domingo, 20 de octubre de 2013

Mitología celta- Introducción

Para los primitivos celtas, el mito suplantaba a la historia misma. En ninguna otra sociedad se
daba tan perfecta simbiosis entre la realidad y la irrealidad, la narración y la fábula, lo exotérico
y lo esotérico. Ya el griego Estrabón, que nació poco antes de comenzar nuestra era, menciona
a los celtas en su voluminosa obra geográfica, basándose en escritos de anteriores
historiadores clásicos, y hace mención a la similitud de ritos y costumbres entre pueblos que,
merced a las continuas migraciones de aquellos tiempos, hermanaban sus razas hasta llegar,
incluso, a una posterior simbiosis. También cita algunas de sus peculiaridades, las cuales
hacen a este pueblo primitivo más atractivo que otros muchos de aquella época.
Se sabe, por ejemplo, que los celtas adoraban las aguas de los diferentes manantiales y
consideraban sagradas todas las fuentes. En torno a ellas tejieron variedad de leyendas,
algunas de las cuales han pervivido hasta nuestros días.
Muy a menudo, los héroes celtas se consideraban hijos del río Rin -pues de la margen derecha
de este río provenía esa etnia celta que invadió la Galia, las Islas Británicas, España, parte de
Alemania e Italia y el valle del Danubio, ya que sentían la necesidad de ser purificados por el
poder catártico del agua. No obstante, la deidad más peculiar de las aguas era Epona -
asimilada del mundo griego-, que siempre iba montada a caballo, animal que el dios del mar,
Posidón, había hecho surgir con su tridente, tal como quedaba recogido en la mitología clásica,
por lo que también era considerada entre los celtas como una diosa ecuestre.
Es el celta , por tanto, un pueblo de costumbres ancestrales, que introduce en la historia, acaso
sin proponérselo, el valor mágico del arte, puesto que hace ya más de quince mil años
representaba en las paredes de ocultas cuevas una serie de estilizadas figuras que, en opinión
de modernos investigadores de la prehistoria, estaban cargadas de simbolismo, y cuando
menos -especialmente al representar el cuerpo de algunos animales, que les servían de
alimento, atravesados con flechas o lanzas como una premonición mágica de su posterior
captura-, pretendían acercar la realidad a su imagen hasta identificar ambas. Se trata, por
tanto, de un pueblo que se caracteriza por introducir en sus legendarias epopeyas, transmitidas
por lo común de forma oral, elementos mágicos y simbólicos que conformarán el mito de su
ancestro, y de su idiosincrasia, como raza y como etnia únicas.
Y, así, los celtas tenían una concepción animista de la naturaleza y de la materia -las cosas
están llenas de dioses y de demonios, y tienen vida- y, por lo mismo, consideraban sagradas a
las montañas y, de forma especial, a sus cumbres y picachos, en donde se llevaban a cabo
rituales similares a los que se realizaban en el Rin al sumergir en sus aguas a los recién
nacidos; si el niño sobrevivía pasaba a ser hijo legítimo puesto que tenía un protector, el río
Rin, común a él y a su progenitor. Algunas cimas de montañas eran consideradas como
morada de las deidades celtas y, en sus cumbres, se erigían templos en honor de los dioses
que mejor protegieran estos lugares de silencio y recato.
Una etnia, como la celta, que llenaba las regiones en las que habitaba con infinidad de seres
fantásticos, tales como hadas, gnomos, silfos, duendes y enanos, tenía que procurarse lugares
idóneos para el acomodo de tamaña caterva. Y es así como surge la preocupación y el respeto
por la vegetación, por la hierba, por los árboles; el bosque se erige, todo él, en santuario celta,
y sus árboles -con las raíces buscando las profundidades de la tierra, y las ramas abriéndose
hacia el horizonte amplio del espacio exterior-, simbolizan la relación constante entre lo que
está abajo y lo que está arriba, entre lo inmanente y lo trascendente.
Siguiendo su criterio animista, los celtas consideraban a sus bosques llenos de vida y, muy
especialmente a ciertos árboles, de la familia de los quercus, que en ellos crecían. Entre éstos,
acaso los más protegidos ritual y eficazmente, fueran las encinas, a las cuales se las tenía un
respeto religioso y trascendental, cargado de veneración. Era un árbol bendito y, cuando ardía,
tenía la virtud de curar enfermedades. Acaso la tradición, que aún pervive, de las hogueras de
San Juan, tenga su origen en ciertos ritos celtas relacionados con la llama catártica de la
encina al arder.

También los animales eran objeto de culto y veneración entre los galos. Algunos grupos
tribales llevaban el propio nombre de un determinado animal para, así, mostrarle la veneración
y el culto debidos.
Lo cierto es que existen numerosas representaciones artísticas que muestran la importancia
que, entre los celtas, adquiriría el totemismo animal. También abundar una especie de
legislación no escrita, que es una consecuencia directa de esta consideración sagrada de los
animales, por la cual los pobladores celtas se mostrarán escrupulosos a la hora de conseguir
sus alimentos. Por ejemplo, entre los celtas no se consumía carne de caballo, puesto que éste
era uno de los animales considerados sagrado, y exclusivamente destinados a menesteres
bélicos.
Animales como la liebre, eran utilizados por los pobladores celtas con fines relacionados con la
predicción profética y la visión futura. También el pollo, el gallo y la gallina eran animales
venerados por los celtas, y su carne no podía comerse.
La cultura celta esta muy presente en la época actual, en las regiones de Galicia y Asturias en
España, en la Bretaña francesa y en Irlanda, Gales y Escocia, y los vestigios del paso de estos
pueblos que dominaron media Europa son el objeto de estudio y gran aceptación por los
modernos descendientes de los pueblos de la cultura celta.
Como veremos a continuación estos pueblos pese a la dispersión geográfica compartían mitos
y folklore comunes, que se iban transmitiendo de forma oral entre los bardos o minstrels, los
druidas, figuras muy importantes dentro de la cultura y religión celta y entre la gente popular en
forma de historias, leyendas, baladas y cuentos. A través de las recopilaciones de estas
historias por los monjes cristianos en la edad media han llegado hasta nosotros las sagas
mitológicas mas conocidas de la cultura celta, y son las que se pueden ver en el resto de las
secciones.

Cultura Celta
El panteón celta es difícil de especificar. Los nombres de cientos de dioses son conocidos, pero
la mayoría parece ser deidades locales. Durante el período romano, muchas deidades celtas
fueron identificadas con dioses romanos. Uno de los más importantes llamado Lug en Irlanda,
fue identificado como Mercurio. A él se le atribuye la invención de todas las artes, guía de los
caminos y viajes, y virtud para las ganancias del dinero y comercio. Luego están: Apolo, cura
enfermedades; Júpiter, gobierna el cielo y Marte preside la guerra. A éste le ofrecen los
despojos del enemigo al entrar en batalla. Dicen los galos que son todos hijos de Plutón.
El ciclo mitológico irlandés puede ser dividido en cuatro grandes divisiones. La primera es el
ciclo histórico - mitológico. Dos textos importantes son parte de este ciclo: The Lebhar Gahbala
(Libro de invasiones), una historia mitológica de Irlanda; y The Dinnshenchas (Historia de
Lugares), una geografía mitológica de Irlanda. El principal tema en el ciclo Histórico –
mitológico concierne a la gente de Irlanda y las fortunas de The Tuatha De Danann (Gente de
la divinidad Danann), quienes fueron los ancestros mitológicos de los irlandeses.
La segunda división es el ciclo del Ulster. Estos mitos son historias de los guerreros del Rey
Conchobar. Los temas se basan en el honor y prestigio que envuelven las muertes heroicas y
el héroe Cuchulain (o Cuchulainn). La tercera división es el ciclo de Leinster que cuenta las
hazañas de Finn Mac Cumbail y sus compañeros. La última división se refiere a la institución y
fundación de los grandes y menores reyes de Irlanda.
En la cultura celta primitiva los guardianes de las tradiciones, la cultura heredada y la religión
recaían en dos grupos: Los bardos (baird) y los sacerdotes druidas (druidh)..
Los druidas son la casta de sacerdotes entre los galos y otros pueblos celtas del Occidente
europeo. En un tiempo fue Britania la principal escuela de aspirantes continentales al
druidismo, en donde se cree fue inventada esta ciencia y regada de allí a toda la Galia sin
llegar a Germanía. Ellos eran autónomos, anárquicos y preocupados por las tradiciones
locales, pero un carácter básico unitario se manifiesta en su organización social e historias

mitológicas. Existieron tres clases de druidas.- profetas, bardos y sacerdotes. Estrabón,Diodoro y Tácito refieren que los druidas practicaban la Adivinación por el vuelo de las aves y
los movimientos convulsivos de los prisioneros que sacrificaban a tal fin.
César describió así el carácter y funciones de los druidas: Atienden el culto divino, realizan
sacrificios públicos y privados y explican asuntos de religión; casi todas las querellas públicas o
privado caes dentro de su jurisdicción; y cuando se comete algún delito, cuando se perpetra
algún asesinato cuando surge alguna controversia sobre cuestiones de herencias o límites de
tierra, actúan también de jueces. Fijan los premios y castigos; si un individuo particular o
público desobedece sus decretos, es excluido de los sacrificios, máximo castigo para ellos. Los
druidas poseen un jefe, que goza de la más alta autoridad entre ellos. Cuando éste muere, lo
sustituye el que más jerarquía tenía entre los restantes. En ocasiones es necesario recurrir a
una votación entre druidas y, en casos raros, se van a las armas>.
La unidad de la religión druida se basa en que lo sobrenatural y natural no existían separados,
no existe diferencia. La religión era muy importante para la vida de todos los días. Los símbolos
de la religión se encuentran en todas partes: los árboles, ríos, aves, lagos,... los montes en
donde los dioses vivían.
Mientras que los druidas eran el principal objeto de la oposición de la iglesia hasta su
desaparición, los bardos establecieron un modus vivendi con el clero y las autoridades de la
iglesia, de forma que pudieron continuar con sus funciones de salvaguardas de la tradición y el
conocimiento, e incluso adoptaron muchas de las funciones que habían correspondido a los
sacerdotes druidas.

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