domingo, 27 de octubre de 2013

El ramayana (IV)

Hanuman habla a Sita


Ravana se acercó a Sita, y cuando ella lo vio tembló como un banano sacudido por el viento; escondió su cara y sollozó. Entonces él la cortejó de todas las formas posibles, tentándola con riquezas, poder y comodidades; pero ella lo rechazó totalmente y presagió su muerte en manos de Rama. Pero Ravana le dio dos meses de tiempo, después de los cuales si ella no cedía sería torturada y matada, y, dejándola con las horribles guardias raskshasi con órdenes de quebrar su voluntad, Ravana volvió con sus esposas a sus apartamentos. Entonces Sita, escurriéndose de las horribles demonios, que la amenazaban con muerte y tortura e insultaban a Rama, se deslizó hasta el pie del árbol Asoka donde Hanuman estaba escondido.
Hanuman pensó que era necesario que él hablase con Sita; pero temía asustarla o atraer la atención de las guardianes y provocas su propia destrucción, dado que si bien él sólo podía matas a la multitud rakshasa, luego no podría, si se fatigaba, cruzas de nuevo el océano. Entonces se quedó escondido entre las ramas del árbol y recitó las virtudes y hazañas de Rama, hablando en tono amable, hasta que Sita lo escuchó. Ella mantuvo el aliento con miedo y miró hacia arriba del árbol, y vio al mono; él era elocuente y humilde, y sus ojos brillaban como el fuego dorado. Entonces bajó del árbol y con el rostro encendido y ataviado humildemente, juntando sus palmas, habló a Sita. Entonces ella le dijo que era Sita y le pidió noticias de Rama, y Hanuman le contó todo lo que había sucedido y le habló de Rama y Lakshmana, de manera que ella estaba casi tan contente como si hubiese visto al mismo Rama. Pero Hanuman se acercó un poco más y Sita se asustó mucho, pensando que él era Ravana disfrazado. Tuvo que darle muchas explicaciones hasta que la persuadió de que era un amigo de Rama; pero al fmal, cuando ella vio el anillo con sello (personal de Rama) le pareció que ya se encontraba libre, y ella se alegró y entristeció al mismo tiempo —se alegró sabiendo que Rama estaba vivo y bien, y se entristeció por su pena.
Entonces Hanuman sugirió que podría llevas a Sita sobre sus espaldas a través del mar hasta Rama. Ella agradeció su voluntad, pero no iría con él, dado que creía que podría caer al mar, especialmente silos rakshasas les seguían, y porque ella no quería voluntariamente tocar ninguna persona que no fuera Rama, ya que ella deseaba que la gloria de su rescate y la destrucción de los rakshasas fuera de Rama. «Pero trae a Rama rápidamente hasta aquí», rogó. Entonces Hanuman alabó su sabiduría y modestia, y le pidió una señal pasa Rama; y ella le contó una aventura con un cuervo, sólo conocida por ella misma y Rama, que había ocurrido largo tiempo atrás en Chitrakuta, y le dio a él una joya de su cabello, y envió un mensaje a Rama y Lakshmana, rogando a ellos que la rescataran. Hanuman cogió la joya e, inclinándose ante Sita, se preparó para partir. Entonces Sita le dio otro mensaje para Rama, por el cual él sabría con seguridad que Hanuman la había encontrado. «Dile: “Un día el lunar de mi frente se borró y tú lo pintaste con tierra roja —tú deberías recordar esto—. Oh Rama, ven pronto, ya que diez meses han pasado desde que te vi, y no duraré más de otro mes.” Que la buena fortuna te acompañe, heroico mono», dijo ella.


Hanuman incendia Lanka


Pero Hanuman no estaba satisfecho con encontrar a Sita; corrió por la arboleda de Asoka, rompió los árboles y arrasó los pabellones, como el mismo Viento. Las rakshasis enviaron mensajes a Ravana pidiendo ayuda, y éste, oyendo que un poderoso mono estaba destruyendo a sus sirvientes, envió al temible Jambumali, asco en mano, a matar a Hanuman en el acto; y, en efecto, él lo hirió con una afilada flecha cuando estaba sentado sobre el techo de un templo, pero Hanuman arrojó un rayo hacia él y lo aniquiló totalmente. Entonces una multitud de heroicos rakshasas, encabezadas por el príncipe Aksha, procedieron en contra de Hanuman, pero ellos encontraron la muerte; luego Indrajit fue enviado en su contra, y una espantosa batalla ocurrió, en la que los mismos dioses fueron sorprendidos. Él envió un millón de astiles contra el mono, pero éste, atravesando el cielo, escapó de todos ellos; Indrajit se detuvo y, concentrándose en sus pensamientos, reflexionó sobre el verdadero carácter de Hanuman, y con visión espiritual percibió que él no sería muerto por un arma. Entonces tramó una forma de atarlo y soltó una flecha de Brahma contra él. De esa forma Hanuman fue atado y reconoció al lazo como indestructible, y cayó a tierra; pero pensó que sería bueno para él conversar con Ravana, y por ello no luchó, sino que dejó que los rakshasas lo capturaran. Pero éstos, viendo que estaba inmóvil, lo ataron más estrechamente, mientras gemían lastimosamente, con cuerdas y corteza. Pero esta atadura fue el medio por el cual fue liberado, porque el poder de atar del arma de Brahma es destruido si otra atadura se añade a él. Pero el poderoso mono no dio muestras de que las ataduras se hubieran soltado, y los feroces rakshasas, gritando unos a otros: «¿Quién es? ¿Qué quiere?» y «¡Matadlo! ¡Quemadlo! ¡Comedlo! », lo arrastraron hasta Ravana.
Interrogado por el ministro de Ravana, Hanuman contestó que él era realmente un mono, venido a Lanka como enviado de Rama para cumplir sus órdenes de ver a Ravana; y él contó la historia de Rama hasta entonces, dando a Ravana un sano consejo: salvar su vida devolviendo a Sita. Ravana estaba furioso y habría matado a Hanuman; pero los consejeros le recordaron que el castigo de muerte no podía ser merecidamente aplicado a uno que se presenta como mensajero. Entonces Ravana buscó un castigo adecuado y pensó en encender la cola de Hanuman. Así pues los rakshasas ataron la cola del mono con algodón empapado en aceite y la pusieron en llamas. Pero el heroico mono ideó un plan secreto; él soportó que los rakshasas lo arrastraran alrededor de Lanka, ya que de esa forma podría conocer mejor sus caminos y fuerzas. Entonces llegó hasta Sita la noticia de que el mono con el que ella había conversado sería arrastrado por las calles, siendo proclamado un espía, y que su cola estaba ardiendo. Ante esto ella se lamentó, y rogando al Fuego, dijo: «Como yo he sido fiel a mi señor, sed vos frío para Hanuman.» El fuego ardió en respuesta a su ruego, y en ese mismo momento el señor de Hanuman sopló frescor entre la llama y Hanuman.
Percibiendo que el fuego aún ardía, pero que su cola estaba fría como el hielo, Hanuman pensó que era por el bien de Rama y Sita y de su señor que el calor se había helado; rompió sus ataduras y dio un salto hacia el cielo, tan alto como una montaña, y corrió por acá y por allá en Lanka, quemando palacios y todos sus tesoros. Y cuando hubo quemado la mitad de Lanka hasta el suelo y sacrificado muchos rakshasas, Hanuman apagó su cola en el mar.


Hanuman regresa a Rama


Entonces de repente se arrepintió de su imprudente acción, dado que pensó que Sita podía haber muerto en el fuego. «Es una mala cuestión haber quemado Lanka», reflexionó; «si Sita ha perdido su vida he fallado en todo mi trabajo, y sería mejor morir que volver en vano a Rama». Pero otra vez él pensó: «Puede ser que esta dama haya sido salvada por su propia virtud; el fuego que no me ha quemado a mí seguramente nunca puede haber herido a esa noble señora.» Con ello se apresuró a llegar al árbol Asoka y la encontró sentada allí; la saludó, ella lo vio, y una vez más hablaron de Rama, y Hanuman presagió que éste rescataría a Sita rápidamente y mataría a los rakshasas. Entopces Hanuman saltó hacia arriba como una montaña alada y viajó a través del mas, ya claramente visto, ya escondido por las nubes, hasta que llegó a Mahendra, ostentando su cola y rugiendo como el viento en una cueva poderosa. Y toda la multitud de monos se alegró terriblemente al verlo y oírlo, sabiendo que él habría encontrado a Sita; ellos bailaron, corrieron de cumbre en cumbre, y movieron las ramas de los árboles y sus blancas y limpias telas, y trajeron frutas y raíces pasa que Hanuman comiese. Entonces Hanuman relató a Angada y Jambavan todo lo que había hecho, mientras que la multitud de monos se sentaba alrededor de los tres allí en la cima de Mahendra.
Cuando todo había sido dicho, Angada se volvió hacia la multitud de monos y dijo: «Oh nobles monos, nuestro trabajo está cumplido, y el momento ha llegado en que debemos regresar a Sugriva sin demora.» Ellos le contestaron: «Vamos ya.» Entonces Angada saltó al aire, seguido por todos los monos, oscureciendo el cielo como si fueran nubes y rugiendo como el viento; volviendo rápidamente hasta Sugriva, Angada habló primero a Rama, el del corazón apesadumbrado, y le dio noticias de Sita y agradeció el trabajo de Hanuman. Entonces Rama habló a Hanuman y le hizo muchas preguntes acerca del bienestar de Sita, la de la esbelta cintura. Hanuman le contó todo y le dio el mensaje de ella, no olvidando el mensaje acerca del cuervo y el del lunar pintado en la frente, y enseñó a Rama la joya del cabello de Sita confiada a él como séñal. Rama lloró al ver aquella joya: era triste pasa él observarla y no ver a Sita misma; pero se alegró al saber que Sita vivía y que Hanuman la había encontrado.
Entonces Rama agradeció a Hanuman como al mejor de los sirvientes, ya que había hecho más aún de lo que se pretendía de él, dado que un buen sirviente hace lo que se le encomienda y no más, y un mal sirviente es aquel que hace menos de lo que sus señores le ordenan. «Hanuman», dijo, «ha hecho este trabajo y más, y estoy apenado de no poder hacerle ningún servicio en agradecimiento. Pero el afecto lo dice todo», y con esto Rama abrazó como a un hermano al ponderado y de gran corazón Hanuman.
Luego Sugriva habló y emitió órdenes para una marcha de todos las multitudes hacia el lejano Sur pasa sitiar Lanka, mientras que Hanuman le relataba a Rama todo lo que había visto del poder y las fortificaciones de la ciudad, diciendo: «Pensad en la ciudad como ya tomada, dado que yo solo provoqué su ruina, y será una cuestión fácil para una multitud como ésta destruirla completamente.»
Ahora el ejército de monos tomó su camino, encabezado por Sugriva y Rama; y los monos brincaban de alegría y saltaban jubilosamente y jugaban unos con los otros. Con ellos iban muchos osos amigos gobernados por Jambavan, cuidando la retaguardia. Pasando muchas montañas y deliciosos bosques, el ejército llegó fmalmente a Mahendra y observó el mar delante de ellos; entonces marcharon hasta la misma orilla, junto a las rocas bañadas por las olas, e hicieron su acampada. Cubrieron toda la costa, como un segundo mar junto a las revueltas olas. Entonces Rama reunió un consejo para concebir la forma de cruzas el océano, y se colocó una guardia, dándose órdenes de que nadie debería apartarse, pues él temía la magia de los rakshasas.


Vibhishana deserta de los rakshasas


Mientras tanto Ravana en Lanka reunió otro consejo, dado que «La victoria proviene de tener consejos», como decían los sabios. «Vos sabéis cómo el mono Hanuman acosó a Lanka, y ahora Rama ha llegado a la costa del océano con multitudes de osos y monos, y él va a secar el mar o tender un puente sobre él y nos asediará. ¿Consideráis vos los medios de protección de la ciudad y el ejército?», así habló Ravana a sus consejeros. Y sus generales le aconsejaron confiar la batalla a su hijo, el príncipe Indrajit, mientras otros, como Prahasta, Nikumbha y Vajrahanu, se jactaron de que ellos solos se tragarían al ejército mono. Pero Vibhishana, hermano menor de Ravana, aconsejó otro rumbo. «La fuerza», dijo, «debe ser utilizada cuando han fallado otros medios: conciliación, regalos y sembrar disenso. Más aún, la fuerza sólo se aprovecha contra aquellos que son débiles o que desagradan a los dioses. ¿Qué sino la muerte puede resultar de un conflicto con Rama, controlado, despierto y fuerte con el poder de todos los dioses? ¿Quién alguna vez pensó que Hanuman podría haber hecho tanto? De esto vosotros deberíais estas advertidos y devolver a Sita a su señor, para salvaros a vosotros mismos y a nosotros.» Y jugando un papel arriesgado, siguió a su hermano a su propia habitación y lo saludó, y habló aún más por su bienestar. «Desde el día en que Sita vino», dijo, «los augurios han sido malos: el humo siempre apaga el fuego, en las cocinas se encuentran serpientes, la leche se seca, bestias salvajes aúllan alrededor del palacio. Devolved a Sita, de lo contrario todos nosotros sufriremos por vuestro pecado.» Pero Ravana despidió a su hermano con enojo, y se jactó de que mantendría a Sita como suya, aun cuando todos los dioses lucharan contra él.
La razón por la cual Ravana nunca hasta ahora había utilizado la fuerza contra Sita era que Brahma, una vez cuando Ravana había maltratado a una dama celestial, lanzó contra él la siguiente maldición: que si alguna vez volvía a hacer lo mismo contra sus víctimas, su cabeza se partiría en cien pedazos. Y por entonces Ravana estaba delgado, desgastado y fatigado, como un caballo con el que se ha hecho un largo viaje, y deseaba alcanzar la muerte de Rama y hacer suya a Sita. Entonces volvió a pedir consejo a sus generales acerca de la guerra, pero otra vez Vibhishana se opuso a él, hasta que Ravana le insultó con enojo como a un cobarde y un traidor. Entonces Vibhishana consideró que había llegado el momento en que no podía sufrir más esos insultos y, alzándose en el aire con sus cuatro seguidores personales, le dijo a Ravana que él había hablado por su bien, «pero tú rechazaste consejo, como un hombre al borde de la muerte rechaza medicinas». Diciendo esto cruzó el mar por el cielo y llegó adonde se encontraba la multitud de monos, y anunció que venía a aliarse con Rama. La mayoría de los líderes monos querían matarlo, porque se fiaban poco de un rakshasa, aun cuando él no estuviese disfrazado como un espía; pero Rama habló en su defensa y se comprometió, en pago por su asistencia en la guerra, a establecerlo en el trono de Lanka cuando Ravana hubiese sido muerto.


El puente de Adán


Entonces Hanuman y Sugriva se reunieron con Vibhishana para decidir cómo cruzar el océano, y éste consideró que Rama debería buscar la ayuda y amistad del Océano para construir un puente. Se estuvo de acuerdo en esto, y Rama, esparciendo una cama de hierba de sacrificio, se tumbo sobre ella, mirando hacia el Este, con manos suplicantes hacia el mar, decidiendo: «O el océano cede o yo moriré.» Así Rama yació tres días, en silencio, concentrado, siguiendo las normas, absorto en el océano; pero Océano no respondió. Entonces Rama se enojó, se alzó y cogió su asco, y hubiera secado el mas y dejado a Varuna sin hogar; y soltó temerarias flechas hacia él, que ardieron y atravesaron las aguas, despertando poderosas tormentas, angustiando a los nagas y los makaras del mar, de forma que los dioses ermitaños que frecuentaban el cielo gritaron: «¡Ay de mí!» y «¡Suficiente!». Pero Océano no hacía su aparición, y Rama, amenazándole, puso en su asco una flecha bendecida con un hechizo de Brahma y la lanzó. Entonces cielo y tierra se oscurecieron, y las montañas temblaron, y resplandecieron rayos, y todas las criaturas tuvieron miedo, y las poderosas profundidades sufrieron violentos movimientos. El Océano mismo se alzó desde el centro del mar como el sol del Meru. Lleno de joyas y coronas, cubierto con piedras preciosas y seguido por nobles ríos como el Ganga, Sindhu y otros. Llegó hasta Rama con las palmas unidas y le habló cortésmente:
«Oh Rama», le dijo, «vos sabéis que cada elemento tiene sus propias cualidades inherentes. La mía es ser profundo y difícil de cruzas. Ni siquiera por amor o temor puedo parar el eterno movimiento de las aguas. Pero vos deberíais pasar sobre mí por medio de un puente, y yo lo soportaré y lo sostendré firmemente.» Entonces Rama estuvo agradecido, pero la flecha de Brahma esperaba encontrar su blanco y no podía ser frenada. Rama preguntó a Océano: «¿Dónde dejaré que ella golpee?» Océano respondió: «Hay un sitio hacia el norte de mi dominio poblado de malvados; déjala caer allí.» Entonces Rama dejó volar la flecha encendida, y el agua del mar hacia el norte se secó y quemó, y allí el mar se convirtió en un desierto. Pero Rama bendijo al desierto y lo hizo fructífero.
Océano dijo a Rama: «Oh amable persona, hay un mono aquí llamado Nala, él es el hijo de Vishvakarrna y tiene la habilidad de su señor. Él está lleno de energía y construirá el puente a través de mí, y yo lo soportaré.» Entonces el Océano se hundió otra vez bajo las aguas. Pero Nala dijo a Rama: «El Océano ha dicho la verdad: sólo porque vos no me lo habéis pedido yo he ocultado mi poder hasta ahora. »
Ahora todos los monos, siguiendo las órdenes de Nala, recogieron árboles y rocas y las trajeron del bosque hasta la costa, y las colocaron en el mar. Algunos acarreaban troncos, otros usaban la vara de medir, otros taladraban piedras; enorme era el tumulto y ruido de peñascos y rocas cuando los tiraban dentro del mar. El primer día se hicieron catorce leguas, y en el quinto día el puente estuvo terminado, ancho, elegante y firme, como una raya del pelo en la cabeza del Océano. Entonces la multitud de monos pasó por encima, Rama y Lakshmana montados sobre Sugriva y Angada. Algunos monos fueron a lo largo del puente suspendido sobre el mar, otros se zambullían en el mar y otros cruzaron a través del aire; el ruido de ellos ahogaba al ruido de las olas del océano.


Lanka, asediada


Los presagios de guerra fueron temerarios: la tierra se sacudió, las nubes hicieron llover sangre, un ardiente círculo cayó del Sol. Pero los monos rugían desafiando a los rakshasas, prediciendo así su destrucción. Entonces Rama divisó la torre de Lanka, construida por Vishvakarma, elevándose hasta atravesar los cielos, hecha, al parecer, más de ideas que de materia, colgando en el cielo como un banco de nubes de blanca nieve. Rama se sintió abatido al pensar que Sita estaba prisionera allí; pero ordenó a la multitud de osos y monos establecer el sitio de Lanka.

Mientras tanto los espías de Ravana, enviados con forma de monos para recoger noticias, trajeron detalles desde allí a Lanka, y, advirtiéndole del poder invencible de Rama, aconsejaron que Sita fuera entregada; pero Ravana estaba enfurecido y forzó a salir a los espías desacreditándoles y envió a otros en su lugar, pero siempre con el mismo resultado. No había ninguna opción salvo dar batalla o entregar a la esposa de Rama; pero Ravana consultó primero a Sita con la intención de someterla a su voluntad. Le dijo que la multitud de monos había sido dispersada y Rama muerto; una rakshasi entró trayendo la imagen de la cabeza de Rama y su arco, viéndolo Sita, que se apenó y lloró fuertemente con muchas lamentaciones, y rogó a Ravana que la matara junto a la cabeza de Rama. Pero entró un mensajero del general rakshasa llamando a Ravana a la batalla y él se dirigió al campo de batalla; cuando se marchó, la cabeza y arco inmediatamente se desvanecieron, y Sita supo entonces que ellos habían sido falsificaciones y vanas ilusiones.

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