domingo, 27 de octubre de 2013

Krishna ( II)

El nacimiento de Krishna


Vasudev era un descendiente de Yadu, de la dinastía Lunar; estaba casado con Rohini, hija del rey Rohan, y también a él Kans le entregó su propia hermana, Devaki. Inmediatamente luego del matrimonio una voz celestial fue oída anunciando: «Oh Kans, tu muerte llegará por la mano de su octavo hijo.» Kans entonces resolvió matar a Vasudev inmediatamente, y al ser disuadido de ello, lo que en realidad hizo fue matar uno por uno a sus hijos hasta que seis estuvieron muertos. En el séptimo embarazo de Devaki la serpiente Shesh, o Manta, sobre quien Narayana descansa, cogió un nacimiento humano. Para salvar a su hijo de Kans, Vishnu creó una forma que pensara de su mismo modo y la envió a Mathura. Cogió el bebe del útero de Devaki y se lo dio a Rohini, quien había tomado refugio con los rebaños en Gokula, y fue cuidado por Nand y Yasoda, buena gente que vivía allí, quienes no tenían hasta ese momento un hijo propio. El niño nacido de Rohini fue posteriormente llamado Balarama. Luego de transferir al niño, el enviado de Vishnu volvió a Devaki y le reveló el asunto en un sueño, y Vasudev y Devaki le dieron a entender a Kans que el niño había sido abortado.
Entonces Shri Krishna mismo nació en el útero de Devaki, y el enviado de Vishnu en Yasoda, de modo que ambas tenían niños. Cuando Kans supo que Devaki estaba otra vez embarazada, envió una fuerte guardia ahededor de la casa de Vasudev para matar al niño en el momento en que naciera, dado que, por mucho que temía a la profecía, no se atrevía a incurrir en el pecado de matar a una mujer. Finalmente Krishna nació, y todos los cielos y tierras se llenaron con signos de alegría: los árboles y los bosques florecieron y fructificaron, las charcas estaban llenas, los dioses hacían llover flores y los gandharvas tocaban tambores y flautas. Pero Krishna se paró frente a su padre y a su madre y ésta era su apariencia: gris nuboso, cara de luna, ojos de loto, vistiendo una corona y joyas y traje de seda amarilla, con cuatro brazos sosteniendo una concha y un disco, una maza y una flor de loto. Vasudcv y Devaki se inclinaron ante él, y Shri Kríshna les dijo: «No temáis, dado que he venido a quitar vuestros temores. Llevadme adonde está Yasoda, traed a su hija y enviadia a Kans.» Entonces se volvió a convertir en un niño humano, y la memoria de su naturaleza divina abandonó tanto al padre como a la madre, y ellos sólo pensaron «tenemos un hijo» y cómo podían salvarlo de Kans.
Devaki, con las manos unidas, dijo a su marido: «Llevémoslo con Gokula, donde viven nuestros amigos Nand y Yasoda y tu esposa Rohini.». En ese mismo instante los grilletes cayeron de sus pies, las puertas se abrieron y los guardias se durmieron rápidamente. Entonces Vasudev puso al niño en una cesta sobre su cabeza y partió para Gokula. No sabía cómo cruzar el Jamna, pero, absorto en pensamientos hacia Vishnu, penetró en el agua. El agua se hizo más y más profunda hasta que alcanzó su nariz; pero cuando Krishna vio el peligro y estiró sus pies el agua bajó. Así Vasudeva cruzó el río y llegó a la casa de Nand, donde Yasoda había tenido una hija; pero Dcvi había hecho caer el olvido sobre ella de modo que no recordaba nada de ello. Vasudeva cambió el niño y volvió a Mathura; y cuando volvió adonde estaba Devaki los grilletes y las puertas se cerraron, los guardias despertaron y el niño lloró. Se avisó a Kans, y éste, presa del terror, fue, espada en mano, a la casa de su hermana. Una voz le anunció: «El enemigo ha nacido y la muerte es segura.» Pero encontrando que una niña había nacido, puso en libertad a Vasudeva y Devaki, y les pidió perdón por las pasadas muertes y les trató bien. Pero Kans estaba enfurecido más que nunca contra los dioses por lo mucho que le habían engañado y por haberle hecho vigilar en vano a Devaki, y ahora añoraba especialmente matar a Narayana, esto es a, Vishnu. Para este fin sus ministros aconsejaron matar a todos los que servían a Vishnu: brahmanes, yoguis, sannayasis y a todos los horubres santos. Kans dio órdenes para esto, y envió a sus rakshasas para matar vacas y brahmanes y a todos los adoradores de Hari.

Las proezas de la juventud de Krishna


Mientras tanto había grandes festejos en Gokula por el nacimiento del niño de Nand y Yasoda: los astrólogos profetizaron que éste mataría demonios y sería llamado señor de las pastoras, los gopis, y su gloria sería cantada a través del mundo. Pero Kans no sabía dónde había nacido Shri Krishna y envió verdugos a matar a todos los niños. Entre sus seguidores había una rakshasi llamada Putana, que sabía del nacimiento del hijo de Nand, y fue a Gokula para su destrucción, adoptando la forma de una mujer hermosa que, sin embargo, tenía veneno en sus pechos. Ella fue a la casa de Yasoda y se presentó muy amigablemente, y después de un momento cogió al niño en su regazo y le dio el pecho. Pero el niño lo cogió fuertemente y tiró, y de este modo hizo que ella muriera con su propia leche. Ella intentó huir, pero Krishna no la dejó escapar y cayó muerta, adquiriendo su propia espantosa y enorme forma. Justo cuando Nand volvió de Mathura, donde había ido a pagar tributos, encontró a la rakshasi caída muerta y todo el pueblo de Braj a su alrededor. Ellos le contaron lo que había sucedido, y entonces quemaron y enterraron su enorme cuerpo. Pero su cuerpo expidió una dulcísima fragancia cuando fue quemado, y la razón de esto era que Shri Krishna había dado su salvación cuando bebió su leche; benditos sean todos los que son muertos por Vishnu.
Poco tiempo después de esto se celebró una fiesta por el nacimiento de Krishna; pero por la misma algarabía todos se olvidaron del niño que estaba tumbado bajo un carro. Entoces una rakshasi que pasaba lo vio allí chupando sus dedos, y pasa vengar a Putana se sentó sobre el carro como para romperlo; pero Krishna dio un puñetazo y rompió el carro y mató a la demonio. Todos los jarros de leche y cuajada que estaban en el carro se rompieron, y el ruido del carro roto y de la leche fluyendo atrajo a todos los pastores y pastoras al lugar, encontrando a Krishna sano y salvo. Cuando Shri Krishna tenía cinco meses vino otro demonio en la forma de torbellino para llevarlo de la falda de Yasoda donde estaba; pero inmediatamente el niño se volvió tan pesado que Yasoda tuvo que hacerlo bajar. Entonces la tormenta se volvió un ciclón, pero no lastimó a Krishna, dado que nada podía levantarlo. Pero al final él dejó al torbellino que lo levantara en el cielo, y entonces, mientras la gente de Braj lloraba y se lamentaba, Krishna lo estrelló contra el suelo y lo mató, y la tormenta pasó.

La travesura de Krishna


Krishna y Balaram crecieron juntos en Gokula; sus amigos eran los gopas y gopis, los pastores y las pastoras; sus cabellos eran rizados, ellos llevaban túnicas azules y amarillas, gateaban y jugaban con juguetes y acostumbraban coger de la cola a los becerros y los volteaban; y Rohini y Yasoda les observaban para que ningún accidente les sucediera. Pero Krishna era muy travieso. Acostumbraba llevarse los jarros de cuajada cuando los gopis se dormían; cuando veía algo sobre una repisa alta trepaba, lo bajaba y lo comía, y derramaba o escondía el resto. Los gopis acostumbraban ir y quejarse de él a Yasoda, llamándole ladrón de manteca; y ella le decía que no debía coger comida de la casa de otra gente. Pero él hacía una historia creíble, y decía que los gopis lo habían comido ellos mismos o le habían pedido que les hiciera un trabajo; y ahora, dijo, «ellos cuentan historias de mí». Así Krishna siempre sacaba provecho de todo.
Un día estaba jugando con Balaram en el patio y comió un poco de arcilla; uno de los compañeros se lo dijo a Yasoda, y ella vino con una vara para pegarle. Pero él había limpiado su boca y negó todo del asunto. Sin embargo, Yasoda insistió mirando dentro de su boca; pero cuando ella abrió su boca lo que vio allí fue el universo entero, los «Tres Mundos». Entonces ella se dijo a sí misma: «Qué tonta soy en pensar que el Señor de los Tres Mundos puede ser mi hijo.» Y Vishnu otra vez dísimuló su cabeza de Dios, y Yasoda acarició al niño y lo llevó a casa.
Otra vez que había estado robando manteca y Yasoda iba a pegarle, ella lo encontró con sus compañeros sentado en un circulo, y Krishna comía y daba órdenes para comer. Entonces Krishna, viendo a su madre, corrió hacia ella diciendo: «Oh madre, no sé quién volcó la manteca; déjame ir.» Entonces ella sólo pudo reírse; pero lo llevó a casa y lo ató a un gran mortero de madera para mantenerlo apartado de sus travesuras. Pero justo entonces él recordó que dos hombres habían recibido una maldición de Narada por la que se mantendrían en la forma de árboles hasta que Krishna los liberara, y arrastró el mortero detrás de sí y fue a la arboleda donde estaban los árboles, y arrancó los árboles de raíz. Dos hombres aparecieron en el lugar: Krishna les prometió un deseo, y ellos pidieron que sus corazones estuvieran siempre junto a él. Krishna lo concedió y les despidió. En ese momento Yasoda llegó y encontró que Krishna se había marchado, y ella corrió a todos los sitios buscándolo; pero cuando los gopis lo encontraron junto a los árboles caídos y oyeron lo que había sucedido ellos se preguntaron cómo podían ser esas cosas, y se preguntaron unos a otros: «¿Quién puede comprender las acciones de Hari?» No mucho después Nand y Yasoda mudaron sus cosas y bienes de Gokula, donde sufrían constantes peligros y opresión, y cruzaron el río a Brindaban y comenzaron a vivir en paz y más aliviados.

 

 

Más milagros de Krishna


Cuando Krishna tenía cinco años de edad llevó el ganado a pastorear a los bosques; ese día Kans envió un demonio con la forma de grulla, y éste fue a Brindaban y se sentó en la orilla del río como si fuera una montaña. Todos los pastores se atemorizaron; pero Krishna fue hasta la grulla y le permitió llenar su enorme pico. Entonces Krishna se hizo a sí mismo tan caliente que la grulla le permitió salir, y entonces él abrió sus mandíbulas y las separó desgarrándolas. Luego recogiendo los becerros, los pastores volvieron todos a casa con Krishna, riendo y jugando.
Otra vez Kans envió un dragón llamado Aghasur; éste fue y se escondió en los bosques con la boca abierta. Los pastores pensaron que este agujero abierto era una cueva en la montaña, y se acercaron y miraron dentro. Justo cuando el dragón aspiró para respirar, todos los gopas y becerros fueron barridos con su aliento dentro de sus fauces y sintieron el caliente y venenoso vapor, gritando desesperados. Krishna oyó eso y saltó también dentro de las fauces del dragón, y entonces éstas se cerraron. Pero Krishna se hizo más y más grande hasta que el estómago del dragón estalló y todos lo pastores y becerros salieron fuera ilesos.
Otra vez Krishna y los gopas estaban festejando y riendo y hablando en los bosques, llevando a los becerros a pastorear, cuando Brahma vino y les robó los becerros. Krishna fue a buscarlos y no los encontró, pero hizo otro rebaño igual que ése. Entonces volvió al sitio de reunión y encontró que los niños no estaban e hizo otros similares y fue a casa al atardecer con los niños y becerros sustitutos, y nadie salvo Krishna sabía que los niños reales y los becerros habían sido escondidos por Brahma en una cueva en la montaña. Mientras tanto pasó un año; fue sólo un momento según le pareció a Brahma, pero fue un año para un hombre. Brahma recordaba sus acciones y fue a ver lo que había sucedido. Encontró a los niños y los becerros allí dormidos en la cueva; entonces fue a Brindaban, y encontró los niños y los becerros allí también. Y Krishna había hecho a todos los pastores con el parecido de dioses, con cuatro brazos y la forma de Brahma y Rudra e hidra. Viendo esto, el Creador se quedó pasmado; inmóvil como un cuadro, se olvidó de sí mismo y sus pensamientos divagaron. Estaba afligido como una piedra no adorada, no honrada. Pero Krishna, cuando vio a Brahma así de temeroso, volvió todas esas formas ilusorias dentro de sí mismo, y Brahma cayó a los pies de Krishna y rogó su perdón, diciendo: «Todas las cosas están encantadas por tu ilusión; pero ¿quién puede desconcertarte a ti? Tú eres el creador de todo, en cada uno de cuyos cabellos hay muchos Brahmas como yo. Tú ,que eres compasivo con los humildes, perdona mi error.» Entonces Krishna sonrió, pero Brahma restituyó a todos los pastores y becerros. Cuando ellos despertaron no sabían nada del tiempo que había transcurrido, sino que sólo agradecieron a Krishna que encontrara a los becerros tan rápidamente; luego todos fueron a sus casas.

La represión a Kaliya


Un día los becerros salieron muy temprano y vagaron por los bosques y a lo largo de las orillas del río hasta que llegaron a un sitio llamado Kaliya. Bebieron algo de agua, lo mismo hicieron las vacas; pero de repente todos a un mismo tiempo comenzaron a retorcerse una y otra vez, y finalmente murieron envenenados. Entonces Krishna lanzó sobre ellos una mirada que da vida, y los revivió.
En ese momento estaba viviendo en esa parte del Jamna una hidra o naga llamada Kaliya, y en cuatro leguas a su abededor el agua hervía y burbujeaba con veneno. Ninguna bestia o pájaro podía acercarse y sólo un árbol solitario crecía en la orilla del río. La verdadera casa de Kaliya era Ramanaka Dwipa, pero él se había trasladado allí por temor a Garuda, el enemigo de todas las serpientes. Garuda había recibido una maldición de un yogui que habitaba en Brindaban, de modo que no podía ir allí sin encontrar la muerte. Entonces Kaliya vivía en Brindaban, el único sitio adonde Garuda no podía ir.
Un día Krishna comenzó a jugar a la pelota con los pastores, y mientras estaban jugando trepó al árbol kadamh que colgaba sobre la orilla del río, y cuando le tiraron la pelota ésta cayó al río, y Shri Krishna saltó tras ella. Kaliya se levantó con sus ciento diez capuchas vomitando veneno, y los amigos de Krishna estiraron sus brazos y lloraron y gritaron y las vacas corrieron alrededor mugiendo y resoplando. Mientras tanto alguien volvió corriendo a Brindaban y trajo a Rohii, Yasoda y a Nand y todos los gopas y gopis, y éstos llegaron corriendo y tropezando hasta la orilla junto a la que estaba el remolino de Kaliya; pero no podían ver a Krishna. Sólo Balaram consoló a todos diciendo: «Krishna volverá muy pronto. Él no puede morir.»
Mientras tanto Kaliya se envolvió a sí mismo abededor del cuerpo de Krishna, pero éste se volvió tan enorme que Kaliya tuvo que soltarlo. Así Knishna se salvó uno tras otro de sus ataques, y cuando vio al pueblo de Braj tan atemorizado saltó repentinamente dentro de la cabeza de Kaliya y adquirió el peso de todo el universo, y bailó sobre las cabezas del naga, zapateando. Entonces Kaliya comenzó a morir. Lanzó sus cabezas alrededor, poniendo adelante sus lenguas, y sus bocas derramaban torrentes de sangre. Cuando estuvo totalmente vencido surgió un pensamiento de su corazón: «Éste debe ser el Hombre Primordial, dado que ningún otro podría resistir mi veneno.» Pensando eso, abandonó toda esperanza y permaneció quieto. Pero entonces las esposas del naga vinieron y se pusieron alrededor de Krishna, y unas estiraron sus plegadas manos hacia él y otras se inclinaron y besaron sus pies, adorando a Krishna y rezando por su marido. «Libéralo», dijeron, «o mátanos a nosotras con él, dado que la misma muerte es buena para una mujer sin su marido. Más aún, considera que es la naturaleza de una serpiente el ser venenosa y perdónale.» Shri Krishna le perdonó y le mandó a casa a Ramanaka Dwipa. Pero él temía ir allí por Garuda. Cuando se lo dijo a Krishna éste le contestó: «Ve sin miedo. Cuando Garuda vea la marca de mis pies sobre tu cabeza no te tocará.» Entonces Kaliya con su familia fue a Ramanaka Dwipa, y Krishna salió del agua.
Toda la gente de Braj estaba contenta cuando Krishna salió a salvo; pero estaban demasiado cansados para ir a casa ese día, de modo que pasaron la noche en los bosques cerca del remolino de Kaliya. Pero cerca de la medianoche se inició un fuego terrible, y hubiera destruido los árboles, las vacas y la gente si SM Krishna no se hubiese levantado y tragado el fuego salvándolos. Por la mañana cada uno volvió a su casa disfrutando y cantando.

La flauta de Krishna


Ahora llegó la estación cálida, pero debido a Krishna había primavera perpetua en Brindaban. Un día un rakshasa llegó en la forma de vaca, y jugó con las otras; pero Krishna hizo una señal a Balaram y le dijo que matara al demonio, pero no mientras estaba en su forma de vaca. Entonces Balaram se dejó llevar por el demonio en su lomo como en un juego, y cuando estuvieron a cierta distancia el rakshasa cogió su propia forma para matar a Balaram, y de repente Balararu le golpeó y lo mató. Mientras esto estaba sucediendo las vacas se habían desparramado y la manada no les podía encontrar a ellos en los bosques; pero Krishna trepó a un árbol kadamb y tocó su flauta, e inmediatamente las vacas y niños llegaron corriendo a él, como aguas de un río que llegan al mar.
Krishna acostumbraba tocar su flauta en los bosques; todas las pastoras en Braj, cuando la oían, salían y le buscaban; pero no podían encontrarlo y debían esperar a que viniera otra vez en el atardecer. Entonces se sentaban juntas en el camino y hablaban de la flauta. Una dijo: «Mirad cómo la flauta de bambú es honrada, bebiendo néctar de los labios de Krishna todo el día; resuena como una nube y emana delicia. ¿Por qué es más amada que nosotras? ¡Ésta se ha vuelto una esposa rival frente a nuestros propios ojos! Incluso los dioses atienden cuando Krishna toca su flauta. ¿Qué disciplina había seguido que todas las cosas eran obedientes a ella?» Otra gopi respondió: «Primero, cuando crecía en el tallo de bambú, recordaba a Hari; entonces soportó calor, frío y agua; y finalmente, cortada en pedazos, respiró el humo de su propia quema. ¿Quién otro puede soportar tales mortificaciones? La flauta fue hecha perfecta y tiene su recompensa.» Entonces otra mujer de Braj exclamó: «¿Por qué el señor de Braj no hace flautas de nosotras, para que podamos permanecer con él todo el día y la noche?»
Una vez en invierno, cuando estaba frío y helado, las niñas de Braj bajaron juntas a bañarse en el Jamna. Hicieron una imagen de Dcvi y la adoraban con flores, frutos e incienso, y rezaron: «Oh diosa, asegúranos que SM Krishna será nuestro señor.» Entonces ayunaron todo el día y se bañaron, y cuando vino la noche durmieron junto al río, con el fm de que Deví les concediera su ruego.

Krishna roba las ropas de las gopis

Otro día ellas fueron a un sitio solitario para bañarse y dejaron todas sus ropas en la orilla, jugaron en el agua y cantaron sus canciones en plegaria a Hari. Pero Shri Krishna estaba sentado cerca, junto a un árbol, mirando sus vacas. Oyendo sus canciones, se acercó muy silenciosamente y miró; entonces vio las ropas y una idea vino a su mente: cogió las ropas y trepó a un árbol kadamb. Poco después las gopis salieron del agua y no pudieron encontrar sus ropas. Buscaron en todos los sitios para encontrarlas, hasta que una niña alzó la vista y vio a SM Kríshna sentado en un árbol con el bulto de ropas. Vestía una corona y ropas amarillas, tenía un bastón en su mano y tenía una guirnalda de flores. Entonces ella llamó a las otras: «Allí está quien roba nuestros corazones y nuestras ropas, subido en el árbol kadainb.» Entonces todas las niñas se avergonzaron y saltaron dentro del agua para ocultarse y se mantuvieron allí pidiendo a Krishna que les diera sus ropas. Pero él no lo haría. «Por Nand», dijo, «debéis salir y cogerlas.»
Las niñas de Braj no estaban muy contentas con esto y dijeron: «Es un bonito pedido este que tú haces; pero nosotras iremos y se lo contaremos a nuestros padres y amigos, a Nand y a Yasoda, y ellos te castigarán. Tú eres quien debería proteger el honor de nuestros maridos. Es por tu bien que nosotras nos estamos bañando y manteniendo nuestras promesas.»
Entonces Krishna contestó: «Si estáis real y verdaderamente tomando baños por mi bien, entonces abandonad vuestra vergüenza y coged vuestras ropas.» Las gopis se dijeron a sí mismas: «Nosotras debemos respetar sólo lo que dice Hari; él conoce todo nuestro cuerpo y mente. ¿Qué vergüenza hay en eso?» Y ellas salieron del agua con sus miradas hacia abajo.
Pero Krishna se rió y dijo: «Ahora con manos unidas venid y coged vuestras ropas.» Las gopis contestaron: «Querido de Nand, ¿por qué nos engañas? Somos simples niñas de Braj». Pero ellas juntaron sus manos y Krishna les dio sus ropas.
Entonces las gopis se fueron a casa, y Knishna las siguió con los pastores y vacas. Pero mientras iba miraba una y otra vez todo alrededor en el espeso bosque, y comenzó a contar la gloria de los árboles. «Mirad», dijo, «estos que han venido al mundo, qué cargas soportan y qué protección dan a otros. Es bueno que esta amable gente esté. aquí.»


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