miércoles, 3 de abril de 2019

MEDEA

La historia mítica de Medea está unida a la de Jasón
y los Argonautas. (Véase el capítulo sobre Jasón.) Es la
princesa de la Cólquide, maga poderosa y doncella enamorada,
que por amor ayudó a Jasón a superar las pruebas terribles y a
obtener el famoso Vellocino de Oro, y escapó con él y sus compañeros
en la Argo hasta Grecia. Luego compartió el destino
de Jasón, que no obtuvo el trono de Yolcos, sino que, tras la
muerte de Pelias, se exilió y fue a parar a Corinto. Allí a él se le
ofreció una nueva boda, con Creúsa, la hija del rey de Corinto.
Entonces Medea, viéndose traicionada por el héroe al que
había confiado su destino, tomó una terrible venganza; envió a
la princesa corintia un regalo de bodas emponzoñado, que causó
la muerte de ella y del rey su padre, y, por otro lado, mató a
los dos hijos que tenía de Jasón. Luego escapó a Atenas, donde
el rey Egeo le había prometido asilo.
Es fácil dividir en dos partes la historia personal de Medea.
La primera trata de la aventura de una joven princesa que se
enamora del extranjero y es seducida por sus promesas matrimoniales
a cambio de una ayuda en el peligro. Traiciona a su
padre, deja su patria y escapa con su amado. La segunda cuenta
su reacción ante el abandono de éste y su subsiguiente venganza.
En la literatura griega el primer tramo está referido en
los actos III y IV del poema de Apolonio (El viaje d e jo s Argonautas)
y el segundo en la tragedia de Eurípides Medea.
La obra clásica de Eurípides es mucho más famosa que la
versión épica del poeta helenístico Apolonio, y la imagen más
difundida de Medea es la de una bárbara terrible y despechada
que asesinó a sus propios hijos en un arrebato de pasión. Des
pués de Eurípides, otros dramaturgos han retomado el tema y
han sacado a escena a otras terribles Medeas. Así, por ejemplo,
el romano Séneca. Pero es muy interesante considerar y contrastar
los dos momentos decisivos de esa vida, la entrega de la
joven romántica y su peripecia trágica. El enamoramiento de
Medea está muy bien narrado en el libro III de los Argonautiká.
Primero en una escena convencional: el dios Eros, el alado y
travieso hijo de Afrodita, dispara su dardo amoroso al corazón
de la ingenua princesa, luego unas escenas de fina psicología,
en las que el poeta pinta el desasosiego y los soliloquios nocturnos
de la joven enamorada. (Estas escenas de monólogos de
amor, introducidas en un poema épico de Apolonio, resultan
innovadoras en la poesía antigua.) Luego, ya decidida a ayudar
a Jasón, la intervención de Medea resulta providencial en la
obtención del Vellocino y en el regreso de los héroes.
No tenemos una narración precisa de lo que pasó cuando
Jasón volvió con Medea y el Vellocino a Yolcos. Parece ser que
ella con sus artes mágicas rejuveneció a Esón, el padre de Jasón,
y engañó luego a las hijas del tirano Pelias, para que intentaran
repetir el experimento con su padre. Medea les mostró
cómo de su caldero mágico salía rejuvenecido un carnero que
ella había matado y arrojado a sus aguas. Pero cuando las Peliades
mataron a su padre y arrojaron sus carnes al caldero, Pelias
no resucitó. Tal vez ese engaño perjudicó el prestigio de Jasón,
que no pudo obtener el trono de Yolcos y marchó al exilio, acabando
en Corinto, donde se desarrolla la segunda parte, la más
trágica, del mito de Medea.
Eurípides nos presenta su figura como la de una mujer orgullosa
y dispuesta a tomar venganza de la traición de Jasón a
toda costa, a través del criminal asesinato de sus dos hijos. Medea
es una mujer apasionada, pero a la vez extrañamente lógica
en sus arrebatos, como muestra en los monólogos de la trage
dia. Ahí es donde dice esa frase que escandalizó, según cuentan,
a Sócrates: «Mi pasión es superior a mis razonamientos». Sabiendo
que hace mal, Medea actúa movida por su odio contra
su esposo, sacrificando a sus inocentes niños. También pronuncia
sus terribles quejas acerca del destino de la mujer en la
sociedad antigua. Medea, bárbara de fogoso carácter, resulta
sin embargo una lúcida portavoz de las quejas de todo el género
femenino contra una cultura machísta. Ejecuta su atroz venganza,
que destruye a unas víctimas inocentes para angustiar
así a Jasón, y luego escapa —en el carro celeste de su abuelo
Helios— hacia la acogedora Atenas. Es un final un tanto sorprendente.
También de Atenas la pérfida Medea tendrá que huir luego,
cuando fracase en su intento de envenenar a Teseo (véase Te-
SEO). Y acabará en Asia, donde será la progenitora de la estirpe
real de los medos. (Su hijo Medo, por etimología popular, es el
antepasado de la famosa nación enemiga de los griegos.)
Hay muchas tragedias y obras teatrales sobre Medea en la
tradición occidental {cf. el artículo correspondiente de E. Frenzel).
La obra más reciente que conozco sobre el tema es, sin
embargo, una novela, la de Christa Wolf, Medea Stimmen (Medea.
Voces) (1996). En ella el argumento mítico resulta notablemente
alterado, ya que Medea no mata a su hermano Apsirto al
huir de la Cólquide ni tampoco a sus hijos para vengarse del
abandono de Jasón en Corinto, sino que es una víctima de la
calumnia y la xenofobia. En la Cólquide Apsirto ha muerto víctima
de manejos políticos de su padre, y en Corinto tanto la
princesa prometida de Jasón como los hijos de Medea mueren
sin que ella intervenga. La princesa se suicida y los niños son
asesinados por la muchedumbre enfurecida, que quiere vengar
sobre ellos su odio contra la extranjera Medea. Ella ni siquiera
odia a Jasón, que es, en su relato, un aventurero egoísta bastan
te convencional y, en conjunto, poco responsable del giro trágico
de su destino, envenenado por los políticos ambiciosos. La
novelista ha modificado así el mito para expresar lo que, desde
su perspectiva feminista y personal, supone el sentido más profundo
y arcaico de la trama. Resulta así un argumento interesante,
pero demasiado original, pues, como ya aconsejaba Aristóteles
en su Poética, no deben los poetas desbaratar los mitos
heredados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario