martes, 26 de julio de 2016

Mitos y relatos cosmológicos de los origenes en la mitología japonesa: Más compromisos


El gobierno de la diosa-Sol fue restablecido y los dioses reunidos decidieron castigar al cruel dios-Tormenta. Le arrancaron la barba, le confiscaron sus bienes y fue sentenciado al destierro. Entonces, el dios dio comienzo a sus vagabundeos y aventuras.
Descendió a la región de Izumo, en la costa del Mar del Japón. Allí mató a una serpiente monstruosa, que tenía ocho cabezas. Cuando despedazó el cuerpo del monstruo, de su cola surgió una espada, y Susa-no-wo, el dios-Tormenta, se la envió a su diosa hermana como tributo para ella y sus descendientes. Se dice que esa espada pasa de uno a otro familiar como una de sus insignias, siendo las otras dos un joyel y un espejo.[18]
Debemos pasar por alto otras aventuras de Susa-no-wo, pero es interesante saber que se le considera el pionero de la colonización de Corea y que fue el quien plantó los bosques en la región de Kii en la costa del Pacífico. El lugar que visitó en Corea se llama Soshi-mori, que significa «Cabeza de Buey», en cuya capacidad es reverenciado como guardián contra las plagas e identificado con Indra, el dios-Tormenta hindú. La historia de sus tareas en Kii, nombre que podría significar «bosques», es que descendió desde Izumo a la costa del Pacífico y plantó las montañas con cabellos de su cabeza y su barba, los cuales se convirtieron en árboles. Hay un paraje en la costa oriental de Kii en el que se dice que se halla la tumba de Susa-no-wo, y los habitantes del lugar celebran una fiesta cubriendo dicha tumba con flores. Así se ha transformado al dios-Tormenta en el genio de los bosques.
Pero el territorio principal de la actividad de Susa-no-wo fue Izumo. Se cree que allí sus descendientes reinan desde aquella época, habiendo instituido un régimen teocrático relacionado con el sacerdocio del santuario de Kitsuki, dedicado a él y a sus hijos.[19] Aquí termina el mito puramente cosmológico y empieza el relato casi histórico, en que el nieto de la diosa-Sol y el yerno de Susa-no-wo desempeñan los papeles principales.
El sucesor de Susa-no-wo fue Oh-kuni-nushi, «Gran Amo de la Tierra». La historia de su casamiento con una hija de Susa-no-wo es la misma de cualquier joven raptada sin el consentimiento de su padre o de ella misma. Mientras Susa-no-wo dormía, Oh-kuni-nushi ató su cabellera a las vigas de la casa y huyó con su hija, junto con los tres preciosos bienes de su padre: una espada, un arco y las flechas, y un arpa. Fue esta la que despertó a Susa-no-wo, tocando sola mientras huía Oh-kuni-nushi, pero este logró escapar mientras Susa-no-wo iba perdiendo sus cabellos, pese a lo cual persiguió al raptor. Ni bien lo atrapó exclamó, al parecer admirado por su astucia: «Sí, te concederé mi hija junto con los tesoros. Gobernarás el país y te llamarás Utsuslii-kuni-dama, o sea “el Alma de la Tierra Hermosa”».[20]
Para el gobierno del país y el desarrollo de sus recursos, el Gran Amo de la Tierra halló un poderoso auxiliar en un dios enano llamado Suku-na-biko, «El Hombrecito famoso». Este personaje abordó al Amo de la Tierra cuando éste se hallaba en la playa, viniendo desde el mar en una almadía, ataviado con alas de alevilla y un manto de plumas. El Amo de la Tierra cogió al enano en la palma de su mano y se enteró de que era hijo de la diosa Productora de lo Divino y conocedor del arte de la Medicina. Los dos llegaron a ser como hermanos y colaboraron en el desarrollo de la tierra, cultivando diversas plantas útiles y curando las enfermedades del pueblo.
Hay varias historias divertidas relativas a ese dios enano, y algunos de los cuentos de enanos y elfos se derivan de ellos. Sus piernas eran tan cortas que no podía andar, pero sabía todo lo del mundo e iba a todas partes. Su final fue muy especial. Mientras el mijo de sus campos[21] maduraba, él trepó a una de sus espigas y cuando el tallo se balanceó, el enano fue arrojado tan lejos que nunca volvió, ya que saltó hasta Tokoyo, «la Tierra de la Eternidad». Sin embargo, se cree que ese enano todavía se aparece y conduce a la gente a sitios donde hay manantiales curativos. Por eso se le suele llamar «el dios de las aguas termales», función bastante natural para una divinidad médica.
La actividad conjunta de ambas deidades estableció la administración de Susa-no-wo en Izumo, donde se fundó un Estado. Mientras tanto, la diosa-Sol deseó enviar a su amado nieto Ninigi («Hombre Prosperidad») a las ocho islas (el archipiélago japonés) engendradas por la primera pareja. Después de algunos fracasos, sus embajadores lograron al fin obtener lo mejor de los gobernantes de Izumo y los Estados contiguos. El más interesante de todos los episodios es el de la subyugación de Izumo, pues trata de los conflictos y el compromiso final entre los dos clanes: los descendientes de la diosa-Sol y los del dios-Tormenta respectivamente.
Esta es la historia: sabedora de las dificultades de la empresa, la diosa-Sol envió a dos de sus mejores generales, Futsu-nushi (El Señor del Filo Agudo, el genio de las armas) y Take-mi-kazuchi («el Valiente Trueno de agosto») al reino de Oh-kuni-nushi. Tras una larga resistencia, Oh-kuni-nushi y sus hijos, los amos de Izumo, cedieron a las peticiones de los embajadores armados, según las cuales Izumo debía ser gobernado por el augusto nieto de la diosa-Sol. Pero se impuso una condición: que todo el poder del mundo visible debía ser entregado al nieto, mientras que las cosas «ocultas» estarían sujetas al poder del Gran Amo de la Tierra y sus descendientes. Por «cosas ocultas» se referían a todos los misterios situados más allá del mundo físico visible, las artes ocultas de la adivinación, la brujería, el exorcismo y las artes médicas.
El largo conflicto entre ambas partes concluyó con este pacto, que estaba de acuerdo con la ordenanza original dictada por el primer progenitor. El ciclo de la antítesis, entre la vida y la muerte, entre la luz y las tinieblas, entre la sabiduría y la barbarie, no dio lugar a un dualismo trágico contra el que era preciso luchar, como en otras mitologías, sino que acabó en un compromiso que caracterizó a la filosofía de la vida japonesa, hasta que el budismo oscureció estas primitivas creencias. La parte legendaria de esta historia japonesa menciona a menudo, en relación con varias desventuras, la demanda del Gran Amo de la Tierra sobre conciliación y la ayuda del consejo de la diosa-Sol dado en nombre de su colega, la diosa Productora de lo Divino.

Después del relato del entendimiento entre la diosa-Sol y el dios-Tormenta viene la historia del descenso de Ninigi, el Augusto Nieto de la diosa-Sol, al archipiélago japonés , y con ella termina la mitología cosmológica y la historia legendaria del país, empezando la del gobierno de la dinastía reinante.
[18]  Se hablara de esta historia en otro post.
[19]  De su capilla de Kitsuki hablaremos más de una vez. Cf. también N.L. Schwartz, “The Great Shrine of Idzumo”, TASJ,XLI,1918.
[20] Hay varios nombres de este dios. Se trata, al parecer, de varias personalidades combinadas en una sola.
[21] Situados en la isla de Awa, refiriéndose probablemente a la península del ángulo sudoeste de Japón. “Tierra de Eternidad” se situaba más allá de la extensión del Océano Pacífico.
[22] Más adelante veremos la relación entre este árbol y la luna.


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