jueves, 1 de agosto de 2013

116 Ifigenia en Táuride

a. Todavía perseguido por las Erinias que no habían hecho caso de las palabras elocuentes de Atenea, Orestes fue desesperado a Delfos, donde se tendió en el suelo del templo y amenazó con quitarse la vida si Apolo no lo salvaba de sus azotes. En respuesta, la Pitia le ordenó que se embarcara para el Bosforo y navegara hacia el norte a través del Mar Negro; sus infortunios no terminarían hasta que se apoderase de una antigua imagen de madera de Artemis adorada en su templo del Quersoneso táurico y la llevara a Atenas, o (según dicen algunos) a Argólide.

b. Ahora bien, el rey de los taurios era el rápido Toante, hijo de Dioniso y Ariadna y padre de Hipsípila; y sus subditos, llamados taurios porque Osiris en una ocasión unció toros (tauroi) y aró su tierra, eran de origen escita. Siguen viviendo de la rapiña, como en la época de Toante; y siempre que uno de sus guerreros hace un prisionero lo decapita, lleva la cabeza a su casa y allí la empala en una alta estaca colocada sobre la chimenea, para que su familia pueda vivir bajo la protección del difunto. Además, todo marinero que ha naufragado o ha sido arrojado a su puerto por el vendaval, es sacrificado públicamente a Artemis Tauria. Después de realizar ciertos ritos preparatorios lo derriban con un garrote y clavan su cabeza cortada a una cruz; después de lo cual entierran el cadáver o lo arrojan al mar desde un precipicio coronado por el templo de Artemis. Pero si cae en sus manos un extranjero principesco, lo mata con una espada la sacerdotisa virgen de la diosa y arroja su cadáver al fuego sagrado, proveniente del Tártaro, que arde en el recinto divino. Sin embargo, algunos dicen que la sacerdotisa, aunque inspecciona los ritos y realiza la lustración preliminar y corta el pelo a la víctima, no la mata personalmente. La antigua imagen de la diosa de la que Orestes tenía la orden de apoderarse había caído del cielo. Este templo está sostenido por grandes columnas y se sube a él por cuarenta escalones; su altar de mármol blanco está constantemente manchado de sangre.

c. Artemis Tauria tiene varios títulos griegos, entre ellos Artemis Tauropolus o Taurópola, Artemis Dictina, Artemis Ortia, Toantea y Hécate, y para los latinos es Trivia.

d. Ahora bien, Ifigenia se libró de ser sacrificada en Aulide gracias a Artemis, que la envolvió en una nube y la llevó al Quersoneso táurico, donde inmediatamente la nombró Suma Sacerdotisa y le concedió el derecho exclusivo de manejar la imagen sagrada. Los taurios se dirigían a ella en adelante llamándola Artemis, Hécate u Orsíloca. Ifigenia aborrecía los sacrificios humanos, pero obedecía piadosamente a la diosa.

e. Orestes y Pílades no sabían nada de esto; seguían creyendo que Ifigenia había muerto sacrificada en Aulide. Sin embargo, se apresuraron a ir al país de los taurios en una embarcación de cincuenta remeros; al llegar anclaron la embarcación, guardada por sus remeros, mientras ellos se ocultaban en una cueva marina. Su propósito era acercarse al templo al anochecer, pero les sorprendieron antes unos pastores crédulos que, tomándolos por los Dioscuros o alguna otra pareja de inmortales, se postraron ante ellos y los adoraron. En ese momento Orestes se enloqueció una vez más y comenzó a mugir como un ternero y a ladrar como un perro; confundió a un rebaño de terneros con las Erinias y salió corriendo de la cueva, espada en mano, para matarlos. Los pastores desilusionados dominaron a los dos amigos, quienes, por orden de Toante, fueron conducidos al templo para ser sacrificados inmediatamente.

f. Durante los ritos preliminares Orestes conversó en griego con Ifigenia; pronto descubrieron alegremente su identidad mutua y cuando se enteró de la naturaleza de su misión, Ifigenia comenzó a levantar la imagen para que él se la llevara. Pero Toante se presentó de pronto, impaciente por la lentitud con que se realizaba el sacrificio, y la ingeniosa Ifigenia simuló que estaba apaciguando la imagen. Explicó a Toante que la diosa había apartado su mirada de las víctimas que él había enviado, pues uno de ellos era matricida y el otro su cómplice, por lo que ninguno de los dos servía para el sacrificio. Debía enviarlos, juntamente con la imagen que habían mancillado con su presencia, para que se limpiasen en el mar, y ofrecer a la diosa un sacrificio de corderitos a la luz de las antorchas. Entretanto Toante debía purificar el templo con una antorcha, cubrirse la cabeza cuando salieran los extranjeros y ordenar que todos se quedasen en sus casas para evitar la contaminación.

g. Toante, completamente engañado, permaneció un rato admirado por tanta sagacidad y luego comenzó a purificar su templo. Ifigenia, Orestes y Pílades se apresuraron a llevar la imagen a la costa a la luz de las antorchas, pero en vez de bañarla en el mar la introdujeron en la embarcación. Los servidores del templo taurio que habían ido con ellos sospecharon la traición y ofrecieron resistencia. Fueron dominados tras una dura lucha y después los remeros de Orestes se alejaron con la embarcación. Pero se desencadenó de pronto un vendaval que los llevó de vuelta a la costa rocosa y todos habrían perecido si Posidón no hubiera calmado el mar a instancias de Atenea; con un viento favorable llegaron a la isla de Esmintos.

h. Allí vivían Crises, el sacerdote de Apolo, y su nieto del mismo nombre, cuya madre Criseida propuso que los fugitivos fueran entregados a Toante. Pues, aunque algunos sostienen que Atenea visitó a Toante, quien preparaba una flota para salir en persecución de los fugitivos, y le engatusó con tan buen éxito que inclusive consintió en repatriar a las esclavas griegas de Ifigenia, lo que sí es cierto es que llegó a Esmintos con intenciones siniestras. Luego Crises el Viejo, enterado de la identidad de sus huéspedes, reveló a Crises el Joven que no era, como Criseida había pretendido siempre, hijo de Apolo, sino de Agamenón, y por lo tanto hermanastro de Orestes e Ifigenia. Al saber eso, Crises y Orestes se unieron contra Toante, a quien consiguieron matar, y Orestes, apoderándose de la imagen, navegó felizmente hasta Micenas, donde las Erinias abandonaron por fin su persecución.

i. Pero algunos dicen que una tormenta llevó a Orestes a Rodas, donde, de acuerdo con el Oráculo Heliano, colocó la imagen en una muralla de la ciudad. Otros dicen que, como el Ática era el territorio al que Apolo había ordenado que llevase la imagen, Atenea le visitó en Esmintos y le señaló como destino la ciudad fronteriza de Braurón; debía alojarla allí en un templo de Artemis Taurópola y aplacarla con sangre extraída de la garganta de un hombre. Designó a Ifigenia sacerdotisa de ese templo, en el que estaba destinada a terminar su vida pacíficamente; recibiría, entre otras cosas, las ropas de las mujeres ricas que morían de sobreparto. Según esta versión, el barco llegó por fin al puerto de Braurón, donde Ifigenia depositó la imagen y luego, mientras se construía el templo, fue con Orestes a Delfos; encontró a Electra en el templo y la llevó de vuelta a
Atenas para que se casase con Pílades.

j. La que se hace pasar por la auténtica imagen de madera de Artemis Tauria puede ser vista todavía en Braurón. Algunos dicen, no obstante, que no es sino una copia y que de la original se apoderó Jerjes durante su desdichada expedición contra Grecia y la llevó a Susa; añaden que más tarde la regaló el rey Seleuco de Siria a  los  laodiceos,  quienes  la  adoran hasta el  presente. Otros, que se resisten a atribuir el hecho a Jerjes, dicen que Orestes mismo, en el viaje de regreso a la patria desde el Quersoneso taurio, fue .llevado por una tormenta a la región ahora llamada Seleucia, donde dejó la imagen; y que los nativos cambiaron el nombre del Monte Melantio, donde por fin se curó de su locura, por el de Monte Amanón, que quiere decir «no loco», en su memoria. Pero los lidios, que tienen un templo de Ártemis Aneitis, pretenden también poseer la imagen, y lo mismo los habitantes de la Comana capadocia, cuya ciudad se dice que tomó su nombre de las trenzas (comai) que en señal de luto depositó allí Orestes cuando llevó los ritos de Ártemis Taurópola a Capadocia.

k. Otros más dicen que Orestes ocultó la imagen en una gavilla de leña y la llevó a la Aricia italiana, donde murió y fue enterrado, siendo trasladados sus huesos más tarde a Roma; y que la imagen fue enviada de Aricia a Eparta, porque la crueldad de sus ritos desagradaba a los romanos; y la colocaron en el templo de Ártemis Erguida.

l. Pero los espartanos alegan que la imagen les pertenecía desde mucho tiempo antes de la fundación de Roma y que Orestes la llevó cuando llegó a ser su rey y la ocultó en un saucedal. Dicen que durante siglos se olvidó su paradero, hasta que un día Astrábaco y Alopeco, dos príncipes de la casa real, entraron en el saucedal por casualidad y enloquecieron a la vista de la tétrica imagen, que mantenían erguida las ramas de un sauce enroscados a su alrededor, y de aquí sus nombres de Ortia y Ligodesma.

m. Tan pronto como llevaron la imagen a Esparta se produjo una pendencia siniestra entre los devotos rivales de Ártemis, que hacían sacrificios conjuntamente en su altar; muchos de ellos fueron muertos en el templo mismo y los restantes murieron apestados poco tiempo después. Cuando un oráculo aconsejó a los espartanos que propiciaran a la imagen empapando el altar con sangre humana, echaron suertes para elegir la víctima y la sacrificaron; y esta ceremonia se repitió anualmente hasta que el rey Licurgo, que aborrecía los sacrificios humanos, la prohibió, y ordenó que en cambio se azotase a unos niños en el altar hasta que el lugar oliera fuertemente a sangre. Los niños espartanos compiten ahora una vez al año para ver quién puede soportar más golpes. La sacerdotisa de Ártemis se halla presente sosteniendo la imagen, que, aunque pequeña y liviana, adquirió tal apetencia de sangre en la época en que los taurios le ofrecían sacrificios humanos que, inclusive ahora, si los azotadores lo hacen suavemente, por que el niño es de cuna noble, o excepcionalmente bello, se hace casi demasiado pesada para que la sacerdotisa la sostenga y ésta increpa a los azotadores diciéndoles: «¡Más fuerte, más fuerte! ¡Hacéis que no pueda soportar el peso!».

n. Poca fe se debe dar a la fábula de que Helena y Menelao fueron en busca de Orestes y que cuando llegaron a la región de los taurios, poco después de haber muerto él, ambos fueron sacrificados a la diosa por Ifigenia.

1.      El anhelo de los mitógrafos de ocultar ciertas tradiciones bárbaras se pone claramente de manifiesto en esta fábula y sus variantes. Entre los elementos suprimidos se halla la manera en que Ártemis se venga de Agamenón por el asesinato de Ifigenia y la manera en que Éax también se venga de Agamenón por el asesinato de su hermano Palamedes. Originalmente, el mito parece haber sido, más o menos, el siguiente: los jefes compañeros de Agamenón incitaron a éste a ejecutar a su hija Ingenia por hechicera cuando la expedición griega contra Troya quedó detenida por los vientos contrarios en Áulide. Ártemis, a quien Ingenia había servido como sacerdotisa, hizo que Agamenón le pagara esa ofensa y ayudó a Egisto a suplanterle y asesinarlo a su regreso. También por inspiración suya, Éax se ofreció a llevar a Orestes en un viaje al territorio ganado al río Escamandro y así le ayudó a escapar de las Erinias, pues Atenea le protegería allí (véase 115.4). En lugar de eso, Éax lo dejó en Braurón, donde Orestes fue aclamado como el pharmacos anual, víctima propiciatoria por la culpabilidad del pueblo, y le degolló la virgen sacerdotisa de Ártemis. Éax, en realidad, le contó a Electra la verdad cuando se encontraron en Delfos: que Orestes había sido sacrificado por Ifigenia, que parece haber sido un título de Ártemis (véase 117.1).

2.      A los griegos patriarcales de una época posterior les debió desagradar este mito, una versión del cual, que hacía a Menelao, y no a Orestes, el objeto de la venganza de Ártemis, ha sido conservada por Focio. Disculpaban a Agamenón del asesinato, y a Ártemis de oponerse a la voluntad de Zeus, diciendo que ella sin duda salvó a Ingenia y se la llevó para que actuara como sacerdotisa de los sacrificios, no en Braurón, sino entre los salvajes taurios, por cuyos actos no se hacían responsables. Y aseguraban que no mató a Orestes (ni a ninguna víctima griega), sino que, al contrario, le ayudó a llevar la imagen tauria a Grecia por orden de Apolo.

3.      Esta fábula destinada a salvar las apariencias, influida por el mito de la expedición de Jasón al Mar Negro —en la versión de Servio, Orestes roba la imagen en Cólquide, no en el Quersoneso táurico— explicaba la tradición de la degollación humana en Braurón, ahora modificada a la extracción de una gota de sangre mediante un pequeño corte, y sacrificios análogos que se realizaban en Micenas, Aricia, Rodas y Comana. «Taurópolas» indica el sacrificio de toros cretense, que sobrevivió en las Bufonias atenienses (Pausanias: i.28. 11); la víctima original es probable que fuera el rey sagrado.

4.      Los ritos de la fertilidad espartanos, de los que se dice también que comprendían en un tiempo el sacrificio humano, se realizaban en honor de Ártemis Erguida. A juzgar por la práctica primitiva en otras partes del Mediterráneo, la víctima era atada con tiras de sauce, llenas de magia lunar, a la imagen, un tocón sagrado, quizás de peral (véase 74.6) y agotada hasta que los latigazos producían una reacción erótica y la víctima eyaculaba, fertilizando la tierra con el semen y la sangre. El nombre Alopeco y la conocida leyenda del muchacho que dejó que una zorra le royera sus partes vitales sin gritar, sugiere que la diosa Zorra de Teumeso también era adorada en Esparta (véase 49.2 y 89.8).

5.      A los meteoritos se les rendían con frecuencia honores divinos, y lo mismo a pequeños objetos rituales de origen dudoso, que podían explicarse como habiendo caído igualmente del cielo, como las puntas de lanza neolíticas cuidadosamente trabajadas, identificadas con los rayos de Zeus por los griegos posteriores (como a las flechas de pedernal se las llama «proyectiles de los elfos» en el campo inglés), o con los almireces de bronce ocultos en la cofia que llevaba la imagen de la Ártemis efesia. Las imágenes mismas, como la de Ártemis Brauronia y la de madera de olivo de Atenea en el Erecteón, también, según se decía, habían caído del cielo a través de un agujero en el techo (véase 158.k). Es posible que la imagen de Braurón contuviera un antiguo cuchillo de obsidiana destinado a los sacrificios —la obsidiana era un vidrio volcánico de la isla de Melos— con el cual se cortaba el cuello a las víctimas.

6.      El arado por Osiris del Quersoneso táurico (la Crimea) parece forzado, pero Herodoto insiste en que existía un vínculo estrecho entre Cólquide y Egipto (ii.104) y aquí se ha confundido a Cólquide con el país de los taurios. Se dice que Osiris, como Triptólemo, introdujo la agricultura en muchos países (véase 24.fm).

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