domingo, 4 de agosto de 2013

168 El saqueo de Troya

a. Al parecer, Odiseo había prometido a Hécabe y Helena que a todos los que no ofrecieran resistencia se les perdonaría la vida. Pero los griegos se deslizaron en silencio por las calles iluminadas por la luna, entraron en las casas indefensas y cortaron la garganta a los troyanos que dormían. Hécabe se refugió con sus hijas bajo un antiguo laurel en el altar erigido a Zeus del Patio, donde impidió que Príamo corriese a lo más reñido del combate. «Quédate con nosotros, señor —le suplicó— en este lugar seguro. Eres demasiado anciano y débil para luchar.» Príamo, a regañadientes, hizo lo que ella le pidió, hasta que pasó corriendo su hijo Polites, perseguido de cerca por los griegos, y cayó traspasado ante sus propios ojos. Maldiciendo a Neoptólemo, quien le había asestado el golpe mortal, Príamo le atacó ineficazmente con la lanza, ante lo cual lo sacaron de los escalones del altar, ahora enrojecidos con la sangre de Polites, y lo mataron despiadadamente en el umbral de su propio palacio. Pero Neoptólemo, recordando sus deberes filiales, arrastró el cadáver hasta la tumba de Aquiles en el promontorio Sigeo, donde dejó que se pudriera decapitado y sin enterrar.

b. Entretanto Odiseo y Menelao habían ido a la casa de Deífobo, donde libraron el más sangriento de todos sus combates, del que salieron victoriosos solamente con la ayuda de Atenea. Se discute quién de los dos mató a Deífobo. Algunos inclusive dicen que Helena misma le hundió una daga en la espalda, y que esta acción, y la vista de sus pechos desnudos, debilitó de tal modo la resolución de Menelao, quien había jurado: «¡Ella morirá!», que arrojó su espada y la condujo a salvo a las naves. El cadáver de Deífobo fue mutilado atrozmente, pero Eneas le erigió más tarde un monumento en el cabo Reteo.
Odiseo vio que Glauco, uno de los hijos de Antenor, huía por una calle perseguido enérgicamente por un grupo de griegos. Intervino y al mismo tiempo salvó al hermano de Glauco, Helicaón, que estaba gravemente herido. Menelao colgó luego una piel de leopardo sobre la puerta de la casa de Antenor, como una señal de que había que respetarla. A Antenor, su esposa Téano y sus cuatro hijos se les permitió que se fueran en libertad llevándose todos sus bienes; algunos días después se embarcaron en la nave de Menelao y se dirigieron primeramente a Cirene, luego a Tracia y finalmente a Henética en el Adriático. Henética se llamaba así porque Antenor se hizo cargo del mando de ciertos refugiados de la Enete paflagonia, cuyo rey Pilémenes había muerto en Troya, los encabezó en una guerra afortunada contra los euganeos de la llanura del norte de Italia. Al puerto y el distrito donde desembarcaron se les llamó «Nueva Troya» y ahora se los conoce con el nombre de venedanos. También se dice que Antenor fundó la ciudad de Padua.

c. Según los romanos, la única otra familia troyana perdonada por los griegos fue la de Eneas, quien, como Antenor, había instado últimamente a entregar a Helena y a la conclusión de una paz justa; Agamenón, al ver que se ponía al venerable Anquises sobre los hombros y lo llevaba hacia la Puerta Dardánida sin una sola mirada de soslayo, ordenó que no se molestase a un hijo tan piadoso. Sin embargo, algunos dicen que Eneas estaba ausente en Frigia cuando cayó la ciudad. Otros, que defendió Troya hasta el final y luego se retiró a la ciudadela de Pérgamo y, tras una segunda resistencia valiente, envió a su gente al monte Ida a cubierto de la oscuridad y los siguió tan pronto como pudo con su familia, su tesoro y las imágenes sagradas; y que, habiéndole ofrecido los griegos condiciones honorables, pasó a la Pelene tracia y murió allí o en Orcómeno ciudad de Arcadia. Pero los romanos dicen que en sus viajes llegó por fin al Lacio, fundó la ciudad de Lavinio y, muerto en batalla, fue transportado al Cielo. Todas éstas son fábulas; la verdad es que Neoptólemo lo llevó cautivo a bordo de su nave como el botín más honorable conquistado por cualquiera de los griegos, y lo retuvo para el rescate, que a su debido tiempo pagaron los dardánidas.

d. Laódice, la esposa de Helicaón (a la que algunos llaman esposa de Télefo) había yacido con el ateniense Acamante cuando éste fue a Troya con la embajada de Diomedes diez años antes y dio a luz en secreto a un hijo llamado Múnito, al que una esclava de Helena llamada Etra —madre de Teseo y por tanto bisabuela del niño— había criado para ella. Cuando cayó Troya se hallaba Laódice en el templo de Tros, junto a las tumbas de Cila y Munipo, cuando se abrió la tierra y la tragó ante los ojos de todos.

e. En la confusión, Etra huyó con Múnito al campamento griego, donde Acamante y Demofonte la reconocieron como su abuela, largo tiempo perdida y a la que habían jurado salvar o rescatar. Demofonte fue inmediatamente a ver a Agamenón y le pidió que la repatriase, juntamente con su compañera de cautiverio, la hermana de Pirítoo. Menesteo de Atenas apoyó su súplica, y como Helena había mostrado con frecuencia que aborrecía a Etra poniéndole un pie en la cabeza y tirándole del cabello, Agamenón dio su consentimiento, pero obligó a Demofonte y Acamante a renunciar a sus pretensiones a cualquier otro botín troyano. Por desgracia, cuando Acamante desembarcó en Tracia en su viaje de regreso a su casa, Múnito, que le acompañaba, murió a consecuencia de una mordedura de serpiente.

f. Tan pronto como comenzó la matanza en Troya Casandra huyó al templo de Atenea y se asió a la imagen de madera que había reemplazado al Paladio robado. Allí la encontró Ayax el Pequeño y trató de llevársela, pero ella se abrazó a la imagen tan fuertemente que tuvo que llevársela también cuando consiguió sacar de allí a Casandra para hacerla su concubina, que era el destino común de todas las mujeres troyanas. Pero Agamenón reclamó a Casandra como la recompensa particular por su propio valor, y Odiseo, servicialmente, hizo correr el rumor de que Ayax había violado a Casandra en el templo, que era por lo que la imagen tenía los ojos vueltos hacia el Cielo, como si estuviera horrorizada. Así se convirtió Casandra en el premio de Agamenón, mientras Ayax se ganaba el odio de todo el ejército; y cuando los griegos estaban a punto de embarcarse Calcante advirtió al consejo que había que aplacar a Atenea por la ofensa hecha a su sacerdotisa. Para complacer a Agamenón, Odiseo propuso entonces que se lapidase a Ayax, pero él lo evitó acogiéndose a sagrado en el altar de Atenea, donde juró solemnemente que Odiseo mentía como de costumbre; y tampoco Casandra confirmó la acusación de violación. Sin embargo, no se podía dejar de tener en cuenta la profecía de Calcante; por tanto Ayax manifestó su pesar por haber sacado por la fuerza la imagen y se ofreció a expiar su delito. La muerte le impidió hacerlo, pues la nave en que volvía a Grecia naufragó en las Rocas llamadas Giras. Cuando consiguió llegar a tierra Posidón
partió las rocas con su tridente y le hizo perecer ahogado; o, según dicen algunos, Atenea pidió prestado el rayo de Zeus y le mató con él. Pero Tetis enterró su cadáver en la isla de Miconos, y sus compatriotas llevaron luto durante todo un año, y ahora anualmente lanzan al agua un barco con velas negras, cargado con regalos, y lo incendian en su honor.

g. La ira de Atenea recayó luego sobre el territorio de Opunte en Lócride y el oráculo de Delfos advirtió a los ex subditos de Ayax que no se librarían del hambre y la peste si no enviaban dos muchachas a Troya todos los años durante mil años. En consecuencia, las Cien Casas de Lócride han soportado desde entonces esa carga como prueba de su nobleza. Eligen las muchachas echando suertes y las desembarcan en plena noche en el promontorio Reteo, cambiando cada vez la estación; con ellas van parientes que conocen el país y pueden introducirlas a hurtadillas en el templo de Atenea. Si los troyanos sorprenden a las muchachas las lapidan, las queman por contaminar el territorio y diseminan sus cenizas en el mar; pero una vez dentro del templo están a salvo. Entonces les cortan el cabello, les dan la sencilla vestimenta de esclava y pasan la vida haciendo las tareas domésticas del templo hasta que las reemplaza otro par de muchachas. Sucedió hace muchos años que cuando los trarianos se apoderaron de Troya y mataron a una sacerdotisa locria en el templo mismo, los locrios decidieron que su larga penitencia había terminado y en consecuencia no enviaron más muchachas; pero, como volvieron el hambre y la peste, se apresuraron a reanudar la antigua costumbre, la terminación de la cual sólo ahora se acerca a su fin. Estas muchachas se introducen en el templo de Atenea por un pasaje subterráneo cuya entrada secreta está a alguna distancia de las murallas y lleva a una alcantarilla lodosa que utilizaron Odiseo y Diomedes cuando robaron el Paladio. Los troyanos no tienen idea de cómo consiguen entrar las muchachas y nunca saben en qué noche debe llegar el relevo, por lo que rara vez las sorprenden y entonces sólo por casualidad.

h. Después de la matanza, la gente de Agamenón saqueó e incendió Troya, dividió el botín, arrasó las murallas y sacrificó holocaustos a sus dioses. El consejo había discutido durante un tiempo qué se debía hacer con el hijo infante de Héctor, Astianacre, llamado también Escamandrio, y cuando Odiseo recomendó la extirpación sistemática de los descendientes de Príamo, Calcante resolvió el destino del niño profetizando que, si se le dejaba sobrevivir, vengaría a sus padres y su ciudad. Aunque todos los otros príncipes se negaron a cometer el infanticidio, Odiseo arrojó de buena gana a Astianacte desde las murallas. Pero algunos dicen que Neoptólemo, a quien había tocado como premio Andrómaca, la viuda de Héctor, en el reparto del botín, arrancó a Astianacte de sus brazos anticipándose a la orden del consejo, lo hizo girar alrededor de su cabeza asiéndolo por un pie y lo lanzó contra las rocas de abajo. Y otros dicen que Astianacte se mató saltando desde la muralla mientras Odiseo recitaba la profecía de Calcante e invocaba a los dioses para que aprobaran el rito cruel.

i. El consejo discutió también el destino de Políxena. Cuando yacía moribundo Aquiles había pedido que la sacrificasen en su tumba, y más recientemente se les había aparecido en sueños a Neoptólemo y a otros caudillos amenazándoles con retener a la flota en Troya con vientos contrarios hasta que cumplieran lo que había pedido. También se oyó una voz que se quejaba desde
la tumba: «¡Es injusto que no se me haya concedido parte alguna del botín!» Y en el promontorio Reteo apareció un espectro con armadura dorada que gritó: «¿Os vais, griegos? ¿Y dejaréis mi tumba sin rendirle honores?».

j. Calcante declaró que no se debía negar Políxena a Aquiles quien la amaba. Agamenón disentía, alegando que ya se había derramado bastante sangre, tanto de ancianos y niños como de guerreros, para saciar la venganza de Aquiles, y que los muertos por famosos que fueran, no tenían derecho a la vida de las mujeres. Pero Demofonte y Acamante, a quienes no se había dado la parte justa en el botín, gritaron que Agamenón exponía esa opinión sólo para complacer a Casandra, la hermana de Políxena, y hacer que se sometiera más fácilmente a sus abrazos. Preguntaron: «¿Qué merece el mayor respeto, la espada de Aquiles o el lecho de Casandra?» Los ánimos se caldearon y Odiseo intervino y convenció a Agamenón para que cediese.

k. El consejo ordenó a Odiseo que fuese en busca de Políxena e invitó a Neoptólemo a oficiar como sacerdote. Políxena fue sacrificada en la tumba de Aquiles, a la vista de todo el ejército, que se apresuró a hacerle un entierro honorable; inmediatamente comenzaron a soplar vientos favorables. Pero algunos dicen que la flota griega había llegado ya a Tracia cuando apareció el ánima de Aquiles amenazándoles con vientos contrarios, y que Políxena fue sacrificada allí. Otros dicen que ella fue por su propia voluntad a la tumba de Aquiles antes de que cayera Troya y se arrojó sobre la punta de una espada, expiando así el mal que le había hecho.

l. Aunque Aquiles había matado a Polidoro, el hijo de Príamo con Laótoe, el más joven y más querido de sus hijos, sobrevivió otro príncipe del mismo nombre. Era hijo de Príamo y Hécabe y lo habían puesto a salvo en el Quersoneso tracio, donde lo crió su tía Ilíone, esposa del rey Polimestor. Ilíone trató a Polidoro como si fuera un verdadero hermano de Deífobo, el hijo que había dado a Polimestor. Agamenón, siguiendo la política de extirpación de Odiseo, envió entonces mensajeros a Polimestor prometiéndole a Electra por esposa y una dote de oro si se deshacía de Polidoro. Polimestor aceptó el soborno, pero no pudo decidirse a hacer daño a un niño al que había jurado proteger, y en cambio mató a su propio hijo Deífobo en presencia de los mensajeros, quienes volvieron engañados. Polidoro, quien no conocía el secreto de su nacimiento pero se daba cuenta de que era la causa de que Ilíone se alejase de Polimestor, fue a Delfos y preguntó a la Pitonisa: «¿Qué les pasa a mis padres?» La Pitonisa contestó: «¿Tiene tan poca importancia que tu ciudad sea reducida a cenizas, tu padre asesinado y tu madre esclavizada para que vengas a hacerme una pregunta como ésa?» Volvió a Tracia muy preocupado, pero encontró que nada había cambiado desde su partida. «¿Puede haberse equivocado Apolo?», se preguntaba. Ilíone le dijo la verdad e, indignado porque Polimestor había asesinado a su único hijo a cambio de oro y la promesa de otra reina, primeramente le cegó y luego le apuñaló.

m. Otros dicen que a Polimestor le amenazaron los griegos con una guerra implacable sí no entregaba a Polidoro y que cuando lo hizo llevaron al niño a su campamento y ofrecieron cambiarlo por Helena. Como Príamo se negó a discutir la propuesta, Agamenón ordenó que lapidaran a Polidoro al pie de las murallas de Troya y luego envió su cadáver a Helena con este mensaje: «Muestra esto a Príamo y pregúntale si lamenta su decisión.» Fue un acto de despecho inexcusable, porque Príamo había dado su palabra de que no entregaría a Helena mientras estuviera bajo la protección de Afrodita y estaba dispuesto a rescatar a Polidoro con la rica ciudad de Antandro.

n. Odiseo obtuvo a Hécabe como su parte del botín y la llevó al Quersoneso tracio, donde ella pronunció invectivas tan horribles contra él y los otros griegos por su barbarie y sus prevaricaciones que no tuvieron más remedio que matarla. Su alma tomó la forma de una de las espantosas perras negras que siguen a Hécate, se arrojó al mar y nadó hacia el Helesponto; en consecuencia al lugar de su entierro le llamaron «La Tumba de la Perra». Según otra versión de la fábula, después del sacrificio de Políxena, Hécabe encontró el cadáver de Polidoro que había arrojado el agua a la costa, pues su yerno Polimestor lo había matado por el oro con que Príamo costeaba los gastos de su educación. Llamó a Polimestor, prometiéndole que le comunicaría el secreto de un tesoro oculto entre las ruinas de Troya, y cuando él, se acercó con sus dos hijos sacó del pecno una daga, mató a los niños y le sacó los ojos a Polimestor; exhibición de ingenio que le perdonó Agamenón a causa de su edad y sus desgracias. Los nobles tracios se habrían vengado de Hécabe con flechas y piedras, pero ella se transformó en una perra llamada Mera y echó a correr de un lado a otro aullando tristemente, por lo que se retiraron confusos.

o. Algunos dicen que Antenor fundó un nuevo reino de Troya, sobre las ruinas del viejo. Otros, que Astianacte sobrevivió y llegó a ser rey de Troya después de la partida de los griegos, y que, cuando lo expulsaron Antenor y sus aliados, Eneas volvió a ponerlo en el trono, en el que, sin embargo, le sucedió más tarde Ascanio, el hijo de Eneas, como se había profetizado. Fuera como fuere, Troya nunca volvió a ser más que una sombra de lo que había sido anteriormente.

1.      El tratamiento considerado de que hizo objeto Odiseo a renegados como Antenor y Calcante contrasta aquí con la deslealtad que mostró con sus honrados compañeros Palamedes, Áyax el Grande, Áyax el Pequeño y Diomedes, y con su salvaje tratamiento de Astianacte, Polidoro y Políxena; pero como Julio César y Augusto pretendían descender de Eneas —otro traidor perdonado por Odiseo y considerado en Roma como un modelo de piedad— las implicaciones satíricas se pierden para los lectores modernos. Es lástima que no hayan sobrevivido los términos exactos de las invectivas de Hécabe contra Odiseo y sus compañeros de deshonor, las cuales expresaban sin duda los verdaderos sentimientos de Homero; pero su conversión en la Hécate cretense, Mera, o Escila, la perra marina (véase 16.2, 91.2 y 170.d) indica que él consideraba válidas las maldiciones, pues los reinos fundados en la barbarie y la mala fe no podían jamás prosperar. Mera era el emblema de Escila en el firmamento, el Can Menor, y cuando aparecía se ofrecían sacrificios humanos en Maratón, Ática; la víctima más famosa fue el rey Icario (véase 79.1), con cuya hija se había casado Odiseo y cuya suerte compartiría, en consecuencia, en el mito original (véase 159.d).

2.      El caso bien autentificado de las muchachas locrias es uno de los más extraños de la historia de Grecia, pues la supuesta violación de Casandra por Áyax el Pequeño fue negada por mitógrafos respetables como una mentira de Odiseo, y es evidente que las muchachas locrias consiguieron entrar en Troya como una cuestión de orgullo cívico y no como una penitencia. Los troyanos ciertamente intentaron no dejarlas entrar si podemos confiar en el relato de Eneas Táctico —trata del peligro de construir ciudades con entradas secretas— y que las trataran como «una profanación del territorio» si las sorprendían y como esclavas si conseguían entrar, está de acuerdo con esta opinión. Áyax el Pequeño era hijo del locrio Oileo, cuyo nombre, que tenía también un guerrero troyano al que mató Agamenón (Ilíada xi.9.3), es una forma primitiva de «lio»; y la Ilio de Príamo, al parecer, había sido colonizada en parte por los locrios, una tribu pre-helena de léleges (Aristóteles: Fragmento 560; Dionisio de Halicarnaso: i.17; Estrabón: xiii.1.3 y 3.3). Ellos dieron el nombre del monte locrio Friconis a la que hasta entonces se llamaba Cime, y gozaba del derecho hereditario de proporcionar a Atenea una cuota de sacerdotisas (véase 158.S). Seguían ejerciendo ese derecho mucho tiempo después de la guerra de Troya —cuando la ciudad había perdido su poder político y se había convertido en un lugar de peregrinación sentimental— con gran disgusto de los troyanos, quienes consideraban a las muchachas sus enemigos naturales.

3.      La maldición, que se hizo efectiva durante mil años, terminó alrededor del año 264 a. de C., lo que correspondería con la fecha deliana (y por tanto homérica) de la guerra de Troya, aunque Eratóstenes la calculó cien años después. El túnel secreto de Odiseo ha sido descubierto en las ruinas de Troya, y lo describe Walter Leaf en su Troy: A Study in Homeric Geography (London, 1912, págs. 126-44). ¿Pero por qué Téano se hizo traidora y entregó el Paladio? Probablemente porque siendo locria —Téano era también el nombre de la famosa poetisa de la Lócride Epicefiria— estaba en desacuerdo con la política comercial antilocria de Príamo o sabía que Troya tenía que caer y deseaba poner la imagen en lugar seguro antes que se apoderase de eüa Agamenón. Homero la hace hija del tracio Cisco, y había por lo menos una colonia locria en Tracia, a saber, Abdera (véase 130.c). Sin embargo, como locria, Téano consideraría la descendencia matrilinealmente (Polibio: xii.5.6); y probablemente se apodó Ciseis, «mujer de hiedra», en honor de Atenea, cuyo principal festival se celebraba en el mes de la hiedra (véase 52.3).

4.      Sófocles, en el Argumento de su Áyax, menciona una. disputa entre Odiseo y Áyax acerca del Paladio después de la caída de Troya, pero sin duda se trataba de Áyax el Pequeño, pues Áyax el Grande ya se había suicidado. Podemos suponer, en consecuencia, que Áyax el Pequeño, más bien que Diomedes, llevó a Odiseo por el túnel para apoderarse del Paladio con la connivencia de su compatriota Téano; que Odiseo acusó a Áyax el Pequeño de haber tratado con violencia a una sacerdotisa no locria que se asió a la imagen que Téano ayudaba a sacar; y que más tarde Áyax, aunque confesó su error, explicó que había sido todo lo suave posible dadas las circunstancias. Tal acontecimiento habría justificado que los troyanos de los siglos posteriores trataran de impedir que las muchachas locrias ejercieran sus derechos como sacerdotisas troyanas; y que representaran su continua llegada como una penitencia por el delito de Ayax, aunque Atenea ya le había castigado sumariamente con un rayo; y que las trataran como sirvientas. Odiseo puede haber insistido en acompañar a Áyax el Pequeño a la ciudadela basándose en que Zacinto, el antepasado epónimo de sus subditos los zacintos, figuraba en una lista de reyes troyanos primitivos.

5.      Esto explicaría también que Hécabe no denunciara a Odiseo a los troyanos cuando entró en la ciudad como espía. También a ella se la llama «hija de Cisco»; ¿era otra locria de Tracia que consintió que Áyax se llevase el Paladio? Hécabe no tenía motivos para querer a Odiseo, y su razón para facilitar su escapatoria sólo puede haber sido impedir que él la denunciase a los troyanos. Sin duda Odiseo salió silenciosamente por la alcantarilla y no, como se jactó, por la puerta, «después de matar a muchos troyanos». Probablemente pidió a la anciana Hécabe como su parte del botín porque ella había sido una testigo material del robo del Paladio y deseaba cerrarle la boca. Sin embargo, parece que ella reveló todo antes de morir.

6.      Una de las causas principales de la guerra de Troya (véase 158.r y 160.h) fue el rapto por Telamón de Hesíone, la hermana de Príamo y madre de Áyax el Grande y, por tanto, pariente de Áyax el Pequeño; esto indica una larga fricción entre Príamo y los locríos de Grecia. Patroclo, que causó a los troyanos tan grandes bajas, era, no obstante, otro locrio y se le describe como hermano de Abdero.El nombre de Astianacte («rey de la ciudad») y la solemnidad de la discusión acerca de su muerte sugieren que la ilustración en que se basa la fábula representaba el sacrificio ritual de un niño y la dedicación de una nueva ciudad, costumbre antigua en el Mediterráneo oriental (1 Reyes xvi.34).

7.      Los aliados de Agamenón no gozaron durante mucho tiempo de los frutos de su victoria en Troya. Entre 1100 y 1050 a. de C. la invasión doria aniquiló la cultura micénica en el Peloponeso y le sucedió la Edad del Oscurantismo; pasaron uno o dos siglos antes que los jonios, obligados por los dorios a emigrar al Asia Menor, iniciaran su renacimiento cultural, basado sólidamente en Homero.

8.      Las andanzas de Eneas corresponden a la mitología romana, y no a la griega, y en consecuencia han sido omitidas aquí.


167 El caballo de madera

a. Atenea inspiró a Prilis, hijo de Hermes, la sugestión de que se podría entrar en Troya por medio de un caballo de madera; y Epeo, hijo de Panopeo, un fócense del Parnaso, se ofreció voluntariamente para construir uno bajo la inspección de Atenea. Luego, por supuesto, Odiseo reclamó el mérito de esta estratagema.

b. Epeo había llevado treinta naves desde las Cicladas a Troya. Desempeñaba el oficio de acarreador de agua en la casa de Atreo, como aparece en el friso del templo de Apolo en Cartea, y aunque era un pugilista hábil y un artesano consumado, había, nacido cobarde como castigo divino por haber faltado su padre a la palabra dada, pues Panopeo había jurado falsamente en nombre de Atenea que no desfalcaría parte alguna del botín tafiano conquistado por Anfitrión. La cobardía de Epeo se hizo proverbial desde entonces.

c. Construyó un enorme caballo hueco con tablones de pino, con un escotillón en un costado y grandes letras talladas en el otro que lo dedicaban a Atenea: «En agradecida anticipación del regreso a salvo a sus hogares, los griegos dedican esta ofrenda a la Diosa». Odiseo convenció a los más valientes de los griegos para que subieran al caballo, completamente armados, por una es-
cala de cuerdas y se introdujeran por el escotillón en su vientre. Se da variadamente su número como veintitrés, más de treinta, cincuenta, y lo que es un tanto absurdo, tres mil. Entre ellos estaban Menelao, Odiseo, Diomedes, Esténelo, Acamante, Toante y Neoptólemo. Engatusado, amenazado y sobornado, Epeo se unió también al grupo. Subió el último, introdujo la escala de cuerdas tras de sí y, como era el único que sabía hacer funcionar el escotillón, se sentó junto a la cerradura.

d. Al anochecer, los demás griegos que estaban a las órdenes de Agamenón siguieron las instrucciones de Odiseo, que consistían en incendiar su campamento, hacerse a la mar y esperar frente a Ténedos y las islas Calidnes hasta la noche siguiente. Sólo Sinón, primo hermano de Odiseo y nieto de Autólico, se quedó encargado de encender un fuego como señal de regreso.

e. Al amanecer los exploradores troyanos informaron que el campamento griego estaba reducido a cenizas y que su ejército se había ido dejando un caballo gigantesco en la costa. Príamo y varios de sus hijos salieron para verlo y se quedaron contemplándolo con asombro. Timetes fue el primero que rompió el silencio. «Puesto que esto es un don para Atenea —dijo—, propongo que lo introduzcamos en Troya y lo subamos a su ciudadela.» «¡No, no! —exclamó Capis— Atenea ha favorecido a los griegos durante demasiado tiempo; debemos quemarlo inmediatamente o abrirlo para ver qué contiene su vientre.» Pero Príamo declaró: «Timetes tiene razón. Lo llevaremos sobre rodillos para que nadie profane la propiedad de Atenea.» El caballo resultó demasiado ancho para que pudiera pasar por las puertas. Incluso cuando ensancharon la brecha en la muralla se atrancó cuatro veces. Con enormes esfuerzos los troyanos lo subieron a la ciudadela, pero al menos tomaron la precaución de volver a cerrar la brecha en la muralla. Siguió otra agitada discusión cuando Casandra anunció que el caballo contenía hombres armados, y le apoyó el adivino Laocoonte, hijo de Antenor, a quien algunos llaman equivocadamente hermano de Anquises. Gritó: «¡Necios, no confiéis en los griegos ni siquiera cuando os traen regalos!» Y dicho eso arrojó su lanza, que se clavó vibrando en el ijar del caballo e hizo que dentro de él se entrechocaran las armas. Se oyeron gritos de: «¡Quemémoslo! ¡Arrojémoslo por la muralla!» Pero los partidarios de Príamo suplicaron: «Dejadlo donde está».

f. La discusión fue interrumpida por la llegada de Sinón, a quien conducían encadenado un par de soldados troyanos. Sometidos a interrogatorio declaró que Odiseo trataba hacía mucho tiempo de matarlo porque conocía el secreto del asesinato de Palamedes. Añadió que los griegos estaban sinceramente cansados de la guerra y habrían vuelto a sus casas meses antes, pero el mal tiempo ininterrumpido les había impedido hacerlo. Apolo les había aconsejado que aplacasen a los vientos con sangre, como cuando quedaron demorados en Aulide. «En vista de ello —continuó Sinón— Odiseo obligó a Calcante a adelantarse y le pidió que nombrara a la víctima. Calcante no quiso responder inmediatamente y se retiró durante diez días, al cabo de los cuales, sin duda sobornado por Odiseo, entró en la tienda donde se realizaba el consejo y me señaló. Todos los presentes aceptaron de buena gana el veredicto, aliviados porque no los habían elegido como víctima propiciatoria. Me encadenaron, pero comenzó a soplar un viento favorable, mis compañeros se apresuraron a embarcarse y yo aproveché la confusión para escaparme.»

g. Príamo, engañado, aceptó a Sinón como suplicante y ordenó que le quitaran las cadenas. «Ahora habíanos del caballo», le dijo amablemente. Sinón explicó que los griegos habían perdido el favor de Atenea, del que dependían, cuando Odiseo y Diomedes robaron el Paladio de su templo. Tan pronto como lo llevaron a su campamento las llamas envolvieron tres veces la imagen y sus miembros comenzaron a sudar en prueba de la ira de la diosa. En vista de ello, Calcante aconsejó a Agamenón que se embarcaran para su patria y reunieran una nueva expedición en Grecia bajo mejores auspicios, dejando el caballo como una ofrenda aplacatoria a la diosa. «¿Por qué lo han hecho tan grande?», preguntó Príamo. Sinón, bien aleccionado por Odiseo, contestó: «Para impedir
que lo introdujeseis en la ciudad. Calcante predice que si despreciáis esta imagen sagrada, Atenea os arruinará; pero una vez que esté dentro de Troya podréis reunir a todas las fuerzas de Asia, invadir Grecia y conquistar Micenas».

h. «Ésas son mentiras —gritó Laocoonte— y parecen inventadas por Odiseo. ¡No le creas, Príamo!» Y añadió: «Te ruego, señor, que me permitas sacrificar un toro a Posidón. Cuando vuelva espero ver este caballo de madera reducido a cenizas.» Es necesario explicar que los troyanos habían dado muerte lapidándolo a su sacerdote de Posidón nueve años antes y decidieron no sustituirlo hasta que la guerra pareciera haber terminado. Ahora eligieron a Laocoonte echando suertes para que propiciara a Posidón. Ya era el sacerdote de Apolo Timbreo, a quien había irritado casándose y engendrando hijos a pesar del voto de celibato y, lo que era peor, yaciendo con su esposa Antíope a la vista de la imagen del dios.

i. Laocoonte se retiró para elegir una víctima y preparar el altar, pero, como advertencia de que se acercaba la perdición de Troya, Apolo envió dos grandes sierpes marinas llamadas Porces y Caribea, o Curisia, o Períbea, que corrieron hacia Troya desde Ténedos y las islas Calidnes.
Salieron a tierra y, enroscándose alrededor de los miembros de Antifante y Timbreo, al que algunos llaman Melanio, los hijos mellizos de Laocoonte, los estrujaron hasta causarles la muerte. Laocoonte corrió a salvarlos, pero murió también miserablemente. Las serpientes se deslizaron luego hasta la ciudadela y mientras una se enroscaba en los pies de Atenea la otra se refugió detrás de su égida. Algunos dicen, sin embargo, que sólo murió uno de los hijos de Laocoonte y que eso sucedió en el templo de Apolo Timbreo y no junto al altar de Posidón; otros que Laocoonte escapó a la muerte.

j. Este terrible prodigio sirvió para convencer a los troyanos de que Sinón había dicho la verdad. Príamo dio por supuesto equivocadamente que a Laocoonte se le castigaba por haber herido el caballo con su lanza y no por haber insultado a Apolo. Inmediatamente dedicó el caballo a Atenea y aunque los seguidores de Eneas se retiraron alarmados a sus chozas en el monte Ida, casi todos los troyanos de Príamo comenzaron a celebrar la victoria con banquetes y fiestas. Las mujeres recogieron flores en las orillas del río, adornaron con ellas la crin del caballo y extendieron una alfombra de rosas alrededor de sus cascos.

k. Entretanto, dentro del vientre del caballo, los griegos temblaban de terror y Epeo lloraba en silencio, en un arrebato de miedo. Solamente Neoptólemo no mostraba emoción alguna, ni siquiera cuando la punta de la lanza de Laocoonte atravesó los tablones cerca de su cabeza. Una vez tras otra hacía señas a Odiseo para que ordenara el ataque —pues Odiseo tenía el mando— y asía su lanza y el puño de la espada amenazadoramente. Pero Odiseo no lo permitía. Por la tarde Helena salió del palacio y dio tres veces la vuelta al caballo, palmeando sus costados, y, como para divertir a Deífobo que la acompañaba, atormentó a los griegos ocultos imitando por turno la voz de cada una de sus esposas. Menelao y Diomedes, agazapados en el centro del caballo junto a Odiseo, sintieron la tentación de salir cuando oyeron pronunciar su nombre, pero él les contuvo y, al ver que Antielo estaba a punto de contestar, le tapó la boca con la mano y, según dicen algunos, le estranguló.

l. Esa noche, agotados por los banquetes y las orgías, los troyanos durmieron profundamente y ni siquiera el ladrido de un perro rompía el silencio. Pero Helena permanecía despierta y una brillante luz redonda ardía sobre su habitación como una señal para los griegos. A la medianoche, poco antes de que saliera la luna llena —la sétima del año—, Sinón salió furtivamente de la ciudad para encender un fuego de señal en la tumba de Aquiles y Antenor blandió una antorcha.
Agamenón contestó a las señales encendiendo astillas de madera de pino en un fanal en la cubierta de su nave, que estaba al pairo a unos pocos tiros de flecha de la costa; y toda la flota se acercó a la orilla. Antenor se acercó cautelosamente al caballo e informó en voz baja que todo se hallaba bien, y Odiseo ordenó a Epeo que abriera la puerta.

m. Equión, hijo de Porteo, fue el primero que salió dando un gran salto, pero cayó y se rompió el cuello; los demás descendieron por la escala de cuerdas de Epeo. Unos corrieron a abrir las puertas a sus compañeros que habían desembarcado y otros dieron muerte a los centinelas soñolientos que guardaban la ciudadela y el palacio, pero Menelao sólo podía pensar en Helena y corrió directamente a su casa.

1.      Los comentadores clásicos de Homero no estaban satisfechos con la fábula del caballo de madera. Sugirieron, variadamente que los griegos utilizaron una máquina parecida a un caballo para derribar la muralla (Pausanias: i.23.10); que Antenor hizo entrar a los griegos en Troya por un postigo en el que estaba pintado un caballo; o que la señal de un caballo era utilizada para distinguir a los griegos de sus enemigos en la oscuridad y la confusión; o que cuando Troya fue traicionada los oráculos prohibieron el saqueo de cualquier casa marcada con la señal de un caballo, y así se respetó a las de Antenor y a las de otros; o que Troya cayó a causa de una acción de caballería;- o que los griegos, después de incendiar su campamento, se ocultaron detrás del monte Hipio («del Caballo»).

2.      Es muy probable que Troya fuese tomada por medio de una torre de madera con ruedas, cubiertas con cueros de caballo húmedos para protegerla contra las flechas incendiarias, y empujada hacia la parte notoriamente débil de las defensas: la cortina occidental que había construido Éaco (véase 158.5). Pero esto difícilmente explicaría la leyenda de que los caudillos griegos se ocultaron en el «vientre» del caballo. Quizá los homéridas inventaron esto para explicar una ilustración ya no inteligible que mostraba una ciudad amurallada, una reina, una asamblea solemne y el rey sagrado en el acto de renacer, con la cabeza por delante, de una yegua, que era el animal sagrado tanto de los troyanos (véase 48.j) como de los eácidas (véase 8,j). Una yegua de madera de pino, el árbol del nacimiento (véase 51.5) puede haber sido utilizada en esta ceremonia, así como una vaca de madera facilitó el casamiento sagrado de Minos y Pasífae (véase 88.í). La lucha entre Odiseo y Antielo, ¿se dedujo, quizá, de una ilustración que mostraba a los mellizos disputando en el seno materno? (véase 73.2).

3.      La fábula del hijo, o los hijos, de Laocoonte recuerda la de las dos serpientes estranguladas por Heracles (véase 119.2). Según algunas versiones, su muerte ocurrió en el templo de Apolo, y Laocoonte mismo, como Anfitrión, escapó ileso. En realidad las serpientes se limitarían a limpiar los oídos de los muchachos para darles facultades proféticas. Antífante significa, al parecer, «profeta», «el que habla en lugar» del dios.

4.      En el nivel divino esta guerra se libró entre Afrodita, la diosa del Mar troyana, y Posidón, el dios del Mat griego (véase 169J) y de aquí la supresión por Príamo del sacerdocio de Posidón.

5.      Las imágenes que sudan han sido un fenómeno repetido desde la caída de Troya; los dioses romanos adoptaron posteriormente esta señal de advertencia, y lo mismo han hecho los santos católicos que los han sustituido.

6.      En la saga primitiva la reputación de valor de Epeo era tal que su nombre se aplicaba irónicamente a los bravucones; y del bravucón al cobarde no hay más que un corto paso (véase 88.10).

166 Los oráculos de Troya

a. Aquiles había muerto y los griegos comenzaban a desesperar. Calcante profetizó que Troya no podría ser tomada sino con  la  ayuda del arco y las flechas de Heracles. En consecuencia, Odiseo y Diomedes fueron enviados a Lemnos para que se los pidieran a Filoctetes, quien los poseía en aquel momento.

b. Algunos dicen que Fímaco, pastor del rey Actor e hijo de Dolofión había alojado a Filoctetes y curado su herida apestosa durante los últimos diez años. Otros afirman que algunos de los soldados melibeos de Filoctetes se habían establecido a su lado en Lemnos y que los Asclepíadas ya le habían curado con tierra de Lemnos antes que llegara la delegación; o que Filio o Pelio, un hijo de Hefesto, lo hizo. Se dice que luego Filoctetes conquistó ciertas pequeñas islas situadas frente a las costa troyana para el rey Euneo, desalojando a  la  población caria, bondad que agradeció Euneo concediéndole el distrito de Acesa en Lemnos. Por lo tanto, se explica, Odiseo y Diomedes no necesitaban tentar a Filoctetes con ofrecimientos de tratamiento médico; fue voluntariamente con ellos, llevando el arco y las flechas, con el propósito de ganar la guerra para los griegos y gloria para sí mismo. Según otra versión, la delegación se encontró con que había muerto hacía tiempo a consecuencia de la herida y convenció a sus herederos para que les dejaran llevar el arco.

c. La verdad es, no obstante, que Filoctetes se había quedado en Lemnos, sufriendo mucho, hasta que Odiseo le convenció con engaños para que entregara el arco y las flechas; pero Diomedes (y no, como algunos dicen equivocadamente, Neoptólemo) no quiso complicarse en el robo y aconsejó a Filoctetes que exigiera la devolución de su propiedad. Entonces intervino el dios Heracles: «Ve con ellos a Troya, Filoctetes —le dijo— y yo enviaré a un asclepíada para que te cure; pues Troya debe caer por segunda vez con mis flechas. Te elegirán entre los griegos como el combatiente más temerario de todos. Matarás a Paris, tomarás parte en el saqueo de Troya y enviarás a tu casa el botín, reservando la parte mejor para tu padre Pean te. Pero recuerda: no puedes tomar a Troya sin Neoptólemo, hijo de Aquiles, ¡ni puede hacerlo él sin ti!».

d. Filoctetes obedeció y cuando llegó al campamento griego lo bañaron con agua dulce y dejaron que durmiera en el templo de Apolo. Mientras dormía, el cirujano Macaón le cortó de la herida la carne podrida, vertió en ella vino y le aplicó hierbas curativas y la piedra serpentina. Pero algunos dicen que Podalirio, el médico hermano de Macaón, se encargó de la curación.

e. Tan pronto como estuvo curado, Filoctetes desafió a Paris a un combate con arcos. La primera flecha que disparó no hizo blanco, la segunda atravesó la mano del arco de Paris, la tercera le cegó el ojo derecho, y la cuarta le dio en el tobillo hiriéndole de muerte. A pesar del intento de Menelao de matar a Paris, éste consiguió salir renqueando del campo de batalla y refugiarse en Troya. Esa noche los troyanos lo llevaron al monte Ida, donde suplicó a su anterior amante, la ninfa Enone, que le curara, pero inspirada por un odio inveterado a Helena, ella, cruel, movió negativamente la cabeza y lo llevaron de vuelta para que muriera. Poco después Enone se arrepintió y corrió a Troya con un cesto lleno de drogas curativas, pero lo encontró ya muerto. En un frenesí de dolor saltó desde la muralla, o se ahorcó, o murió quemada en su pira; nadie recuerda cómo fue la cosa. Algunos excusan a Enone diciendo que habría curado a Paris inmediatamente si su padre no lo hubiera impedido; se vio obligada a esperar a que él saliera de casa antes de llevar las drogas y luego llegó demasiado tarde.

f. Heleno y Deífobo disputaron entonces la mano de Helena, y Príamo apoyaba a Deífobo fundándose en que había mostrado el mayor valor; pero, aunque su casamiento con Paris había sido dispuesto por los dioses, Helena no podía olvidar que seguía siendo reina de Esparta y esposa de Menelao. Una noche un centinela la sorprendió tratando de deslizarse por una cuerda de la muralla con el propósito de escaparse. La llevaron ante Deífobo, quien se casó con ella por la fuerza, con gran disgusto de los otros troyanos. Heleno abandonó inmediatamente la ciudad y fue a vivir con Arisbe en las laderas del monte Ida.

g. Al enterarse por Calcante de que solamente Heleno conocía los oráculos secretos que protegían a Troya, Agamenón envió a Odiseo para que le acechara y lo llevara al campamento griego. Dio la casualidad de que Heleno se hallaba como huésped de Crisis en el templo de Apolo Timbreo cuando llegó Odiseo en su busca, y se mostró bastante dispuesto a revelar los oráculos con la condición de que se le diera un hogar seguro en algún país lejano. Explicó que había abandonado Troya, no porque temiera la muerte, sino porque ni él ni Eneas podían perdonar el sacrilego asesinato de Aquiles por París en aquel mismo templo y por el que todavía no se había dado cumplida satisfacción a Apolo.

h. —Así sea. No me ocultes nada y te garantizaré la vida y la seguridad —le dijo Odiseo.
—Los oráculos son breves y claros —respondió Heleno—. Troya caerá este verano si cierto hueso de Pélope es llevado a vuestro campamento, si Neoptólemo sale a combatir, y si el Paladio de Atenea es robado de la ciudadela, porque no se puede abrir brecha en las murallas mientras siga allí.
Agamenón envió inmediatamente mensajeros a Pisa en busca del omóplato de Pélope. Entretanto Odiseo, Fénix y Diomedes se embarcaron para Esciros, donde convencieron a Licomedes para que dejara que Neoptólemo fuera a Troya; algunos dicen que entonces sólo tenía doce años de edad. El ánima de Aquiles se le apareció a su llegada, y en adelante se distinguió tanto en el consejo como en la guerra. Odiseo le entregó de buena gana las armas de Aquiles.

i. Eurípilo, hijo de Télefo, reforzó a los troyanos con un ejército de misios, y Príamo, que había ofrecido a su madre Astíoque una vid de oro si él iba, lo desposó con Casandra. Eurípilo demostró que era un combatiente resuelto y mató al cirujano Macaón; éste es el motivo por el que en el templo de Asdepio en Pérgamo, donde todos los servicios religiosos comienzan con un himno celebrando a Télefo, no se puede pronunciar en ocasión alguna el nombre de su hijo Eurípilo. Néstor llevó a Pilos los huesos de Macaón y los enfermos son curados en el templo de Gerania; su estatua de bronce enguirnaldada domina el lugar sagrado llamado «El Rosal». El propio Eurípilo fue muerto por Neoptólemo.

j. Poco antes de la caída de Troya las disensiones entre los hijos de Príamo se hicieron tan feroces que autorizó a Antenor para que negociara la paz con Agamenón. A su llegada al campamento griego, Antenor, por odio a Deífobo, convino en entregar traidoramente el Paladio y la ciudad a Odiseo; su precio fue la dignidad de rey y la mitad del tesoro de Príamo. Le dijo a Agamenón que se podía contar también con la ayuda de Eneas.

k. Trazaron juntos un plan, y para realizarlo Odiseo le pidió a Diomedes que le azotara sin piedad; luego, manchado con sangre, sucio y cubierto de harapos, consiguió que le admitieran en Troya como un esclavo fugitivo. Sólo Helena le conoció a pesar de su disfraz, pero cuando le interrogó en privado la engañó con respuestas evasivas. Sin embargo, no pudo rechazar una invitación para que fuera a su casa, donde ella le bañó, le ungió y le vistió con ropas finas; y una vez establecida su identidad sin duda alguna, Helena juró solemnemente que no lo denunciaría a los troyanos —hasta entonces sólo había confiado en Hécabe— si él le revelaba todos los detalles de su plan. Helena le explicó que la tenían como prisionera en Troya y deseaba volver a su patria. En aquel momento entró Hecabe. Odiseo se arrojó a sus pies, llorando de terror, y le suplicó que no lo denunciara. Cosa sorprendente, ella accedió. Odiseo se apresuró a volver, guiado por Hecabe, y llegó a donde estaban sus amigos a salvo y con abundante información; pretendió haber matado a varios troyanos que no querían abrirle las puertas.

l. Algunos dicen que Odiseo robó el Paladio en esta ocasión, él solo. Otros dicen que a él y a Diomedes, como favoritos de Atenea, los eligieron para hacerlo y que subieron a la ciudadela por un túnel estrecho y fangoso, mataron a los guardias que dormían y juntos se apoderaron de la imagen que la sacerdotisa Teano, esposa de Antenor, les entregó voluntariamente. La versión común, no obstante, es que Diomedes escaló la muralla subiéndose a los hombros de Odiseo, porque la escala era corta, y entró en Troya solo. Cuando reapareció con el Paladio en los brazos los dos volvieron al campamento juntos, bajo la luna llena, pero Odiseo deseaba para sí toda la gloria. Se colocó detrás de Diomedes, a cuyos hombros estaba atada la imagen, y lo habría matado si Diomedes no hubiera visto la sombra de su espada, pues la luna estaba todavía baja en el firmamento. Se volvió, desenvainó su espada, desarmó a Odiseo, le ató las manos y lo llevó a las naves dándole repetidamente puntapiés y golpes. De aquí la frase «coacción de Diomedes» aplicada con frecuencia a aquellos cuyos actos obedecen a una coerción.

m. Los romanos pretenden que Odiseo y Diomedes se llevaron solamente una copia del Paladio exhibida públicamente, y que Eneas, cuando cayó Troya, rescató la imagen auténtica, pasándola a escondidas con el resto de su bagaje sagrado y la llevó sin peligro a Italia.

1.      Todo esto es pura novela o drama, con excepción del robo del Paladio, la misteriosa negativa de Hécabe a denunciar a Odiseo (véase 168J) y la muerte de París a consecuencia de una herida en el tobillo (véase 92.10, 126.3 y 164.l). El omóplato de Pélope era probablemente de marfil de marsopa (véase 109.5). La versión que hace a Filoctetes morir envenenado —por las flechas de Heracles empapadas en la sangre de la Hidra— parece ser la más antigua (véase 162.1).

2.      Pausanias informa (v.13.3): «Cuando los griegos volvían de Troya, la nave que transportaba el omóplato de Pélope se hundió frente a Eubea durante una tormenta. Muchos años después un pescador eritreo llamado Damármeno («domador de velas») recogió en su red un hueso que era de un tamaño tan asombroso que lo ocultó en la arena mientras iba a preguntar al oráculo de Delfos de quién era aquel hueso y qué debía hacer con él. Apolo había dispuesto que una embajada elea llegase el mismo día en busca de un remedio para una peste. La Pitonisa respondió a los eleos: 'Recuperad el omóplato de Pélope'. Y a Damármeno le dijo: 'Entrega tu hueso a estos embajadores'. Los eleos le recompensaron bien haciendo la custodia del hueso hereditaria en su casa. Ya no podía verse cuando visité Elide: sin duda el tiempo y la acción del agua marina en la que había estado durante tan largo tiempo lo habían convertido en polvo.»



165 La locura de Áyax

a. Cuando Tetis decidió conceder las armas de Aquiles al griego más valiente que quedaba vivo delante de Troya, solamente Ayax y Odiseo, que habían defendido juntos el cadáver, se atravieron a reclamarlas. Algunos dicen que Agamenón, quien aborrecía a toda la Casa de Éaco, rechazó las pretensiones de Áyax y repartió las armas entre Menelao y Odiseo, cuya buena voluntad estimaba mucho más; otros dicen que evitó lo odioso de una decisión remitiendo el caso a una reunión de los caudillos griegos, que la resolvieron en votación secreta; o que la remitió a los cretenses y los otros aliados; o que obligó a sus prisioneros troyanos a declarar cuál de los dos reclamantes les había hecho más daño Pero la verdad es que, mientras Ayax y Odiseo seguían jactándose competitivamente de sus hazañas, Néstor le aconsejó a Agamenón que por la noche enviase espías para que escuchasen al pie de las murallas de Troya la opinión imparcial de los enemigos al respecto. Los espías oyeron lo que decían unas muchachas que conversaban entre ellas: cuando una elogió a Ayax por haber retirado el cadáver de Aquiles del campo de batalla entre una tormenta de proyectiles, otra, por instigación de Atenea, replicó: «¡Tonterías! Hasta una esclava habría hecho lo mismo una vez que alguien le ha puesto un cadáver en los hombros; pero si le hubieran puesto armas en la mano habría estado demasiado asustada para utilizarlas. Odiseo, y no Ayax, sufrió el embate más fuerte de nuestro ataque».

b. En consecuencia, Agamenón concedió las armas a Odiseo. Él y Menelao nunca se hubiesen atrevido, por supuesto, a insultar a Ayax de esta manera si Aquiles hubiera estado vivo, pues Aquiles quería entrañablemente a su valiente primo. Fue el mismo Zeus quien provocó la querella.

c. Con una ira muda, Ayax decidió vengarse de sus compatriotas griegos aquella misma noche; pero Atenea le enloqueció e hizo que se lanzara espada en mano contra las vacas y las ovejas tomadas de las granjas troyanas como parte del botín común. Tras una gran matanza, encadenó a los animales sobrevivientes y los llevó al campamento, donde continuó su matanza. Eligió dos carneros de patas blancas, cercenó la cabeza y la lengua a uno de ellos, al que tomó por Agamenón o Menelao, y ató el otro a una columna, donde lo azotó con un ronzal, gritando insultos y llamándole pérfido Odiseo.

d. Por fin recobró el juicio y, completamente desesperado, llamó a Eurísaces, hijo con Tecmesa, y le entregó el enorme escudo séptuple del cual había recibido su nombre. «El resto de mis armas será enterrado conmigo cuando muera», dijo. Teucro, el hermanastro de Ayax e hijo de Hesíone, la hermana cautiva de Príamo, se hallaba en aquel momento en Misia, pero Áyax le dejó un mensaje designándolo guardián de Eurísaces, a quien debía llevar a casa de sus abuelos Telamón y Euribea en Salamina. Luego, después de decir a Tecmesa que eludiría la ira de Atenea bañándose en agua de mar y encontrando un trozo de tierra no hollada en el que pudiera enterrar con seguridad la espada, salió, decidido a matarse.

e. Fijó en tierra la espada —la misma que le había dado Héctor a cambio del tahalí de púrpura— con la punta hacia arriba, y después de pedir a Zeus que le hiciera saber a Teucro dónde se podía encontrar su cadáver; a Hermes que condujera su alma a los Campos de Asfódelos; y a las Erinias que le vengaran, se arrojó sobre ella. La espada, que detestaba lo que Ayax le pedía, se dobló en la forma de arco, y ya había amanecido cuando por fin consiguió suicidarse poniendo la punta bajo su axila vulnerable.

f. Entretanto Teucro volvió a Misia y estuvo a punto de que lo mataran los griegos, indignados por la matanza de su ganado. Calcante, a quien no se había otorgado la previsión profética del suicidio, llevó aparte a Teucro y le aconsejó que encerrara a Ayax en su tienda, pues le había enloquecido la ira de Atenea. Podalirio, hijo de Asclepio, se mostró de acuerdo; era un médico tan experto como su hermano Macaón el cirujano y el primero que diagnosticó la locura de Ajax por sus ojos llameantes. Pero Teucro se limitó a sacudir la cabeza, pues Zeus le había informado ya de la muerte de su hermano, y salió tristemente con Tecmeas en busca del cadáver.

g. Encontró a Ayax tendido en un charco de sangre y Teucro se quedó consternado. ¿Cómo podía volver a Salamina y hacer frente a su padre Telamón? Mientras se hallaba allí tirándose de los pelos se presentó Menelao y le prohibió enterrar a Ayax, a quien había que dejar a merced de los voraces milanos y los piadosos buitres. Teucro lo envió a paseo y, dejando que Eurísaces, vestido de suplicante, expusiera mechones de su cabello, del de Teucro y del de Tecmesa, para guardar así el cadáver de Ayax —sobre el que Tecmesa había extendido su túnica—, se presentó airado ante Agamenón. Odiseo intervino en la subsiguiente disputa y no sólo instó a Agamenón para que permitiera los ritos fúnebres, sino que además se ofreció a ayudar a Teucro a realizarlos. Teucro no aceptó ese servicio, aunque agradeció la cortesía de Odiseo. Finalmente Agamenón, por consejo de Calcante, permitió que Ayax fuese enterrado en un ataúd de suicida en el cabo Reteo, y no que fuera quemado en una pira como si hubiera caído honorablemente en la batalla.

h. Algunos sostienen que la causa de la querella entre Ayax y Odiseo fue la posesión del Paladio y que se produjo después de la caída de Troya. Otros niegan que Ayax se suicidara y dicen que, como era invulnerable al acero, los troyanos lo mataron con terrones de arcilla, como les había aconsejado un oráculo. Pero quizá se trataba de otro Ayax.

í. Posteriormente, cuando Odiseo visitó los Campos de Asfódelos, Ayax fue la única ánima que permaneció alejada de él, y rechazó sus excusas de que Zeus había sido responsable de su desgracia. Para entonces Odiseo había regalado prudentemente las armas a Neoptólemo, el hijo de Aquiles; aunque los eolios que más tarde se establecieron en Troya dicen que las perdió en un naufragio cuando regresaba a su casa y que Tetis consiguió que las olas las depositasen junto a la tumba de Ayax en Reteo. Durante el reinado del emperador Adriano la mar gruesa abrió la tumba y se descubrió que sus huesos eran de tamaño gigantesco; basta con decir que las rótulas eran tan grandes como los discos que emplean los muchachos en el pentatlón. Por orden del emperador los volvieron a enterrar inmediatamente.

j. Los habitantes de Salamina dicen que cuando murió Ayax apareció una flor nueva en su isla: blanca, con matices rojos, menor que un lirio y, como el jacinto, con letras que decían Ai! Ai! («¡Ay, ay!»). Pero se cree generalmente que la nueva flor nació de la sangre de Ayax cuando cayó, pues las letras también quieren decir Aias Aiacides: «Ayax el Eácida.» En la plaza del mercado de Salamina hay un templo de Ayax con una imagen de ébano; y no lejos del puerto se muestra un canto rodado en el que se sentó Telamón para contemplar la nave que se llevó a sus hijos a Aulide.

k. Teucro volvió por fin a Salamina, pero Telamón le acusó de fratricidio en segundo grado, pues no había apoyado la pretensión de Ayax a las armas en disputa. Le prohibió desembarcar y tuvo que defenderse desde el mar mientras los jueces le escuchaban en la orilla; el propio Telamón se había visto obligado a hacer lo mismo por su padre Éaco cuando le acusó de haber asesinado a su hermano Foco. Y así como Telamón había sido declarado culpable y desterrado, así también lo fue Teucro, fundándose en que no había llevado de vuelta los huesos de Ayax, ni a Tecmesa ni Eurísaces; lo que desmostraba negligencia. Se dirigió a Chipre, donde, con el favor de Apolo y el permiso del rey sidonio Belo, fundó  la  otra Salamina.

l. Los atenienses honran a Ayax como uno de sus héroes epónimos e insisten en que Fileo, el hijo de Eurísace, se hizo ciudadano ateniense y les entregó la soberanía de Salamina.

1.      Aquí el elemento mitológico es pequeño. Ayax quizás aparecía en alguna ilustración chipriota atando el carnero a una columna, no porque se hubiera vuelto loco, sino porque ésa era una forma de sacrificio introducida en Chipre desde Creta (véase 39.2).

2.      E1 jacinto de Homero es la espuela de caballero azul —hyacinthos grapta— que tiene en la base de sus pétalos marcas que se parecen a las letras griegas primitivas AI; estaba también consagrada al Jacinto cretense (véase 21.8).

3.      Los huesos de Ayax que ordenó volver a enterrar Adriano, como los de Teseo (véase 104.i), probablemente pertenecían a algún héroe mucho más antiguo. Pisístrato utilizó  la  supuesta relación de Ayax con el Ática para reclamar  la  soberanía de la isla de Salamina que ejercía anteriormente Megara, y se dice que apoyó su reclamación mediante la inserción de versos fraguados (véase 163.1) en el canón homérico (Ilíada ii.458-559; Aristóteles: Retórica i.15; Plutarco: Solón 10). Ata es una forma vieja de gata («tierra») y atas («Ayax») significaría «campesino».

4.      Matar a un hombre con terrones de arcil la  en lugar de hacerlo con espadas era un medio primitivo de evitar la culpabilidad por homicidio; y el asesinato de este otro Ayax debe de haber sido, por tanto, obra de sus parientes y no del enemigo troyano.

5.      Que Odiseo y Ayax disputaran la posesión del Paladio es históricamente importante, pero Sófocles ha confundido descuidadamente a Ayax el Grande con Ayax el Pequeño (véase 166.2).

164 La muerte de Áquiles

a. La reina de las amazonas Pentelisea, hija de Otrere y Ares, se había refugiado en Troya huyendo de las Erinias de su hermana Hipólita (llamada también Glauce o Melanipa), a la que había matado accidentalmente, bien durante una cacería, o bien, según los atenienses, en la lucha que siguió al casamiento de Teseo con Fedra. Purificada por Príamo, se distinguió mucho en la batalla y dio muerte a numerosos griegos, entre ellos (según se dice) a Macaón, aunque la versión más común hace que le mate Eurípilo, hijo de Télefo. Sacó a Áquiles del campo de batalla en varias ocasiones, y algunos pretenden incluso que ella lo mató y que Zeus, atendiendo a la súplica de Tetis, le devolvió la vida, pero al final él la atravesó con la lanza, se enamoró de su cadáver y cometió necrofilia con él allí mismo. Cuando Áquiles pidió voluntarios para enterrar a Pentesilea, Tersites, un hijo del etolio Agrio y el más feo de los griegos que luchaban delante de Troya, y que había vaciado los ojos de Pentesilea con su lanza cuando ella yacía moribunda, acusó burlonamente a Áquiles de lujuria inmunda y contranatural. Áquiles se volvió y asestó a Tersites un golpe tan fuerte que le rompió todos los dientes y envió su alma al Tártaro.

b. Esto causó una gran indignación entre los griegos y Diomedes, que era primo de Tersites y deseaba mostrar su desdén por Áquiles, arrastró el cuerpo de Pentesilea tirándolo de los pies y lo arrojó en el Escamandro; pero lo sacaron del río y lo enterraron en la orilla con grandes honores: algunos dicen que lo hizo Áquiles, y otros que los troyanos. Áquiles se embarcó luego para Lesbos, donde hizo sacrificios a Apolo, Artemis y Leto; y Odiseo, enemigo jurado de Tersites, le purificó del asesinato. Pentesilea moribunda, sostenida por Aquiles, aparece grabada en el trono de Zeus en Olimpia. Su nodriza, la amazona Cleta, al enterarse de que había huido a Troya después de la muerte de Hipólita, salió en su busca, pero los vientos contrarios la llevaron a Italia, donde fijó su residencia y fundó la ciudad de Cíete.

c. Príamo había convencido ya a su hermanastro Titono de Asiría para que enviase a Troya a su hijo el etíope Memnón; le sobornó con una vid de oro. En Etiopía se muestra un supuesto palacio de Memnón, aunque cuando Titono emigró a Asiría y fundó Susa, Memnón, que era entonces un niño, había ido con él. A Susa se la llama ahora comúnmente la Ciudad de Memnón, y a sus habitantes asíanos, por Cisia, la madre de Memnón. Su palacio en la Acrópolis subsistió hasta la época de los persas.

d. Titono gobernaba la provincia de Persia para el rey asirio Téutamo, el señor de Príamo, quien puso a Memnón al mando de un millar de etíopes, un millar de susanos y doscientos carros. Los frigios muestran todavía el camino escabroso pero directo, con lugares para acampar cada viente  la ilómetros más o menos, por el que Memnón, después de subyugar a todas las naciones intermedias, marchó a Troya. Era negro como el ébano, pero el hombre más bello existente, y, como Aquiles, llevaba una armadura forjada por Hefesto. Algunos dicen que condujo un gran ejército de etíopes e indios a Troya por Armenia, y que otra expedición partió por mar de Fenicia a sus órdenes y mandada por un sidonio llamado Falante. Cuando desembarcó en Rodas, los habitantes de la cual estaban en favor de la causa griega, le preguntaron a Falante en público: «¿No te avergüenza, señor, ayudar al troyano París y a otros enemigos declarados de tu ciudad natal?» Los marineros fenicios, que entonces se enteraron por primera vez de adonde iban, lapidaron a Falante por traidor y se establecieron en Yáliso después de repartirse el tesoro y las municiones de guerra que llevaba Falante.

e. Entretanto, en Troya, Memnón mató a vanos griegos destacados, entre ellos a Antíloco hijo de Néstor, cuando acudió a salvar a su padre, pues París había matado a uno de los caballos del carro de Néstor y el terror hacía inmanejable a su compañero de yunta. Este Antíloco había sido abandonado cuando era niño en el monte Ida por su madre Anaxibia, o Eurídice, y le había amamantado una perra. Aunque era demasiado joven cuando la expedición zarpó de Aulide al comienzo de la guerra, la siguió algunos años después y pidió a Aquiles que aplacara la ira de Néstor ante su llegada inesperada. Aquiles, complacido con el ánimo belicoso de Antíloco, se comprometió a mediar entre ellos y, por deseo suyo, Néstor presentó su hijo a Agamenón. Antíloco era uno de los griegos más jóvenes, bellos, rápidos y valientes que luchaban en Troya y Néstor, a quien un oráculo había advertido que debía protegerlo contra un etíope, designó a Calionte como su guardián, pero en vano. Los huesos de Antíloco fueron enterrados junto a los de sus amigos Aquiles y Patroclo, a cuyas ánimas acompañó a los Campos de Asfódelos.

f. Ese día, con la ayuda de los etíopes de Memnón, los troyanos casi consiguieron incendiar las naves griegas, pero llegó la noche y se retiraron. Después de enterrar a sus muertos, los griegos eligieron a Ayax el Grande para que se enfrentase con Memnón; y a la mañana siguiente había comenzado ya el combate singular cuando Tetis fue en busca de Aquiles, quien estaba ausente del campamento, y le dio la noticia de la muerte de Antíloco. Aquiles se apresuró a volver para vengarse, y mientras Zeus, quien había pedido una balanza, pesaba su destino contra el de Memnón, apartó a un lado a Ayax y ocupó su lugar en el combate. E1 platillo que contenía el destino de Memnón descendió en las manos de Zeus, Aquiles asestó a su adversario el golpe mortal
y poco después una cabeza negra y una armadura brillante coronaban la pira ardiente de Antíloco.

g. Sin embargo, algunos dicen que los tesalios le tendieron una emboscada a Memnón, y que los etíopes, después de quemar su cuerpo, llevaron las cenizas a Titono; y que ahora están enterradas en una colina que domina la desembocadura del río Esepo, donde una aldea lleva su nombre. Eos, considerada como la madre de Memnón, imploró a Zeus que le otorgase la inmortalidad y algunos honores más. En consecuencia, varias aves hembras fantasmas, llamadas Memnónidas, se formaron con las ascuas y el humo de su pira, se elevaron al aire y volaron tres veces a su alrededor. En la cuarta vuelta se dividieron en dos bandadas, lucharon entre ambas con las garras y los picos y cayeron sobre las cenizas como un sacrificio fúnebre. Las Memnónidas siguen luchando
y cayendo sobre su tumba cuando el Sol ha recorrido todos los signos del Zodíaco.

h. Según otra tradición, estas aves son las muchachas compañeras de Memnón, las cuales lamentaron su muer te tan excesivamente que los dioses, compadecidos, las transformaron en aves. Hacen una visita anual a su tumba, donde lloran y se laceran hasta que algunas de ellas caen muertas. Los helespontinos dicen que cuando las Memnónidas visitan la tumba de Memnón junto al Helesponto utilizan las alas para rociarla con agua del río Esepo; y Eos sigue derramando lágrimas de rocío por él todas las mañanas. Polignoto pintó a Memnón haciendo frente a su rival Sarpedón y vestido con un manto bordado con esas aves. Se dice que los dioses observan los aniversarios de la muerte de ambos como días de luto

i. Otros creen que los huesos de Memnón fueron llevados a Pafos en Chipre, y desde allí a Rodas, donde su hermana Himera, o Hemera, fue a buscarlos. Los fenicios que se habían rebelado contra Falante permitieron que se los llevara con la condición de que no exigiera la devolución .del tesoro robado. Ella accedió a eso y llevó la urna a Fenicia; allí la enterró en Palioquis y luego desapareció. Otros dicen que  la  tumba de Memnon se halla cerca de Faltón, en Siria, junto al río Badas. Su espada de bronce cuelga de la pared del templo de Asclepios en Nicomedia; y la Tebas egipcia es famosa por una colosal estatua negra —una figura de piedra sentada— que produce un sonido parecido al del rompimiento de  la  cuerda de una lira todos los días al salir el sol. Todos los pueblos de habla griega lo llaman Memnón, pero no los egipcios.

j. A continuación Aquiles derrotó a los troyanos y los persiguió hacia  la  ciudad, pero su destino estaba ya también decidido. Posidón y Apolo se comprometieron a vengar  la  muerte de Geno y Troilo y a castigar ciertas jactancias insolentes que Aquiles había pronunciado sobre el cadáver de Héctor, y se cosultaron. Velado con una nube y apostado junto a  la  Puerta Escea, Apolo buscó a París en lo más reñido del combate, dirigió su arco y guió la flecha fatal. Fue a clavarse en la única parte vulnerable del cuerpo de Aquiles, el talón derecho, y murió con terribles dolores. Pero algunos dicen que Apolo, asumiendo la semejanza de Paris, mató personalmente a Aquiles; y ésta fue la versión que aceptó Neoptólemo, el hijo de Aquiles. Durante todo el día se libró sobre el cadáver una batalla feroz. Áyax el Grande mató a Glauco, lo despojó de su armadura, envió ésta al campamento y, a pesar de una lluvia de flechas, llevó el cadáver de Aquiles a través de los enemigos, mientras Odiseo le cubría la retaguardia. Una tempestad enviada por Zeus puso entonces fin a la lucha.

k. Según otra tradición, Aquiles fue víctima de un complot. Príamo le había ofrecido a Políxena en matrimonio con la condición de que levantase el sitio de Troya, pero Políxena, que no podía perdonar a Aquiles el que hubiera asesinado a su hermano Troilo, hizo que revelara la vulnerabilidad de su talón, pues no hay secreto que las mujeres no puedan arrancar a los hombres como prueba de amor. A pedido de ella, descalzo y desarmado, a ratificar el acuerdo mediante sacrificios a Apolo Timbreo; luego, mientras Deífobo le abrazaba simulando amistad, Paris, oculto detrás de la imagen del dios, le atravesó el talón con una flecha envenenada o, según algunos, con una espada. Pero antes de morir Aquiles tomó del altar unas teas y las lanzó vigorosamente a su alrededor, matando a muchos tróvanos y servidores del templo. Entre tanto, Odiseo, Ayax y Diomedes, sospechando una posible traición de Aquiles, le habían seguido al templo. Paris y Deífobo se cruzaron con ellos corriendo en la puerta; entraron y Aquiles, al expirar en sus brazos, les pidió que después de la caída de Troya sacrificaran a Políxena en su tumba. Ayax sacó el cadáver del templo en sus hombros; los troyanos trataron de apoderarse de él, pero los griegos consiguieron llevárselo y lo condujeron a las naves. Algunos dicen, por otra parte, que los troyanos vencieron en la pelea y no entregaron el cadáver de Aquiles hasta que les devolvieron el rescate que Príamo había pagado por Héctor.

l. Esa pérdida desalentó a los griegos. Sin embargo, Posidón prometió a Tetis que concedería a Aquiles en el Mar Negro una isla en la que las tribus de la costa le ofrecerían sacrificios divinos durante toda la eternidad. Un grupo de nereidas fue a Troya para llorar con ella y permanecieron desoladas alrededor de su cadáver mientras las nueve Musas entonaban el canto fúnebre. El duelo duró diecisiete días y noches, pero aunque Agamenón y los otros caudillos griegos derramaron muchas lágrimas, ninguno de los soldados rasos lamentó mucho la muerte de un traidor tan notorio. El decimoctavo día el cuerpo de Aquiles fue quemado en una pira y sus cenizas, mezcladas con las de Patroclo, fueron guardadas en un cofre de oro hecho por Hefesto, regalo de boda de Dioniso a Tetis; el cofre fue enterrado en el promontorio Sigeo, que dormina el Helesponto, y sobre él los griegos erigieron un alto túmulo como mojón. En una aldea vecina llamada Aquilea hay un templo dedicado a Aquiles y su estatua lleva un arete de mujer.

m. Mientras los aqueos realizaban juegos fúnebres en su honor —Eumelo ganó la carrera de carros, Diomedes la pedestre, Ayax el lanzamiento de discos y Teucro la competencia en el disparo de arcos— Tetis sacó el alma de Aquiles de la pira y la llevó a Leucea, una isla de unos veinte estadios de circunferencia, boscosa y llena de animales salvajes y domesticados que se halla frente a la desembocadura del Danubio y que ahora le está consagrada. En una ocasión, cuando cierto crotoniano llamado Leónimo, que había sido herido gravemente en el pecho mientras luchaba con sus vecinos, los locrios espicefirios, hizo una visita a Delfos para preguntar cómo podía curarse, la Pitonisa le dijo: «Ve a Leucea. Allí Ayax el Pequeño, a cuya ánima invocaron sus enemigos para que luchase en su favor, aparecerá y te curará la herida.» Volvió algunos meses después, sano y salvo, e informó que había visto a Aquiles, Patroclo, Antíloco, Ayax el Grande y finalmente Ayax el Pequeño, quien le había curado. Helena, ahora casada con Aquiles, le había dicho: «Te ruego, Leónimo, que vayas a Himera y le digas al difamador de Helena que la pérdida de su vista se debe al desagrado de ella.» Los marineros que navegan rumbo al norte desde el Bosforo hasta Olbia oyen con frecuencia a Aquiles que canta los versos de Homero al otro lado del agua, y al sonido de su voz acompañan el ruido de cascos de caballos, gritos de guerreros y entrechocar de armas.

n. Aquiles yació por vez primera con Helena, no mucho antes de su muerte, en un sueño dispuesto por su madre Tetia. Esta experiencia le causó tal placer que pidió a Helena que se descubriese ante él en la vida real en la muralla de Troya. Ella lo hizo y Aquiles se enamoró desesperadamente. Como él fue su quinto marido, lo llaman Pempto, que quiere decir «quinto», en Creta; Teseo, Menelao, París y Deífobo habían sido sus predecesores.

o. Pero otros sostienen que Aquiles sigue bajo el poder de Hades y se queja amargamente de su suerte mientras se pasea por los Campos de Asfódelos; otros, que se casó con Medea y vive regiamente en los Campos Elíseos o en las Islas de los Bienaventurados.

p. Por orden de un oráculo se erigió un cenotafio a Aquiles en el antiguo gimnasio de Olimpia; allí, al comienzo del festival, cuando el sol se pone, las eleanas le honran con ritos fúnebres. Los tesalios, por orden del oráculo de Dodona, hacen también sacrificios anuales a Aquiles; y en el camino que lleva de Esparta hacia el norte hay un templo que le construyó Prax, su bisnieto, y que está cerrado al gran público; pero los muchachos a los que se exige que luchen en el cercano bosquecillo de sicómoros entran en él y hacen sacrificios a Aquiles de antemano.

1.      Pentesilea era una de las amazonas vencidas por Teseo y Heracles: es decir, una de las sacerdotisas combatientes de Atenea, derrotadas por los invasores eolios de Grecia (véase 100.1 y 131.2). El episodio ha sido situado en Troya porque, según se dice,, la confederación de Príamo comprendía a todas las tribus del Asia Menor. Pentesilea no aparece en la Ilíada, pero el ultraje de su cadáver por Aquiles es característicamente homérico, y como se la menciona en otros muchos textos clásicos, un pasaje acerca de ella pudo muy bien haber sido suprimido por los compiladores de Pisístrato. Dictys Cretensis (iv.2-3) moderniza la fábula: dice que cabalgaba al frente de un gran ejército y que, al encontrar a Héctor muerto, habría vuelto a su país si París no  la  hubiera sobornado con oro y plata para que se quedase. Aquiles atravesó con la lanza a Pentesilea en su primer encuentro y la hizo caer de la silla tirándole del cabello. Cuando yacía en tierra moribunda los soldados griegos gritaron: «¡Arroja a esa virago a los perros como castigo por sobrepasar la naturaleza de la mujer!» Aunque Aquiles pidió que se le hiciese un funeral honorable, Diomedes tomó el cadáver por los pies y lo arrastró para arrojarlo al Escamandro. En la leyenda griega las viejas nodrizas representan habitualmente a la Diosa como Anciana (véase 24.9) y la nodriza de Pentesilea, Cleta («invocada») no es una excepción.

2.      Cisia («hiedra») parece ser un título primitivo de la diosa, llamada de diversos modos, que presidía las orgías de hiedra y vid en Grecia, Tracia, Asia Menor y Siria (véase 168.j); los «cisianos» de Memnón, sin embargo, son una variante de «susianos» («hombres-lirio»), llamados así en honor de la diosa Lirio, Susannah o Astarté. Probablemente Príamo pidió ayuda, no a los sirios, sino a los hititas, que muy bien podían haberle enviado refuerzos por tierra, y también por mar, desde Siria. «Memnón» («resuelto»), un título común de los reyes griegos —intensificado en «Agamemnón» («muy resuelto»)— ha sido confundido aquí con Mnemón, un título del asirio Artajerjes, y con Amenofis, el nombre del Faraón en honor del cual se construyó en Tebas la famosa estatua negra y cantante. Los primeros rayos del sol calentaban la piedra hueca y hacían que el aire interior se expandiese y saliera por la estrecha garganta.

3.      Aquiles en su nacimiento, juventud y muerte es aceptable mitológicamente como el antiguo rey sagrado pelasgo, destinado a convertirse en el héroe oracular «sin labios». Su adversario mítico llevaba varios nombres, como «Héctor», «Paris» y «Apolo». Aquí es Memnón, hijo de Cisia. El duelo de Aquiles con Memnón, cada uno de ellos apoyado por su madre, estaba tallado en el Cofre de Cipselo (Pausanias: v.19.1) y en el trono de Apolo en Amidas (Pausanias: iii.18.7); además figura en un gran grupo del pintor Licio que los habitantes de Apolonia le dedicaron en Olimpia (Pausanias: v.22.2). Los dos representan al rey sagrado y su sucesor: Aquiles, hijo de la diosa del Mar, brillante Espíritu del Año Creciente;  y Memnón, hijo de la diosa; Hiedra, oscuro Espíritu del Año Menguante, al que se consagra la vid dorada. Se matan el uno al otro alternativamente, en los solsticios invernal y estival; el rey muere siempre a consecuencia de una herida en el talón, y su sucesor es decapitado con una espada. Aquiles, en este sentido antiguo, no corrompido por el comportamiento escandaloso de los caudillos aqueos y dorios que usurparon su nombre, era honrado como héroe en muchos lugares;  y la  fábula no homérica de la traición de que fue objeto por Políxena, quien le arrancó el secreto de su talón vulnerable, lo coloca junto a Llew Llaw, Cuchulain, Sansón y otros héroes de la Edad de Bronce de buena reputación. Es probable, por tanto, que su lucha con Pentesilea fuera de la misma clase que la de su padre, Peleo, con Tetis (véase 81.d). Quien recibió el mensaje de Helena desde Leucea —que ahora es una isla prisión rumana sin árboles— fue el poeta Estesícoro (véase 31.9 y 159.1).

4.      Debido a que Memnón fue del Oriente para ayudar a Príamo se le llamó «hijo de Eos» («la aurora»); y como necesitaba un padre, Titono, el amante de Eos, pareció la elección natural (véase 40.c). Una lucha en el solsticio de invierno entre muchachas disfrazadas de aves de la que da fe Ovidio, es una explicación más probable de las Memnónidas que el que sean encarnaciones fantásticas de chispas que ascienden de un cadáver colocado en la pira; la lucha se libraría originalmente por el cargo de suma sacerdotisa, al estilo libio (véase 8.1).

5.      Aquiles, como rey sagrado de Olimpia, era llorado después del solsticio estival, cuando se realizaban en su honor los juegos fúnebres olímpicos; a su sucesor, llamado Idealmente «Crono», se le lloraba después del solsticio de invierno (véase 138.4). En las Islas Británicas estas fiestas caían en el primero de agosto y el día de San Esteban, respectivamente; pero aunque el cadáver del reyezuelo de cresta dorada, el pájaro de Crono, es llevado todavía en procesión por los distritos rurales el día de San Esteban, las Memnónidas británicas suspiran y sollozan sólo por el petirrojo, no por su víctima, el reyezuelo: por el sucesor y no por el rey sagrado.

6.      El templo de héroe de Aquiles en Creta debió de ser construido por inmigrantes pelasgos, pero el sicómoro es un árbol cretense. Puesto que la hoja de sicómoro representaba la mano verde de Rea, quizá se llamara a Aquiles Pempto («quinto») para identificarlo con Acésidas, el quinto de sus Dáctilos, es decir el dedo meñique oracular, del mismo modo en que identificaba a Heracles con el primero, el viril pulgar (véase 53.1).

7.      La vid de oro de Príamo, con la que sobornó a Titono para que enviara a Memnón, parece haber sido la que dio Zeus a Tros como compensación por el rapto de Ganimedes (véase 29.6).