martes, 30 de julio de 2013

97 Teseo y Medea

a. Cuando llegó al Ática, Teseo encontró junto al río Cefiso a los hijos de Fítalo, quienes le purificaron de la sangre que había derramado, pero especialmente de la de Sinis, su pariente materno. El altar de Zeus Benigno, en el que se realizó esa ceremonia, se alza todavía a la orilla del río. Luego los Fitálidas acogieron a Teseo como su huésped; fue la primera verdadera hospitalidad de que había sido objeto desde que abandonara Trecén. Vestido con una larga túnica que le llegaba a los pies y con el cabello bien trenzado, entró en Atenas en el octavo día del mes Cronio, llamado ahora Hecatombeón. Al pasar junto al templo casi terminado de Apolo el Delfín, unos albañiles que trabajaban en el techo le tomaron equivocadamente por una muchacha y le preguntaron con impertinencia por qué le dejaban andar sin acompañantes. Sin dignarse contestar, Teseo desunció los bueyes del carro de los albañiles y lanzó a uno de ellos al aire muy por encima del techo del templo.
b. Ahora bien, mientras Teseo crecía en Trecén, Egeo había mantenido su promesa a Medea. Le dio albergue en Atenas cuando huyó de Corinto en el célebre carro tirado por serpientes aladas y se casó con ella, confiando con razón en que sus hechizos le permitirían engendrar un heredero, pues, todavía no sabía que Etra le había dado a Teseo.
c. Pero Medea reconoció a Teseo tan pronto como llegó a la ciudad y sintió celos por su Medo, el hijo que había tenido con Egeo, de quien se esperaba generalmente que le sucediera en el trono de Atenas. En consecuencia, convenció a Egeo de que Teseo venía como espía o asesino e hizo que le invitara a un banquete en el templo del Delfín. Egeo, que utilizaba el templo como su residencia, le ofrecería entonces una copa de vino preparada por ella. Esa copa contendría matalobos, veneno que Medea había llevado de la bitinia Aquerusia, donde salió por primera vez de la espuma mortífera que esparció Cerbero cuando Heracles lo sacó a rastras del Tártaro; como el matalobos florece en las rocas desnudas, los campesinos lo llaman «acónito».
d. Algunos dicen que cuando sirvieron el asado en el Delfinio, Teseo desenvainó ostentosamente su espada, como si fuera a trinchar la carne, con lo que atrajo la atención de su padre; pero otros dicen que, sin recelar nada, se llevó la copa a los labios antes de que Egeo observase las serpientes erectidas grabadas en el puño de marfil de la espada y que entonces arrojó el veneno al suelo. El lugar donde cayó la copa se muestra todavía, separado del resto del templo.
e. Siguió el mayor júbilo que había presenciado hasta entonces Atenas. Egeo abrazó a Teseo, convocó una asamblea pública y lo reconoció como su hijo. Encendió fogatas en todos los altares e hizo muchos donativos a las imágenes de los dioses; sacrificó hecatombes de bueyes enguirnaldados y en todo el palacio y la ciudad entera nobles y plebeyos banqueteaban juntos y cantaban las hazañas gloriosas de Teseo que ya superaban en número a sus años de vida.
f. Luego Teseo fue, con el propósito de vengarse, en busca de Medea, la cual le eludió rodeándose por una nube mágica y poco después salió de Atenas con el joven Medo y una escolta que Egeo le proporcionó generosamente. Pero algunos dicen que huyó con Políxeno, el hijo que había tenido con Jasón.
g. Palante y sus cincuenta hijos, quienes ya antes de eso habían declarado que Egeo no era un verdadero erectida y por tanto no tenía derecho al trono, se rebelaron abiertamente cuando aquel extranjero andariego amenazó con frustrar sus esperanzas de gobernar Atenas. Dividieron sus fuerzas: Palante, con veinticinco de sus hijos y numerosos partidarios, marchó contra la ciudad desde Esfeto, en tanto que los otros veinticinco se emboscaban en Gargeto. Pero Teseo, informado de sus planes por un heraldo llamado Leos, del clan de Agnunte, cayó súbitamente sobre los emboscados y destruyó toda la fuerza. En vista de ello, Palante desbandó a los suyos y pidió la paz. Los Palántidas nunca han olvidado la traición de Leos y todavía los miembros de su clan no se casan con los agnusios, ni permiten que los heraldos inicien sus proclamas con las palabras «.¡Akouete leoi!» («Oíd, ciudadanos»), por la semejanza de la palabra leoi con el nombre de Leos.
h. Hay que distinguir a este Leos del otro Leos, hijo de Orfeo y antepasado de los leóntides atenienses. En una ocasión en que reinaban el hambre y la peste Leos obedeció al oráculo de Delfos sacrificando a sus hijas Téope, Praxítea y Eubule para salvar la ciudad. Los atenienses erigieron el Leocorión en su honor.

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1. Esta aventura artificial, con su dénouement teatral en la escena del envenenamiento, recuerda la de Ión (véase 44.a); y el episodio del buey lanzado al aire parece meramente una tosca imitación de las hazañas de Heracles. La pregunta de los albañiles es anacrónica, pues en la edad heroica las mujeres jóvenes iban de un lado a otro sin acompañamiento; ni podía Teseo haber sido tomado equivocadamente por una muchacha si había dedicado ya su cabello a Apolo, convirtiéndose en un Cúrete. Pero los deslices de la fábula indican que ha sido deducida de una ilustración antigua en la que, puesto que los hombres situados en el techo del templo se podían reconocer como albañiles, se representaría un sacrificio realizado el día en que terminó la construcción del templo (véase 84.1). Es probable que la figura tomada por Teseo, quien desunce de un carro al buey blanco del sacrificio, sea una sacerdotisa, y que, a causa de su decoración de delfines, se haya atribuido erróneamente el templo a Apolo, aunque el delfín era originalmente un emblema de la diosa Luna. El animal no es lanzado al aire. Se trata de la deidad en honor de la cual se ofrece el sacrificio: una vaca-luna blanca, la diosa misma, o el toro blanco de Posidón (véase 88.c), que compartía un templo de la Acrópolis con Atenea y a quien, como dios del Mar, estaban consagrados los delfines; los sacerdotes de Apolo, y no el que menos Plutarco, se mostraban siempre celosos por aumentar su poder y su autoridad a expensas de los otros dioses. Otra ilustración compañera, de la que puede haberse deducido la fábula de la copa de veneno —el acónito era un paralizante conocido— probablemente representaba a un sacerdote o sacerdotisa haciendo una libación a las ánimas de los hombres sacrificados cuando se pusieron los cimientos, en presencia de Perséfone y Cerbero. Plutarco dice que Egeo vivía en el Templo del Delfín y no en una casa particular, lo cual es correcto, pues, como rey sagrado, tenía habitaciones en el palacio de la Reina (véase 25.7).
2. La expulsión de Medea, primeramente de Corinto y luego de Atenas, se refiere a la supresión por los helenos del culto de la diosa Tierra; su carro tirado por serpientes demuestra que era una Deméter corintia (véase 24.m). La derrota de los Palántidas por Teseo se refiere análogamente a la supresión del culto de la Atenea original (véase 9.1 y 16.2), con su colegio de cincuenta sacerdotisas; pallas puede significar «joven» o «doncella». Otra versión del mismo mito es el sacrificio de las tres hijas de Leos, que son en realidad la diosa en tríada. La doncella es Téope («rostro divino»), la Luna Nueva; la ninfa es Praxítea («diosa activa»), la Abeja Reina. La madre de Cécrope tenía el mismo nombre en Eubea (Apolodoro: iii.15.1 y 5); la vieja es Eubule («buen consejo»), la diosa oracular, a la que Eubuleo, el porquerizo, sirvió en Eleusis.
3. Que los palántidas y agnusios no se casasen entre ellos puede ser una reliquia de exogamia, con su complejo sistema de casamiento de grupo entre las fratrías; cada fratría o sub-fratría se componía de varios clanes totémicos; si es así, palántidas y agnusios pertenecerían a la misma subfratría y el casamiento estaba permitido solamente entre miembros de subfratrías diferentes (véase 80.5). El clan palántida tenía probablemente como tótem una cabra, así como los agnusios tenían un cordero, los leóntidas un león y los erecteidas una serpiente. Muchos otros clanes totémicos están insinuados en la mitología ática: entre ellos los del cuervo, el ruiseñor, la abubilla, el lobo, el oso y la lechuza.
4. A juzgar por los mitos de Teseo y Heracles, tanto la suma sacerdotisa de Atenea en Atenas como la de Hera en Argos pertenecían a un clan del león en el que adoptaban a los reyes sagrados; y un anillo de oro encontrado en Tirinto muestra a cuatro hombres-león ofreciendo vasos para las libaciones a una diosa sentada, que tiene que ser Hera, pues un cuclillo está posado detrás de su trono (véase 12.4). A pesar de que en Creta no había leones, figuraban también allí como animales de la diosa. Atenea no estaba asociada con el cuclillo, pero sí con otras aves que podían ser de origen totémico. En Homero aparece como halieto (Odisea iii.371) y gorrión (Ibid., XXI 5239); en compañía de Apolo como buitre (Ilíada vii.58), y en compañía de Hera como una paloma (Ibid., v.778). En un pequeño jarrón ateniense de 500 a. de C, se la ve como alondra; y Atenea somormujo, o alcatraz, tenía un altar cerca de Megara (Pausanias: i.5.3 y 41.6; véase 94.c). Pero la lechuza sabia era su epifanía principal. El clan de la lechuza conservó su ritual hasta el final de la época clásica; iniciados disfrazados de lechuza realizaban la ceremonia de cazar a su ave totémica (Eliano: Varia historia xv.28; Pólux: iv.103; Ateneo: 391a-b y 629f).
5. La fábula de Plutarco sobre el Akaouete leoi es bastante admisible: en las religiones primitivas sucedía con frecuencia que se prohibían palabras porque se parecían al nombre de una persona, objeto o animal que no podían ser mencionados sin peligro, especialmente palabras que sugerían los nombres de parientes difuntos, aunque hubiera fallecido de muerte natural.
6. La negativa por los Palántidas de que Egeo y Teseo eran verdaderos erectidas puede reflejar una protesta del siglo vi en Atenas contra la usurpación por los butades inmigrantes (que retocaron la leyenda de Teseo) del sacerdocio erectida nativo (véase 95.3).

96 Los trabajos de Teseo

a. Teseo salió para librar de bandidos el camino costero que llevaba de Trecén a Atenas. No se proponía intervenir en pendencias, sino vengarse de todos los que se atrevieran a molestarle, ajustando el castigo al delito, como hacía Heracles. En Epidauro le atacó Perifetes el rengo. Perifetes, a quien algunos llaman hijo de Posidón y otros hijo de Hefesto y Anticlea, poseía una gran maza de bronce, con la que solía matar a los caminantes; de ahí su apodo de Corunetes, o «el hombre del garrote». Teseo le arrancó la maza de las manos y lo mató con ella. Complacido con su tamaño y su peso, en adelante la llevó a todas partes con orgullo; y aunque él había podido parar su golpe mortal, en sus manos esta arma siempre mataba sin fallar.
b. En el lugar más estrecho del istmo, desde el que se ven el golfo de Corinto y el Sarónico, vivía Sinis, el hijo de Pemón, o, según dicen algunos, de Polipemón y Silea, hija de Corinto, quien pretendía ser hijo de Posidón. Le apodaban Pitiocantos o «doblador de pinos», porque tenía fuerza suficiente para inclinar las puntas de los pinos hasta que tocaban la tierra, y con frecuencia pedía a los transeúntes que le ayudasen en esa tarea, pero cuando lo hacían soltaba de pronto la punta del árbol, y éste, al enderezarse, lanzaba al aire a los incautos quienes se mataban al caer. O bien inclinaba las copas de dos árboles vecinos hasta que se tocaban y entonces ataba a cada una de ellas un brazo de su víctima, que era despedazada cuando los árboles volvían a enderezarse.
c. Teseo luchó con Sinis, lo dominó e hizo con él lo que él hacía con otros. En aquel momento una hermosa muchacha corrió a ocultarse en un bosquecillo de juncos y espárragos silvestres. Él la siguió y, tras una larga búsqueda, la encontró invocando a las plantas y prometiéndoles que nunca las quemaría ni destruiría si la ocultaban y salvaban. Cuando Teseo le juró que no la trataría con violencia, ella consintió en salir de allí y resultó que era Perígune, hija de Sinis. Perígune se enamoró de Teseo a primera vista, le perdonó la muerte de su odioso padre y, a su debido tiempo, le dio un hijo, Melanipo. Más tarde, la dio en matrimonio a Deyoneo el ecalio. Yoxo, el hijo de Melanipo, emigró a Caria, donde llegó a ser el antepasado de los yóxides, quienes no queman juncos ni espárragos silvestres, sino que los veneran.
d. Sin embargo, algunos dicen que Teseo mató a Sinis muchos años después y le dedicó los Juegos ístmicos, aunque habían sido fundados por Sísifo en honor de Melicertes, el hijo de Ino.
e. Luego, en Cromión, persiguió y mató a una puerca montés feroz y monstruosa que había dado muerte a tantos cromionios, que ya no se atrevían a arar sus campos. Este animal, que llevaba el nombre de la vieja que lo crió, era, según se decía, hijo de Tifón y Equidna.
f. Siguiendo el camino de la costa, Teseo llegó a los riscos escarpados que se alzan del mar y que se habían convertido en un baluarte del bandido Escirón. Algunos dicen que era corintio e hijo de Pélope o de Posidón, y otros que era hijo de Heníoque y Caneto. Escirón acostumbraba a sentarse en una roca y obligar a los viajeros a que le lavasen los pies; cuando ellos se inclinaban para hacerlo, les daba un puntapié y los arrojaba desde el risco al mar, donde una tortuga gigante que nadaba por los alrededores esperaba para devorarlos. (Las tortugas de mar se parecen a las de tierra, sólo que son más grandes y tienen aletas en vez de patas.) Teseo se negó a lavarle los pies a Escirón, lo levantó de la roca y lo arrojó al mar.
g. Pero los megareses dicen que el único Escirón con que Teseo luchó era un honrado y generoso príncipe de Megara, padre de Endéis, que se casó con Éaco y dio a luz a Peleo y Telamón; añaden que Teseo mató a Escirón después de la toma de Eleusis, muchos años después, y que celebró los Juegos ístmicos en su honor bajo el patrocinio de Posidón.
h. Los riscos de Escirón se alzan cerca de las Rocas Molurias, y por ellos corre la senda que hizo Escirón cuando mandaba los ejércitos de Megara. Al fuerte viento del noroeste que sopla hacia el mar a través de esos riscos lo llaman Escirón los atenienses.
i. Ahora bien, sciron significa «parasol» y al mes de Escirofon se le llama así porque en el Festival de Deméter y Core que realizan las mujeres el duodécimo día de ese mes el sacerdote de Erecteo lleva un parasol blanco, y una sacerdotisa de Atenea Esciras lleva otro en solemne procesión desde la Acrópolis, pues en esa ocasión a la imagen de la diosa la untan con sciras, una especie de yeso, para conmemorar la imagen blanca que hizo de ella Teseo después de haber dado muerte al Minotauro.
j. Prosiguiendo su viaje a Atenas, Teseo se encontró con Cerción, el arcadio, de quien algunos dicen que era hijo de Bronco y la ninfa Argíope, y otros que era hijo de Hefesto o Posidón. Desafiaba a los transeúntes a luchar con él cuerpo a cuerpo y luego los aplastaba con su fuerte abrazo. Pero Teseo lo levantó asiéndolo por las rodillas y, con gran complacencia de Deméter, que presenciaba el combate, lo arrojó de cabeza a tierra. La muerte de Cerción fue instantánea. Teseo no confiaba en la fuerza tanto como en la destreza, pues había inventado el arte de la lucha cuerpo a cuerpo, cuyos principios no habían sido comprendidos hasta entonces. En Eleusis se muestra todavía el lugar donde luchaba Cerción, situado en el camino que va a Megara, cerca de la tumba de su hija Álope, a la que se dice que violó Teseo.
k. Cuando llegó a Coridalo, en Ática, Teseo mató al padre de Sinis, Polipemón, apodado Procrustes, quien vivía junto al camino y tenía dos lechos en su casa, uno pequeño y el otro grande. Cuando ofrecía alojamiento a los viajeros por la noche, hacía que los hombres pequeños se acostasen en el lecho grande y los estiraba en un potro para que se ajustasen a él; y a los hombres altos los hacía acostar en el lecho pequeño y luego les serraba toda la parte de las piernas que sobresalía de él. Pero algunos dicen que sólo utilizaba un lecho y que alargaba o acortaba a sus huéspedes de acuerdo con su medida. En todo caso, Teseo hizo con él lo que él había hecho con otros.

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1. La muerte de Perifetes ha sido inventada para explicar la maza de bronce de Teseo, igual a la que llevaba Heracles (véase 120.5). Se describe a Perifetes como un rengo porque era hijo del herrero Dédalo y los herreros eran ritualmente rengos (véase 92.1).
2. Como se creía que el Viento Norte, que dobla los pinos, fertilizaba a las mujeres, los animales y las plantas, se describe a «Pitiocantos» como padre de Perígune, una diosa de los sembrados (véase 48.1). El apego de sus descendientes a las esparragueras y los juncales indica que los cestos sagrados que llevaban en las Tesmoforias estaban tejidos con esos materiales, y, por tanto, prohibidos para el uso corriente. La Cerda Cromiona, alias Fea, es la cerda blanca Deméter (véase 24.7 y 74.4), cuyo culto fue suprimido muy pronto en el Peloponeso. El que Teseo emprendiera su viaje sólo para matar a una cerda preocupaba a los mitógrafos: Higinio y Ovidio la convierten en un jabalí, y Plutarco la describe como una mujer bandido cuya conducta repugnante le mereció el apodo de «cerda». Pero aparece en el mito gales primitivo como la Vieja Cerda Blanca, Hen Wen, atendida por el porquerizo mago Coll ap Collfrewr, que introdujo el trigo y las abejas en Britania; y al porquerizo mago de Deméter, Eubuleo, se le recordaba en el Festival de las Tesmoforias en Eleusis, en el que cerdos vivos eran arrojados a una sima en su honor. Sus restos putrefactos servían luego para fertilizar el trigo para sembrar (Escoliasta sobre Diálogos entre prostitutas de Luciano ii.l).
3. Las fábulas de Escirón y Cerción se basan, al parecer, en una serie de imágenes que ilustraban la ceremonia de arrojar a un rey sagrado como pharmacos desde la Roca Blanca. El primer héroe que murió así fue Melicertes (véase 70.h), o sea Heracles Melkarth de Tiro, quien parece haber sido despojado de sus aderezos regios —la clava, la piel de león y los coturnos— y luego provisto con alas, aves vivas y un parasol para aminorar su caída (véase 89.6; 92.3 y 98.7). Esto es para indicar que Escirón, que aparece dispuesto a arrojar de un puntapié a un viajero al mar, es el pharmacos que se prepara para su prueba en las Esciroforias, que se celebraban en el último mes del año, es decir, en el solsticio de verano; y que una segunda escena, explicada como la lucha cuerpo o cuerpo de Teseo con Cerción, le muestra levantado al aire por su sucesor (como en la terracota del peristilo real de Atenas; Pausanias: i.3.1), mientras la sacerdotisa de la diosa observa complacida. Ésta es una situación mitológica común: Heracles, por ejemplo, luchó por un reino con Anteo en Libia (véase 133.h), y con Erix en Sicilia (véase 132.q); Odiseo con Filomélides en Ténedos (véase 161.f). Una tercera escena, tomada como la venganza de Teseo con Escirón. muestra al pharmacos lanzándose al aire con el parasol en la mano. En una cuarta, ha llegado al mar y su parasol flota en las olas; la supuesta tortuga que esperaba para devorarlo era sin duda el parasol, pues no hay constancia de ningún culto de la tortuga en Ática. El Segundo Mitógrafo Vaticano (127) hace que Dédalo, y no Teseo, mate a Escirón, probablemente a causa de la relación mítica de Dédalo con el ritual del pharmacos del rey perdiz (véase 92.3).
4. Todas estas hazañas de Teseo parecen tener relación recíproca. Los gramáticos asocian el parasol blanco con una imagen de yeso de Atenea. Esto recuerda los muñecos pharmacos blancos, llamados «argivos» («hombres blancos»), que arrojaban al agua corriente una vez al año en la purificación de los templos en el mes de mayo (véase 132.p); también las tortas blancas en forma de cerdos y hechas con harina mezclada con yeso (Plinio: Historia natural xvii. 29.2), que se utilizaban en las Tesmoforias en sustitución de los restos de los cerdos recogidos de la sima de Eubuleo; «para no defraudar a sus serpientes sagradas», según explica el escoliasta sobre los Diálogos entre prostitutas de Luciano. El festival de las Esciroforias formaba parte de las Tesmoforias. Thes tiene el mismo significado en Thesmoforia que en Theseus, a saber, «prendas depositadas» en los cestos tejidos con espárragos silvestres y juncos que santificó Perígune. Eran prendas fálicas y el festival tenía carácter erótico; justifica esto la seducción de Perígune por Teseo, y también la seducción de Herse por Hermes (véase 25.d). El sacerdote de Erecteo llevaba un parasol porque era el presidente del culto de la serpiente, y las funciones sagradas de los reyes antiguos quedaron a su cargo después de haber sido abolida la monarquía, como quedaron en Roma a cargo del sacerdote de Zeus.
5. El nombre de Cerción lo relaciona con el culto del cerdo. Lo mismo sucede con sus padres: Branco se refiere al gruñido de los cerdos, y Argíope es un sinónimo de Fea. Fue sin duda Teseo el hijo de Posidón quien violó a Álope, es decir, suprimió el culto de la diosa Luna de Megara como Zorra (véase 49.2).
6. Tanto a Sinis como a Escirón se los describe como el héroe en cuyo honor fueron dedicados nuevamente los Juegos ístmicos; el apodo de Sinis era Pitiocantos; y Escirón, como Pitiocantos, era un viento del nordeste. Pero como los Juegos ístmicos habían sido fundados originalmente en memoria de Heracles Melkarth, la destrucción de Pitíocantos parece referirse a la supresión del culto de Bóreas en Atenas, el cual, no obstante, fue restablecido después de las guerras persas (véase 48.4). En ese caso, los Juegos ístmicos son análogos a los Juegos Píticos, fundados en memoria de Pitón, que era el Viento Norte fertilizante y también el alma del rey sagrado muerto por su rival Apolo. Además, «Procrustes», según Ovidio y el escoliasta sobre Hipólito de Eurípides (977), era sólo otro apodo de Sinis-Pitiocantos; y Procrustes parece ser un personaje novelesco inventado para explicar una imagen familiar: el cabello del rey viejo —Sansón, Pterelao (véase 89.7), Niso (véase 91.1), Curoi, Llew Llaw, o como quiera que se le llamase— está atado al poste de la cama por su novia traidora, mientras su rival avanza, con el hacha en la mano, para matarlo. «Teseo» y sus helenos abolieron la costumbre de arrojar al rey viejo por la Roca Moluria y volvieron a dedicar los juegos a Posidón a expensas de Ino; Ino era uno de los títulos anteriores de Atenea.

95 El nacimiento de Teseo

a. La primera esposa de Egeo fue Mélite, hija de Hoples; y la segunda Calcíope, hija de Rexenor; pero ninguna de ellas le dio hijos. Atribuía eso, y las desdichas de sus hermanas Procne y Filomela, a la ira de Afrodita, por lo que introdujo su culto en Atenas y luego fue a consultar con el oráculo de Delfos. El oráculo le advirtió que no debía abrir la boca de su repleto odre de vino hasta que llegara al punto más alto de Atenas si no quería morir de pena un día, respuesta que Egeo no pudo interpretar.
b. En su viaje de regreso se detuvo en Corinto, y allí Medea le hizo jurar solemnemente que la ampararía contra todos sus enemigos si alguna vez se refugiaba en Atenas, y en cambio se comprometió a procurarle un hijo por arte de magia. Luego hizo una visita a Trecén, adonde sus viejos compañeros Piteo y Trecén, hijos de Pélope, habían ido recientemente desde Pisa para compartir un reino con el rey Ecio. Ecio era el sucesor de su padre Antas, hijo de Posidón y Alcíone, quien, después de fundar las ciudades de Antea e Hiperea, se había hecho a la mar para fundar Halicarnaso en Caria. Pero Ecio parece haber poseído escaso poder, porque Piteo, después de la muerte de Trecén, unió Antea a Hiperea en una sola ciudad que dedicó conjuntamente a Atenea y Posidón y llamó Trecén.
c. Piteo era el hombre más culto de su época y se cita con frecuencia uno de sus apotegmas morales sobre la amistad: «No debes marchitar la esperanza que la amistad ha concebido, sino colmar bien su medida.» Fundó en Trecén un templo de Apolo Oracular, que es el Templo más antiguo que sobrevive en Grecia, y dedicó también un altar a la diosa triple Temis. Tres tronos de mármol blanco, colocados ahora sobre su tumba detrás del templo de Ártemis Salvadora, les servían a él y otros dos de asientos para juzgar. También enseñó el arte de la oratoria en el templo de las Musas de Trecén —fundado por el hijo de Hefesto llamado Árdalo, el famoso inventor de la flauta— y existe todavía un tratado de retórica escrito por él.
d. Ahora bien, cuando Piteo vivía todavía en Pisa, Belerofonte le había pedido que se casara con su hija Etra, pero lo enviaron a Caria deshonrado antes que se pudiera celebrar el casamiento; aunque seguía comprometido con Belerofonte, ella tenía pocas esperanzas de que regresara. Por lo tanto, Piteo, afligido por la virginidad forzosa de su hija, e influido por Medea, la cual les estaba hechizando a todos desde lejos, emborrachó a Egeo y lo mandó a la cama con Etra. Esa misma noche, a una hora más avanzada, la gozó también Posidón. Pues, obedeciendo un sueño que le envió Atenea, dejó al borracho Egeo y pasó vadeando a la isla de Esfera, que se halla cerca de Trecén, llevando libaciones para derramarlas en la tumba de Esfero, el auriga de Pélope. Allí, con la connivencia de Atenea, la dominó Posidón, y luego Etra cambió el nombre de la isla de Esfera en Hiera y erigió en ella un templo a Atenea Apaturia, estableciendo la regla de que en adelante toda muchacha trecenia dedicase su cinturón a la diosa antes de casarse. Pero Posidón concedió generosamente a Egeo la paternidad de todos los hijos que le nacieran a Etra durante los cuatro meses siguientes.
e. Cuando Egeo despertó y se encontró en el lecho de Etra, le dijo a ésta que si les nacía un hijo no debía ser abandonado ni enviado a otra parte, sino que se le debía criar secretamente en Trecén. Luego volvió a Atenas para celebrar el Festival Panateneo, después de ocultar su espada y sus sandalias bajo una roca hueca llamada el Altar de Zeus el Fuerte, la que se hallaba en el camino de Trecén a Hermíone. Si cuando el niño creciera podía mover esa roca y recuperar las prendas, se le debía enviar con ellas a Atenas. Entretanto, Etra debía guardar silencio para que los sobrinos de Egeo, los cincuenta hijos de Palante, no conspirasen contra su vida. La espada era una herencia de Cécrope.
f. En un lugar llamado ahora Genetlio, en el camino que va de la ciudad al puerto de Trecén, Etra dio a luz un niño. Algunos dicen que le dio inmediatamente el nombre de Teseo, porque las prendas habían sido depositadas para él; otros, que posteriormente él obtuvo ese nombre en Atenas. Fue criado en Trecén, donde su guardián, Piteo, difundió discretamente el rumor de que Posidón había sido su padre; y un tal Cónidas, a quien los atenienses siguen sacrificando un carnero la víspera de las Fiestas Teseas, fue su pedagogo. Pero algunos dicen que Teseo se crió en Maratón
g. Un día Heracles, que comía en Trecén con Piteo, se quitó su piel de león y la arrojó sobre un taburete. Cuando los niños del palacio entraron comenzaron a gritar y huyeron, menos Teseo, que entonces tenía siete años y que corrió a tomar un hacha de la pila de leña y volvió audazmente dispuesto a atacar a un verdadero león.
h. A la edad de dieciséis años hizo una visita a Delfos y ofreció a Apolo el primer cabello que le habían cortado al llegar a la virilidad. Sólo se afeitó, no obstante, la parte delantera de la cabeza, como los árabes y misios, o como los belicosos abantes de Eubea, que con dio privaban a sus enemigos de una ventaja en la lucha cuerpo a cuerpo, A esta dase de tonsura, y al recinto donde él realizó la ceremonia, se les llama todavía téseos. Era ya un joven fuerte, inteligente y prudente; y Etra lo llevó a la roca bajo la cual Egeo había ocultado la espada y las sandalias y le refirió la historia de su nacimiento. Teseo no tuvo dificultad para mover la roca, a la que desde entonces se le llama la «Roca de Teseo», y recuperó las prendas. Sin embargo, a pesar de las advertencias de Piteo y de los ruegos de su madre, no quiso ir a Atenas por la ruta segura del mar, sino que insistió en viajar por tierra, impulsado por el deseo de emular las hazañas de su primo hermano Heracles, a quien admiraba mucho.

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1. Piteo es un forma masculina de Pitea. Los nombres de las ciudades que unió para formar Trecén indican una tríada calendaria matriarcal (véase 75.2), compuesta por Antea («florida»), la diosa de la Primavera; Hiperea («que está arriba»), la diosa del Verano, cuando el sol está en el cénit; y Pitea («diosa-pino»), adorada en el otoño cuando Atis-Adonis (véase 79.1) era sacrificado en su pino. Pueden ser identificadas con la diosa triple Temis, a quien Piteo erigió un altar, puesto que el nombre Trecén es, al parecer, una forma desgastada de trion hezomenon «[la ciudad] de los tres que se sientan», y que se refiere a los tres tronos de mármol blanco que servían a «Piteo y otros dos» como asientos para hacer justicia.
2. Teseo tuvo que tener originalmente un mellizo, pues su madre se acostó con un dios y un mortal en la misma noche; los mitos de Idas y Linceo, Castor y Pólux (véase 74.1), Heracles e Ificles (véase 118.3) lo aseguran. Además, llevaba una piel de león como Heracles, y, por tanto, tuvo que haber sido el rey sagrado y no el sucesor. Pero cuando, después de las guerras persas, Teseo se convirtió en el principal héroe nacional de Atenas, al menos su paternidad tenía que ser ateniense, porque su madre era de Trecén. Los mitógrafos decidieron, en consecuencia, resolver el problema de ambos modos. Teseo era ateniense, hijo de Egeo y mortal, pero siempre que necesitase reclamar a Posidón como padre podía hacerlo (véase 98.j y 101.f). En cualquiera de los dos casos su madre seguía siendo de Trecén. Atenas tenía allí intereses importantes. También se le concedió un mellizo honorario, Pirítoo, quien, por ser mortal, no podía salir del Tártaro, como hicieron Heracles, Pólux y el propio Teseo (véase 74.j 193.a; y 134.d). No se perdonaron esfuerzos para relacionar a Teseo con Heracles, pero los atenienses nunca llegaron a ser lo bastante poderosos como para convertirlo en un dios olímpico.
3. Parece, no obstante, que hubo por lo menos tres personajes mitológicos que se llamaban Teseo: uno de Trecén, otro de Maratón en Auca, y el tercero del territorio lapita. No se unificaron en un solo personaje hasta el siglo vi a. de C, cuando (como sugiere el profesor George Thomson) los Butadas, un clan lapita cuyos miembros habían llegado a ser los principales aristócratas de Atenas e incluso usurpado el sacerdocio pelasgo nativo de Erecteo, presentaron al Teseo ateniense como un rival de Heracles dorio (véase 47.4). Además, Piteo era evidentemente un título tanto eleano como trecenio, que tenía también el héroe epónimo de un demo ático perteneciente a la tribu de Cécrope.
4. La visita de Etra a Esfera indica que la antigua costumbre de la auto-prostitución por muchachas solteras sobrevivió en el templo de Atenea durante algún tiempo después de haber sido implantado el sistema patriarcal. Difícilmente puede haber sido traído de Creta, pues Trecén no es una ciudad micénica, pero quizás era una importación cananea, como en Corinto.
5. Las sandalias y la espada son antiguos símbolos de realeza; la extracción de una espada de una roca parece haber formado parte del ritual de la coronación en la Edad de Bronce (véase 81.2). Odin, Galahad y Arturo tuvieron que realizar todos ellos una hazaña análoga; y una espada inmensa, con puño de león y hundida en una roca, figura en la escena de un casamiento sagrado grabada en Hatasus (véase 145.5). Como a esta roca se la llama tanto Altar de Zeus el Fuerte como Roca de Teseo, puede suponerse que «Zeus» y «Teseo» eran títulos alternativos del rey sagrado que era coronado allí; pero le armaba la diosa. El «Apolo» al que Teseo dedicó su cabello sería Karu («hijo de la diosa Car»; véase 82.6 y 86.2), llamado también Car, Q're, o Carys, el rey solar al que le cortaban anualmente el cabello antes de su muerte (véase 83.3), como cortaban el del tirio Sansón y el del megarense Niso (véase 91.1). En una fiesta llamada la Comiria («recorte del cabello») los muchachos le sacrificaban sus guedejas en una ceremonia fúnebre anual, y luego los llamaban cúretes (véase 7.4). Esta costumbre, probablemente de origen libio (Herodoto: iv.194), se había extendido al Asia Menor y Grecia; una prohibición de la misma se da en el Levítico xxi.5. Pero en la época de Plutarco ya se adoraba a Apolo como el dios Sol inmortal y, en prueba de ello, conservaba el cabello rigurosamente sin cortar.
6. La división que hizo Ecio de Trecén entre Trecén, Piteo y él mismo recuerda el arreglo que hizo Preto con Melampo y Biante (véase 72.h). El Piteo que enseñaba retórica y cuyo tratado sobrevivió hasta la época clásica tiene que haber sido un personaje histórico posterior.

94 Los hijos de Pandión

a. Cuando Erecteo, rey de Atenas, fue muerto por Posidón, sus hijos Cécrope, Pandoro, Metión y Orneo disputaron la sucesión; y Juto, cuyo veredicto hizo rey al mayor, Cécrope, tuvo que abandonar apresuradamente el país de Atica.
b. Cécrope, a quien Metión y Orneo amenazaron con la muerte, huyó primeramente a Megara y luego a Eubea, donde se le unió Pandoro y fundaron una colonia. El trono de Atenas recayó en el hipo de Cécrope, Pandión, cuya madre era Metiadusa, hija de Eupálamo. Pero no gozó del poder durante mucho tiempo, pues aunque murió Metión, sus hijos con Alcipa, o Ifínoe, demostraron ser tan envidiosos como él. Estos hijos se llamaban Dédalo, al que algunos, no obstante, llaman su nieto; Eupálamo, a quien otros llaman su padre; y Sición. A Sición se le llama también variadamente hijo de Erecteo, Pélope o Maratón, pues estas genealogías están muy confusas.
c. Cuando los hijos de Metión expulsaron a Pandión de Atenas él huyó a la corte del rey Pilas, Pilos o Pilón, un rey lélege de Megara, con cuya hija Pilia se casó. Más tarde Pilas mató a su tío Biante y, dejando que Pandión gobernara en Megara, se refugió en Mesenia, donde fundó la ciudad de Pilos. Desalojado de allí por Neleo y los pelasgos de Yolco, penetró en la Elide y allí fundó una segunda Pilos. En Megara Pilia dio a Pandión cuatro hijos: Egeo, Palante, Niso y Lico, aunque los hermanos envidiosos de Egeo difundieron el rumor de que este último era hijo bastardo de un tal Escirio. Pandión nunca volvió a Atenas. Tiene un altar de héroe en Megara, donde todavía se muestra su tumba en el Risco de Atenea Somormujo, como prueba de que este territorio perteneció en un tiempo a Atenas; fue disfrazada de esa ave que Atenea ocultó a su padre Cécrope bajo sus alas y lo llevó sin que sufriera daño alguno a Megara.
d. Después de la muerte de Pandión sus hijos marcharon contra Atenas, expulsaron a los hijos de Metión y dividieron el Ática en cuatro partes, como su padre les había ordenado que hicieran. Como Egeo era el mayor, recibió la soberanía de Atenas, en tanto que sus hermanos echaron suertes para el reparto del resto del reino. A Niso le tocó Megara y la región circundante hasta Corinto al oeste; a Lico le tocó la Eubea y a Palante el Ática meridional, donde engendró una tosca raza de gigantes.
e. El hijo de Pilas, Escirón, quien se casó con una hija de Pandión, disputó el derecho de Niso a Megara, y Éaco, llamado para juzgar la disputa, concedió el reino a Niso y sus descendientes, pero el mando de sus ejércitos a Escirón. En esa época se le dio a Megara el nombre de Nisa, y Niso dio también su nombre al puerto de Nisea, que él fundó. Cuando Minos mató a Niso lo enterraron en Atenas, donde todavía se ve su tumba detrás del Liceo. Sin embargo, los megarenses, quienes no admiten que su ciudad fuera tomada por los cretenses, pretenden que Megareo se casó con Ifínoe, la hija de Niso, y sucedió a éste.
f. Egeo, como Cécrope y Pandión, vieron su vida amenazada constantemente por las conspiraciones de sus parientes, entre ellos Lico, de quien se dice que fue desterrado de Eubea. Lico se refugió en el reino de Sarpedón y dio su nombre a Licia, después de visitar a Afareo en Arene y de iniciar a la casa real en los misterios de las Grandes Diosas Deméter y Perséfone, y también en los de Atis en Andania, la antigua capital de Mesenia. Esta Atis, que dio su nombre al país de Ática, era una de las tres hijas de Cránao, el rey autóctono de Atenas que reinaba en la época del diluvio de Deucalión. El bosquecillo de encinas de Andania, donde Lico purificaba a los iniciados, lleva todavía su nombre. Se le había otorgado la facultad de la profecía y fue su oráculo el que declaró posteriormente que si los mesenios mantenían a salvo cierta cosa secreta, un día recuperarían su patrimonio, pero si no la mantenían lo perderían para siempre. Lico se refería a una explicación de los misterios de la Gran Diosa grabada en una hoja de estaño, que los mesenios enterraron inmediatamente en una urna de bronce entre un tejo y un mirto en la cumbre del monte Itone. El tebano Épaminondas la desenterró finalmente cuando devolvió a los mesenios su gloria anterior.
g. El Liceo de Atenas también se llama así en honor de Lico; desde los tiempos más primitivos ha estado consagrado a Apolo, quien fue el primero que recibió el sobrenombre de «Liceo», y ahuyentaba a los lobos de Atenas con el olor de sus sacrificios.

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1. Las genealogías míticas como éstas eran citadas siempre que se disputaba la soberanía de estados o privilegios hereditarios. La división de Megara entre el rey sagrado, quien realizaba los sacrificios necesarios, y su sucesor, quien mandaba el ejército, tiene su paralelo en Esparta (véase 74.1). El nombre de Egeo es testimonio de la existencia del culto de la cabra en Atenas (véase 8.1) y el de Lico lo es del culto del lobo; todo ateniense que mataba un lobo estaba obligado a enterrarlo mediante suscripción pública (Escoliasta sobre Apolonio de Rodas: ii. 124). El somormujo estaba consagrado a Atenea como protectora de los barcos, y como el Risco de Atenea dominaba el mar, éste puede haber sido otro de los riscos desde los que su sacerdotisa lanzaba al pharmacos emplumado (véase 70.7; 89.6, etc.). Atis (actes thea, «diosa de la costa escarpada») parece haber sido un título de la triple diosa ática; sus hermanas se llamaban Cránae («pétrea») y Granéeme («punto rocoso»; Apolodoro: iii.14.5); y como a Procne y Filomela, cuando se transformaron en aves, se las llamaba conjuntamente Atis (Marcial: i.54.9 y v. 67.2), es probable que ella se relacionara con el mismo ritual de la cima del risco. Atis, como Atenea, tiene otras epifanías de aves en Homero (véase 97.4). Los misterios de las Grandes Diosas que concernían a la resurrección fueron entenados entre un tejo y un mirto porque estos árboles representaban, respectivamente, a la última vocal y la ultima consonante del alfabeto de árboles (véase 52.3) y estaban consagrados a la diosa de la Muerte.


93 Catreo y Altémenes

a. Catreo, el mayor de los hijos sobrevivientes de Minos, tuvo tres hijas: Aérope, Clímene y Apemósine; y un hijo. Altémenes. Cuando un oráculo predijo que a Catreo le mataría uno de sus propios hijos, Altémenes y Apemósine, la de los pies ligeros, abandonaron piadosamente Creta, con un gran séquito, con la esperanza de eludir la maldición. Desembarcaron en la isla de Rodas y fundaron la ciudad de Cretenia, a la que llamaron así en honor de su isla natal. Altémenes se estableció luego en Camiro, donde le honraban mucho los habitantes, y erigió un altar a Zeus en el cercano monte Atabirio desde la cumbre del cual, en los días claros, podía ver a lo lejos a su amada Creta. Rodeó el altar con toros de bronce, que bramaban fuertemente siempre que algún peligro amenazaba a Rodas.
b. Un día Hermes se enamoró de Apemósine, quien rechazó sus requerimientos y huyó de él. Esa noche la sorprendió cerca de un arroyo. Ella se dio la vuelta otra vez para huir, pero él había tendido cueros resbaladizos en la única senda por la que podía escapar, de modo que Apemósine cayó de bruces y Hermes consiguió poseerla. Cuando Apemósine volvió al palacio y con tristeza comunicó a Altémenes su desgracia, él le gritó: «¡Mentirosa y ramera!», y la mató a puntapiés.
c. Entretanto, Catreo, desconfiando de Aérope y Clímene, las otras dos hermanas, las desterró de Creta, de la que era entonces rey. Aérope, después de haber sido seducida por el pelópida Tiestes, se casó con Plístenes, quien la hizo madre de Agamenón y Menelao; y Clímene se casó con Nauplio, el célebre navegante. Al fin, solo en la ancianidad y, por lo que él sabía, sin heredero de su trono, Catreo fue en busca de Altémenes, a quien quería mucho. Al desembarcar una noche en Rodas él y sus compañeros fueron tomados equivocadamente por piratas y atacados por los vaqueros de Camiro. Catreo trató de explicar quién era y por qué había venido, pero los ladridos de los perros ahogaron su voz. Altémenes corrió desde el palacio para rechazar la supuesta invasión y, como no reconoció a su padre, lo mató con una lanza. Cuando se enteró de que después de todo se había cumplido el oráculo a pesar del largo destierro que se había impuesto, rogó que lo tragase la tierra. De acuerdo con su deseo, se abrió una sima y desapareció en ella, pero hasta el presente se le rinden honores de héroe.

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1. Este mito artificial, que constata una ocupación miceno-minoica de Rodas en el siglo xv a. de C., tiene también por finalidad explicar las libaciones que se derramaban en una sima a un héroe rodio, así como los deportes eróticos en los que unas mujeres danzaban sobre los cueros recién desollados de los animales sacrificados. La terminación byrios, o buriash, se da en el título regio de la tercera dinastía babilonia, fundada en 1750 a. de C.; y el dios del Atabirio de Creta, como el dios del Atabirium (monte Tabor) en Palestina, famoso por su culto del becerro de oro, era el hitita Tesup, un dios Sol propietario de ganado (véase 67.1). Rodas pertenecía al principio a la diosa Luna sumeria Dam-Kina, o Dánae (véase 60.3), pero pasó a poder de Tesup (véase 42.4); y cuando se derrumbó el imperio hitita fue colonizada por cretenses de habla griega que mantuvieron el culto del toro, pero hicieron a Atabirio hijo de Preto («primer hombre») y Eurínome, la Creadora (véase 1.a). En la época doria Zeus Atabirio usurpó el culto rodio de Tesup. El bramido de les toros se produciría haciendo girar rhomboi, o bramaderas (véase 30.1), utilizadas para ahuyentar a los malos espíritus.
2. La muerte de Apemósine en Camiro puede referirse a una represión brutal, por los invasores hititas más bien que por cretenses, de un colegio de sacerdotisas oraculares en Camiro. Las tres hijas de Catreo, como las Danaides, son la familiar tríada de la Luna: Apemósine es la tercera persona, la equivalente de Camira. Catreo, muerto accidentalmente por Altémenes, como Layo, muerto accidentalmente por su hijo Edipo (véase 105.d)t y Odiseo por su hijo Telégono (véase 170.k), tuvo que haber sido un predecesor en el reinado sagrado más bien que un padre; pero la fábula ha sido mal relatada: el hijo, y no el padre, debía desembarcar y lanzar la lanza en forma de pastinaca.

92 Dédalo y Talos

a. La ascendencia de Dédalo es discutible. Algunos llaman a su madre Alcipe, otros Mérope y otros más Ifínoe; y todos le dan un padre diferente, aunque se conviene generalmente en que pertenecía a la casa real de Atenas, la cual pretendía descender de Erecteo. Era un herrero admirable, pues le había enseñado ese arte Atenea misma.
b. Uno de sus aprendices, Talos, hijo de su hermana Policaste, o Pérdice, le había superado ya en su habilidad en el oficio cuando sólo tenía doce años de edad. Sucedió que un día Talos encontró el maxilar de una serpiente o, según dicen algunos, el espinazo de un pez, y al ver que podía utilizarlo para cortar un palo por la mitad, lo copió en hierro y así invento la sierra. Este y otros inventos suyos —como la rueda de alfarero y el compás para trazar círculos— le valieron una gran reputación en Atenas, y Dédalo, que pretendía haber forjado la primera sierra, se sintió pronto insoportablemente celoso. Llevó a Talos al techo del templo de Atenea en la Acrópolis, le señaló ciertas vistas lejanas y de pronto le empujó y le hizo caer a tierra. Pero, a pesar de todos sus celos, no habría hecho daño a Talos si no hubiera sospechado que mantenía relaciones incestuosas con su madre Policaste. Dédalo corrió al pie de la Acrópolis y metió el cadáver de Talos en un saco con el propósito de enterrarlo en secreto. Cuando le interrogaron unos transeúntes, les explicó que había recogido piadosamente una serpiente muerta, como lo exigía la ley —lo que no era enteramente falso, pues Talos era un erectida—, pero había manchas de sangre en el saco y su crimen fue descubierto, y el Areópago le desterró por asesinato. Según otro relato, huyó antes que se viera el juicio.
c. Ahora bien, el alma de Talos —a quien algunos llaman Calo, Circino o Tántalo— voló en la forma de una perdiz, pero su cuerpo fue enterrado en el lugar en que había caído. Policaste se ahorcó al enterarse de su muerte y los atenienses erigieron en su honor un templo junto a la Acrópolis.
d. Dédalo se refugió en uno de los demos del Ática, a cuyos habitantes se les llama por él dedálidos; y luego en la cretense Cnosos, donde el rey Minos tuvo el placer de recibir a un artífice tan hábil. Vivió allí durante algún tiempo, en paz y gozando de gran favor, hasta que Minos, cuando supo que había ayudado a Pasífae a ayuntarse con el toro blanco de Posidón, lo encerró durante un tiempo en el Laberinto, juntamente con su hijo Ícaro, cuya madre, Náucrate, era una de las esclavas de Minos; pero Pasífae puso en libertad a los dos.
e. No era fácil, sin embargo, huir de Creta, pues Minos tenía todos sus barcos bajo guardia militar y ofreció una fuerte recompensa por su aprehensión. Pero Dédalo hizo un par de alas para él y otro para Ícaro; estaban hechas con plumas de ave atadas con hilos y otras menores pegadas con cera. Después de haber preparado el par de alas de Ícaro, le dijo con lágrimas en los ojos: «¡Hijo mío, ten cuidado! No vueles a demasiada altura para que el sol no funda la cera, ni demasiado bajo para que el mar no humedezca las plumas.» Luego deslizó sus brazos en su par de alas y ambos emprendieron el vuelo. «Sígueme de cerca —gritó— y no tomes un rumbo propio.»
Cuando se alejaban de la isla volando en dirección del nordeste, agitando sus alas, los pescadores, pastores y agricultores que miraban hacia arriba los tomaron por dioses.
f. Habían dejado a Naxos, Délos y Paros tras ellos a la izquierda y estaban dejando Lebintos y Calimne detrás a la derecha, cuando Ícaro desobedeció las órdenes de su padre y comenzó a remontarse hacia el sol, regocijado con la altura a que lo llevaban sus grandes alas. Poco después Dédalo miró hacia atrás y ya no pudo ver a Ícaro, pero vio abajo las plumas de sus alas que flotaban en el agua. El calor del sol había derretido la cera e Ícaro había caído al mar y se había ahogado. Dédalo describió círculos alrededor del lugar hasta que el cadáver salió a la superficie, y luego lo llevó a la cercana isla llamada ahora Icaria, donde lo enterró. Una perdiz se posó en una encina y le observó cotorreando de placer: era el alma de su hermana Policaste, por fin vengada. La isla ha dado su nombre al mar circundante.
g. Pero algunos que no creen en esta fábula dicen que Dédalo huyó de Creta en un barco que le proporcionó Pasífae, y que en su viaje a Sicilia estaban a punto de desembarcar en una islita cuando Ícaro cayó al mar y se ahogó. Añaden que fue Heracles quien enterró a Ícaro, y que en agradecimiento Dédalo le hizo en Pisa una estatua que parecía tan natural que Heracles la tomó por un rival y la derribó con una piedra. Otros dicen que Dédalo inventó velas, y no alas, como un medio de dejar atrás a las galeras de Minos, y que Ícaro, que timoneaba descuidadamente, se ahogó al zozobrar su barco.
h. Dédalo voló hacia el oeste hasta que descendió en Cumas, cerca de Nápoles, y allí dedicó sus alas a Apolo y le erigió un templo con techo de oro. Luego hizo una visita a Cámico, en Sicilia, donde le recibió hospitalariamente el rey Cócalo, y vivió con los sicilianos disfrutando de una gran fama y erigiendo muchos edificios magníficos.
i. Entretanto, Minos había reunido una flota considerable y salido en busca de Dédalo. Llevó consigo una concha de Tritón y adondequiera que iba prometía recompensar a quien pudiera pasar por ella una hebra de lino, problema que, como bien sabía, sólo Dédalo era capaz de resolver. Cuando llegó a Cámico ofreció la concha a Cócalo, quien se comprometió a pasar la hebra, y, por supuesto, Dédalo encontró el modo de hacerlo. Ató un hilo finísimo a una hormiga, abrió un agujero en la punta de la concha y atrajo a la hormiga a lo largo de las espirales untando con miel los bordes del agujero. Luego ató la hebra de lino al otro extremo del hilo de araña y lo pasó también a través de la concha, tirando de ella. Cócalo devolvió a Minos la concha atravesada por el hilo, pero Minos, seguro de que por fin había encontrado el escondite de Dédalo, exigió su rendición. Mas las hijas de Cócalo no querían perder a Dédalo, que les hacía tan bellos juguetes, y con ayuda de él trazaron un plan. Dédalo pasó un caño a través del techo del cuarto de baño y por él vertieron agua hirviendo o, según dicen algunos, pez sobre Minos cuando éste estaba disfrutando de un baño caliente. Cócalo, quien muy bien podía haber estado implicado en el complot, entregó el cadáver a los cretenses alegando que Minos había tropezado con una alfombra y había caído en una caldera de agua hirviente.
j. Los acompañantes de Minos lo enterraron con gran pompa y Zeus le designó juez de los muertos en el Tártaro, con su hermano Radamantis y su enemigo Éaco como colegas. Como la tumba de Minos ocupaba el centro del templo de Afrodita en Cárnico, le honraron allí durante muchas generaciones grandes multitudes de sicilianos que iban a adorar a Afrodita. Al final Terón, el tirano de Acragas, envió sus huesos a Creta.
k. Después de la muerte de Minos los cretenses cayeron en un desorden completo, pues los sicilianos incendiaron la mayor parte de su flota. De los tripulantes que se vieron obligados a quedarse en la isla unos edificaron la ciudad de Minoa, cerca de la playa donde habían desembarcado; otros la ciudad de Hiria en Mesapia, y otros fueron al centro de Sicilia y fortificaron una colina que llegó a ser la ciudad de Engio, llamada así por su arroyo que corre en las cercanías. Allí construyeron un templo a las Madres, a las que siguieron rindiendo grandes honores, como en su Creta natal.
l. Pero Dédalo abandonó Sicilia para unirse a Yolao, el sobrino y auriga de Heracles de Tirinto, quien se dirigió a Cerdeña al frente de un grupo numeroso de atenienses y tespinos. Muchas de sus obras todavía sobreviven en Cerdeña y las llaman dédalas.
m. Ahora bien, Talos era también el nombre del sirviente de bronce con cabeza de toro que Zeus le había dado a Minos para que guardase a Creta. Algunos dicen que era un sobreviviente de la raza de bronce nacida de los fresnos; otros, que 1o forjó Hefesto en Cerdeña y que tenía una sola vena que le corría desde el cuello hasta los tobillos, donde entaponaba una aguja de bronce. Su tarea consistía en dar tres veces al día la vuelta a la isla de Creta y arrojar peñascos a todos los barcos extranjeros; y también en recorrer tres veces al año, a un paso más pausado, las aldeas de Creta mostrando las leyes de Minos inscritas en placas de bronce. Cuando los sardos trataron de invadir la isla. Talos se puso al rojo vivo introduciéndose en una hoguera y los destruyó con su abrazo ardiente, mientras sonreía de manera feroz de ahí viene la expresión «una sonrisa sardónica». Al final, Medea mató a Talos arrancándole el alfiler del extremo de la vena y dejando que la sangre vital escapara por ella; aunque algunos dicen que el argonauta Peante le hirió en el tobillo con una flecha envenenada.

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1. A Hefesto se le describe a veces como hijo de Hera y Talos (véase 12.c) y a Talos como sobrino joven de Dédalo, pero Dédalo era un miembro subalterno de la casa de Erecteo, fundada mucho tiempo después del nacimiento de Hefesto. Estas discrepancias cronológicas son muy usuales en la mitología. Dédalo («inteligente» o «hábilmente forjado»), Talos («sufridor») y Hefesto («el que brilla de día») demuestran por la semejanza de sus atributos que sólo son títulos diferentes del mismo personaje mítico. Ícaro (de io-carios, «dedicado a la diosa Luna Car») puede ser otro de sus títulos. Pues Hefesto, el dios herrero, se casó con Afrodita, a la que estaba consagrada la perdiz; la hermana de Dédalo, el herrero, se llamaba Pérdice («perdiz»); el alma de Talos, el herrero, levantó vuelo como una perdiz; una perdiz apareció en el entierro de Ícaro, el hijo de Dédalo. Además, Hefesto fue arrojado desde el Olimpo, y Talos fue arrojado desde la Acrópolis. Hefesto quedó rengo al caer; uno de los nombres de Talos era Tántalo («cojeando, o tambaleando»); la perdiz macho cojea en su danza amorosa sujetando un talón con el que se dispone a golpear a sus rivales. Además, el dios latino Vulcano renqueaba. Su culto había sido introducido desde Creta, donde se llamaba Velcano y tenía un gallo como emblema, porque el gallo canta al amanecer y era, por tanto, apropiado para un héroe solar. Pero el gallo no llegó a Creta hasta el siglo vi a. de C, y es probable que haya desalojado a la perdiz como ave de Velcano.
2. Parece que en la primavera se realizaba una danza erótica de la perdiz en honor de la diosa Luna, y que los bailarines varones renqueaban y llevaban alas. En Palestina esta ceremonia, llamada la Pesach («la renqueante»), se realizaba todavía, según Jerónimo, en Beth-Hoglah («el Templo del Cojo»), donde los devotos bailaban en espiral. Beth-Hoglah se identifica con «la era de Atad», en la que se lloraba la muerte del rengo rey Jacob, cuyo nombre puede significar Jah Aceb («el dios del talón»). Jeremías advierte a los judíos que no deben tomar parte en esos ritos orgiásticos cananeos, y cita: «La perdiz recoge pollitos que no ha parido.» Anafe, isla situada al norte de Creta, con la que Minos hizo un tratado (véase 91.a), era famosa en la antigüedad como lugar de descanso para las perdices emigrantes.
3. El mito de Dédalo y Talos, como su variante, el mito de Dédalo e Ícaro, parece combinar el rito de quemar al sustituto del rey solar, que se había puesto alas de águila (véase 29.1), en la hoguera de la primavera —cuando comenzaba el Nuevo Año palestino— con los ritos de arrojar al pharmacos con alas de perdiz, un sustituto análogo, desde un risco al mar (véase 96.3), y el de punzar al rey en el tobillo con una flecha envenenada (véase 10 abajo). Pero la admiración de los pescadores y labradores al ver volar a Dédalo ha sido deducida, probablemente, de una ilustración que representaba a Perseo o Marduk alados (véase 73.7).
4. En un sentido el laberinto del que escaparon Dédalo e Ícaro era el piso de mosaico en el que estaba dibujado y que tenían que seguir en la danza de la perdiz ritual (véase 98.2); pero la huida de Dédalo a Sicilia, Cumas y Cerdeña se refiere, quizás, a la huida de los forjadores de bronce nativos de Creta como consecuencia de sucesivas invasiones helenas. La treta de la concha de tritón, y el entierro de Minos en un templo de Afrodita a la que estaba consagrada esa concha (véase 11.3), indican que Minos, en este contexto, era considerado también como Hefesto, el amante de la diosa del Mar. Su muerte en un baño es un incidente tomado, al parecer, del mito de Niso y Escila (véase 91.b-d); el equivalente celta de Niso, Llew Llaw, moría en un baño mediante una treta; y lo mismo le sucedió a otro rey sagrado, Agamenón de Micenas (véase 112.1).
5. El nombre Náucrate («poderío marítimo») recuerda las consecuencias históricas de la derrota de Minos en Sicilia, el paso del poderío marítimo de los cretenses a los griegos. El hecho de que era una de las esclavas de Minos indica una revolución palaciega de los mercenarios helenos en Cnosos.
6. Si Policaste, el otro nombre de Pérdice, la madre de Talos, significa polycassitere, «mucho estaño», pertenece al mito del hombre de bronce, homónimo de Talos. La supremacía cretense dependía en gran parte de abundantes abastecimientos de estaño, que se mezclaba con cobre chipriota; según el profesor Christopher Hawkes, la fuente más cercana era la isla de Mallorca.
7. Hesiquio dice que Talos es un nombre del Sol; originalmente, por tanto, Talos sólo daba la vuelta a Creta una vez al día. Pero quizá los puertos de Creta quedaban protegidos de los piratas por tres cuerpos de vigilancia que enviaban patrullas. Y como a Talos el Sol se le llamaba también Tauro («el toro»; Bekker: Anécdotas i-344.10 y ss.; Apolodoro: i.9.26), su triple visita anual a las aldeas era probablemente un recorrido regio del rey Sol llevando su máscara de toro ritual, pues el año cretense se dividía en tres estaciones (véase 75.2). El abrazo ardiente de Talos puede referirse a los sacrificios de seres humanos quemados ofrecidos a Moloch, alias Melkarth, que era adorado en Corinto como Melicertes (véase 70.5), y que probablemente también era conocido en Creta. Como este Talos llegó de Cerdeña, adonde se decía que había huido Dédalo cuando le persiguió Minos, y era al mismo tiempo el regalo de Zeus a Minos, los mitógrafos han simplificado la fábula atribuyendo su construcción a Hefesto, antes que a Dédalo; Hefesto y Dédalo eran el mismo personaje. La sardónicus risus, o rictus, un retorcimiento de los músculos faciales, sintomático del tétanos, quizás se llamaba así porque el hombre-ciervo de los bronces sardos primitivos tiene la misma sonrisa triste y boquiabierta.
8. La vena única de Talos pertenece al misterio de la fundición de bronce primitiva mediante el método de la cire-perdue. En primer lugar, el herrero hacía una imagen con cera de abejas que cubría con una capa de arcilla y ponía en un horno. Tan pronto como la arcilla estaba bien cocida abría un agujero entre el talón y el tobillo para que saliese la cera caliente y dejase un molde en el cual se podía verter bronce derretido. Cuando llenaba ese molde y adentro se enfriaba el metal, rompía la capa de arcilla y quedaba la imagen de bronce con la misma forma que la original de cera. Los cretenses llevaron el método de la cire-perdue a Cerdeña, juntamente con el culto de Dédalo. Como Dédalo aprendió su oficio de Atenea, a la que se llamaba Medea en Corinto, la fábula de la muerte de Talos puede haber sido una interpretación errónea de una imagen que representaba a Atenea haciendo una demostración del método de la cire-perdue. La tradición de que la fusión de la cera causó la muerte de Ícaro parece pertenecer más bien al mito de su primo Talos, porque Talos, el hombre de bronce, está íntimamente relacionado con su homónimo, el forjador de bronce y supuesto inventor del compás.
9. El compás forma parte del misterio del forjador de bronce y es esencial para el dibujo exacto de círculos concéntricos cuando hay que forjar cuencos, yelmos o máscaras. De aquí que a Talos se le llamara Circino («el circular»), título que se refería tanto al curso del sol como al empleo del compás (véase 3.2). Su invento de la sierra ha sido destacado con razón: los cretenses tenían diminutas sierras giratorias de doble hilera de dientes para los trabajos finos y las empleaban con una destreza maravillosa. Talos es el hijo de una ninfa-fresno, porque el carbón de fresno produce un calor muy elevado para la fundición. Este mito también arroja luz sobre Prometeo y su creación del hombre con arcilla; en la leyenda hebrea el papel de Prometeo lo desempeñaba el arcángel Miguel, quien trabajaba bajo la mirada de Jehová.
10. La muerte de Talos por Peante recuerda la de Aquiles por París, también hiriéndole en el talón, y las de los centauros Folo y Quirón (véase 126.3). Estos mitos se relacionan íntimamente. Folo y Quirón murieron a causa de las flechas envenenadas de Heracles. Peante era el padre de Filoctetes, y cuando Heracles fue envenenado por otro centauro le ordenó que encendiera la pira; como consecuencia, Filoctetes obtuvo las mismas flechas (véase 145.f), una de las cuales le envenenó (véase 161.1). Entonces París tomó prestadas las flechas mortales de Apolo Tesalio para matar a Aquiles, el hijo adoptivo de Quirón (véase 164.j); y finalmente, cuando Filoctetes vengó a Aquiles dando muerte a París, utilizó otra flecha de la aljaba de Heracles (véase 166.e). El rey sagrado Tesalio era muerto, al parecer, por una flecha untada con veneno de víbora, que su sucesor le clavaba entre el talón y el tobillo.
11. En el mito celta el laberinto llegó a significar la tumba regia (Diosa Blanca, p. 105); y que así sucedía también entre los griegos primitivos lo indica su definición en el Etymologicum Magnum como «una cueva montañesa» y por Eustacio (Sobre la Odisea de Homero xi p.1688) como «una cueva subterránea». El etrusco Lars Porsena hizo un laberinto para su propia tumba (Varrón, citado por Plinio: Historia natural xxxvi.91-3), y había laberintos en las cuevas «ciclópeas», es decir, pre-helenas, de las cercanías de Nauplia (Estrabón: viii.6.2), en Samos (Plinio: Historia natural xxxiv.83) y en Lemnos (Plinio: Historia natural xxxvi. 90). Salir del laberinto es, por tanto, reencarnarse.
12. Aunque Dédalo figura como ateniense, a causa del demo ático llamado así en su honor, las artes dedálicas fueron importadas en el Ática desde Creta, y no al contrario. Los juguetes que hacía para las hijas de Cócalo eran, probablemente, muñecas con miembros movibles, como las que complacían a Pasífae y su hija Ariadna (véase 88.e) y que parecen haber sido utilizadas en el culto ático del árbol en honor de Erígone. De todos modos, Policaste, la hermana de Dédalo, se ahorcó, lo mismo que dos Erigones y Ariadna (véase 79.2 y 88.10).
13. Los mesapios de Hiria, luego Uria y ahora Oria, eran conocidos en la época clásica por sus costumbres cretenses: cabellos con rizos aplastados, túnicas con bordados de flores, hacha doble, etc.; y a la cerámica descubierta allí se la puede datar en 1400 a. de C., lo que confirma la fábula.

91 Escila y Niso

a. Minos fue el primer rey que dominó el mar Mediterráneo, al que libró de piratas, y en Creta gobernó en noventa ciudades. Cuando los atenienses asesinaron a su hijo Androgeo decidió vengarse de ellos y recorrió el Egeo reuniendo barcos y reclutas armados. Algunos isleños accedieron a ayudarle, pero otros se negaron. Sifnos le fue entregada por la princesa Arne, a la que sobornó con oro, pero los dioses la metamorfosearon en una corneja que ama el oro y todas las cosas que brillan. Concluyó una alianza con los habitantes de Anafe, pero le desairó el rey Éaco de Egina y se marchó jurando venganza; Éaco accedió luego al llamamiento de Céfalo para que se uniera a los atenienses contra Minos.
b. Entretanto Minos asolaba el istmo de Corinto. Puso sitio a Misa, gobernada por el egipcio Niso, quien tenía una hija llamada Escila. En la ciudad había una torre construida por Apolo [¿y Posidón?] y a su pie se hallaba una piedra musical que, si se arrojaban desde arriba piedras sobre ella, sonaba como una lira, porque Apolo en una ocasión había dejado su lira en ella cuando trabajaba como albañil. Escila solía pasar mucho tiempo en lo alto de la torre en la piedra tocando melodías con los guijarros que le arrojaba; y subía allí a diario cuando comenzó la guerra para contemplar la lucha.
c. El sitio de Nisa se prolongó y Escila no tardó en conocer los nombres de todos los guerreros cretenses. Impresionada por la belleza, de Minos y por su magnífica vestimenta y su corcel blanco, se enamoró perversamente de él. Algunos dicen que Afrodita lo quiso así, y otros echan la culpa a Hera.
d. Una noche Escila se introdujo a hurtadillas en el dormitorio de su padre y le cortó el famoso mechón de oro del que dependían su vida y su trono; luego le quitó las llaves de la ciudad, abrió las puertas y salió. Fue directamente a la tienda de Minos y le ofreció el mechón de cabello a cambio de su amor. «¡Trato hecho!», exclamó Minos, y esa misma noche, después de entrar en la ciudad y saquearla, yació con Escila; pero no quiso llevarla a Creta, porque aborrecía el crimen de parricidio. Sin embargo, Escila nadó detrás de su barco y se asió a su popa hasta que el alma de su padre Niso se lanzó sobre ella en forma de águila pescadora con sus garras y su pico curvo. La aterrada Escila se soltó y se ahogó; su alma voló transformada en ciris, ave conocida por su pecho purpúreo y sus patas rojas. Pero algunos dicen que Minos ordenó que ahogaran a Escila, y otros que su alma se convirtió en el pez ciris, y no en el ave de ese nombre.
e. Nisa se llamó luego Megara, en honor de Megareo, hijo de Enope e Hipómenes; Megareo había sido aliado de Niso y se casó con su hija Ifínoe, y, según se dice, le sucedió en el trono.
f. Esta guerra se fue prolongando hasta que Minos, viendo que no podía subyugar a Atenas, rogó a Zeus que vengase la muerte de Androgeo; y en consecuencia toda Grecia fue castigada con terremotos y el hambre. Los reyes de varias ciudades-estados se reunieron en Delfos para consultar al oráculo, y recibieron instrucciones de hacer que Éaco ofreciera plegarias en su nombre. Hecho esto, los temblores de tierra cesaron en todas partes menos en Ática.
g. Entonces, los atenienses trataron de redimirse de la maldición sacrificando a Perséfone las hijas de Jacinto, a saber Antéis, Egléis, Litea y Ortea, en la tumba del cíclope Geresto. Las muchachas habían venido a Atenas procedentes de Esparta. Pero los temblores de tierra continuaban, y cuando los atenienses volvieron a consultar con el oráculo de Delfos se les dijo que dieran a Minos cualquier satisfacción que pudiera pedir; ésta resultó ser un tributo de siete jóvenes y siete doncellas que debían enviar cada nueve años a Creta para que los devorase el Minotauro.
h. Minos volvió entonces a Cnosos, donde sacrificó una hecatombe de toros en agradecimiento por su triunfo, pero su muerte se produjo en el noveno año.

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1. La base histórica del mito de Escila es, al parecer, una disputa entre los atenienses y sus señores cretenses no mucho antes del saqueo de Cnosos en 1400 a. de C. El mito mismo, que se repite casi exactamente en la fábula tafiana de Pterelao y Cometo, recuerda los de Sansón y Dalila en Filistia, y de Curoi, Blathnat y Cuchulain en Irlanda; Llew Llaw, Blodeuwedd y Gronw en Gales: todos ellos variaciones de un solo modelo. Se refiere a la rivalidad entre el rey sagrado y su heredero por el favor de la diosa Luna, la cual, en el solsticio de verano, corta al rey el cabello y le traiciona. La fuerza del rey reside en su cabello, porque representa al sol, y sus largos bucles amarillos son comparados con los rayos del astro. Dalila corta el cabello a Sansón antes de hacer entrar a los filisteos; Blathnat ata el de Curoi a un poste de la cama antes de llamar a su amante Cuchulain para que lo mate; Blodeuwedd ata el de Llew Llaw a un árbol antes de llamar a su amante Gronw. El alma de Llew Llaw toma la forma de un águila, y Blodeuwedd («aspecto de flor bella»), mujer hecha mágicamente con nueve flores diferentes, se metamorfosea en una lechuza, como quizás se metamorfosea también Escila en la leyenda griega original. Un cotejo de estos cinco mitos demuestra que Escila-Cometo-Blodeuwedd-Blathnat-Dalila es la diosa Luna en su aspecto primaveral como Afrodita Cometo («de cabello brillante»); en el otoño se transforma en lechuza, o en ciris, y se convierte en la diosa Muerte Atenea —que tenía muchas epifanías de aves, incluyendo la lechuza (véase 97.4)— o Hera, o Hécate. Su nombre Escila indica que el rey era descuartizado después de raparle la cabeza. Como en el mito de Llew Llaw, el castigo impuesto luego a la traidora es una adición moral posterior.
2. Ovidio (Arte de amar i.331) identifica esta Escila con una homónima a la que Afrodita transformó en un monstruo canino porque Posidón la había seducido (véase 16.2), y dice que introdujo perros feroces en su útero y sus lomos como castigo por haber cortado el cabello de Niso. Ovidio se equivoca raras veces en su mitología y quizá se refiera en este caso a la leyenda de que la maldición que Pasífae echó sobre Minos hizo que él llenase el útero de Escila con cachorros más bien que con serpientes, escorpiones y ciempiés, Pasífae y Anfítrite son la misma diosa de la Luna y el Mar; y Minos, como gobernante del Mediterráneo, se identificó con Posidón.
3. El sacrificio de las hijas de Jacinto en la tumba de Geresto puede referirse a los «jardines de Adonis» plantados en honor del rey condenado a muerte; como eran flores cortadas, se marchitaban en pocas horas. Pero Geresto era un cíclope pre-aqueo (véase 3.b), y según el Etymologicum Magnum (sub Geréstidas), sus hijas criaron al infante Zeus en Gortina; además, Gerestíón era una ciudad de Arcadia en la que Rea fajó a Zeus. Por lo tanto, las Hiacíntides eran probablemente las nodrizas y no las hijas de Jacinto, sacerdotisas de Ártemis que en Cnido tenían el título de «Hiacintotrofos» (nodriza de Jacinto») e identificables con las Geréstidas, pues el Zeus cretense que moría anualmente (véase 7.1) era indistinguible de Jacinto. Quizá, por lo tanto, el mito se refiere a cuatro muñecas que colgaban de un árbol frutal en flor y que estaban encaradas a los puntos cardinales de la brújula, en una ceremonia fertilizante de la «Ártemis Ahorcada» (véase 79.2 y 88.10).
4. Los siete jóvenes atenienses dedicados al Minotauro eran probablemente sustitutos sacrificados anualmente en lugar del rey de Cnosos. Se consideraría conveniente emplear víctimas extranjeras más bien que cretenses nativos, como sucedía con el ritual de la Crucifixión cananeo, en el cual, al final bastaban cautivos y criminales como sustitutos de Tammuz. «Cada nueve años» significa «al final de cada Gran Año de cien lunaciones». Después de haber sido sacrificados siete muchachos por el rey sagrado, moría él mismo (véase 81.8). Las siete doncellas atenienses no eran sacrificadas; quizás se convertían en ayudantes de la sacerdotisa de la Luna, y realizaban proezas acrobáticas en corridas de toros, como las que se ven en las obras de arte cretenses; era un deporte peligroso, pero no necesariamente fatal.
5. Un instrumento de piedras musicales puede haber existido en Megara según el modelo de un xilófono; no sería difícil fabricarlo. Pero acaso se trate aquí de un recuerdo de la estatua cantante de Memnón en Egipto: hueca, con un orificio en el fondo de la boca abierta, a través del cual pasaba el aire caliente al amanecer cuando el sol calentaba la piedra (véase 164.2).