martes, 30 de julio de 2013

32 Tique y Némesis

Tique es una hija de Zeus a la que ha dado el poder de decidir cuál será la fortuna de este o aquel mortal. Sobre algunos amontona dones con un cuerno de la abundancia, y a otros les priva de todo lo que poseen. Tique es completamente irresponsable en sus concesiones y va de una parte a otra haciendo juegos de manos con una pelota para ejemplificar la inseguridad de la suerte: unas veces arriba y otras veces abajo. Pero si alguna vez sucede que un hombre al que ha favorecido se jacta de la abundancia de sus riquezas y no sacrifica una parte de ellas a los dioses ni alivia la pobreza de sus conciudadanos, interviene la antigua diosa Némesis para humillarle. Némesis, que reside en el Rammunte ático, lleva una rama de manzano en una mano y una rueda en la otra, se cubre la cabeza con una corona de plata adornada con ciervos; de su cintura el azote cuelga. Es hija de Océano y tiene algo de la belleza de Afrodita.
b. Algunos dicen que Zeus se enamoró en una ocasión de Némesis y la persiguió por toda la tierra y a través del mar. Aunque ella cambiaba constantemente de forma, al final la violó adoptando la apariencia de un cisne, y del huevo que puso salió Helena, la causante de la guerra de Troya.



1. Tique («fortuna»), como Dice y Aedo (personificaciones del derecho natural, o justicia y vergüenza), era una divinidad artificial inventada por los filósofos primitivos, en tanto que Némesis («ley debida») había sido la diosa-ninfa de la Muerte-en-Vida (véase 18.3), a la que entonces volvieron a definir como un control moral sobre Tique. Que la rueda de Némesis era originalmente el año solar lo indica el nombre de su equivalente latina, Fortuna (de vortumna, «la que hace girar el año»). Cuando la rueda había descrito medio círculo, el rey sagrado, elevado a la cima de su fortuna, estaba destinado a morir —los ciervos de Acteón en su corona (véase 22.i) lo anuncian—, pero cuando describía el circulo completo, se vengaba del rival que lo había suplantado. El azote era utilizado anteriormente para la flagelación ritual, con el fin de que fructificaran los árboles y las mieses. y la rama de manzano era el pasaporte del rey para el Elíseo (véase 53.5, 80.4 y 133.4).
2. La Némesis a la que persiguió Zeus (véase 62.b) no es la concepción filosófica de la venganza divina con los presuntuosos mortales, sino la diosa-ninfa original, cuyo nombre habitual era Leda. En el mito pre-helénico la diosa persigue al rey sagrado y, aunque él pasa por su transformaciones estacionales (véase 30.1), opone a cada una de ellas la suya y lo devora en el solsticio de verano. En el mito heleno los papeles se invierten: la diosa huye y cambia de forma, pero el "rey la persigue y por fin la viola, como en la fábula de Zeus y Metis (véase 9.d) y de Peleo y Tetis (véase 81.&). Las necesarias transformaciones de estación debían estar indicadas en los rayos de la rueda de Némesis, pero en la Cipriada de Homero sólo se mencionan un pez y «varios animales» (véase 89.2). «Leda» es otra forma de Leto o Latona, a la que persiguió la serpiente Pitón y no Zeus (véase 14.a). Los cisnes estaban consagrados a la diosa (Eurípides: Ifigenia en Táuride 1095 y ss.), a causa de su plumaje blanco, y también porque la formación en y de su vuelo era un símbolo femenino, y porque en el solsticio estival volaban hacia el norte a lugares de cría desconocidos, supuestamente llevándose con ellos el alma del rey difunto (véase 33.5 y 142.2).
3. La Némesis filosófica era adorada en Rammunte, donde, según Pausanias (i.33.2-3), el general en jefe persa, que había tratado de erigir un trofeo de mármol blanco para celebrar su conquista del Ática, se vio obligado a retirarse al recibir la noticia de la derrota naval en Salamina; el mármol fue utilizado, en cambio, pira hacer una imagen de la diosa-ninfa local Némesis. Se supone que se debió a ese acontecimiento el que Némesis llegara a personificar la «venganza divina» más bien que la «ley debida» del drama de la muerte anual; ya que, para Homero némesis había sido únicamente un cordial sentimiento humano de que los pagos deben de hacerse debidamente, o las tareas realizarse como es debido. Pero Némesis, la diosa-ninfa, tenía el título de Adrastea («ineludible»; Estrabón: xiii.1.13), que era también el nombre de la nodriza de Zeus, una ninfa-fresno (véase 7.b); y como las ninfas-fresno y las Erinias eran hermanas, nacidas de la sangre de Urano, ésta puede haber sido la forma en que Némesis llegó a simbolizar la idea de venganza. El fresno era uno de los disfraces estacionales de la diosa, importante para sus devotos pastoriles a causa de su asociación con las tronadas y con el mes de los corderos, el tercero del año sacro (véase 52.3).
4. A Némesis se la llama hija del Océano porque como diosa-ninfa con la rama de manzano era también la Afrodita, nacida del mar, hermana de las Erinias (véase 18.4).



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