Alá, según la tradición islámica, hizo a los ángeles con luz, a los Yinn con fuego y a los hombres con polvo. Hay quien afirma que la materia de los segundos es un oscuro fuego de humo. Fueron creados dos mil años antes de Adán, pero su estirpe no alcanzará el día del Juicio Final.
Al-Qazwiní los definió como "vastos animales aéreos de cuerpo transparente, capaces de asumir varias formas". Al principio se muestran como nubes o como altos pilares indefinidos; luego, según su voluntad, asumen la figura de un hombre, de un chacal, de un lobo, de un león, de un escorpión o de una culebra. Algunos son creyentes; otros, heréticos o ateos. Antes de destruir un reptil debemos pedirle que se retire, en nombre del Profeta; y es lícito matarlo si no obedece. Pueden atravesar un muro macizo o volar por los aires o hacerse bruscamente invisibles. A menudo llegan al cielo inferior, donde sorprenden la conversación de los ángeles sobre acontecimientos futuros; esto les permite ayudar a magos y adivinos. Ciertos doctores les atribuyen la construcción de las Pirámides o, por orden de Salomón, hijo de David, que conocía el Todopoderoso Nombre de Dios, del Templo de Jerusalén.
Desde las azoteas o los balcones lapidan a la gente; también tienen el hábito de raptar mujeres hermosas. Para evitar sus depredaciones conviene invocar el nombre de Alá, el Misericordioso, el Apiadado. Su morada más común son las ruinas, las casas deshabitadas, los aljibes, los ríos, y los desiertos. Los egipcios afirman que son la causa de las trombas de arena. Piensan que las estrellas fugaces son dardos arrojados por Alá contra los Yinn maléficos.
Iblis es su padre y su jefe
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
sábado, 29 de diciembre de 2012
Los tigres del annam
Para los annamitas, tigres o genios personificados por tigres rigen los rumbos del espacio.
El Tigre Rojo preside el sur (que está en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego.
El Tigre Negro preside el norte; le corresponden el invierno y el agua.
El Tigre Azul preside el oriente; le corresponden la primavera y las plantas.
El Tigre Blanco preside el occidente; le corresponden el otoño y los metales.
Sobre estos Tigres Cardinales hay otro Tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el centro, como él Emperador está en el centro de China y China está en el centro del mundo. (Por eso la llaman el Imperio Central; por eso, ocupa el centro del mapamundi que el P. Ricci, de la Compañía de Jesús, trazó a fines del siglo XVl para instruir a los chinos.)
Lao Tse ha encomendado a los Cinco Tigres la misión de guerrear contra los demonios. Una plegaria annamita, vertida al francés por Louis Cho Chod, implora con devoción el socorro de sus incontenibles ejércitos. Esta superstición es de origen chino; los sinólogos hablan de un Tigre Blanco, que preside la remota región de las estrellas occidentales. En el sur, los chinos ubican un Pájaro Rojo; en el oriente, un Dragón Azul; en el norte, una Tortuga negra. Como se ve, los annamitas han conservado los colores, pero han unificado los animales.
Los Bhils, pueblo del centro del Indostán, creen en infiernos para Tigres; los malayos saben de una ciudad en el corazón de la jungla, con vigas de huesos humanos, con muros de pieles humanas, con aleros de cabelleras humanas, construida y habitada por Tigres.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El Tigre Rojo preside el sur (que está en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego.
El Tigre Negro preside el norte; le corresponden el invierno y el agua.
El Tigre Azul preside el oriente; le corresponden la primavera y las plantas.
El Tigre Blanco preside el occidente; le corresponden el otoño y los metales.
Sobre estos Tigres Cardinales hay otro Tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el centro, como él Emperador está en el centro de China y China está en el centro del mundo. (Por eso la llaman el Imperio Central; por eso, ocupa el centro del mapamundi que el P. Ricci, de la Compañía de Jesús, trazó a fines del siglo XVl para instruir a los chinos.)
Lao Tse ha encomendado a los Cinco Tigres la misión de guerrear contra los demonios. Una plegaria annamita, vertida al francés por Louis Cho Chod, implora con devoción el socorro de sus incontenibles ejércitos. Esta superstición es de origen chino; los sinólogos hablan de un Tigre Blanco, que preside la remota región de las estrellas occidentales. En el sur, los chinos ubican un Pájaro Rojo; en el oriente, un Dragón Azul; en el norte, una Tortuga negra. Como se ve, los annamitas han conservado los colores, pero han unificado los animales.
Los Bhils, pueblo del centro del Indostán, creen en infiernos para Tigres; los malayos saben de una ciudad en el corazón de la jungla, con vigas de huesos humanos, con muros de pieles humanas, con aleros de cabelleras humanas, construida y habitada por Tigres.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El t'ao-t'ieh
Los poetas y la mitología lo ignoran; pero todos, alguna vez, lo hemos descubierto en la esquina de un capitel o en el centro de un friso, y hemos sentido un ligerísimo desagrado. El perro que guardaba los rebaños del triforme Gerión tenía dos cabezas y un cuerpo y felizmente Hércules lo mató; el T'ao-T'ieh invierte ese procedimiento y es más horrible, porque la desaforada cabeza proyecta un cuerpo a la derecha y otro a la izquierda. Suele tener seis patas, porque las delanteras sirven para los dos cuerpos. La cara puede ser de dragón, de tigre o de persona; "máscara de ogro" la llaman los historiadores del arte. Es un monstruo formal, inspirado por el demonio de la simetría a escultores, alfareros y ceramistas. Mil cuatrocientos años antes de la era cristiana, bajo la dinastía de los Shang, ya figuraba en bronces rituales.
T'ao-T'ieh quiere decir "glotón". Los chinos lo pintan en la vajilla, para enseñar frugalidad.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Talos
Los seres vivos hechos de metal o de piedra integran una especie alarmante de la zoología fantástica. Recordemos los airados toros de bronce que respiraban fuego y que Jasón, por obra de las artes mágicas de Medea, logró uncir al arado; la estatua psicológica de Condillac, de mármol sensible; el barquero de cobre, con una lámina de plomo en el pecho, en la que se leían nombres y talismanes, que rescató y abandonó, en Las Mil y Una Noches, al tercer mendigo hijo de rey, cuando éste hubo derribado al jinete de la Montaña del Imán; las muchachas "de suave plata y de furioso oro" que una diosa de la mitología de William Blake apresó para un hombre, en redes de seda; las aves de metal que fueron nodrizas de Ares; y Talos, el guardián de la isla de Creta.
[NOTA: A la serie podemos agregar un animal de tiro: el rápido jabalí Guillinbursti, cuyo nombre quiere decir "el de cerdas de oro", y que también se llama Slidrugtanni, "el de peligrosos colmillos". "Esta obra viva de herrería -escribe el mitólogo Paul Herrmann- salió de la fragua de los habilidosos enanos; éstos arrojaron al fuego una piel de cerdo y sacaron un jabalí de oro, capaz de recorrer la tierra, el agua y el aire. Por oscura que sea la noche, siempre hay bastante claridad en el sitio en que esté el jabalí". Guillinbursti tira del coche de Freyr, dios escandinavo de la generación y de la fecundidad.]
Algunos lo declaran obra de Vulcano o de Dédalo; Apolonio de superviviente de una Raza de Bronce.
Tres veces al día daba la vuelta a la isla de Creta y arrojaba peñascos a los que pretendían desembarcar. Caldeado al rojo vivo, abrazaba a los hombres y los mataba. Sólo era vulnerable en el talón; guiados por la hechicera Medea, Cástor y Pólux, los Dióscuros, le dieron muerte.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El simurg
El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia. Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.
El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dÍsticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir "treinta pájaros"; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro, la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras, ni la garza de los pantanos, ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg, y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo AI-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. "Esto -observa Lane- recuerda la leyenda del Fénix".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dÍsticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir "treinta pájaros"; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro, la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras, ni la garza de los pantanos, ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg, y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo AI-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. "Esto -observa Lane- recuerda la leyenda del Fénix".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los sátiros
Así los griegos los llamaron; en Roma les dieron el nombre de Faunos, de Panes y de Silvanos. De la cintura para abajo eran cabras; el cuerpo, los brazos y el rostro eran humanos y velludos. Tenían cuernecitos en la frente, orejas puntiagudas y la nariz encorvada. Eran lascivos y borrachos. Acompañaron al dios Baco en su alegre conquista del Indostán. Tendían emboscadas a las Ninfas; los deleitaba la danza y tocaban diestramente la flauta. Los campesinos los veneraban y les ofrecían las primicias de las cosechas. También les sacrificaban corderos.
Un ejemplar de esas divinidades menores fue apresado en una cueva de Tesalia por los legionarios de Sila, que lo trajeron a su jefe. Emitía sonidos inarticulados y era tan repulsivo que Sila inmediatamente ordenó que lo restituyeran a las montañas.
El recuerdo de los Sátiros influyó en la imagen medieval de los diablos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Un ejemplar de esas divinidades menores fue apresado en una cueva de Tesalia por los legionarios de Sila, que lo trajeron a su jefe. Emitía sonidos inarticulados y era tan repulsivo que Sila inmediatamente ordenó que lo restituyeran a las montañas.
El recuerdo de los Sátiros influyó en la imagen medieval de los diablos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los pigmeos
Para los antiguos, esta nación de enanos habitaba en los confines del Indostán o de Etiopía. Ciertos autores aseveran que edificaban sus moradas con cáscaras de huevo. Otros, como Aristóteles, han escrito que vivían en cuevas subterráneas. Para cosechar el trigo se armaban de hachas como para talar una selva. Cabalgaban corderos y cabras, de tamaño adecuado. Anualmente los invadían bandadas de grullas, procedentes de las llanuras de Rusia.
Pigmeo era asimismo el nombre de una divinidad, cuyo rostro esculpían los cartagineses en la proa de las naves de guerra, para aterrar a sus enemigos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Pigmeo era asimismo el nombre de una divinidad, cuyo rostro esculpían los cartagineses en la proa de las naves de guerra, para aterrar a sus enemigos.
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Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
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