jueves, 28 de marzo de 2019

Atenea

La sabia diosa virgen Atenea era una diosa de la guerra, protectora de ciudades y una de las patronas divinas de las artes y manualidades. La forma completa de su nombre, Athenaia o Athenaie fue reducida a Athene en la épica y a Athena en el dialéctico ático. Es casi tan importante como la misma Hera y de mayor relevancia en Atenas donde fue adorada como la diosa patrona de la ciudad. Aunque durante mucho tiempo los estudiosos no se pusieron de acuerdo sobre si era ella la que había dado su nombre a su ciudad favorita o si su nombre deriva del de la ciudad, parece más probable esta última alternativa. Aparece en la tablilla Lineal B de Cnosos como Atana Potinija (la Señora de Atana o Athana) y se ha afirmado que pudo haberse originado como una diosa micénica palatina que protegía la casa y las ciudadelas de los primeros reyes. Esto podría apoyar de forma plausible dos aspectos de su naturaleza que parecerían poco coherentes a primera vista: su carácter marcial y su conexión con pacíficas formas de trabajo manual, especialmente la tejeduría y la hilandería, normalmente realizadas por mujeres dentro de la casa. En caso de que en un momento hubiera sido protectora divina de palacios fortaleza de los príncipes micénicos, posiblemente habría asumido un aspecto marcial, con lo que encajaría como diosa de la ciudad en tiempos posteriores, Atenea Polias o Poliouchos (de la ciudad, protectora de la ciudad), la doncella armada que actuaba como guardiana de la polis, a menudo desde su templo situado en su fortaleza de la colina. Su templo del Partenón en la Acrópolis ateniense, que en otro tiempo había sido enclave de un palacio micénico, sigue siendo el monumento que corona Atenas. En su otro aspecto más importante, como diosa de los trabajos manuales (Atenea Ergane), su patrocinio abarca un amplio espectro, aunque su dedicación original habían sido las artes domésticas que se llevaban a cabo dentro de los palacios. Sus intereses en ningún caso se reducían a las labores femeninas, puesto que también fue patrona de carpinteros, ceramistas y joyeros; según esto, su culto en Atenas estaba estrechamente ligado con el de Hefesto (cf. p. 226). Desde el primer momento, fue evolucionando hasta convertirse en la diosa de la sabiduría en general, hasta que mitógrafos tardíos la llegaron a considerar la misma personificación del concepto de sabiduría. Era representada como una deidad moral y justa de quien apenas se contaba un relato indigno, si no ninguno. En Roma se identificó con la importante diosa italiana Minerva, que era, igual que ella, patrona de artes y manualidades.
El nacimiento de Atenea
Atenea vino al mundo en las circunstancias más extraordinarias, tal como se ha explicado en el capítulo III, dado que su padre Zeus engulló a su madre Metis mientras la diosa estaba embarazada de ella y así la alumbró por su propia cabeza (cf. p. 123). Según el Himno homérico a Atenea (v. 28), surgió de su cabeza cubierta por una armadura, y ante tal imagen los dioses cayeron presos del temor, el Olimpo se tambaleó, la tierra gritó y el mar se agitó y empezó a escupir espuma; el dios del sol Helios detuvo sus caballos hasta que ella se hubo quitado la armadura celestial de sus hombros y Zeus estuvo desde entonces complacido con ella.[193] Píndaro se refiere del mismo modo a la naturaleza asombrosa de su advenimiento, y afirma que saltó adelante con un poderoso grito, haciendo temblar a Urano y a la madre Gea. Añade otro detalle que aparecía más de un siglo antes en las artes visuales, al mencionar a Hefesto como el que facilita su liberación abriendo la cabeza de Zeus con un hacha. Aunque a veces se dice que otros llevaron a cabo este servicio, tanto Prometeo como Hermes, o un oscuro daimón llamado Palemón, el herrero divino siempre permanece como la opción más común.[194]
Una evolución posterior de la historia del nacimiento de Atenea se sugirió por su antiguo título de Tritogeneia (de origen y significado incierto). A menudo se ha interpretado con la implicación de que nació (egeneto) de uno de los numerosos ríos u otras aguas que llevaban el nombre de Tritón. Según la historia mejor conocida al respecto, habría emergido de la cabeza de su padre cerca del río Tritón o del lago Tritónide en Libia (y luego sería criada por Tritón, el dios del río o del lago, cf. p. 156, en algunas versiones). Esquilo señala en las Euménides que el río libio vio su nacimiento, y Eurípides indica lo mismo del lago Tritónide en su Ion.[195] Según algunas leyendas locales situadas en la misma Grecia, fue criada por el dios del río Tritón en Beocia, o pudo nacer y ser criada en Alífera, en Arcadia, una vez que Zeus la hubo alumbrado, junto a un manantial de ese lugar llamado Tritónide.[196] Es bastante probable que su título de Tritogeneia implique alguna relación con el agua, puesto que la raíz trito- también aparece en los nombres de las deidades del mar Anfítrite y Tritón.
Según una leyenda rodia, los primeros hombres que honraron a la diosa tras su nacimiento fueron los Helíadas, los hijos del dios del sol Helios en Rodas, que fueron advertidos por su padre de que los primeros que le ofrecieran un sacrificio disfrutarían de su presencia para siempre. Sin embargo, actuaron de forma tan apresurada que olvidaron encender un fuego bajo las víctimas para el sacrificio, de ahí (se dice) la práctica distintiva rodia de ofrecer sacrificios que no eran puestos sobre el fuego para la diosa. Parece que ella estuvo complacida por sus buenas intenciones, por lo que les otorgó habilidades en todas las labores manuales, y les permitió hacer estatuas que eran tan perfectas que parecían tener vida. Éste ha debido ser un mito bastante antiguo puesto que ya aparecía en Píndaro.[197]
Atenea como diosa marcial y patrona de las artes manuales. El epíteto de Palas
Tal como podría esperarse en el caso de una diosa tan importante y popular, ya en época temprana se formó una imagen clara sobre la apariencia personal de Atenea. Se la representa en arte y en literatura como una virgen majestuosa, con un rostro hermoso aunque severo, ojos grises, y una constitución física poderosa y agradable. Normalmente aparece con una armadura completa coronada con un casco crestado de gran elaboración; lleva la égida que le sirve como coraza y manto (cf. pp. 118-119) y sostiene una larga lanza. La cabeza de la gorgona (cf. p. 118) estaba sobre su égida o escudo, y su pájaro especial, la lechuza, aparecía posada sobre sus hombros. En representaciones de la batalla entre los dioses y los Gigantes, ella siempre tiene un lugar prominente, y se la muestra abatiendo alguno de los más formidables de sus enemigos. Sus títulos son testimonio constante de su carácter belicoso. En varios lugares se la denomina Promachos (Campeona) Sthenias (Poderosa), Areia (Belicosa, o compañera de Ares) entre otros. El otro lado de su carácter, como protectora pacífica de sus acólitos y líder en todas las formas de ocupaciones manuales, se la denomina del mismo modo por una serie de títulos. Atenea es Polias (Diosa de la Ciudad), Bouleia (la del Consejo), Ergane (Trabajadora), Kourotrophos (Criadora de niños, título compartido con otras diosas). Desde Macedonia a Esparta, su importancia estaba únicamente subordinada a la del mismo Zeus, de quien era la hija favorita. En Homero, Zeus tiene un apodo especial para ella «Querida ojizarca»[198] y le presta especial atención hasta el punto de generar los celos de los otros dioses.
Palas (Pallas) era uno de los títulos más comunes de Atenea. Rara vez se utilizó como título de culto, sino que se trata más bien de un epíteto poético de la diosa. Aunque siempre se utiliza en unión con su nombre propio en la épica homérica, que se refiere a menudo a ella como Palas Atenea, también se utiliza por sí mismo en la tradición posterior, hasta convertirse en una alternativa virtual para la diosa. Su significado y origen es incierto. Según la explicación más aceptada, significa «muchacha» o «doncella» (cf. pallake, concubina), aunque se sugirió en la Antigüedad que pudo derivarse de pallein, blandir, ya que muchas veces Atenea aparecía representada blandiendo una lanza.[199] Un fragmento de Filodemo (siglo I a.C.) hace referencia al relato que explicaba el título afirmando que una vez tuvo una compañera con ese nombre, una hija de Palamón, a quien había matado accidentalmente.[200] Apolodoro relata una historia similar en la que Atenea fue criada por Tritón en compañía de su hija Palas. Las dos muchachas solían practicar ejercicios de guerra, pero un día discutieron y, cuando Palas estaba a punto de golpear a Atenea con el arma que blandía, Zeus intervino en nombre de su hija levantando su propia égida. Cuando Palas levantó la vista sorprendida, Atenea la hirió fatalmente, pero después se lamentó por la muerte de su compañera de juegos, y por tanto fabricó una imagen de ella que colocó en su égida.[201] Éste era el famoso Paladio (propiamente una imagen de culto de la misma Atenea) que cayó a tierra en suelo troyano y sirvió como talismán protector para la ciudad (cf. p. 573). Otra historia afirmaba que uno de los Gigantes llamado Palas había muerto a manos de Atenea durante la guerra entre los dioses y los Gigantes y lo había desollado para usar su piel como coraza.[202]
Es natural que una diosa de la guerra esté interesada en los instrumentos propios de esta actividad y según esto vemos que a Atenea se le atribuye la invención del carro de guerra y el arte de la doma de caballos. En conexión con esto hay un mito muy interesante que cuenta cómo llegó a ayudar al héroe Belerofonte. Sus esfuerzos para alcanzar y domar al alado caballo inmortal Pegaso habían sido infructuosos, puesto que ninguna brida terrenal podía controlar a la bestia. Sin embargo, una noche, mientras dormía en el santuario de Atenea por consejo de una vidente, la diosa apareció ante él, colocó una brida en su mano y le dijo que la usara para domar su montura divina. Se despertó y encontró que la maravillosa brida estaba realmente a su lado, y le dio un buen uso (cf. p. 563).[203] Los buques de guerra también interesaban a Atenea (que bien podría ser la razón por la que los deportes de su gran fiesta de las Panateneas incluían una regata, inusual en los juegos antiguos) y sabemos que supervisó la construcción de Argo, el precursor mítico de los barcos de cincuenta remos (pentekontoros) que fueron utilizados como galeones de guerra en tiempos históricos. En la línea que separa sus ocupaciones pacíficas y las bélicas, podemos situar su asociación con la música. Era venerada bajo el título de Salpinx (Trompeta) en Argos,[204] y la flauta (aulos, tibia en latín; más parecida al oboe que a la flauta actual) fue invento suyo. Según Píndaro, tuvo la inspiración para inventar la flauta y su música distintiva al escuchar las desesperadas lamentaciones que proferían las dos gorgonas supervivientes tras la muerte de su hermana Medusa.[205] Fuentes posteriores cuentan que llegó a tener aversión a su invención porque distorsionaba su cara desagradablemente cuando la tocaba y por tanto se deshizo de sus flautas (normalmente se tocaban a pares).[206] Marsias el sátiro las cogió, para gran enfado de ella y finalmente en perjuicio de él (cf. p. 218).
Como patrona de trabajos manuales pacíficos, Atenea presidía las artes y manualidades ejercidas tanto por hombres como por mujeres, aunque especialmente sobre las tareas específicamente femeninas de la hilandería y la tejeduría, practicadas por el ama de casa en el hogar con la ayuda de sus hijas y sirvientas. Homero habla de la dedicación de la diosa a estos «trabajos de Atenea»,[207] de la que dice que había creado vestimentas ricamente bordadas para Hera y ella.[208] Fue enormemente venerada en este ámbito y en algunas ocasiones aparece con un huso en imágenes artísticas, aunque tales representaciones son mucho menos comunes que aquellas que la muestran con su atuendo marcial. En la fiesta de la Panatenaia en Atenas, se presentaba con un atuendo (peplos) tejido por las mujeres de la ciudad, que vestía su gran estatua en el Partenón.
Un mito memorable aunque no particularmente antiguo de Atenea se recoge en relación con sus intereses como tejedora, puesto que se decía que en una ocasión se enfrentó a una artesana mortal, Aracne, y la castigó a conciencia, en caso de creer a Ovidio. Esta Aracne era la tejedora más hábil en Lidia y se jactaba de poder superar a la misma Atenea. La diosa se le apareció en forma de una vieja y la previno contra la presunción, pero cuando Aracne rechazó hacer caso a tales razones, se quitó su disfraz y aceptó el reto que la muchacha le había lanzado. Atenea tejió en su tela la historia de su competición con Poseidón por Atenas y, como aviso a Aracne, las historias de varios mortales que habían levantado la ira de los dioses y habían sido castigados de forma ejemplar. Aracne eligió como tema una colección de cuentos escandalosos sobre los amores de los dioses. Aunque el tapiz de Aracne fue ejecutado sin fallos, su elección del tema sobrepasó la templanza de Atenea, que no era mucha, y comenzó a hacer pedazos su labor y luego golpeó a Aracne con su lanza. Llevada por la desesperación ante el trato sufrido, Aracne trató de ahorcarse, pero Atenea la salvó y la convirtió en una araña. En su nueva forma sigue siendo la tejedora más hábil y, además, ha dado a la zoología moderna un término que designa toda una familia de insectos.[209]
Atenea y su hijo adoptivo ateniense Erictonio
Como cabe esperar, se originaron leyendas especiales que dieron cuenta de la estrecha relación de Atenea con Atenas. Según una narración conocida que ya ha sido relatada (cf. p. 153), en un principio se estableció como diosa patrona de Ática al vencer a Poseidón en la pugna por el territorio. Tal como hemos visto, esta leyenda en particular sigue un esquema bastante común, puesto que Poseidón había fracasado (o había tenido un éxito limitado) en las competiciones por numerosas tierras, incluida Argos, donde perdió ante Hera. Los atenienses, sin embargo, tenían una leyenda de naturaleza totalmente distinta, que contaba cómo Atenea estableció una conexión aún mayor con Atenas al convertirse en la «madre» (en la medida en la que esto podía ser posible para una diosa virgen) de Erictonio, el ancestro autóctono del pueblo ateniense. Aunque el mito de su concepción tiene distintas formas, la historia básica es siempre la misma. Hefesto intentó hacer el amor con Atenea, pero ella lo rechazó y provocó que su semen se derramara en la tierra, fertilizándola. Aunque no fuera la madre del niño, estuvo implicada en su concepción, y ella lo consideró como suyo al adoptarlo y criarlo una vez que nació.
En una versión, Hefesto se enamoró de Atenea e intentó cortejarla, pero ella intentó escapar de él escondiéndose en Ática en un lugar llamado Hefestión, que supuestamente debía su nombre a este incidente. Cuando él la capturó y la abrazó en un estado de gran excitación, ella lo rechazó con su lanza, haciéndole eyacular sobre la tierra.[210] En otra versión, cuando Hefesto volvió al Olimpo tras ser arrojado a la tierra por su madre, Zeus le concedió un deseo y él pidió casarse con Atenea, pero ésta no tenía intención de permitir tal cosa, y defendió su virginidad por la fuerza cuando llegó a reclamarla, con las mismas consecuencias que ya se han visto.[211] Otra narración cuenta que para mitigar su frustración tras haber sido abandonado por Afrodita, Hefesto la persiguió con fines amorosos cuando ella lo visitaba con el propósito de adquirir armamento. Sin embargo, ella se resistió con tanta energía que él eyaculó sobre su pierna, y ella, asqueada, limpió el semen con un paño de lana y lo arrojó al suelo.[212]
Este último detalle fue insertado para dar una explicación al nombre de Erictonio, que podría considerarse por tanto que había nacido de la tierra chthon, que había fertilizado por contacto con la pieza de lana erion. Incluso sin la aportación de este matiz, se podría explicar que el niño fuera llamado Erictonio ya que había nacido de la tierra como resultado de la lucha, eris, entre Hefesto y Atenea.[213]
Cuando le llegó el tiempo a Gea de dar a luz al niño, surgió de la tierra y se lo dio a Atenea, que se convirtió de este modo en su madre adoptiva. Aunque inicialmente lo colocó en un cofre y lo confió a las hijas de Cécrope, rey de Atenas, se demostró que esta situación estaba destinada a ser breve por razones que se considerarán posteriormente (cf. p. 477) y al poco tiempo lo volvió a tener consigo. Desde ese momento lo crio ella misma en la Acrópolis, y cuando creció consiguió el trono de Atenas y estableció el linaje real de donde descenderían los reyes posteriores. Confirió honores a su madre adoptiva al fundar en su honor la festividad más importante de Atenas, las Panateneas (cf. p. 481) y, tras su muerte, fue enterrado en el recinto restringido de la diosa.[214]
Ésta es una historia enormemente ingeniosa y llena de intriga. Los atenienses se enorgullecían de su carácter autóctono y Erictonio es representado como ser nacido de la tierra, a la manera de su predecesor Cécrope (y otros dos gobernantes primigenios en la lista helenística de reyes cf. p. 480). Por otro lado, no es un vulgar «primer hombre» nacido de la tierra como Cécrope, Pelasgo (cf. p. 691) y otros de su tipo, surgidos de la tierra sin necesidad de un padre, ya que él fue concebido por Hefesto, un dios que era venerado en Atenas junto con Atenea como patrón de la artesanía, al que se ha llegado a situar en una relación casi filial con la misma diosa virgen.
Atenea era normalmente benevolente en su trato con los mortales. Ofrecía asistencia técnica en empresas tales como la construcción del Argo o el Caballo de Madera, y estuvo siempre lista para apoyar y aconsejar a héroes como Perseo y Heracles. Estuvo de parte de los griegos en la guerra de Troya, tal como era esperable tras su derrota en el juicio de Paris, y desempeña un papel predominante en la Odisea, donde su ayuda a Odiseo y a su hijo Telémaco es inestimable. En su destacable historia de venganza que proviene de la tradición más arcaica, envió una violenta tormenta contra la flota griega tras la guerra de Troya como venganza por un acto de sacrilegio cometido durante el saqueo de la ciudad (cf. p. 621). En una narración que aborda la ceguera de Tiresias, Atenea lo cegó tras haberla visto desnuda, pero lo compensó, a petición de su madre, otorgándole el don de la profecía (cf. p. 433)

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