jueves, 14 de julio de 2016

La oveja falsa

Y era pues un tiempo de mucha hambre para los zorros… y había uno que no aguantaba. Tenía hambre, es cierto, y he ahí que todos los rediles estaban muy altos y con muchos perros. Y entonces el zorro dijo: «Aquí no es cosa de ser zonzo: hay que ser vivo». Y se fue donde un molino, y aprovechando que el molinero estaba por un lado, se revolcó en la harina hasta quedar blanco. Y en la noche se fue por el lado de un redil: «Mee, mee», balaba como oveja. Y salió la pastora y vio un bulto blanco en la noche y dijo: «Se ha quedado afuera una ovejita», y abrió la puerta y metió al zorro. Los perros ladraban y el zorro se dijo: «Esperaré que se duerman, lo mismo que las ovejas. Después buscaré al corderito más gordo y guac, de un mordisco lo mataré y luego lo comeré. Madrugando, apenas abran la puerta echaré a correr y quién me alcanza». Y como se dijo así lo hizo, pero a salir no llegó. Y es que él no contaba con el aguacero. Y fue que llovió y comenzó a quitársele la harina, y una oveja que estaba a su lado vio blanco el suelo y pensó: «¿Qué oveja es esa que se despinta?». Y viendo mejor y encontrando que la desteñida era zorro, se puso a balar. Las demás también lo vieron entonces y balaron y vinieron los perros y con cuatro mordiscos lo volvieron cenizas… Y es lo que digo: siempre hay algo que no está en la cuenta de los más vivos…

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