domingo, 27 de octubre de 2013

EL CICLO DE FINN McCUMHAILL, FENNIANO O CICLO DE OSSIAN (I)

Al igual que las leyendas del Ciclo del Ulster giran alrededor de la mítica figura de CuChulainn, así las del Ciclo de Finn McCumhall, conocido también como Ciclo de los Fianna o de Ossián (fon.: Oissín) lo hacen en derredor de la imagen de Finn, hijo de Cumhaill, bardo a la vez que guerrero, y considerado el autor material de la mayoría de los relatos. Respecto de la ubicación histórica, mientras que los hechos del Ulster se asume que han ocurrido en forma contemporánea al nacimiento de Cristo, los acontecimientos fennianos se suponen ocurridos durante el reinado del rey Cormac McArt, quien vivió estimativamente alrededor del siglo III de nuestra época.
Durante este período, los Fianna de Irlanda, especie de Orden Militar integrada básicamente por miembros pertenecientes a dos clanes dominantes, el de los Bascna y el de los Morna, fueron, según la tradición, los encargados de servir al Eminente Monarca de Erín,1 y de repeler a los invasores foráneos, bajo la capitanía, a lo largo de casi toda su existencia, de Finn McCumhaill.

La llegada de Finn a la jefatura de los Fianna


Al igual que la mayoría de los héroes irlandeses, Finn McCumhaill tenía una ascendencia parcialmente relacionada con los clanes de la diosa Dana; su madre, Murna (La Dama del Níveo Cuello), era nieta de Nuadha El de la Mano de Plata, y su padre, Cumhaill, hijo de Trenmór (fon.: Tremmuir), era jefe del clan Bascna cuando fue derrotado y asesinado durante la batalla de Knock, que tuvo lugar entre su clan y el de los Morna por el liderazgo de la Orden de los Fianna.
Murna, luego de la derrota y muerte de Cumhaill, se refugió en la foresta de Slieve Bloom, donde dio a luz a un niño al que ella bautizó Demna. Por temor a que los integrantes del clan Morna lo localizaran y lo mataran, su madre lo entregó para su crianza a dos ancianas campesinas de Wildwood, mientras que ella se unía en matrimonio al Rey de Kerry. Con el correr del tiempo, sin embargo, el joven, al llegar a la pubertad, fue rebautizado Finn (el Rubio), a causa de la blancura de su piel y su dorado cabello, y con ese nombre se lo conoció de allí en adelante.
Su primer hecho de guerra conocido fue el de matar a Lia, custodio del tesoro de los Fianna, y de apoderarse de él, tras de lo cual partió en busca de Crimmal, un hermano de su padre quien, junto a otros pocos ancianos, sobrevivientes de los jefes del clan Bascna, habían escapado a la matanza de Knock. Los encontró viviendo una vida miserable en los bosques de Connaught, y les entregó el botín perteneciente a los Fianna, proporcionándoles, además, una guardia armada integrada por un grupo de jóvenes que reclutó en los pueblos próximos y que serían los encargados de formar las nuevas falanges Fianna.
Por su parte, se dirigió a estudiar poesía y ciencia bajo la tutela de un viejo druida, de nombre Finnegas, que solía frecuentar los bosques de robles de las riberas del río Boyne. Allí, en un tranquilo remanso, bajo los bosques de avellanos de los cuales caían a la corriente los Frutos del Conocimiento, vivía Finntan, el Salmón de la Sabiduría, del cual se decía que "quien comiera de su carne sería el depositario de toda la sabiduría del Universo".
Durante muchos años había tratado infructuosamente Finnegas de atrapar este salmón, sin lograrlo hasta que Finn llegó a convertirse en su discípulo. Pero a los pocos días de hacerlo, el druida logró pescar el pez, y lo entregó a su alumno para que lo cocinara, pidiéndole que no comiera ni una porción de él, sino que se limitara a avisarle cuando estuviera listo. Sin embargo, cuando el muchacho le trajo el pez, Finnegas advirtió que su apariencia había cambiado.
—¿Has probado el salmón? —preguntó a su discípulo.
—Ni una pizca —contestó el muchacho—, pero cuando intenté darlo vuelta en el asador, me quemé el pulgar con él y lo llevé a mis labios para calmar el dolor.
—Pues toma el Salmón de la Sabiduría y termina de comerlo —le dijo entonces el druida—, pues la profecía se ha cumplido en tu persona. Y luego vete, pues ya no tengo nada que enseñarte.
Y cuentan los hombres sabios —asegura la leyenda— que al término de aquella comida Finn se había convertido en un hombre tan sabio como fuerte y valiente era de joven, y que cuando quería adivinar lo que iba suceder, o lo que estaba pasando en algún lugar distante, sólo tenía que llevarse su dedo pulgar a la boca y morderlo, para que el conocimiento de lo que quería saber se hiciera accesible para él sin más demora.
Por aquel entonces el liderazgo de los Fianna de Erín recaía en manos de Goll, un integrante del clan Morna, pero Finn, habiendo llegado a la madurez, deseaba ocupar el lugar de su padre Cumhaill a la cabeza de la Orden, para lo que se dirigió a la ciudad de Tara y, durante la Gran Asamblea, se sentó junto a los guerreros del rey y las tropas de los Fianna. El rey lo aceptó de buena gana y Finn le juró obediencia eterna, juramento que tuvo ocasión de confirmar poco tiempo después, al llegar la época del año en que Tara se veía atacada por un duende o demonio que llegaba hacia el anochecer, arrojando sobre la ciudad bolas de fuego que provocaban incendios por doquier. Para agravar el problema, ninguno de los guerreros del rey podía combatirlo, porque el maligno demonio llegaba precedido por la música de su arpa, la cual tañía tan dulcemente que todos los que la escuchaban se sumían en un sueño inefable, olvidando todo lo demás sobre la tierra. Cuando Finn se enteró del problema, se dirigió al rey y le dijo:
—Si derroto al duende, ¿tendré el cargo de mi padre como capitán de los Fianna?
—¡Por supuesto! —aceptó inmediatamente el soberano—. Lo aseguro bajo solemne juramento.
Una vez obtenida la promesa, Finn se reunió con un antiguo e insobornable hombre de armas de su padre, de nombre Fiacha, que poseía una lanza mágica con la propiedad de que, si se tocaba con su hoja desnuda la frente de un hombre antes de comenzar una batalla, éste se veía instantáneamente poseído por una furia guerrera de tal magnitud que lo hacía invencible en combate.
Con esta arma en las manos y ansioso por usarla, Finn se apostó a esperar la llegada del duende en las murallas de Tara, y allí se encontraba cuando el sol comenzó a ocultarse y las nieblas del crepúsculo empezaron a levantarse de los prados alrededor de la sagrada colina de Tara.2 Sin embargo, una inquietante visión dispersó violentamente el encanto de la hora: una sombra ominosa se movía sigilosamente hacia el castillo, precedida por las notas mágicas de un arpa.
Un suave sopor comenzó a invadir insidiosamente sus músculos, pero un toque de la hoja de la lanza sobre su frente lo liberó del hechizo, permitiéndole ver la figura del duende que se abalanzaba sobre él. Rápidamente Finn se recuperó y, tomando la lanza, mató al engendro y le cortó la cabeza, que presentó al rey, reclamando lo prometido.

Así fue como Cormack McArt nombró a Finn McCumhaill al frente de la Orden de los Fianna, exigiendo a sus hombres que juraran obediencia a su nuevo jefe, o que buscaran ocupación en otro servicio.

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