domingo, 27 de octubre de 2013

Krishna (III)

Krishna levanta una montaña

La gente de Braj estaba acostumbrada a adorar a Indra, rey del cielo y señor de la lluvia. Una vez, cuando hacían una ofrenda a Indra, Krislma vino y les persuadió a abandonar sus rezos. «Indra no es una deidad suprema», dijo; «aunque él es dios en el cielo, teme a los asuras. Y la lluvia por la que pedís, y la prosperidad, dependen del Sol, que evapora las aguas y las hace caer otra vez. ¿Qué puede hacer hidra? Lo que la virtud y el destino determinan, eso sólo sucede.» Entonces Knishna les enseñó a adorar a los bosques, arroyos y colinas, y especialmente a la montaña Govardhan. Y ellos traían ofrendas de flores, frutos y carnes dulces para la montaña, y cuando Nand y Yasoda se pararon frente a la montaña, con las mentes puestas en ella, Knishna adoptó una segunda forma, como la de un dios de la montaña, y recibió las ofrendas. Mientras tanto en su propia forma él permanecía junto a Nand y adoraba al rey de la montaña. Esa montaña recibió ofrendas y las comió, de modo que toda la gente de Braj estaba contenta.
Pero hidra estaba enormemente enfurecido por la pérdida de su honor y obsequios; envió a buscar al rey de las Nubes, y ordenó llover sobre Braj y Govardhan hasta que ambas hubieran desaparecido. Así un ejército de nubes rodearon el distrito de Braj y comenzaron a dejar caer cortinas de agua, de tal forma que pareció que había llegado el fin del mundo. Entonces todo el pueblo de Braj, con Nand y Yasoda, fueron hasta Krishna y le dijeron: «Tú nos persuadiste de que abandonáramos la adoración a hidra; ahora trae a la montaña aquí para protegemos.» Así Krishna llenó a Govardhan con el ardiente calor de su energía y la alzó sobre su dedo pequeño, y toda la gente de Braj, con las vacas, se refugiaron bajo la montaña, mirando a Knishna con absoluto asombro. Mientras tanto la lluvia que caía sobre la montaña silbó y se evaporó, y aunque llovieron torrentes de agua durante siete días, ni una gota cayó sobre Braj. Entonces hidra dio por terminado el conflicto, dado que sabía que nadie sino una encamación del Hombre Primordial podía haberse resistido a él así. Al día siguiente cuando Knishna y Balaram salieron a pastar el ganado, con música de flauta y canciones, Indra bajó desde el cielo sobre su elefante Airavata y cayó a los pies de Krishna expresándole sumisión.
 La danza del amor
Cuando Knishna había robado las ropas de las gopis hizo la promesa de bailar con ellas en el mes de Karttik, y ellas habían estado desde entonces esperando ansiosamente el momento acordado. Al final el otoño llegó, cuando el calor, el frío y la lluvia habían terminado y todo el territorio estaba lleno de encanto; y Krishna salió en una noche de Luna llena en Karttik. Un aire suave soplaba, las estrellas estaban brillantes y claras, y todos los bosques y praderas estaban bañados por la luz de la Luna; entonces Krishna decidió cumplir su promesa y fue hacia el bosque tocando su flauta. Las niñas de Braj estaban agitadas y perturbadas por el sonido de la flauta, llamándolas fuera de sus hogares, hasta que al final, dejando a un lado su deber hacia la familia, abandonaron su vergüenza, dejaron sus obligaciones en el hogar, se cubrieron a sí mismas rápidamente y corrieron hacia Knishna. Una fue detenida al irse por su marido y traída otra vez a casa y atada; pero ella tenía su mente sólo puesta en Hari, y entonces dejó su cuerpo y llegó hasta él antes que las otras, y Krishna, debido a su amor, le dio completa salvación.
Ella no pensaba que Knishna era Dios cuando murió por su amor; era como un hombre a quien ella deseaba. ¿Cómo, entonces, pudo ella recibir la salvación? Si uno bebe el agua de la vida inconscientemente, recibe la inmortalidad; justamente así es el fruto de la adoración a Hari. Había allí muchos que ganaban la salvación a través de él, tan diversa como era su devoción hacia él. Nand y Yasoda lo consideraban su hijo; las gopis pensaban en él como su amante; Kans lo honraba por temor; los Pandavas lo consideraban un amigo; Shishupal le honraba como a un enemigo; los yaduvamsis pensaban que era uno de ellos mismos; los yoguis y rishis lo consideraban un dios; pero todos ellos alcanzaban la salvación de la misma forma. ¿Qué iba a suceder, entonces, si una pastora, uniendo su corazón al suyo, alcanzaba la orilla más lejana de la existencia?
Al final las gopis, siguiendo el sonido de la flauta, llegaron hasta Krishna en la espesura del bosque y se detuvieron a mirar su hermosura, pasmadas y avergonzadas. Entonces Krishna preguntó por su bienestar y las culpó por dejar a sus esposos; dijo: «Así es, habéis visto el espeso bosque, la plateada Luna, la belleza de las orillas del Jamna; así ahora iros a casa con vuestros maridos.» Todas las gopis, cuando oyeron esas crueles palabras, se hundieron en un ilimitado océano de pensamientos y la lágrimas cayeron de sus ojos como un collar de perlas roto. Finalmente, encontraron palabras para reprocharle. «Oh Krishna», dijeron, «eres un gran engañador. Nos llevas con tu flauta y robas nuestro corazón, mentes y riqueza, y ahora tú eres frío y poco amable y pondrías fin a nuestras vidas. Hemos abandonado clan, familia y marido, y despreciado el reproche del mundo; ahora no hay nadie que nos proteja sino tú, oh señor de Braj. ¿Adónde iremos para formar nuestro hogar, dado que estamos envueltas de amor hacia ti?»
Entonces Shri Knishna sonrió y les pidió que se acercaran y que bailaran con él, y las hizo gozar. Entonces con su habilidad hizo una terraza dorada en un círculo en la orilla del Jamna, y fue plantado todo alrededor con árboles de llantén con guirnaldas y coronas de todo tipo de flores colgando. Entonces las gopis fueron a una charca llamada Manasarowar, se vistieron de la cabeza a los pies, engalanándose con ropas y joyas. Trajeron laúdes y címbalos y comenzaron a tocar y cantar y bailar, mientras Govinda se paró entre ellas como una Luna en un cielo estrellado. Entonces todos juntos dejaron de lado inhibiciones y vergüenza y fueron embriagados de amor, pensando en Knishna como completamente suyo.
Pero él vio su orgullo y las dejó solas; sólo cogió a Radha con él y se esfumó. Entonces todas las gopis se asustaron y entristecieron, comenzaron a preguntarse unas a otras si Knishna se había marchado, y comenzaron a buscarlo aquí y allá, gritando fuerte: «¿Por qué nos has dejado, oh señor de Braj, tú a quien hemos entregado todo?» Al final comenzaron a preguntas a los árboles, a los pájaros y a las bestias, y a los gomeros, al cuco y al ciervo: «¿Se ha marchado el querido de Nand aquí o allí?» Al final encontraron las huellas de sus pies de loto y junto a él las huellas de una mujer; y entonces llegaron a una cama de hojas junto a un espejo con joyas. Preguntaron al espejo dónde se había marchado y, dado que no hubo respuesta, la pena de la separación las abatió a todas. Así por su parte las gopis estaban buscando lastimosamente a Krishna; pero Radha estaba llena de deleite y se figuró que ella era la mejor de todas, creciendo tanto en su orgullo que le pidió a Shri Krishna que la llevara sobre sus hombros. Pero justo en el momento que ella había subido él se desvaneció, y se quedó allí sola con las manos estiradas, como un rayo de luna sin luna o un rayo sin nubes; tan hermosa estaba que su brillo fluía sobre el suelo y le hacía brillar como el oro. Se quedó allí y lloró, y todos los pájaros, bestias, árboles y enredaderas lloraron con ella.
Las gopis la encontraron allí parada, y estaban tan contentas de encontrarla como estaría cualquiera que hubiera perdido un gran tesoro y hubiese encontrado la mitad. La abrazaron una y otra vez, y entonces entraron al bosque con ella para buscar a Krishna. Siguieron mientras hubo algún rayo de Luna; pero cuando no pudieron encontrar ninguna senda en la oscuridad del bosque, tuvieron que volver. Se sentaron en la orilla del Jamna, y hablaron de Knishna y le gritaron hasta que estuvieron débiles y cansadas; pero él no apareció.
Ahora cuando Krishna vio que las gopis estaban muriendo de amor apareció otra vez entre ellas, de modo que todas se levantaron del océano de soledad y estaban contentas, dado que él les dijo: «Esto lo he hecho para probaros. ¿Cómo os puedo ahora compensar suficientemente? Dado que, como una vairagi dejando su hogar y dando su corazón a Dios, vosotras habéis venido a mí.» Entonces Krishna tocó y bailó con las gopis. El hizo una aparición múltiple y bailó con ellas en un anillo, de tal forma que todas creían que el mismo Krishna estaba a su lado y cogiendo sus manos; así giraban alrededor de un circulo, Knishna y las hermosas niñas de Braj, como un collar dorado y con zafiros. Entonces algunas de ellas tocaron sus laúdes y cantaron de muchas formas; tan ensimismadas estaban que se olvidaron tanto del cuerpo como de la mente. Cuando una de ellas dejó de hacer sonar su flauta con sus manos y cantó las notas de la flauta ella misma, entonces Knishna se olvidó de todo, como un niño que ve su cara en un espejo y se olvida de todo por su encanto. Así pasaron el tiempo, y hasta los dioses bajaron del cielo para contemplar la danza, y el viento y el agua se aquietaron para escuchar. Pero cuando faltaba poco para terminar la noche Krishna dijo que era hora de que las gopis volvieran a sus hogares, y para consolarlas les dijo: «Meditad siempre acerca de mí, como lo hacen los yoguis, y yo podré estar siempre cerca de vosotros.» Así fueron satisfechas y volvieron a sus hogares, y nadie supo que ellas habían estado en otra parte.
 El viaje a Mathura
 Cuando todos los planes de matar a Knishna habían fallado Kans decidió convencerle con engaños para ir a Mathura. Envió un mensajero a Nand para invitar a las manadas de vacas, con Krishna y Balaram, a un sacrificio de Shiva y a deportes y festividades que tendrían lugar en Mathura. Esta invitación fue aceptada, y todos los pobladores de Braj, con sus rebaños, manadas y carros, partieron para la ciudad; sólo las pastoras, llorando, se quedaron con Yasoda, tratando de alcanzar la última mirada de Knishna rogándole que volviera pronto.
Los pobladores de Braj, cuando llegaron a Mathura, enviaron ofrendas a Kans e hicieron su acampada fuera de la ciudad. Knishna y Balaram entraron para ver las maravillas del pueblo, con sus grandes murallas y palacios, jardines y arboledas. En su camino encontraron a un lavandero y le pidieron hermosas ropas, y cuando éste se rió y se negó ellos lo cogieron por la fuerza y se divirtieron con él. Poco después encontraron una mujer jorobada, quien pidió a Krishria que la dejara frotar pasta de sándalo sobre su cuerpo, y él, al ver su profunda devoción, fue hasta ella, poniendo pie sobre pie, y con dos dedos bajo su mentón la levantó y la hizo erguida y hermosa, y dijo: «Cuando haya matado a Kans vendré y estaré contigo.»
 El torneo en Mathura
 Al poco tiempo los hermanos llegaron a la palestra donde el arco de Shiva había sido instalado, inmenso como tres palmeras, grande y pesado; Knishna fue hasta el arco y tiró de él y lo partió en dos con un gran ruido. Cuando Kans oyó esto, se aterrorizó y vio a la muerte aproximarse, por lo que envió hombres para matar a los hermanos. Pero ellos mataron a todos los soldados que Kans envió en su contra; volvieron al campamento de los pastores y dijeron que habían visto la ciudad y habían tenido un buen comportamiento en los deportes, así que estaban cansados y hambrientos; entonces Nand les dio comida y se fueron a dormir. Pero Kans tuvo sueños malvados, y cuando despertó dio órdenes para que se preparara la palestra para el torneo y sonaron las trompetas convocando a la reunión. SM Krishna y Balaram fueron al torneo disfrazados como malabaristas, y todos los vaqueros les siguieron. Cuando llegaron a la puerta de la palestra había un furioso elefante, tan fuerte como diez mil elefantes comunes, esperando; y quien montaba este elefente lo dirigió hacia Knishna para que lo atropellara; pero Balaram le dio tal golpe con su puño que éste se dio la vuelta, y cuando otra vez fue guiado hacia ellos los dos hermanos lo mataron fácilmente. Entonces entraron a la palestra, y ante cada uno de los presentes Knishna aparecía con la naturaleza que ellos mismos tenían: a los luchadores parecía un luchador, los dioses lo veían como a su señor, los pastores como a un amigo, las mujeres de Mathura pensaron que era un tesoro de belleza, y Kans y los rakshasas pensaron que era la misma muerte.
Pronto Krishna había luchado con todos los luchadores del rey y matado a los más fuertes; entonces saltó sobre el estrado real y arrastró al rey del cabello y lo mató allí en ese mismo momento, de modo que los hombres, los dioses y los santos estaban encantados. Cuando las mujeres del rey se enteraron de esto se acercaron y gimieron sobre él desconsoladamente, hasta que Krishna las consoló con profunda sabiduría. «Oh madre, no te entristezcas», dijo; «nadie vive sin morir. Está equivocado el que piensa que todo es suyo. Nadie es padre ni madre o hijo; sólo existe la continua sucesión de nacimiento y muerte.» Entonces se hicieron los ritos funerarios de Kans junto a la orilla del Jamna, y Krishna mismo encendió la pira. Después Krishna y Balaram fueron adonde se encontraban Vasudeva y Devaki y los liberaron; y ellos, viendo su forma, supieron que él era un dios, hasta que él otra vez escondió su cabeza de dios, de modo que ellos pensaron que era su hijo, y abrazaron alegremente a los dos hermanos. Entonces Knishna estableció a su abuelo Ugrasena en el trono y, pidiendo a Nand que volviera a Brindaban, Krishna se quedó a vivir con sus amigos en Mathura. Las jóvenes de Braj estaban siempre llorando por Knishna, porque no volvió a Brindaban; pero él envió un mensajero diciendo: «No renunciéis a la esperanza del deleite y practicad sólo devoción: yo nunca estaré ausente para vosotras.» Poco las consolaba este mensaje cuando pensaban en su flauta y en la danza, dado que ellas pensaban que sus pensamientos y promesas y privaciones eran más adecuadas a viudas que a corazones devotos, y pensaron que la razón para que él se quedara en Mathura era que mujeres más bellas habían conquistado su amor, o que prefería la vida en la corte a vivir con rebaños o vaqueros. Y enviaron un mensaje diciendo: «Oh señor, has hablado de unión espiritual, cuando todo el tiempo hay desunión entre nosotros; pero deberías volver a nosotras que estamos muriendo de amor y así salvar nuestras vidas.» Sin embargo, no hizo caso, dado que lo que ya ha sido no puede ser otra vez como ha sido.
Por esa época llegaron noticias de los Kurus y los Pandavas, cómo los últimos eran seriamente oprimidos, y Krishna envió mensajeros para conseguir noticias del asunto; el mensajero fue a Hastinapura y volvió con la historia.

La migración a Dwaraka

Mientras un rakshasa llamado Jurasindhu, suegro de Kans, invadió Mathura con un inmenso ejército, y, aunque Krishna destruyó su ejército de demonios, otro asura, de nombre Kalayavan, cercó Mathura con otro ejército de treinta millones de monstruosas fieras. Entonces Krishna pensó que era mejor partir; convocó a Vishvakarma y lo tentó para construir una gran ciudad en el medio del mar, de doce leguas de extensión, y a llevar a todos los yaduvamsis allí sin que se dieran cuenta de ello. Entonces \‘ishvakarma los transportó a todos a la ciudad del mar, y cuando se despertaron se maravillaron de cómo el mar había rodeado a Mathura, dado que no sabían realmente qué había sucedido.
Entonces, dejando a la gente en Dwaraka, Krishna volvió a Mathura y mató a Kalayavan, y Jurasindhu lo persiguió, pero él escapó y volvió secretamente con Balaram a Dwaraka, mientras Jurasindhu poseía la ciudad de Mathura.
En ese momento nació en Kundaipur una hija del rajá Bhishmak, y ella era muy hermosa y tierna. Cuando Krishna oyó esto su corazón estaba pensando en ella día y noche. Ella también oyó de Krishna de esta forma: habían llegado a Kundalpur algunos yoguis errantes, que cantaban alabanzas y elevadas acciones de él, y ellos también fueron a la corte y recitaron sus historias, que Rukmini oyó mientras estaba sentada en su alto balcón, de modo que el vino del amor brotó en su pecho. Luego de eso, día y noche ella no pensaba en otra cosa sino en Krishna; durmiendo o despertando, comiendo o jugando, su mente estaba en él. Ella hizo una imagen de Gauri, y le rogó que le diera al señor de los Yadus por esposo. Para entonces Rukmini estaba en edad de casarse, y su padre y hermanos buscaban un novio. El hermano mayor, Rukma, sugirió a Shishupala, rey de Chanderi; pero el viejo rey estaba a favor de desposarla con Shri Krishna. Pero los hermanos se rieron y le llamaron pastor, y eligieron a Shishupala, a quien enviaron el obsequio nupcial, y se fijó un día para la boda. Toda la gente de la ciudad estaba muy triste, dado que ellos hubiesen preferido que Rukmini se casara con Shri Krishna. A Rukmini le dijeron que era lo que se había dispuesto, pero ella respondió: «El Señor del Mundo es mío, en pensamiento, palabra y acción.» Entonces escribió una carta a Krishna y envió un brahmán a Dwaraka. Ésta era la carta: «Tú eres un buscador de corazones y conoces mis pensamientos de todo. ¿Qué debo decir? Tú eres mi refugio; mi honor está en tus manos. Actúa para cuidarlo y ven y revélate a tu sirviente.» Cuando Shri Krishna recibió esta nota partió inmediatamente para Kundalpur. Shishupala estaba ya allí y la boda no se había celebrado aún. Krishna, sin embargo, consiguió coger a Rukmini y Ilevársela en su carro, seguido de Balaram y todo su ejército. Shishupala les persiguió con Jurasindhu, pero Krishna los rechazó y venció, y ató a Rukma y llevó a su novia a su hogar:
su hijo fue Pradyumna, un renacimiento de Kamadev. El hijo de Pradyumna fue Aniruddha, un renacimiento de Satrughna; él se casó con Charumati, aunque su alianza no fue suficiente para mantener los feudos de la familia, y su abuelo Rukma fue muerto por Balaram. Luego Aniruddha también se casó con Usha, hija de Vanasur; Krishna emprendió la guerra contra Vanasur para rescatar a su nieto, a quien Vanasur había encarcelado. En esta guerra Shiva luchó del lado de Vanasur, pero éste fue vencido y se sometió a Krishna; entonces Krishna le dio la bienvenida con estas palabras: «Shiva-ji, no hay diferencia entre tú y yo, y cualquiera que crea que somos distintos cae en clin-fiemo y no es salvado; en cambio, aquellos que piensan en ti también lo hacen en mí.»
Krishna se casó con Mitrabinda, Satibhama y otras, ganando a cada una con grandes acciones; y en otro momento cuando un demonio llamado Bhaumasur se llevó y ocultó muchos miles de princesas, Krishna lo persiguió y lo mató, y recibió a éstas también en su casa. Cada una de sus hijas tuvo diez hijos y una hija, todos con color gris nuboso y con cara de luna y ojos de loto, y vistiendo en amarillo y azul. Las gentes de Dwaraka eran conocidas como los vrishnis.
 Krishna se casa con Kalindi
 Mientras Krishna gobernaba en Dwaraka, Duryodhana oprimía a los Pandavas en Hastinapura y buscaba producir su muerte. Krishna y Balarama fueron a ayudarlos, y fue cuando Krishna fue huésped de los Pandavas y se casó con Kalindi, hija del Sol.
Balaram se casó con Rewati, hija dél rajá Rewat de Arnta. Una vez Balaram visitó Braj y relató las acciones de Han contra Nand y Yasoda, y deleitó a las gopis con baile y música. El hijo de Krishna, Sambu, quiso casarse con Lakshmana, hija de Duryodhana; pero fue cogido y hecho prisionero hasta que Balaram fue a rescatarlo y llegó a arrastrar a la ciudad de Hastinapura hasta la orilla del Ganges antes que alguien pudiera persuadirle de salvar a la gente. Finalmente se llevó a Sambu a salvo con su esposa a Dwaraka.
Cierta vez Narada visitó a Knishna en Dwaraka para ver cómo vivía éste como cabeza de familia con todas sus miles de esposas. Fue a su vez al palacio de Rukmini, Satibhama, Mitrabinda y otras, y en cada uno encontró a Krishna, y se maravilló ante el poder de su yoga-moya, la mágica ilusión de manifestación. Otra vez Narada vino e invitó a Krishna a un gran sacrificio celebrado en su honor por los Pandavas. En esta gloriosa ceremonia Shishupala estaba presente, y fue muerto por Krishna
La elección de Hiranyakashipu
También se contó cómo Rama venció a Rayana en la batalla para recobrar a Sita. Este Shishupala y este Rayana estaban estrechamente ligados con Hiranyakashipu, un malvado rey Daitya, quien fomentó un odio implacable hacia Vishnu. Él encontró la muerte cuando estaba blasfemando contra Dios. Vishnu mismo saltó desde un pilar de su palacio en la forma de un hombre-león (Narasimha) y lo destrozó en pedazos. Se dice que había sido alguna vez de alto rango en el cielo de Vishnu, pero había cometido un gran fallo, y dándosele a elegir entre la expiación mediante tres nacinientos en la Tierra como enemigo de Vishnu, o siete nacimientus como su amigo, eligió el primero por conseguir un más rápido regreso.
Debe notarse que Rayana antes de la batalla en un breve momento de recuerdo admite la divinidad de Rama, y dice: «Seré muerto por él, y por ello he cogido a la hija de Janaka. No es por pasión o enojo por lo que yo la retengo. Deseo ser muerto, para volver a aquel, el más elevado hogar, de Vishniu.» De Shishupala se dice que odiaba a Vishnu en su encarnación como Krishna como a ninguna otra criatura, y por esa razón encontró la muerte a sus manos: «Pero así como su mente estaba siempre concentrada en el Señor, aunque debido al odio que le tenía, Shishupala estuvo unido a él luego de la muerte, dado que el Señor confiere un puesto celestial y eminente a aquellos que mata, aun haciéndolo en cólera.»

El fin de Krishna

Luego de esto Krishna fue otra vez a unirse a los Pandavas y permaneció con ellos durante la Gran Guerra como auriga de Arjuna. En el campo de Kurukshetra él pronunció el Bhagavad Gita. Estuvo presente en la muerte de Bhishma, y después de la muerte de Duryodhana recibió la maldición de su madre. Ella lamentaba la muerte de su hijo y de su amigo y enemigo; entonces reconociendo a Hañ como «El Que Más Mueve», «El Que Está Detrás de Todo», lo maldijo por haber dejado que las cosas sucedieran de ese modo. Ésta fue su maldición: que luego de treinta y seis años Krishna debía perecer solo y miserablemente, y esta gente, los vrishnis, deberían ser destruidos. Estas cosas a su debido tiempo sucedieron. Una locura cogió a la gente de Dwaraka de tal modo que cayeron unos sobre otros y fueron muertos, junto con todos los hijos y nietos de Krishna. Sólo las mujeres de Knishna y Balarama permanecieron vivas. Entonces Balarama fue al bosque, y Knishna primero envió un mensajero a la ciudad de los Kurus, para poner la ciudad y mujeres de Dwaraka bajo la protección de los Pandavas, y luego se deshicieron de su padre; luego él mismo buscó el bosque, donde le esperaba Balaram. Krishna descubrió a su hermano sentado bajo un poderoso árbol en los márgenes del bosque; estaba sentado como un yogui, y mirando vio cómo salía de su boca una poderosa serpiente, lanaga Ananta de mil cabezas, y se deslizó lejos hasta el océano. El mismo océano y los ríos sagrados y muchos nagas divinos vinieron a recibirlo. Así Knishna vio partir a su hermano del mundo humano, y deambuló solo por el bosque. Él, que estaba lleno de energía, se sentó en el suelo desnudo y pensó en la maldición de Gandhani y todo lo que había sucedido, y supo que el momento había llegado para su propia partida. Controló sus sentidos con el yoga y se tumbó. Entonces vino un cazador por ese camino y, pensando que era un ciervo, soltó una flecha y atravesó su pie; pero cuando llegó cerca el cazador vio a un hombre vestido con ropas amarillas practicando yoga. Pensando que él mismo había sido un infractoi; tocó sus pies. Entonces Krishna lo levantó y lo consoló, y él mismo ascendió al cielo, llenando todo el cielo de gloria; pasando a través del paraíso de Indra, fue a su propio sitio.
Arjuna fue a Dwaraka y se llevó a las mujeres e hijos de los vrishnis, y partió para Kurukshetra. En el camino una cuadrilla de guerreros les atacó y se llevó a gran parte de las mujeres. Arjuna estableció a las otras con el resto de los descendientes de Krishna en nuevas ciudades; pero Rukmini y muchas otras de las mujeres de Knishna se convirtieron en Sati, quemándose a sí mismas en una pira, y otras se hicieron ascetas y monjas. Las aguas del océano avanzaron y arrasaron Dwaraka de modo que no quedó rastro.


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