gobernó Ayodhya, y en su reino durante ese tiempo los hombres vivieron hasta mil años, y cayeron las lluvias debidas, los vientos fueron siempre favorables, no hubo dolor por enfermedades o por bestias salvajes o por invasiones, sino que todos los hombres estaban contentos y felices.

Rama reina

Entonces cuando Rama ocupó el trono, todos los grandes ermitaños vinieron a visitar a quien había recuperado su reino. Ellos llegaron del Este, del Oeste y del Norte y Sur, conducidos por Agastya, y Rama les reverenció y reservó para ellos espléndidos asientos de hierba de sacrificios y piel de ciervo bordada con oro. Entonces los sabios rezaron por la fortuna de Rama, especialmente y sobre todo debido a que éste había matado al hijo de Ravana, más poderoso que Ravana mismo, y salvado a hombres y dioses del peligro. Entonces Rama preguntó a los sabios acerca de la antigua historia de Ravana y su hijo, y ellos le relataron la historia entera del origen de los rakshasas: cómo ellos habían llegado a Lanka; cómo Ravana, Kumbhakarna y Vibhishana habían conseguido cada uno un deseo del gran señor; qué malvadas acciones habían sido hechas por Ravana, y cómo los dioses habían encargado a Vishnu adquirir forma humana para alcanzar su muerte. Asimismo contaron el origen de las acciones de los monos Vali, Sugriva y Hanuman. «Y, oh Rama», dijeron, «en la época dorada el demonio buscó luchar contigo; porque aquellos que los dioses destruyen van al cielo de los dioses hasta que nacen otra vez sobre la tierra; aquellos que Vishnu mata van al cielo de Vishnu, de modo que su misma cólera es una bendición. Y fue por ello que Ravana robó a Sita y tú adquiriste forma humana para su destrucción. Oh grandioso, sabes que eres NaRavana: lo recuerdas. Eres el eterno Vishnu, y Sita es Lakshmi.»
Rama mismo y todo el pueblo reunido —los hermanos de Rama, los jefes monos, los rakshasas bajo Vibhishana, los reyes vasallos, y los brahmanes, kshatriyas, vaishyas y shudras de Ayodhya— se maravillaron con las palabras de los grandes sabios: Agastya se despidió de Rama y se marchó, y cayó la noche.

Hanuman es recompensado

Los monos vivieron en Ayodhya más de un mes, festejando con miel y carnes bien preparadas y frutas y raíces, aunque les pareció sólo un momento, por su devoción hacia Rama. Entonces llegó el momento en que debieron marcharse a su propia ciudad, y Rama los abrazó a todos con afecto y les dio excelentes regalos. Pero Hanuman se inclinó ante él y pidió un deseo: que él fuera siempre devoto sólo a Rama y que pudiera vivir sobre la tierra tanto como la historia de las acciones de Rama fuera contada entre los hombres; y Rama se lo otorgó, y cogió de su propio cuello una cadena con joyas y se la puso a Hanuman. tino por uno los monos vinieron y tocaron los pies de Rama, y entonces se marcharon; pero ellos lloraron de pena por dejarlo.

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