domingo, 4 de agosto de 2013

143 Heracles en Traquis

a. Todavía acompañado por sus aliados arcadios, Heracles fue a Traquis, donde fijó su residencia durante un tiempo bajo la protección de Ceix. En el camino pasó por da región de los dríopes, situada a la sombra del monte Parnaso, y encontró a su rey Tiodamante, el hijo de Dríope, arando con una yunta de bueyes. Como tenía hambre y además ansiaba un pretexto para hacer la guerra a los dríopes —que, como sabían todos, no tenían derecho a la región— Heracles exigió uno de los bueyes, y cuando Tiodamante se lo negó, lo mató. Después de sacrificar al buey y de comer su carne se llevó a Hilas, el hijo infante de Tiodamante, cuya madre era la ninfa Menódice, hija de Orion. Pero algunos dicen que el padre de Hilas era Ceix, o Eufemo, o Teómenes; e insisten en que Tiodamante era el labrador rodio que maldijo desde lejos cuando Heracles sacrificó uno de sus
bueyes.

b. Parece que Filante, el sucesor de Tiodamante, violó el templo de Apolo en Delfos. Ultrajado en nombre de Apolo, Heracles mató a Filante y raptó a su hija Meda; ella le dio por hijo a Antíoco, fundador del demo ateniense que lleva su nombre. Luego expulsó a los dríopes de su ciudad en el monte Parnaso y la entregó a los malios que le habían ayudado en su conquista. Llevó a Delfos a los principales dríopes y los dedicó al templo como esclavos; pero, como Apolo no los necesitaba fueron enviados al Peloponeso, donde trataron de conseguir el favor de Euristeo, el rey supremo. Bajo sus órdenes, y con la ayuda de otros compatriotas fugitivos, edificaron tres ciudades: Asine, Hermione y Eyones. De los restantes dríopes, unos huyeron a Eubea, otros a Chipre y a la isla de Cintos. Pero sólo los hombres de Ásine se enorgullecen todavía de ser dríopes; han erigido un tem-
plo a su antepasado Driope con una imagen antigua, y celebran misterioslen su honor cada dos años.

c. Driope era hijo de Apolo y de Día, una hija del rey Licaón; por temor a su padre Día ocultó al niño en un roble hueco, y de ahí su nombre. Algunos dicen que Driope mismo llevó a su gente desde el río tesalio Esperqueo a Asine y que era hijo de Esperqueo y la ninfa Polidora.

d. Se había producido una disputa de límites entre los dorios de Hestieotis, gobernada por el rey Egimio, y los lapitas del monte Olimpo, ex aliados de los dríopes, cuyo rey era Corono, hijo de Ceneo. Los dorios, muy superados en número por los lapitas, huyeron en busca de Heracles y pidieron su ayuda, ofreciéndole en cambio una tercera parte .de su reino; después de lo cual Heracles y sus aliados arcadios vencieron a los lapitas, dieron muerte a Corono y a la mayoría de sus subditos y les obligaron a abandonar el territorio en disputa. Algunos de ellos se establecieron en Corinto. Egimio recibió la tercera parte de Heracles en administración para sus descendientes.

e. Heracles fue luego a Itono, una ciudad de Ftiótide, donde se halla el antiguo templo de Atenea. Allí se encontró con Cicno, hijo de Ares y Pelopia, quien ofrecía constantemente valiosos premios a los huéspedes que se atrevían a competir con él en una carrera de carros. El siempre vencedor Cicno les cortaba la cabeza y empleaba los cráneos para decorar el templo de su padre Ares. Éste, dicho sea de paso, no era el Cicno que Ares había engendrado con Pirene y transformado en un cisne cuando murió.

f. Apolo, cada vez más enojado con Cicno porque acechaba y robaba el ganado que se enviaba a Delfos para los sacrificios, incitó a Heracles a aceptar el desafío de Cicno. Se convino en que a Heracles le acompañaría su auriga Yolao y a Cicno su padre Ares. Aunque aquel no era su estilo de lucha habitual, Heracles se puso las pulidas grebas de bronce que le había hecho Hefesto, el peto de oro curiosamente forjado que le había dado Atenea y un par de hombreras de hierro. Armado con el
arco y las flechas, la lanza, el yelmo y un fuerte escudo que le había proporcionado Hefesto por orden de Zeus, subió ágilmente a su carro.

g. Atenea descendió del Olimpo y advirtió a Heracles que, aunque Zeus le había autorizado para matar y despojar a Cicno, no debía hacer más que defenderse de Ares y, aunque saliese vencedor, no debía privarle de sus caballos ni de su magnífica armadura. Luego montó junto a Heracles y Yolao, sacudiendo su égida, y la Madre Tierra crujió cuando el carro salió disparado. Cicno condujo el suyo a toda velocidad hacia ellos y el choque fue tan violento que él y Heracles fueron lanzados al suelo y quedaron lanza contra escudo. Sin embargo, consiguieron levantarse y, tras un breve combate, Heracles le atravesó el cuello a Cicno. Luego hizo frente audazmente a Ares, quien le asestó un lanzazo, pero Atenea, con el ceño frucido, lo desvió. Ares corrió hacia Heracles con la espada en la mano, sólo para ser herido en el muslo por haberse metido, y Heracles le habría asestado un nuevo golpe cuando estaba tendido en tierra si Zeus no hubiera separado a los combatiente con un rayo. Heracles y Yolao despojaron entonces el cadáver de Cicno y reanudaron su viaje interrumpido, mientras Atenea llevaba de vuelta al Olimpo al desfallecido Ares. A Cicno lo enterró Ceix en el valle del Anauro, pero, por orden de Apolo, el río creció y se llevó la lápida.

h. Sin embargo, algunos dicen que Cicno vivía en Amfane, y que Heracles lo traspasó con una flecha junto al río Penco, o en Pegaso.

i. Al pasar por Pelagia llegó Heracles a Ormenio, pequeña ciudad al pie del monte Pelión, donde el rey Amintor se negó a darle su hija Astidamía. «Estás ya casado —le dijo— y has engañado a demasiadas princesas para que te confíe otra.» Heracles atacó la ciudad y, después de matar a Amintor, se llevó a Astidamía, quien le dio Ctesipo o, según dicen algunos, Tlepólemo.

1.      El sacrificio de un buey de arado por Heracles, la maldición de Tiodamante y la aparición del niño Hilas en un surco son partes del ritual de la siembra preheleno. La sangre del buey propicia a la diosa Tierra, las maldiciones desvían la ira divina de las semillas que brotan, y el niño representa a la próxima cosecha, es decir, a Pluto, el hijo que Deméter dio a Yasión después de haberse abrazado en el campo arado tres veces (véase 24.d). Tiodamante es el espíritu del año viejo, ahora destruido. El luto anual por el Hilas espíritu del árbol condenado (véase I50.d-e) ha sido confundido aquí con el espíritu del cereal condenado.

2.      La expulsión de los dríopes del Parnaso por Heracles con ayuda de los dorios y la emigración de los dríopes a la Grecia meridional ocurrieron probablemente en el siglo XII a. de C., con anterioridad a la invasión doria del Peloponeso (véase 146.1). Su combate con Cicno recuerda la carrera de Pélope con Enómao (véase 109.á-b), otro hijo de Ares, e igualmente notorio como cazador de cabezas. En ambos casos en uno de los carros iba una mujer: a saber, la hija de Enómao, Hipodamía (el objeto de su disputa con Pélope) y Atenea, que es aparentemente el mismo personaje, es decir la novia destinada al nuevo rey. Geno, como el espartano Pólux, es un rey del culto del cisne cuya alma vuela al lejano otro mundo septentrional (véase 161.4).

3.      El nombre de Egimio —significa «desempeñando el papel de una cabra»— indica que realizaba en la Víspera de Mayo un casamiento cabruno con la reina de la tribu, y que en su guerra contra los lapitas del norte de Tesalia sus dorios lucharon junto a los centauros, los enemigos hereditarios de los lapitas, los que, como los sátiros, son representados en las obras de arte primitivas como hombres cabras (véase 142.j).

4.      Cípselo, el tirano de Corinto, famoso por su cofre tallado, pretendía descender de la casa real lapita de Ceneo (véase 78.1).

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