domingo, 27 de octubre de 2013

LA SAGA DE TUAN MCCARRELL

Existen al menos cuatro manuscritos cristianos que incluyen en sus recopilaciones la leyenda de Tuan McCarrell (fonéticamente Cairill): el Eireann Leabhar Gabhalla, que ya hemos mencionado en varias oportunidades; el Leabhar na hUidre (el Libro de Uidrech), datado hacia el siglo XII, que se conserva en la abadía de St. Birgitt, en Belfast; el Códice Laúd 610, perteneciente a la biblioteca bodleiana (siglo XV) y el Manuscrito H. 3.18, conservado en el Colegio de la Santísima Trinidad de la ciudad de Dublín, que data del siglo XVI. No obstante, nunca se ha podido demostrar fehacientemente que alguna de estas transcripciones provenga realmente de la pluma de San Finnen; a tal punto que existe incluso una enconada polémica entre los especialistas acerca de la existencia misma del santo, a pesar de la repercusión que tuvo en el clero la disputa entre él y San Colombano por una copia del Evangelio realizada hacia mediados del siglo VI d. C.

La leyenda según San Finnen

Hacia la primera mitad del siglo VI de nuestra era, llegó a la región del Ulster un monje cristiano de nombre San Finnen, discípulo de San Patricio, con la misión catequizadora de fundar un monasterio en las proximidades de Mag-bile (hoy Moville), en el condado de Doen. Con el propósito de recaudar fondos para su cometido, un día fue, acompañado de varios acólitos, a visitar a un rico señor que vivía no lejos del Loch Ness, en la misma localidad. Sin embargo, ante su sorpresa, el caballero le negó a los clérigos la entrada en su fortaleza, alegando que no eran bienvenidos a ella.
Así, pues, para conseguir que el hacendado retirara su prohibición, San Finnen recurrió a un medio que la ley no escrita de la antigua Erín ponía a disposición de los pobres y los débiles cuando debían oponerse a una injusticia y carecían de recursos para hacerlo: se instaló frente a las puertas del castillo y comenzó un ayuno que prolongaría hasta que el caballero aceptara su presencia, o hasta su propia muerte.
Fueron tres los días en que el monje debió ayunar frente a la puerta de la fortaleza, antes que el poderoso y severo hacendado se aplacara y lo dejara entrar en el castillo; allí, el clérigo pudo comprobar lo que ya había sospechado al prohibírsele la entrada: las creencias del señor del castillo "no eran buenas", es decir que no era cristiano. La decisión de Finnen acerca de fundar su monasterio se fortaleció: en la Irlanda del siglo VI todavía existían paganos.
A la mañana siguiente, una vez terminada la celebración del oficio dominical, el sermón y la misa, el caballero invitó a su mesa a San Finnen y algunos de sus acólitos, ocasión que el monje aprovechó para preguntarle:
—¿Quién eres?
—Soy hombre del Ulster y mi nombre es Tuan, hijo de Carrell —respondió su anfitrión—; mi padre era hijo de Muredach Munderc, y él me dejó este desierto como legado póstumo. Pero también hubo un tiempo en que me llamaron Tuan McStarn, hijo de él y su esposa Sera. Starn, mi padre, era hermano de Partholan.
—Si eres realmente quien dices ser, hijo de Sera, entonces seguramente podrás contarnos la verdadera historia de Erín o, al menos, lo que ha sucedido en la Isla Esmeralda desde la época de Partholan, tu tío paterno —dijo Finnen, agregando a continuación—: No aceptaremos de ti alimento alguno hasta que no nos hayas relatado esas viejas historias que ansiamos conocer.
—Me resultará difícil hablar —respondió el señor feudal— sin haber tenido antes ocasión de meditar profundamente acerca de la palabra y las acciones de ese Dios que nos has mencionado en tu sermón. —A lo que el clérigo respondió:
—No debes tener reparo alguno, pues El sabe comprender las actitudes de los hombres; cuéntanos tus propias aventuras, como así también los otros acontecimientos que hayan tenido lugar en esta tierra de Erín.
Tuan McCarrell contempló largamente a su huésped, hizo señas a su servidor para que le sirviera otra copa de mead1 y comenzó su relato.

Historia de la primitiva Erín, según Tuan McCarrell

La llegada de Partholan


—Hasta este preciso momento —inició el caballero su relato—Erín ha sufrido cinco invasiones, ya que nadie había llegado a sus costas antes del Diluvio, y nadie lo hizo, sino hasta mil más dos años después de él,2 fecha en que Partholan vino a establecerse en Irlanda. Esto sucedió poco tiempo después de la muerte de mis padres, mientras yo me encontraba viviendo con él, razón por la que yo también arribé a estas tierras, acompañados ambos por dos docenas de hombres fuertes y aguerridos, cada uno de los cuales venía con su mujer, aunque ninguno de ellos se destacaba por su inteligencia.
Según d'Arbois de Jubainville, "...la familia de Partholan, que los más antiguos documentos irlandeses sitúan al principio de la historia mítica de su país, es idéntica a la 'raza de plata' que describe Hesíodo en Los trabajos y los días y, al igual que ellos, se distingue por su ineptitud...".
—Así vivimos en Erín hasta que llegamos a sumar dos mil y quinientos hombres de la misma raza y otras tantas mujeres —continuó Tuan McCarrell—, época en que se desencadenó una plaga mortal que los aniquiló por completo, dejando a un solo sobreviviente, porque es sabido que nunca sobreviene una mortandad total sin que al menos una persona escape de ella. Y quiso mi malhadado sino que ese sobreviviente fuese yo.
"Aquéllos fueron tiempos que me gustaría verdaderamente erradicar de mi memoria; durante muchos años interminables recorrí Erín de cueva en cueva y de ruina en ruina, para protegerme de los lobos, y a lo largo de todo ese tiempo la senilidad y la decrepitud fueron minando mi espíritu y mi cuerpo, hasta que ya no podía casi caminar y me alimentaba sólo de hierbas y agua de los arroyos, rogando a los cielos que me concedieran el descanso eterno".

Las tribus de Nemed

—Fue entonces cuando Nemed, hijo de Agroman, tomó posesión de Irlanda. Desde lo alto del acantilado lo vi desembarcar, alto y esbelto como un dios, pero me las arreglé para no dejarme ver por ellos. Mi propia decrepitud me ofendía y me aterraba; mis cabellos, mi barba y mis uñas habían crecido desmesuradamente; estaba macilento, desnutrido y desnudo, agobiado por la miseria y el sufrimiento.
"Los vigilé desde los riscos durante muchos días, hasta que una noche me dormí y a la mañana siguiente desperté convertido en un joven y poderoso ciervo. Como por arte de magia había recobrado mi lozanía y la alegría de vivir, y las manifesté componiendo versos y canciones sobre la llegada de Nemed y de su raza, como así también sobre la increíble metamorfosis que yo mismo acababa de experimentar.
"Mi nueva forma animal, pujante y vigorosa, me permitió convertirme en el jefe de todos los rebaños de ciervos de Erín. Siguiera el camino que siguiese, cientos de ciervos marchaban a mi lado, sirviéndome de séquito, de compañía y de protección a la vez. Así fue mi vida en los tiempos de Nemed.
"Treinta y dos eran las naves en que los descendientes de Agroman zarparan hacia Irlanda, con una dotación de treinta almas cada una de ellas, pero todas menos una se extraviaron a lo largo del año y medio que insumió la travesía, y sus tripulaciones perecieron por obra del hambre y la sed, o a causa de los naufragios.
"Finalmente, sólo fueron diez los nemedianos que desembarcaron en la Isla Esmeralda: el propio Nemed, su esposa Hyfah, cuatro hombres y cuatro mujeres, pero en poco tiempo su número creció hasta que llegaron a ser cuatro mil treinta hombres y otras tantas mujeres en el momento en que todos murieron.
"No obstante, estos seguidores de Nemed tuvieron fortuna en Erín; ellos y sus descendientes talaron miles de árboles y desbrozaron muchos montes, para crear llanuras y prados en que hacer crecer sus cultivos. Y fue el mismo Nemed quien construyó el primer palacio de Erín, que más tarde se llamaría Emain Macha.
Por desgracia, los nemedianos pronto entraron en guerra con los formaré que aún subsistían, y las dos facciones se enzarzaron en cuatro titánicas batallas, que diezmaron a sus huestes".
Mientras Nemed condujo a sus hombres a la batalla, sus seguidores salieron triunfantes de ellas, pero tras su muerte, los formaré los sojuzgaron, cobrando de ellos tributo cada primero de noviembre, durante la fiesta de Samhain.3 El tributo consistía en las dos terceras partes de los niños nemedianos nacidos el año anterior, más una porción igual de las cosechas y de la leche recolectadas. Después de soportar este sistema durante varios años, los nemedianos se rebelaron y se alzaron en armas contra sus expoliadores, logrando reducirlos a su fortaleza de la isla de Tory, aguas arriba del río Shannonn. Sin embargo, esto significó para la tribu de Nemed el sacrificio de su principal héroe Fergus y todos sus seguidores menos treinta, que fueron los únicos que lograron sobrevivir a la batalla.
—Durante aquel tiempo yo había caído nuevamente en la senilidad; me encontraba ya al borde de mis fuerzas vitales, cuando una noche, encontrándome en la boca de mi caverna, y en plena vigilia, sentí que mi cuerpo cambiaba, transformándose lentamente en el de un ágil y vigoroso jabalí. Tan grande fue mi emoción, que no pude menos que expresar en forma de versos mi alegría por la metamorfosis. Mi poderosa voz era imponente y majestuosa y poma de manifiesto toda mi alegría de vivir.
"Y así me convertí en rey de los rebaños de jabalíes de toda Irlanda, cuyas praderas y bosques recorrí a placer, aunque sin perder la costumbre de regresar a los alrededores de mi casa, como cada vez que me sentía viejo y decrépito nuevamente. Porque debéis saber —continuó el caballero— que todas mis metamorfosis se produjeron aquí, en el Ulster, y por eso siempre volvía cuando presentía que se aproximaba una nueva transformación".

Detnion, hijo de Stariath


El siguiente grupo en establecerse en la isla fue el de Demion, hijo de Stariath, a quien acompañaban tres contingentes de hombres de más allá de los mares: los fir-bolg, los fir-domnann y los fir gallian.4
Los fir-bolg pronto se destacaron entre los recién llegados, convirtiéndose en el grupo dominante. Como regentes, realizaron una serie de cambios significativos, entre los cuales el más importante fue, quizás, el de dividir a Erín en cinco grandes reinos, Ulster, Munster, Leinster, Connaught y Meath. Su gobernante más famoso fue Eochi McErc, a quien la leyenda atribuye la redacción del primer código legal completo de Erín y la restauración de la monarquía, atribuyéndole el carácter de "deber sagrado". El mismo Eochi contaba también con la aquiescencia de los dioses, gracias a lo cual Irlanda disfrutó de abundantes cosechas y fecundas pariciones durante todos los años de su reinado.
—Pero todo ciclo termina y éste no fue una excepción —continuó diciendo Tuan McCarrell—, así que nuevamente caí en la ancianidad y la decrepitud. Mi espíritu estaba triste y mi cuerpo se negaba a realizar las cosas de que antes era capaz, como la de desenterrar las mejores raíces y masticar las sabrosas bellotas que antes me sabían a cerezas.
"Vivía una vida solitaria, recluido en cavernas húmedas y sombrías, ocultas en riscos poco frecuentados, recordando las formas que había tenido anteriormente, hasta que llegó el momento de dirigirme nuevamente hacia mi antigua casa: la hora de una nueva metamorfosis estaba próxima.
"Una vez en el Ulster, ayuné durante tres días con sus noches, como lo había hecho en todas mis transmutaciones anteriores —recordó el anciano guerrero— y, tras aquel ayuno que me dejó al límite de mis fuerzas, me convertí en una enorme y soberbia águila marina, dentro de cuyo cuerpo mi espíritu se sintió nuevamente alegre y lleno de vida. Otra vez fui capaz de todo: volví a experimentar la curiosidad y recobré el carácter activo, y mis nuevas alas me dieron la posibilidad de recorrer a la velocidad del pensamiento todos los cielos de Erín, manteniéndome al tanto de todo lo que sucedía en la Isla Esmeralda.
"Ayer había sido ciervo y jabalí... había formado parte y reinado sobre rebaños enteros de venados y cerdos salvajes... hoy recorría majestuosamente los cielos irlandeses, tan cerca del cielo y de Dios como jamás lograrían estarlo las tropas nemedianas que reptaban y se esforzaban allá abajo, en las anfractuosidades de la tierra, dominadas por los demonios y los fantasmas de su pasado...".

Beothach y los tuatha de Danann

"En mi nueva personalidad alada pude ver cómo las huestes de Beothach, hijo de Iarbonell, el profeta, descendían de los cielos para reemplazar, por la fuerza de las armas y las artes mágicas, a los fir-bolg en el gobierno de la Isla Esmeralda continuó luego el señor del castillo. De Iarbonell y su hijo dilecto descienden los tuatha de Dannan, dioses y falsos dioses, a quienes, como es sabido, se remonta el origen de todos los sabios que en Irlanda han sido.
"De estos invencibles y poderosos colonos y guerreros —continuó el narrador—, cuyos conocimientos y su ciencia superior sólo pueden ser explicados por su origen celestial, nacieron los tuatha de Dannan.6
"Tan pronto como llegaron —recordó Tuan—, los hijos de la diosa Dana entraron en conflicto, tanto con los fir-bolg, a los que confinaron al territorio de Connaught, luego de derrotarlos rápidamente gracias a sus armas de hierro, como con los formaré, con quienes firmaron una tregua armada.
"Nada de aquello me sorprendió —afirmó el hombre que había sido águila—; la victoria de la llanura de Mag Tured era esperada por todos aquellos que conocían las tres herramientas mágicas que los tuatha trajeron consigo a Erín: la lanza infalible de Lug, que jamás fallaba un golpe, la espada de Nuadha, capaz de traspasar cualquier escudo, y el gran caldero de Dagda, en el cual el hechicero sumergía a los muertos de su ejército, resucitándolos inmediatamente.
"Pero la tregua con los formoré se transformaría en un perro que muerde la mano de su amo —sentenció Tuan McCarrell—. Nuadha, quien había quedado manco a causa de una herida sufrida en una batalla con los fir-bolg, debió renunciar al trono, obligado por una ley tuatha no escrita, que exigía para esa función un hombre sin defectos físicos; en su lugar, y en un intento de reconciliación, el Consejo tuatha ofreció el cargo a Bress, cuyo padre había sido un noble formoré de nombre Elatha y su madre una princesa tuatha".
Al darse cuenta de que habían transcurrido varias horas de narración ininterrumpida, Tuan McCarrell silenció acá su relato para agasajar a sus huéspedes con una opípara cena, tras lo cual todos se retiraron a sus habitaciones, con la promesa, por parte del dueño de casa, de continuar la historia al día siguiente.
—Pronto la avaricia de Bress comenzó a expoliar a los tuatha —recomenzó Tuan McCarrell su relato por la mañana, tal como había prometido—, a tal punto que el bardo Coirbre lo satirizó con tanta dureza que la ira del rey le provocó un sarpullido tan virulento que lo desfiguró tanto o más que a Nuadha la pérdida de su brazo. Pero Bress, aun en contra de la ley, no transigió en dejar el trono, y los tuatha de Dannan comenzaron a intrigar en secreto contra él, reuniendo armas y preparando sus herramientas mágicas para derrocarlo.
"Siete años invirtieron en sus preparativos —aclaró Tuan—, tiempo durante el cual el druida—médico Cyan, en asociación con Scatagh, la diosa-herrera, restauró la mano fallante de Nuadha, reemplazándola por una extremidad de plata con la que podía desempeñarse y luchar aún mejor que con el original. Con el apoyo de esta prótesis, Nuadha, "el de la Mano de Plata", como se lo llamó, pudo reclamar —y recuperar— su posición en el auténtico trono de los tuatha.
"Sin embargo, en contra de todo lo previsible, Nuadha no permaneció en el trono largo tiempo: tan pronto como llegó a Tara (morada de la diosa Dana y capital del reino), abdicó intempestivamente en favor de un nuevo héroe, quien asumió el trono de Erín y contrajo así el compromiso de conducir a los tuatha a la victoria. El nombre de este nuevo rey —agregó el narrador— era Lugh, hijo del druida Cyan y su esposa Eithné, irónicamente, hija de Balor, antiguo rey de los formoré".
Cabe destacar aquí que la identidad del nuevo rey había sido celosamente mantenida en secreto, porque su abuelo Balor había recibido una vez una profecía según la cual uno de sus nietos lo mataría y, en previsión de ello, pretendía asesinar a la mayor cantidad de aspirantes posibles.
—Sin embargo, cuando Lugh llegó a la adolescencia, ya convertido en un guerrero hecho y derecho —reveló Tuan—, su padre le contó su herencia y lo envió a buscar fortuna a la corte del rey Nuadha. Pero, una vez en Tara, Lugh tuvo ciertas dificultades para poder entrar en palacio, ya que el guardián de la entrada le informó que, para poder ingresar, debería tener un oficio o una habilidad específica que resultara útil para la corte. El muchacho le preguntó entonces, sucesivamente, si tenían un herrero, un orfebre, un carpintero, un músico, un poeta, un druida, o un guerrero, a lo cual el soldado fue respondiendo que tenían al menos uno, hasta que, finalmente, Lugh preguntó: "¿Y tenéis a alguien capaz de cumplir todas estas funciones a la vez?". Ante lo cual, impresionado, el guardia le permitió el acceso.
"Poco después, cuando Lugh llegó al salón del trono, su noble figura impresionó de tal forma a Nuadha que, a los pocos días, le cedía su lugar como rey de Tara.
"Una vez instalado sólidamente en el trono, Lugh se reunió nuevamente con su padre y ambos se dispusieron a planear la futura lucha contra los formoré; el anciano druida no sólo se encargaba de diseñar nuevas e invencibles armas mágicas, sino que impuso diversos encantamientos druídicos a los guerreros enemigos, provocándoles severos trastornos físicos, como impedirles orinar o hacer que sus alimentos se llenaran de gusanos.
"Con estos recursos mágicos a su favor —explicó Tuan—, no es de extrañar que los acontecimientos se precipitaran, y pronto los tuatha y los formaré se encontraron frente a frente para la batalla final, curiosamente en el mismo lugar en que los primeros habían vencido a los fir-bolg: la pradera de Mag Tured.

"Tal como sucede invariablemente en las batallas legendarias, el choque fue apocalíptico y la matanza tremenda para ambas partes, hasta que Lugh, quien recorría el campo de batalla alentando a sus tropas, se encontró frente a frente con su abuelo materno: el rey Balog, jefe supremo de los formaré.
"La imagen de Balor era terrorífica —describió el narrador—, bañado de la cabeza a los pies en sangre propia y ajena y con una enorme cabeza en el centro de la cual centelleaba un mortífero ojo único, cuyo párpado era tan pesado que hacían falta cuatro hombres para levantarlo: donde quiera que dirigía su mirada, los hombres morían entre convulsiones; tal como Lugh lo había previsto, el resultado de la batalla dependía de la destrucción de aquel ojo fatídico.
"Consciente de su propia responsabilidad y arriesgando su propia vida, Lugh emitió un poderoso grito de guerra para atraer la atención de Balor, de modo que éste y sus cuatro levantadores de párpado tuvieran que volverse hacia él; mientras lo hacían, el joven rey levantaba con los pies la lanza mágica llamada ghalad bolg,9 que salió disparada con tanta fuerza que, después de atravesar de parte a parte el ojo y la cabeza de Balor, mató a varios cientos de guerreros formaré que se encontraban a sus espaldas.
"Aquél fue el fin de la batalla de Mag Tured —sentenció Tuan McCarrell—; las hordas formaré abandonaron el campo de batalla presas del pánico y se exiliaron de Erín, para nunca más volver.
"Siempre en mi papel de águila— evocó luego el señor feudal—, pude presenciar, años más tarde, el desembarco de los milesios, quienes ingresaron a la Isla Esmeralda por un lugar llamado Ihbhear Sceine, supuestamente procedentes de Iberia".
El caso es que los nuevos invasores, marchando bajo el mando del guerrero-druida-bardo Amhairghin, llegaron hasta las puertas mismas de Tara, exigiendo la rendición de los tuatha de Dannan; éstos, intentando ganar tiempo, pidieron a los goidels que se retiraran a sus naves y navegaran hasta "más allá de la novena ola a partir de la orilla", tras lo cual, al regresar Amhairghin a Tara, la ciudad le sería entregada sin condiciones.
—Así lo hicieron los invasores —explicó Tuan— pero, una vez que se encontraron en el mar, los magos de los tuatha desencadenaron un fuerte viento de tierra que, con la violencia de un huracán, les impidió el regreso a Erín durante largo tiempo. Finalmente, comprendiendo que habían sido engañados, los hechiceros goidels, con Amhairghin a la cabeza, conjuraron el hechizo y regresaron a Tara, pero sólo para encontrar la ciudad vacía, sin rastros de los tuatha de Dannan, que habían desaparecido misteriosamente.
"Nunca se supo a ciencia cierta el paradero de los tuatha, y yo conservé mi forma de águila hasta el momento en que, acurrucado en el hueco de un árbol, ayuné durante nueve días —reinició el relato Tuan McCarrell, después de un descanso reparador— y desperté al décimo transformado en salmón. A partir de ese momento, el río y el mar fueron mi hogar, y en el agua me sentí de nuevo bien, activo y satisfecho. Sin embargo, Dios, mi protector, decidió un día que ese dichoso destino debía llegar a su fin y me hizo caer en la red de uno de los pescadores de Carrell, por entonces rey de este país.
"Recuerdo ese día como si fuera hoy —comentó el señor-guerrero—; el pescador me llevó a la mujer de Carrell, quien me asó en su parrilla y me comió entero, de tal forma que, en poco tiempo, me encontré en su vientre. Recuerdo perfectamente el tiempo que pasé en su estómago, escuchando las conversaciones sostenidas en la casa, y los acontecimientos que por entonces se desarrollaban en Erín.
"Pero el proceso siguió su curso, y a los nueve meses salí al mundo y poco después empecé a hablar como hace la gente; pero la gran diferencia era que yo conocía todo cuanto había sucedido en Irlanda desde sus mismos comienzos. Fui profeta y, poco tiempo después de que San Patricio comenzara a difundir la fe cristiana en Erín, fui bautizado como Tuan, hijo de Carrell, y creí en el Creador del mundo, omnipotente y omnipresente Rey de toda la creación".



Tuan guardó silencio y sus oyentes le agradecieron sinceramente que les hubiera relatado su historia, que era, a su vez, la historia de Irlanda. Al término del emotivo y enriquecedor relato, Finnen y los demás clérigos permanecieron en el castillo durante una semana más, durante la cual aprovecharon para conversar individualmente con él, cada uno de ellos ansioso por conocer distintos pormenores de su narración. Al igual que San Patricio algunos años antes, los monjes se mostraban ansiosos de formular todas las preguntas que planteaba la antigua historia no escrita de Erín y que Tuan McCarrell era el único que podía responder.
Después de San Patricio, fue San Colombano quien se entrevistó con Tuan y éste le contó las mismas cosas; más tarde aún, cuando relató a Finnen las historias que hemos contado aquí, el clérigo se encontraba rodeado por gran cantidad de testigos, novicios del monasterio, todos ellos de origen irlandés. Esto asegura la verosimilitud del relato, que, posteriormente, fue manuscrito a partir de las relaciones de varios de esos testigos presenciales de la narración de Tuan McCarrell.

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