domingo, 27 de octubre de 2013

Nachiketas y Yama

Había un pastor de vacas llamado Vajashrava; deseando un obsequio de los dioses, hizo todo tipo de ofrendas de todo lo que poseía. Pero el rebaño que tenía era viejo, no rendía leche y era inservible; no era como para conseguir al devoto un sitio en el cíelo. Vajashrava tenía un hijo; él haría que su padre hiciera una mejor ofrenda. A su señor le dijo: «¿A qué dios me ofrecerás?» «A la Muerte yo te doy.»
Nachiketas pensó: «No seré el primero ni el último que va hasta Yama. Sin embargo, ¿qué hará él conmigo? Será conmigo como con otros; como la hierba un hombre se descompone, como una hierba renace otra vez.» Así Nachiketas emprendió su camino a la amplia casa de Muerte, y esperó allí tres días, dado que la Muerte estaba de viaje. Cuando la Muerte llegó sus sirvientes dijeron: «Un huésped brahmán arde como un fuego; Nachiketas espera tres días sin ser bienvenido; cálmalo con una ofrenda de agua, porque todo está perdido para aquel en cuya morada un brahmán espera sin alimentar.»
Entonces la Muerte habló a Nachiketas: «Dado que tú eres un huésped de honor, has esperado en mi casa tres días sin alimentos, pídeme tres deseos a cambio, y yo te los otorgaré.» Entonces él primero pidió: «Otorga a mi padre paz y que me reconozca y me reciba cuando vuelvo.» La Muerte contestó: «Que así sea.»
Nachiketas habló otra vez: «En el mundo del cielo el pueblo se ha deshecho de ti: no hay hambre, ni vejez, ni miedo a la muerte. Revélame el fuego sagrado que conduce al cielo.» Entonces la Muerte describió el fuego sagrado —qué piedras para su altar y cómo dispuestas-.---, y Nachiketas lo repitió, estudiando la lección enseñada por la Muerte. La Muerte habló otra vez: «Te garantizo más aún, que este fuego sagrado será conocido para siempre por tu nombre; tuyo es el fuego que lleva al cielo, tu segundo deseo.»
Nachiketas preguntó otra vez: «El gran misterio de qué es lo que viene después de la muerte: él existe, algunos dicen; otros dicen, no está más. Esta gran duda te pido que me la resuelvas.» La Muerte respondió: «Ni siquiera los dioses de la antigüedad; ésta es una materia difícil de estudiar; pídeme, oh Nachiketas, cualquier otro deseo, aunque sea cien hijos, o inmensa riqueza, o amplias tierras, o alargar tu vida. Todo lo que un hombre puede desear será tuyo: reinado, riquezas, los más hermosos cancioneros del cielo de Indra; pero no me preguntes de la muerte.» Nachiketas contestó:
«Estos son asuntos de un día y destruyen la ardiente energía del hombre: tuya sea la riqueza; tuya la danza y canciones. ¿De qué vale la riqueza cuando tú apareces? ¿Cómo disfrutará un hombre en la vida, cuánto tiempo, cuándo ha observado la dicha de aquellos que no perecen? Esta duda del Gran Después te pido me la resuelvas; no quiero ningún otro deseo.»
La Muerte respondió: «El deber es uno, el goce otro; estos dos conducen al hombre por diversos caminos. Está bien escoger el deber; se aparta del buen camino el que busca el goce. Estos dos, sabiduría y tontería, apuntan a fines diversos. Bien ha hablado Nachiketas, buscando sabiduría, no estimulado por los deseos. Aun los instruidos viven en la desilusión; ciegos conducidos por ciegos; mientras para el tonto nada es revelado. Piensan en este mundo y no en otro, y así caen una y otra vez bajo mi poder.
»Pero es grande quien habla de Él, de quien muchos nunca van a oir, de quien muchos, aunque oyen, pueden nunca saber; una maravifia es quien conoce al brahmán. El no informado nunca llegará a él.
»Habiéndolo oído y bien comprendido a él que tiene comprensión, alcanzando el sutil uno, un mortal es alegrado y goza con buena causa. Ancha es la puerta de Nachiketas, yo creo.»
Nachiketas respondió:
«Otra cosa que el bueno, otra cosa que el malo, otra cosa que lo que no tiene forma o que la tiene, otra que el pasado y el futuro, declara tu Eso.»
La Muerte retorna:
«¡Aquella meta de sabiduría sagrada, de trabajos bondadosos y fe, es Orn! Esta palabra es Brahmán, el supremo. El que comprenda esta palabra conseguirá cualquier cosa que desee.
»Dado que no ha nacido el cantante, ni muere él alguna vez. El no va a ninguna parte, él no era nada. No nacido, eterno, perpetuo, antiguo; no muerto, aunque el cuerpo sea muerto.
»Si el verdugo piensa que mata, o el muerto considera que está muerto, ellos se equivocan; aquel nunca matado no está muerto.
»Más pequeño que pequeño, mayor que grande, ese mismo vive en el corazón de toda las criaturas.
»Sentado, él viaja lejos; tumbado, él se apresura a ir a todos sitios; quien lo conoce a él no tiene más pena.
»Este mismo no es obtenible por explicación, no por intelecto, no por mucho oír a las escrituras; a quien él elige, a él Éste le es revelado. Pero él había sabido que todas la cosas eran el mismo, ¿por él la apena, por él la desilusión tarda en desaparecer, sabiendo que todas las cosas son Ése?
»Cuando todos los deseos que demoran en desaparecer en el corazón se hacen avanzar, el mortal se hace inmortal, se convierte en brahmán.
»Cuando cada mudo en el corazón se suelta entonces él gana el Ser inmortal. Hasta aquí la enseñanza.»

Así, habiendo aprendido la sabiduría enseñada por la Muerte, y encontrando a Brahmán, Nachiketas fue liberado de la muerte. Así realmente estará libre quien conozca al mismo Supremo.

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