martes, 26 de julio de 2016

El folclore japonés en las canciones tradicionales

Japón posee un rico venero de canciones tradicionales, desde las muy antiguas pertenecientes al siglo VIII a las que solamente fueron coleccionadas después de ser rotas las barreras feudales en el siglo pasado. Como son en realidad el producto del sentimiento y la imaginación del pueblo, contienen frecuentes alusiones a las tradiciones populares, pero su lenguaje suele ser tan oscuro que sólo es posible adivinar a qué leyenda hacen referencia. Además, son muy frecuentes asimismo los juegos de palabras y los enigmas, y el resultado es que muy pocas canciones pueden traducirse correctamente al castellano.
Algunas canciones populares son improvisaciones líricas, si bien la mayoría son expresiones tradicionales del sentimiento popular en varias ocasiones de festividades sociales o comunales. Estas fiestas son la siembra del arroz y su cosecha, cuando la gente trabaja conjuntamente en los campos o se reúne en la capilla del lugar para dar gracias; también la reunión de los aldeanos para levantar un poste para una nueva casa (la ceremonia correspondiente a la colocación de la primera piedra entre los pueblos de Occidente); las procesiones de peregrinos a Ise u otros santuarios, y la celebración de su regreso; danzas al aire libre en las noches de verano, llamadas danzas Bon, en las que se unen todos los habitantes de un pueblo; la celebración del Tana-baca, cuando las jóvenes marchan en procesión, o las procesiones de los muchachos el día de Año Nuevo. Aparte de las canciones entonadas en estas ocasiones públicas, hay otras muchas, como las canciones de cuna, los cantos juveniles de los chicos que buscan y atrapan insectos, las canciones de los niños cuando descubren la primera estrella parpadeante en la noche, los cantos de los conductores de caballos, de los portadores de palanquines, etcétera.
Muchas de estas canciones son conocidas en todo el Japón, con ligeras variaciones en las letras y las melodías. Aunque tales variaciones apenas tienen importancia, podemos, comparándolas entre sí, obtener más conocimientos de la importancia de las canciones, aprender por ellas algo sobre las distintas condiciones y sentimientos que prevalecen en las diferentes zonas del país.
Otra cosa a observar es que muchas canciones populares que se entonan hoy día no han cambiado virtualmente en centenares de años. Así, hay canciones que datan del siglo XVII o XVIII, pero pueden detectarse fácilmente en razón del superior acabado literario otorgado por los literatos de la pacífica época Tokugawa. Un ejemplo de esta clase lo presentamos más adelante en «La queja de las ratas».

El primer ejemplo que transcribimos es una canción de felicitación con ocasión de la construcción de una casa, en la que se hallan insertadas casi todas las figuras dichosas del folclore japonés:

Mil años vive la grulla,

miríadas de años la tortuga.

Nueve mil el hombre primitivo del Este (Tobo-saku),

ocho mil el niño pescador de Urashima.

Ciento seis años vivió el general Osuke de Miura.

Vive, vive, pues todos esos años sumados dan

veintiocho mil ciento seis años de prosperidad.

Navegando mil ciento seis años de prosperidad.

Navegando hacia aquí llega el Barco de los Tesoros,

con sus velas de brocado y satén, con cortinas de color púrpura.

En él van las Siete Deidades de la buena suerte,

banqueteando alegremente, intercambiando copas de sake,

¡que aporten montones de suerte a la casa!


Otra versión de la misma canción dice como sigue:

Una grulla y una tortuga vivan en la casa,

y jueguen junto al pino,[102] ¡y el pino y el bambú prosperen eternamente!

Anoche tuve un sueño feliz,

feliz, feliz, oh sí, muy feliz:

vi la luna, la luna, sobre la almohada en que yo apoyaba la cabeza,

abrazando al naciente sol,

y bebiendo en una copa de oro la ambrosía del sake.



Estamos en primavera, en el tercer mes,

Daikoku aparece antes, seguido de Ebisu,

y después vienen miríadas de barcos cargados de tesoros.


Después viene una de las canciones de la estación de la siembra exaltando a Ta-no-kami, el Campo de oro. En esta canción, Ta-no-kami se concibe como un niño a punto de nacer, y las alusiones al mismo demuestran que es similar a un noble principito:

¡En la India, yaré![103]

¡En la Pradera de los Altos Cielos, yaré!

Allí vive un dios, el padre de Ta-no-kami-sama.[104]

¡En la India, yaré!



¡En la balsa donde crece el junco, yare!

Allí vive una diosa, la madre de Ta-no-kami-sama..

¡ Ta-no-kami-sama, yaré!

¿En qué mes fue concebido? ¡Yaré!

¡Entre el primero y el tercero!

¡ Ta-no-kami-sama., yaré!

¿En qué mes ha de nacer?

¡En menos de diez meses!



¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿Quién es su nodriza? ¡Yaré!

¡La joven princesa del palacio del Dragón!



¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿Cómo será el vestidito del bebé? ¡Yaré!

Medido siete veces y cortado al momento, yaré.



¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿Dónde está la fuente de la que sacarán el agua para bañarle?

¡En la roca Virgen de Yamashiro!



¡Ta-no-kami-sama., yaré!

¿Quién traerá el agua para bañarle?

¡El joven señor de Kamakura![105]



¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿De qué color será el vestido del bebé? ¡Yaré!

¡Púrpura con dibujos alegres! ¡Yaré!



¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿Qué insignia tendrá el vestido del bebé, yaré?

¡Dos plumas de un halcón dentro de un pentágono, yaré!

¡Ta-no-kami-sama, yaré!

¿Dónde será bien nacido, yaré?

¡En la pradera de Mishima, yaré![106]




Otra canción de siembra apenas alude a los mitos y es de carácter más lírico:
Planta arroz en los campos,

en nuestros queridos campos;

¡planta, planta hasta que brillen la luna y las estrellas!

Yo debería alegrarme de plantar arroz en los campos,

hasta que brille la estrella matutina y más allá...

si los campos fuesen amados por mí.



Otra canción dice:

Cae, cae la lluvia, pero al final aclara...

¿cuándo aclarará también mi corazón?



Esto se refiere al hecho de que la siembra debe realizarse en la estación de las lluvias, en junio, y la canción es más canto de amor que de siembra.

Una canción se refiere a la recolección de las hojas de té:

¡Coge, coge las hojas de té en su cosecha!

¿ Cuántas has cogido en la cosecha del té?

¡Un millar de hojas has conseguido en la cosecha del té!

Un millar, cogidas y acumuladas una a una; incluso el pico del Fuji está hecho de granos y tierra.

No te canses, nunca te canses de coger hojas, cógelas, cógelas a manos llenas.

Esta pequeña lírica se canta a menudo al trillar el trigo:

Brisa suave, brisa suave, ¿traes un mensaje de mi hogar?

Brisa suave, si hablas ¿cuál es el mensaje de mi hogar?


La siguiente canción ha de cantarse solamente junto a la cuna. Sin embargo, es una de las más atractivas:

¡Duerme, niñito, duerme!

En los montes empinados

los hijitos de la liebre se extravían.

¿Por qué sus orejas suaves y pardas son tan largas y finas

saliendo por encima de las piedras cuando juegan?



Porque su madre, antes de nacer sus hijitos,

comió hojas de locuado con el rocío matutino,

y la planta de bambú, larga y esbelta...

Por esto son largas las orejas de las pequeñas liebres...

Duerme niñito, duerme con el arrullo de mi canción...



Ya hemos hablado de la fiesta Tana-bata y citamos un poema que en la misma suele recitarse; en esta fiesta también se entonan numerosas canciones. Una de ellas dice:

El séptimo día de este mes de verano,

Tana-bata, el Pastor, ansia ver a su esposa

al otro lado del Río del Cielo.



Mas, si llueve, oh, pobre amante,

¿cómo atravesará el río?


Otra canción se refiere a la creencia de que es posible lograr una buena caligrafía si se celebra la fiesta del Tana-bata concienzudamente:

¡Oh, querido Tana-bata sama!

¡Oh, querido Tana-bata sama!

¡Deja que levante las manos![107]

Papeles de cuatro colores,

hilos en cinco colores,

cuelgan muy altos en los tallos de bambú,

que son mis humildes ofrendas.

Una canción de amor hace alusión al Tana-bata:

¡Quisiera ser una estrella,

la estrella del Tana-bata!

Las hojas carmesíes del arce[108]

podrían formar el puente del río

y servir de paso a mi amor.

Las cintas de colorines podrían atar mi ansiado deseo

a su bello corazón.


La siguiente canción se funda en la superstición de ver una estrella como disparada hacia uno mismo, lo cual es un augurio de buena suerte.


La brillante estrella vespertina

resplandece en el cielo entre meteoritos.

Por la mañana brillantes son

los rastros de las blancas nubes;

Deja que las diminutas estrellas de oro bajen hacia mí

de entre las más esplendorosas del cielo.



Terminaremos con una breve canción que se usa en la danza Bon. Se llama «La queja de las ratas».

¡Oye las lastimeras quejas de las ratas!

¡Ah, cómo envidiamos la buena suerte del gato!

¿Será posible que en una vida futura nazcamos como gatos?

¡Qué fortuna feliz tienen los gatos!

Porque son amados por los hombres y conviven con ellos,

y los alimentan con bocados deliciosos.

Los gatos gozan del privilegio de sentarse en las rodillas de los nobles...

¿Qué mala suerte [karma] ha hecho que naciéramos ratas?

¿Por qué hemos de penar una vida tan miserable?

Adónde vamos en este ancho mundo

los gatos y las comadrejas nos amenazan y nos atrapan.

A veces, los gatos no logran cazamos,

pero las comadrejas y las serpientes nunca fallan...

Claro que hay un paraíso para nosotras,

una noche de verano cuando hay mucho arroz y grano...

Pero al llegar el invierno, cuando escasea la comida,

sólo podemos roer astillas y trozos que roer...

A Buda le llevamos algunas ofrendas (en excrementos),

No obstante, robamos a menudo cosas suyas y se las ofrecemos.

Estamos destinadas a un futuro triste,

ya que, ¡ay! no puede ser de otro modo.

¡Cuánto más afortunadas seríamos si, al menos,

hubiésemos nacido como ratas blancas!

 [102]  Se considera indispensable un pino en un jardín respetable, y a menudo se colocan debajo del mismo una grulla y una tortuga de bronce o loza.
[103]  Yaré es una exclamación japonesa. En el original se repite con mayor frecuencia.
[104]  Sama significa «venerable».
[105]  El heredero del dictador Minamoto.
[106]   El dios de Mishima era adorado por los Minamoto y los samuráis en general, después de Hachiman.
[107] Es decir, «alcanza destreza en la escritura a mano»

[108] Al pensamiento anhelante o deseo se le llama “corazón rojo” y se dice que es una respuesta favorable a una carta de amor que sea de “colores delicados” o “bien tintada”.


 


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