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lunes, 25 de marzo de 2019

EL ECCE HOMO DE LAS BERNARDAS

Miguel Moreno Jara nos cuenta bastante más extensa, esta leyenda que relato y que sucedió en el convento de “Las Bernardas”:
A finales del siglo XVII, vivía en la calle Llana una hidalga familia, a la que pertenecía doña Beatriz de Vargas y Sáez, que era el ojito derecho de su abuelo.
A pesar de su corta edad, fue prometida en matrimonio al Barón de Torreoscura.
Un día, su abuelo enfermó repentinamente y murió acto seguido, lo que sumió a doña Beatriz en un profundo dolor, que a la postre la hizo renunciar al mundo, ingresando en el convento de las franciscanas descalzas (las Bernardas), a pesar de que la familia trató de convencerla de lo contrario.
Cuando ya llevaba enclaustrada unos meses, comenzaron las obras de construcción del retablo mayor. Doña Beatriz observaba a través de la celosía, cómo los escultores de la madera esculpían con sus gubias capiteles y hornacinas, y sintió tal vocación hacia esta forma de trabajo, que empezó a practicar con gran éxito el modelado de la madera.

Con tal ímpetu creador, se propuso modelar un Hecce Homo en su tiempo libre. Así lo hizo y, una vez policromado, resultó ser tan real, que la congregación se postraba ante Él de rodillas con verdadero fervor y emoción.
La belleza plástica y emotiva de este busto llenó el espíritu de cuantos lo vieron y no tardó en difundirse por el pueblo la piedad que suscitaba su contemplación, lo que motivó una peregrinación continua de buenas gentes y personas arrepentidas por aquel lugar.
Pero mientras tanto, el antiguo prometido de Dª Beatriz, derrochó su fortuna y quiso contar con la de ella, para lo cual usó sutiles embustes con el fin de exclaustrarla. Sus rebuscadas frases de amor hicieron mella en la novicia que, a la postre creyó las palabras del truhán y solicitó de la madre superiora tal exclaustración. Con gran pena se despidió de sus compañeras y lloró al contemplar el milagroso busto esculpido por ella misma; pero cuando salía de la Iglesia, escuchó: ¡Beatriz!, ¿te vas y me dejas por ese hombre?
Cuando volvió la cabeza, observó como aquel busto la miraba fijamente a los ojos, y se desmayó. Al despertar, decidió quedarse en el convento, profesando los votos de la Orden. Murió dos años después.

LEYENDA DE “LA ESPADA DE ANTONIO ORDÓÑEZ”

Alfredo Cazaban en su diario “D. Lope de Sosa” y recientemente José García García, recoge esta leyenda publicada por Ximenez Patón a principios del siglo XVII:
Durante la guerra de Flandes, Osorio prendió a un capitán enemigo aunque desobedeció una orden de su Maestre. Éste lo premió con la espada del capitán pero lo condenó a muerte, aunque no se llevó a cabo la pena. Ya en Jaén, los alguaciles le quitaron la espada, pues iba con ella a horas no permitidas, entregándola al Corregidor quien, no escuchando a Osorio, la regaló a su hijo. Un día, Osorio se encontró con el hijo del Corregidor y le pidió la espada; pero al negársela, lo hirió con una daga en la cabeza y se la quitó. Fue nuevamente condenado a muerte, pero Ordóñez acudió a la Chancillería de Granada donde, después de relatar lo acaecido en Flandes, lo dejaron en libertad.

LEYENDA DE PASCUALETE

José García nos cuenta que Pascualete era un niño de apenas ocho años, que acompañaba a su abuela a la iglesia. Ésta, enferma, le pide al nieto que entregue al cura una sortija para la Virgen de la Cabeza. Así lo hace, pero siente la curiosidad de saber si le ponen o no la sortija a la Virgen, de modo que, aprovechando el paso de la cofradía de La Colomera, se va con ellos, pero al cuidado de un vecino que llevaba una bestia y al que paga con un rosario. Cuando regresa, teme que le vayan a pegar por no decir nada al irse, pero al contrario, lo reciben con gran alegría, porque su casa había ardido y lo daban por muerto al no encontrarlo.

LEYENDA DE LOS REBUSCADORES

Del libro de este autor “Cuentos de Jaén” sacamos otra narración que viene a decir:
Una familia muy humilde compuesta por los padres y dos hijos, fueron a la “rebusca” de la aceituna. Los niños, que jugaban más que cogían, fueron tras una lagartija y escarbando la tierra, encontraron una olla llena de monedas de plata y oro. El padre se compró un campo de olivos, los niños fueron a la escuela y, cuando llegaba el tiempo de varear, siempre dejan aceitunas en el campo para los rebuscadores.

EL SEÑOR DE LOS TRES HUEVOS (CRISTO DE BURGOS, O DE LAS TRES POTENCIAS)

En la calle García Requena, más conocida por Recogidas, se encontraba la hornacina del Cristo de Burgos, de las tres potencias o del Señor de los Tres Huevos
Cuentan que un anciano fraile pidió albergue en una casa de aquella calle y sus propietarios, muy pobres, sólo le pudieron ofrecer para comer tres huevos. Al amanecer el fraile había desaparecido, los huevos estaban intactos y en la pared había un crucifijo.

EL CUERPO INCORRUPTO DEL GORRIÓN

Este relato es una historia verídica que le aconteció al bisabuelo del actual propietario de la taberna del Gorrión, allá por el año 1918:
Había terminado la 1ª guerra mundial y una princesa rusa salió huyendo de su patria con destino a EE.UU. Atravesó toda Europa y llegó a España con la intención de embarcar en Cádiz. Uno de los puntos de paso era Jaén y, como estaba tan cansada, se hospedó aquí con dos de sus damas pidiendo alojamiento y comida.
La princesa se sentó justo en la mesa sobre la que había colgado un jamón aún fresco, por lo que no es de extrañar que le cayera encima una gota de grasa. Por su parte, el dueño del Gorrión muy apurado, le dice a la princesa que la va a llevar a la parte de arriba de la casa para tratar de limpiarle la mancha. No sabemos la forma en que se la quitaría; el caso es que, cuando terminó, la princesa le dio un beso de amor al hombre. Éste, loco de alegría, como no sabía de qué manera darle las gracias al jamón, decidió indultarlo. Muy interesante tuvo que ser el rato que pasaron el gorrión y la princesa en aquella sala de limpieza, pues con el hambre que se pasaba en aquella época, indultar al jamón era poco menos que pecado.
La historia fue escrita por el bisabuelo del Gorrión en un pergamino, y la metió en una botella que se conserva en el bar, a la vista del público.

ENFRENTE DEL TORO ESTÁ EL TESORO

Al parecer, en uno de los muros del Castillo existía una cabeza de toro tallada en piedra bajo la que se leía “enfrente del toro está el tesoro”
Fueron muchos los jiennenses y otros forasteros que buscaron con ahínco el dichoso tesoro frente a la cabeza del toro, gastando picos, palas y paciencia en el empeño.
Cierto día, un buscador cogió tal “cabreo” que le atizó al toro con todo el pico en la cabeza, cayendo un trozo al suelo; pero cuando se marchaba soltando por su boca letanías venenosas, oyó el tintineo de algo metálico y, dándose la vuelta, observó que de la frente del toro caían monedas de oro. Y es que el mensaje había que leerlo en el sentido de “en frente...”, en lugar de “enfrente...”

"CAÑO QUEBRADO" (antes fuente de la Mora)

Donde cuenta la leyenda que la hermosa Zoraida casó con Abu-Omar, gobernador de la ciudad, profesándose gran amor; pero su felicidad fue efímera pues, Abu-Omar fue asesinado por un traidor y, enterándose de ello la bella Zoraida, enloqueció y huyó del castillo, encontrándola después en el mismo lugar en que asesinaron a su marido donde, por la pena, se hirió de muerte con la propia daga de su amado. Cuenta la tradición que en ese lugar brotó la fuente de Caño Quebrado, siendo la primera agua que manó las mismas lágrimas de Zoraida.
No se extrañen si al atardecer, ven por allí los espectros de dos enamorados vestidos a la usanza árabe, fundidos en un abrazo infinito.
La leyenda del fantasma de una mora paseando por el Parador, en el lugar en que se alzó el castillo viejo, también se atribuye a esta historia.

LA MANTILLA COLORÁ

En torno al color de la mantilla que forma parte del traje de pastira, existe una leyenda. Se cuenta que un grupo de mozos y mozas salieron una mañana de romería a orillas del río Guadalbullón. Una partida de moros granadinos los sorprendió y les atacó con la intención de dar muerte a los mozos y llevarse cautivas a las mozas, pero ambos, mozos y mozas, ofrecieron tan encarnizada resistencia que los moros huyeron, pero muchas tocas de las mozas, blancas al principio, se tiñeron del rojo de su propia sangre.
Desde entonces, en conmemoración de aquel hecho, las mantillas típicas que lucen las mujeres de Jaén en los días de fiesta son rojas.

EL TESORO DE ZUMEL

El Cerro del Zumel Redondo tiene forma de cono y se encuentra al sureste de la ciudad. En su ladera existe una casería y en su cima, un castillejo con aljibe en el que el siglo XVII vivió un eremita. En la ciudad se hablaba de que un rey moro, en la época del Califato de Córdoba enterró allí un fabuloso tesoro y después murió en combate.
Ya a principios del siglo XX, un francés en compañía de su hijo llegó a Jaén y juntos, iniciaron excavaciones en el cerro, pero pronto enfermó y murió. El hijo regresó a Francia, pero antes reveló a algunos el secreto del tesoro, lo que motivó que otros probaran fortuna e incluso se autorizaran excavaciones arqueológicas en 1919.
De nuevo se acometieron excavaciones en 1940. A esta leyenda se le añadió el rumor de que el propietario de los terrenos, temeroso de que se lo arrebataran, escondió en el monte el producto de la cosecha de 1936, en duros de plata y dentro de una bolsa de piel, que las hijas del dueño no habían conseguido encontrar por ningún lado.

EL ESPECTRO DE LA FUENTE DE LA PEÑA

Un arriero que regresaba de los Villares una noche, al pasar por la Fuente de la Peña, le pareció oír los sollozos de un niño. Allí había un lavadero donde las mujeres subían a lavar la ropa. El arriero tal vez pensó que se trataba del hijo de alguna de aquellas lavanderas que se había perdido.
Buscó el origen de los sollozos y vio que era un niño de dos o tres años. Lo tomó en brazos y procuró tranquilizarlo. Cuando cesó de llorar, lo colocó atrás en la mula y continuó su camino hacia Jaén.
Ya entrando en el barrio de San Felipe, un poco antes de llegar a la Glorieta, el arriero empezó a notar que las mulas iban tornando su paso en fatigoso. Parecía como si un peso muy grande las lastrara. El hombre se extrañó y cuando echó la cabeza hacia atrás para ver qué pasaba en la recua, se encontró con que el niño se había convertido en un ser enorme y monstruoso, una criatura de rostro terrible y enormes dientes. Y con cierta sorna, le preguntó:
- ¿Tienes dientes como yo?
El arriero, pese a ser un hombre hecho y derecho, descabalgó de un salto y, sin ocuparse de sus mulas que se desperdigaron por calles y caminos, salió corriendo al tiempo que se santiguaba.

Leyendas de Jaen: Las cámaras de las estatuas

"En los primeros días había en el reino de los andaluces una ciudad en la que residían sus reyes y que tenía por nombre Lebit, o Ceuta, o Jaén". Así comienza Jorge Luis Borges su relato sobre un castillo en Jaén cuya puerta nunca se abría.
Cada vez que un rey moría, se añadía un nuevo cerrojo, hasta contar 24, uno por cada rey. Un mal hombre que pese a no poseer sangre azul logró el poder suficiente, abrió la puerta en vez de añadir un nuevo cerrojo a la muerte del rey. Se le ofreció riqueza para disuadirlo, pero al final se salió con la suya.
Se encontró con una sala repleta de estatuas de guerreros en fieras posturas. En una inscripción al fondo se podía leer: "Si alguna mano abre la puerta de este castillo, los guerreros de carne que se parecen a los guerreros de metal de esta sala se adueñarán del Reino".
Ese mismo año entrarían los musulmanes en España al mando de Tariq y matarían al rey Don Rodrigo.

LEYENDAS DE SAN ILDEFONSO

1.- El hombre que robó a la Virgen
En el tejado de la fachada norte del Templo, sobre el contrafuerte derecho, hay una cabeza que dicen ser de diablo. Su historia/leyenda es la siguiente:
Un joven cordobés de buena familia quiso expoliar las joyas de la Virgen de la Capilla; para ello quedó escondido en la iglesia y cuando salieron todos los fieles y cerraron la puerta, se dispuso a hacer su tarea. Se dirigió al camarín de la Virgen y le rezó un Ave María para que se le fuera el remordimiento que sentía; pero aun así no soportaba su mirada, por lo que decidió ponerle un velo por encima de la cabeza, y así poder robar las joyas. Cometida esta felonía con nocturnidad, surcó los campos con la intención de poner leguas de por medio, pero cuando amaneció, sólo había llegado hasta “Los Villares”. Allí se cundió la noticia del robo antes de que él llegase con su saco y, como viesen sospechoso el hato que llevaba, fue aprendido y de vuelta a Jaén, juzgado y sentenciado a muerte, a pesar de las súplicas y promesas económicas de sus padres. Así pues, la cabeza fue puesta en un palo, en el tejado del Templo, para ejemplo del pueblo. Cuando los carroñeros se la comieron, pusieron la de piedra para que no quedase olvido de cómo se pagaba semejante sacrilegio para con la Virgen. (4) (E)
2.- San Cristóbal (Internet) (E)
En el testero situado a los pies del templo, en su parte derecha, se encuentra un gran cuadro de aproximadamente 8 metros de altura, datado a principios del siglo XIX. Representa a un gigante con el Niño a cuestas, en medio de un río, apoyándose a modo de bastón sobre una palmera. La leyenda cuenta que este gigantón llamado Offerus, se marchó de su hogar porque quería servir al rey más poderoso de la Tierra. Cuando lo encontró, le pidió que lo aceptara como su servidor. El rey lo aceptó, pero un día notó que este rey le tenía miedo al diablo y Offerus, decepcionado, le dijo: «Si temes al Diablo es que no eres tan poderoso como él, por tanto, a partir de este momento quiero servir al Diablo», y partió. Después de muchos días de búsqueda se encontró con una tropa de jinetes pintados, enfurecidos, con enormes espadas y hachas. El jefe se dirigió a Offerus y le dijo: ¿A quién buscas? «Busco al Diablo para servirle», dijo. El jefe afirmó: «Yo soy, sígueme», y lo siguió; pero un día notó que el Diablo evitaba pasar por delante de una cruz que había en el camino y le preguntó: ¿Por qué evitas la cruz? «Porque temo a Cristo» contestó el diablo. Entonces le dijo: «Si temes a CRISTO, es que eres menos poderoso que él; en tal caso, quiero entrar al servicio de Cristo». Offerus continuó solo su camino en busca de su nuevo jefe.

Después de muchos viajes, encontró a un ermitaño y le preguntó cómo podría servir a CRISTO. El ermitaño le respondió: “sígueme”, y cogiendo la mano de Offerus, lo condujo a través de un dificultoso camino hasta la orilla de un impetuoso torrente de agua, y le dijo: «Los pobres que intentaron cruzar estas aguas se ahogaron; quédate aquí y traslada a la otra orilla, sobre tus hombros, a aquellos que te lo pidieren. Si haces esto por amor a CRISTO, Él te admitirá como su servidor». Entonces Offerus se construyó una casita en la ribera del río y comenzó a transportar de noche y de día a los viajeros pobres que se lo pedían. Cierta noche, dieron tres golpes a su puerta y oyó la voz de un niño que lo llamaba. Se levantó, subió al niño sobre su espalda y penetró en el torrente. Al llegar a la mitad, vio cómo el torrente se enfurecía de pronto; las olas del agua aumentaban y amenazaban con derribarlo. Offerus aguantaba lo mejor que podía y viendo que el niño se hacía cada vez más pesado, tuvo que recurrir a su bastón para no hundirse. Temiendo que el niño se ahogara, lo miró y le dijo: «Niño, ¿por qué te haces tan pesado?, parece como si transportara al mundo». El Niño, con su bola en la mano, le respondió: «No solamente transportas el mundo, sino a aquel que hizo el mundo. Yo soy CRISTO, tu Dios y señor, y en recompensa de tus buenos servicios, en adelante te llamarás CRISTO-BAL que quiere decir “portador de Dios”.
3.- La procesión celestial:
En la primera mitad del siglo XV, los moros hacían incursiones esporádicas en la ciudad; pero la visión de unos testigos en la noche del día 10 de junio de 1430 (habían despertado por causas diversas como ruido, sed, ladridos, etc.) fue analizada por el Obispo de la Diócesis, quien, después de oírlos interpretó que la Virgen ampararía a las tropas cristianas.
Se trata de historia y no de leyenda, pues existen numerosos documentos de la época que lo acreditan. Así lo transcribe D. José Chamorro en su “Guía artística monumental de Jaén”
"El día 10 de junio de 1430, poco antes de la media noche, en medio de una claridad maravillosa, no de candelas, sino celestial, bajó la calle Maestra del Arrabal (c/Ancha), siguió por detrás del cementerio (Plaza S. Ildefonso) y llegose hasta las espaldas de la Capilla un maravilloso cortejo. Lo abría siete cruces que llevaban mancebos barbirrapados; un grupo de personas con trajes talares; una dueña más alta que todos, que, pareciendo estar en estrado o trono, caminaba de su pie, llevando en su brazo derecho un niño; un hombre a su lado, muy semejante a la imagen de S. Ildefonso en el altar de su Iglesia, y a su otro lado una dueña; dos centenares de hombres y mujeres y cien guerreros armados, haciendo sonar las armas. Blancas las vestiduras de mancebos, de hombres, de mujeres, de la dueña y del santo. Blanca la falda de la Señora y la toca y la diadema, en la que brillaba divina pedrería. Blanco el Niño, y blancos los pañales. La procesión blanca, defendida por los armados de la fe, pasó por las calles solitarias. A espaldas de la capilla de S. Ildefonso, en el Altozano, se detuvo la procesión y, era tanta la gente que en la procesión venía, que el Altozano estaba lleno.
Había en el muro de la Iglesia un altar revestido de paños blancos y rojos al que iluminaba la luz celestial que despedía el cortejo; luz que daba a las casas y a los tejados de ellas, claridad de medio día. La divina Señora ocupó un sitial brillante y reluciente como plata y sentáronse, a izquierda y derecha de ella, las mujeres y los hombres que daban compañía. Y otros hombres permaneciendo en pie, cantaban loando a la Reina de los Cielos. Y el hombre que a S. Ildefonso semejábase, mostraba abierto un libro ante los ojos de aquella Señora, de cuyo rostro y del de su Hijo, hacía claridad que no era de sol, ni de luna, ni de candelas, sino resplandor nunca visto. En punto de la media noche, las campanas de la torre de la Catedral y las de S. Ildefonso, S. Bartolomé, S. Lorenzo, Santa Cruz, S. Andrés, S. Miguel y la Magdalena, tocaron a Maitines. El muro y los contrafuertes de la Capilla de S. Ildefonso mostraron de nuevo la pátina oscura de sus piedras, y las calles del Arrabal quedaron otra vez en el seno de las sombras. Al día siguiente del Descenso de Nuestra Señora, refirieron visto el milagroso suceso, Pedro, hijo de Juan Sánchez (casero de la mujer de Raúl Díaz de Torres), y Juan, hijo de Usanda Gómez, los cuales dormían en casa de Alonso García, a espaldas de la Iglesia; María Sánchez, mujer de Pedro Hernández, moradora en la calle Maestra del Arrabal, y Juana Hernández, casada con Aparicio Martínez, que habitaba cara al cementerio del templo. El honrado y discreto varón Juan Rodríguez de Villalpando, Bachiller en Decretos, Provisor, Oficial y Vicario General del Obispado, por el muy Reverendo Don Gonzalo de Zúñiga, Obispo de Jaén, hizo comparecer a los que vieron el prodigio, ante los Notarios Juan Rodríguez... el 13 de junio de 1430, haciendo información de la cual se guarda una antigua copia en el Archivo de la Virgen. Una de las noches siguientes, los moros prepararon una emboscada, penetrando en el Arrabal, más los vecinos les salieron al paso y los derrotaron y pusieron en fuga; y desde entonces no volvieron más” Dejamos a la imaginación del lector otro origen de esta leyenda.

LEYENDA DE LA CRUZ DEL PÓSITO

Esta leyenda la configuran bien en el siglo XVII o a finales del S. XIX, junto a la columna que sustenta la cruz (antes circular y monolítica, de orden toscano, y ahora de bellísima traza renacentista, traída desde el antiguo palacio de Montemar, actual Ayuntamiento)
El Romancero de Jaén (1862) narra como a finales del siglo XVI, mientras Jaén dormía, dos hombres merodeaban por la plaza del Pósito, uno en la sombra y otro orando al pie de una cruz. ¿Quiénes son? La tradición cuenta que vino desde Flandes un noble señor, acaudalado y con apariencia de “Don Juan”, el capitán Diego de Osorio, quien se enamoró de Dª Beatriz de Uceda, bellísima y prudente dama que a su vez andaba enamorada en silencio de otro caballero. Logró casarse con ella más por imposición familiar que por verdadero amor, pero Dª Beatriz supo ejercer el papel que entonces se esperaba de la esposa. El capitán se dio pronto al vicio nocturno y terminó siendo un jugador empedernido que acabó con toda su fortuna en la Tafurería (tahurería: casa de juego, sobre todo dados) que había en la calle del Pósito. Un día, no teniendo más que jugarse, mandó a un criado a casa de su esposa, con el requerimiento de que le entregase el anillo de pedida. Efectuada la visita, la dama dice al criado que no le entregaría el anillo a otra persona que no fuese su esposo, por lo que exhortó al criado a que dijese a su señor que viniera él a pedírselo, fijando para ello el lugar denominado la Plaza del Pósito, junto a la cruz.
Recibido el mensaje, el tenorio vividor salió enfurecido al encuentro de su esposa y, hallándola en el sitio convenido, recibió el anillo de manos de la apenada Dª Beatriz, a la que mató con una daga por la afrenta sufrida. Una vez retiró la daga del cuerpo yerto, fue nuevamente hacia el lugar en que estaba jugando para proseguir la partida. En esto, entraron varias personas comentando el asesinato acaecido; partieron todos hacia el lugar de los hechos, incluso el mismo asesino, como si nada hubiese pasado. Personado en el lugar, se encontró con D. Lope de Haro que lo retó a espada en ese sitio y a esa hora. Y es que D. Lope, enamorado en silencio de aquella dama al igual que ella lo estuvo de él, vio como salía presurosa de su casa y determinó seguirla, siendo testigo del brutal crimen. Se entabló el inevitable duelo y el vil asesino cayó herido de muerte al suelo.
La leyenda añade que el enamorado ingresó como fraile en el convento de San Francisco (Diputación) y que todas las noches iba hasta la Cruz del Pósito para, postrado de rodillas, rezar un Padre nuestro por su dama y llorar su ausencia. Otros apuntan a que tras la muerte de D. Lope y, en la fecha trágica en que asesinaron a su amada, aparece el espectro del caballero al pie de la Cruz del Pósito e, hincado de rodillas, musita un “Pater Noster”, mientras que el alma de D. Diego vaga entre las sombras del Pósito penando su crimen.
Otra versión cuenta que la dama estaba realmente enamorada del caballero que le profesaba amor platónico y que, enterado el jugador, asesinó a su esposa, lo que motivó al enamorado caballero a batirse contra el jugador, dándole muerte en la plaza del Pósito

LEYENDA DE VELASCO, EL ALGUACIL

El alguacil Velasco vivió en el Jaén del siglo XVII. Una noche haciendo su ronda, salió en persecución de un sospechoso, quien terminó por dispararle un trabucazo en el pecho, tirándolo por el suelo. Pero cuando acuden a socorrerlo y le apartan la ropa para taponar la herida, resultó que no había tal y que Velasco estaba ileso: la bala había rebotado en el relicario de Nuestro Padre Jesús que guardaba entre sus ropas.
La leyenda tiene cierta base real. Consta en un informe jurídico datado en 1710 para acreditar los milagros de Nuestro Padre Jesús Nazareno.)

LEYENDA DE LA MONA DE LA CATEDRAL

Se ha estimado durante mucho tiempo, que la escultura colocada sobre el entablamento del muro gótico de la catedral era la imagen grotesca de un moro, colocado allí (al este) por algún motivo incierto (bien para hacer constar que era una mezquita convertida en Iglesia cristiana, por mofa, etc.)
El tal moro, mona, podría tratarse de Bafomet (representación de Dios para los templarios), que estaría dando carácter sagrado a La greca gótica. Esta escultura se encuentra sentada al estilo moro, sujetándose los pies con las manos (motivo por el que está inclinado hacia delante) y en la facción de la cara presenta unos labios apretados, como indicando el secreto que debe guardar el iniciado que descifre el contenido de la cenefa cuya dirección señala. Los últimos estudios apuntan a que pudiera tratarse de un judío. La escultura en cuestión presenta una nariz cercenada por la pedrada de un niño que, según cuenta la leyenda, apareció muerto al día siguiente, después de una crisis de locura.

LEYENDA DEL PALACIO DE LOS VÉLEZ

Vivía en aquella mansión una familia adinerada. La hija, piadosa, culta, con una sensibilidad exquisita, traía boquiabiertos a todos los caballeros casaderos de la época, pero se enamoró de un joven de inferior posición social. Los padres no vieron bien aquella relación por lo que, como ellos a escondidas continuaban viéndose, emparedaron a la hija en una habitación de la torre (encima del patio: lo que hoy es la biblioteca), dejándole tan solo un libro de oraciones. La joven pudo abrir un hueco muy pequeño en la ventana retirando algunas astillas; con ellas se pinchaba la muñeca para así poder dar sangre con que escribir en las hojas arrancadas al devocionario, mientras el amante esperaba sumiso cada noche el mensaje de su amada, alimentado por el candor, la dulzura y la tristeza que relataban las hojas de aquel libro, y que llegaban hasta el patio desde la rendija del balcón. La muerte le sobrevino por tanta sangre derramada, y su espíritu quedó vagando por las habitaciones del edificio.

LEYENDA DE LA CASA DE LOS SALAZARES

Doña Ana enviudó de un banquero de Jaén a mediados del siglo XIX. Su casa, se encontraba en el número 2 de la calle Abades, edificio del siglo XVIII. Uno de sus hijos la denunció acusándola de haber ocultado parte de los bienes de la herencia. El juez ordenó el registro de la casa, pero no se encontró nada.
Sin embargo, Doña Ana pasó esa noche en compañía de una criada buscando una pared apropiada para ocultar el dinero. Al pasar ante el retrato del marido, la criada le indicó que éste reprobaría su actitud. La criada fue despedida y pocos días después, doña Ana murió súbitamente.
La casa fue vendida. Del dinero, que ascendía a ochenta mil duros de plata, nada cierto se ha vuelto a saber. Algún comprador perforó las paredes en su busca y se dice que una modesta familia que allí vivió, prosperó y terminó por mudarse.

domingo, 24 de marzo de 2019

Leyendas de Jaen: Leyendas de la Catedral

1.- San Pedro Pascual:
En 1296 fue nombrado obispo de Jaén. Mientras realizaba una visita pastoral, cayó en poder de los moros y fue llevado cautivo a Granada, de donde no quiso salir, pues prefirió que el dinero de su rescate lo empleasen en librar a otros cautivos, con lo que, además de esta labor, se dedicó a convertir infieles, lo que le costó ser decapitado en 1302, convirtiéndose con ello en el primer obispo mártir de esta provincia.
A su muerte reclamaban para sí sus restos tanto la catedral de Jaén, como la de Baeza. Esta cuestión la dirimieron al azar, dejando que una mula transportase a su albedrío esos restos, y así, si los llevaba hasta Jaén quedarían aquí, y si hasta Baeza, en esa ciudad. Pues bien; la mula -que según las malas lenguas era baezana- tomó el camino de Baeza y, al llegar a la catedral, cayó muerta junto a la puerta de la Luna (de bellísima traza en herradura polilobulada), por lo que el cadáver del obispo se enterró en esa catedral. Tras su canonización en 1675, los restos fueron sacados de la lauda sepulcral y puestos en una hornacina, en el retablo del altar mayor, dentro de una urna forrada en rojo y plata. Por eso, aquí en Jaén, a falta de sus restos, le intitularon una capilla en la catedral, la tercera por la puerta de los fieles. Además, en la que hoy es capilla de Santa Catalina (en el castillo) y antes parroquia, siempre hubo una imagen de este santo y unos frescos sobre la vida del mismo. En 1484, el cabildo, que ya lo consideraba santo antes de serlo, dispuso que en esa capilla siempre hubiese una lámpara “para que alumbre a Ntra. Señora e a S. Pedro Pascual...”. (E) (2) (Internet)
A este obispo le cupo también el honor de haber sido el primero en escribir en lengua lemosina (origen de valenciano, catalán, mallorquín, aranés, etc., según unos, y romances según otros)


2.- Historia/leyenda del “Abuelo”:
Alfredo Cazaban recoge en “Don Lope de Sosa” esta antiquísima leyenda: Un anciano llegó a un cortijo que había en las inmediaciones de la ciudad pidiendo hospitalidad y ofreciendo a cambio de la misma tallar una imagen en un tronco de olivo que había en la puerta del cortijo. Le ofrecieron una habitación donde pasar la noche y allí quedó el anciano con su tronco. Pasados tres días sin que el anciano diese señales de vida, el dueño del cortijo, muy preocupado, entró en la habitación cedida y cuál sería su sorpresa cuando encontró únicamente la talla de Ntro. Padre Jesús. Se dice que la talla era la del propio anciano (de ahí el nombre de “El Abuelo”), con lo que se presumiría que era el propio Jesús quien la esculpió. También pudo ser que el anciano fuese en realidad un ángel. 
Menos oída es la versión que cuenta cómo una bestia pegó una coz en una pared del cortijo y derribó parte de ésta, dejando al descubierto una habitación que nadie sabía que existía, y en la que se encontraba la venerable y venerada imagen.
La leyenda se ubica en la Casería de Jesús (carretera del Puente de la Sierra), aunque hay quien opina que pudo darse en un cortijo cerca de la Merced (c/. del Jesus)
Como símbolo de aquel momento, el “Abuelo” lleva ceñidas en plata las llaves del cortijo, que son distintas de las que cuelga de sus manos, y éstas copia exacta de las de un antiguo hospital cuyos enfermos y el resto de la población, sanó milagrosamente de un brote de peste que diezmaba la ciudad en el siglo XVII. (E) (4)
La talla permaneció en el cortijo hasta que fallecieron sus dueños; después se ubicó en el Camarín de Jesús, más tarde en la Iglesia de La Merced y actualmente, se encuentra en la Catedral. Se trata de una talla de finales del siglo XVI o principios del XVII que algunos atribuyen a Sebastián de Solís.
En cuanto a la cruz procesional, propiedad de la marquesa de Blancohermoso, fue donada definitivamente en la década de los 80 a la Santa Iglesia Catedral, donde se custodia en la funda que igualmente cedió la propietaria. En la cruz (que no consintió en agrandar, aunque sus hijos si lo permitieron después) está grabada una oración “Todas las cruces son flores, si las sabemos llevar...” compuesta por la propia dueña.

3.- Historia/leyenda del la Virgen de los Dolores:
En la capilla del “Abuelo”, también podemos admirar las tallas de Ntra. Sra. de los Dolores (José de Medina, 1741) y la del cirineo (anónima valenciana, S. XIX). Pues bien, cuando José de Medina tallaba esta virginal imagen, su esposa cayó gravemente enferma y, encomendándose a Ella, prometió no cobrar nada al cabildo por su ejecución si sanaba su esposa. Milagrosamente sanó, y se dice que fue el primer milagro que obró esta Dolorosa cuando aún no estaba terminada (Sofía). Por lo que respecta a la talla del cirineo, se presume que fue el jefe de los soldados romanos quien posó como modelo; de hecho, la talla fue costeada por esta agrupación.

4.- El obispo insepulto:
En una cajonera del armario destinado al vestuario de sacerdotes, en el lateral derecho de la capilla mayor, se encontraba enterrado el obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, que levantó esta misma capilla gótica. El obispo a su muerte, fue inhumado bajo el altar de dicha capilla por disposición de sus parientes, a quienes dejó el patronato de la misma. Al ser demolida, fueron sacados sus restos y depositados provisionalmente una cajonera de la sacristía, pretendiendo sus sucesores que fuese enterrado después en la nueva capilla mayor que se construyó, a lo que se opuso el Cabildo que insistía en que los obispos se enterrasen en el Coro. Desde entonces se han sucedido enconados pleitos. Al cabo de los años se llegó a una transacción y, los restos del obispo Suárez fueron depositados en la cajonera que hay en tal capilla.
Cada año, los descendientes del obispo hacían una ofrenda; si ésta se aceptaba, se enterraría inmediatamente en el sitio designado por sus parientes; de no aceptarse, continuaría el cuerpo insepulto. ((s/ revista nº 50 de la Senda de los Huertos, la ofrenda de los herederos (condes de Benalúa) se efectuaba el día 1º de noviembre y consistía, 1º en aceite y cereales y, después, en seis blandones de cera)). El litigio acabó en 1941, año en que el cabildo acepto la ofrenda, disponiendo que sería la familia del obispo quien costease el enterramiento en la capilla mayor. El obispado, por su parte, cedería a perpetuidad un escaño a sus descendientes en el coro de la Catedral. (2) (E) Por fin, el 13 de mayo del año 2001, pudo enterrarse.
Este obispo, “El Edificador” ocupó la tiara episcopal de Jaén en 1500 y la desempeñó hasta 1520. Fue el artífice de la catedral gótica y de parte de la sillería del coro, además de ingentes obras civiles y religiosas en Úbeda, Baeza, Jaén, etc. No cobró renta por pasar “la puente” que atraviesa el Guadalquivir de Baeza a Jaén; sus transeúntes solo debían rezar un “Ave María” Su escudo era un sauce dentro de una fuente hexagonal. Es un enigma lo que motivó al cardenal Monescillo (S. XIX) a cambiar los ropajes al obispo que permanecía en la cajonera, dentro de su ataúd. En ese momento, el viejo libro que protegía el difunto fue sustituido por el de las Odas de Horacio.


5.- El Santo Rostro (Llamado también verónica (del latín vero icona = verdadera imagen))
Cuenta la leyenda que S. Eufrasio (primer obispo de la diócesis de Jaén), tenía tres diablillos en una redoma y que una noche los oyó hablar de ciertas irregularidades que se daban en la Santa Sede (el Papa estaba siendo seducido por una bella mujer -Lilit, el diablo-) S. Eufrasio podría evitarlo si lo ponía rápidamente en conocimiento del Papa, pero pasarían semanas antes de que pudiese llegar a Roma. El santo preguntó a los diablillos si podrían llevarlo a esa ciudad y en qué tiempo. Uno de ellos habló y dijo que lo llevaría en media hora si le daba todas las noches las sobras de su cena. S. Eufrasio accedió a la propuesta del diablillo y, yendo en sus lomos hasta Roma, previno al Papa de los abusos que en esa ciudad acontecían y del peligro de pecado en que se encontraba. Éste conjuró a la mujer y la aspergió con agua bendita e, inmediatamente, aquella mujer se fue chillando transformada en demonio; por tal motivo, agradecido y profundamente arrepentido, le regaló a S. Eufrasio la Santa Faz. De vuelta a su diócesis, púsose a cenar y, tras el requerimiento del hambriento diablo dijo: Ahí tienes las sobras de mi cena; pero has de saber que, desde hoy, he cambiado mi alimentación: ahora ceno nueces (sobran las cáscaras) 
Otra tradición apunta a que, con la irrupción árabe, las distintas reliquias fueron trasladadas a las montañas de Asturias. Ya en aquel lugar, el rey Alfonso VI abrió el arca donde se encontraban, previniéndose con muchos actos de devoción, ayunos y penitencias, para que no le acaeciera como al obispo don Ponce en tiempo del rey Ramiro III que, abriendo el cofre por curiosidad, quedó ciego para siempre. Así, el rey Alfonso se quedó con la imagen de Nuestro Señor que fue quien le propició sus victorias contra los moros, pasando después a sus herederos, hasta llegar a S. Fernando que, al ocupar Jaén, lo trajo nuevamente a la tierra de donde salió.

Acuña del Adarve, en sus “Discursos de las effigies e verdaderos retratos non manufactos del Santo Rostro e cuerpo de Christo...” (1637), dice que el obispo Sancho Dávila cortó trozos del lienzo donde se encontraba la Verónica, repartiéndolos a autoridades tales como Felipe III, Conde de Oropesa, etc., y después de cortar y repartir tales trozos del lienzo, mandó pegar en una tabla el resto que quedaba que consiste sólo en la parte que ocupan los ojos, nariz y boca; y añade: “ignoramos si por disposición suya o del Cabildo se mandó pintar toda la parte exterior de la cara, lo que se hizo con muy poca premeditación e inteligencia. (Guía artística y monumental de Jaén.- José Chamorro Lozano.- Pág. 224)
La Catedral fue saqueada durante la guerra civil y se perdieron joyas inigualables como la Cruz de Jaspe. El Santo Rostro corrió igual suerte pero, en 1940 fue encontrado en el garaje de un pueblo cercano a París, dentro de un baúl que, junto a otros trece, componían el “tesoro del Partido Comunista español”. Hoy se guarda bajo siete llaves en la caja fuerte que se encuentra en la Capilla Mayor de la Catedral. (2)


6.- La Virgen de la Antigua
Se encuentra en la capilla Mayor una Virgen galactotrofusa (de la leche) que, según la tradición, fue dejada por Fernando III en la antigua mezquita una vez cristianizada, pues al parecer, este rey entraba a las ciudades conquistadas portando una talla de la Virgen sobre la grupa de su caballo; pero la verdad es que la hermosa talla que se venera en esta capilla es de estilo gótico y no románico, como hubiese correspondido en 1246; además, la envergadura de la misma es tal, que difícilmente hubiese podido ir a la grupa sin romperse. Se presume cierto que es la más antigua de Jaén; quizás venga de ahí su nombre.
7.- La Cruz de Jaspe.
Tres cosas tiene Jaén que no las tiene Sevilla: Santo Rostro, Cruz de Jaspe y Virgen de la Capilla.
Esta copla expresa el orgullo que en Jaén se sentía por estas tres reliquias; una de ellas, la Cruz de Jaspe, desapareció en 1936. Se trataba de la cruz procesional de la Catedral, pieza de orfebrería gótica, a la que más tarde se le añadió una cruz de cristal de roca hallado en el Ejido y que, según cuentan, cayó del cielo tras una tormenta.
La Cruz fue venerada por muchos peregrinos procedentes de toda la provincia (2) (1)
8.- Los ángeles de Nuestra Señora de las Angustias.
La Virgen es de José de Mora, pero los ángeles (de pasión) son anónimos aunque se relacionan con la escuela de Granada, también de finales del XVII. Existen dos leyendas, la 1ª de ella con dos versiones:
1.- El autor fue un hombre que no llevaba una vida muy ordenada y lo metieron en la cárcel. Al despedirse de su mujer y de sus dos hijos (mellizos), vio como éstos lloraban amargamente. Cuando estuvo en la cárcel, talló los ángeles acordándose de esos rostros de tristeza. (E)
2.- Al escultor se le muere la esposa y se inspira en los hijos llorando a su madre para hacer las tallas. (E)
2ª leyenda: En 1667 se avecindó en la calle de los Uribe una familia formada por un matrimonio y dos hijos pequeños gemelos. Antón, que así se llamaba el padre, encontró trabajo en la Catedral como escultor. Era un hombre poco dado a conversación. Tampoco su mujer ni sus hijos se dejaban ver.
Cuatro años después de su llegada, desaparecieron sin dejar rastro. Esa noche, ya de madrugada, se oyó un estrépito en la calle y cuando los vecinos se asomaron a las ventanas, vieron a Antón correr calle arriba tras unos jinetes en dirección a la Puerta de Martos.
Pasaron diez años y un extraño personaje fue recogido en el convento de los Carmelitas Descalzos. Se trataba de Antón, notablemente envejecido. Allí se quedó como hortelano y jardinero, sumido en un estado permanente de postración y silencio. Finalmente, el Prior del Convento logró averiguar la historia de Antón. Resultó haber sido prisionero en Argel, en donde se enamoró de la hija de un importante moro. Huyeron hasta Sevilla, donde se casaron y tuvieron dos niños, pero se trasladaron a Jaén pensando que allí estarían más seguros; pero aquella noche, los enviados del moro dieron con ellos y le arrebataron a su esposa e hijos. Fue hasta Almería persiguiéndolos y allí estuvo diez años buscando noticias infructuosamente. Al final regresó a Jaén.

El Prior le encargó un retablo para colocarlo a los pies de la Virgen de las Angustias. Talló dos figuritas, dos ángeles llorando, que dicen eran la imagen de angustia de sus dos hijos la noche del rapto. Tras acabar las tallas, dejó una nota para el fraile explicando que no podría soportar la visión de aquellas figuras, y desapareció. (4) (E)
9.- El niño de la catedral
Relato obtenido en Internet (2004): “El año pasado, el jueves víspera del Viernes de Dolores, entré a la catedral y, conforme me acercaba al altar, albergué la idea de pasar allí una noche a solas para ver con tranquilidad toda la iglesia. Y... ¿Por qué no probar? Al fin salen todos. Comienzo a recorrer las naves. Todo está tan a oscuras que es imposible distinguir nada.. Me acerco hasta la capilla del Sagrario que era la única iluminada y me quedo allí. Dormiría hasta que entrase la luz por la mañana y pudiera contemplar la catedral como yo deseaba. Me duermo pero, de repente, se cruza en mis sueños la imagen de un niño. Despierto sobresaltado y miro a mi alrededor; no hay nada. Parecía tan real... tuvo que ser un sueño. Instantes después escucho un llanto. Me incorporo en el banco, y escucho. El llanto parece provenir del coro. Asomo la cabeza por la cortina. Todo estaba tranquilo. Toso y el llanto cesa. Espero un poco, cojo una vela de la capilla y me acerco al coro. Allí no hay nadie. Me siento en un banco. Apago la vela y espero. Pasaron las horas, eran cerca de las cuatro cuando volví a escuchar el llanto, primero más lejano, luego parecía estar a mi lado. Al cabo de un rato decido hablar. ¡Quién anda ahí! En ese momento cesa el llanto y noto una ráfaga de aire frío por mi espalda. No me atrevo a moverme. Ahora la noto por todo mi cuerpo. Me giro y veo la silueta de un niño, como una áurea blanca, dirigiéndose hacia la Sacristía. Al acercarse a la puerta desapareció. Los primeros rayos del sol entraban por las vidrieras. Ahora no podía contemplar la catedral, no me quitaba al niño de la cabeza. Espero a que se abran las puertas. Lo hacen temprano. Busco al capellán y le pregunto si alguien ha visto alguna vez un fantasma. Me cuenta que hay rumores de gente que afirma haber visto a un niño corriendo por las naves de la catedral, pero concluye diciendo que son habladurías.”
Se trata de un niño de 10 a 12 años que se ve correteando por la Catedral, con unos pantalones cortos, con tirantes y en cualquier época del año. El niño ha sido visto por trabajadores en las obras de reparación, o por el propio sacristán, que al ir a cerrar las puertas y ver al niño corriendo, fue tras él para hacerlo salir y, al doblar el crucero, se encontró con que había desaparecido. Esta entidad tiene cierta atracción por la Virgen de las Angustias. En tal sentido, cuando se ha ido tras de él en Semana Santa, han visto cómo se mete bajo el trono de esta Virgen y, al levantar los faldones, el niño no estaba. Este fenómeno se viene dando muy a menudo en Jaén, junto al del palacio de los Vélez. (E)
10.- La Virgen de Belén
Antes de salir de la catedral por la puerta izquierda de su fachada principal (que es la derecha desde el interior), se encuentra el relieve de la Virgen montada en la borriquita, camino de Egipto (Pedro Roldán, 1675). A esta Virgen le han preguntado muchos jiennenses. Para ello, puestos delante del alto relieve (a la altura de la pila del agua bendita, más o menos) se le reza esta oración (así me la contaron y así la cuento):
Virgencita de Belén
Entre palmas y olivos te quisiera ver
Con tu hijo y tu esposo San José
Y las siete gotas de leche
Que le diste en la huida hasta Belén.
Esta pregunta que te hago
Me la has de responder
Entonces, se hace la pregunta. Si se nota como un giro o movimiento, te dice sí a la pregunta. Si no notas nada, dice no (Sofía)

LEYENDA DEL CRISTO DEL AMPARO

En tiempos del Condestable Iranzo, estaba un numeroso grupo de judíos apostado en la esquina donde hoy se venera al Cristo del Amparo, esperando a que se acercarse un Cristo crucificado que llevaban en procesión hasta la Catedral, con el avieso fin de mofarse de Él, tirarle desperdicios, etc.; pero de pronto, la imagen de este crucificado se proyectó en la pared, ocasionando gran confusión entre aquellas personas, que huyeron aterradas. Otros dicen que, arrepentidos al contemplar aquel milagro, se hicieron cristianos nuevos