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jueves, 14 de diciembre de 2017

LAS APUESTAS

        Hubo un gran machitún, dicen; una fiesta muy grande, y todos los indios vinieron a la fiesta. De todas partes vinieron, con sus mujeres, sus hijas.
        Indios muy ricos vinieron; caciques montados sobre grandes caballos con montura de plata, cinturones de plata, todito de plata, dicen.
        Vino también un indiecito pobre.
        -Espero ganar plata -dijo, dicen-, mucho sé de apuestas.
        Así lo dijo, dicen.
        Vino un cacique rico con su hija. Muy bonita era esta hija y muy rico era lo que llevaba puesto. El padre tenía un bonito caballo con rica montura, espuelas de plata, riendas de plata. Mucho le gustaba el caballo al indiecito y también le gustaba la hija del hombre rico. Dicen que le gustaba.
        -Apostaremos -dijo el hombre rico al pobre-, apostaremos. ¿Cuánto quieres?
        -Yo no tengo nada -dijo, dicen, el hombre pobre-, sólo puedo apostar mi trabajo.
        -Bueno -dijo entonces el hombre rico-, yo apuesto tres vacas con sus terneritos.
        -Diga la apuesta, pues -dijo, dicen, el indiecito.
        -Me convidó un amigo a comer en su casa. Tú me quitarás la comida del plato sin tocarlo con tus manos.
        Eso dijo el hombre rico.
        Entonces se subió el indiecito en el techo de la ruca donde el rico iba a comer y esperó a que éste se sentara a la mesa. Abrió un agujero en el techo, dicen, sin que nadie lo viera.
        Le sirvieron al rico un gran plato de comida. Muy lleno, dicen, estaba el plato y cuando iba a empezar a comer el indiecito le arrojó una piedra en el plato. Desde el techo hizo esto el indiecito. Una piedra muy grande, dicen. Toda la comida saltó fuera del plato.
        Furiosos estuvo el rico, pero no le quedó otra sino que pagar las vacas y los terneritos.
        -Apostaré otra vez -dijo el rico-. Te daré mis ovejas si me sacas de mi cama sin tocarme.
        -Bueno, pues -dijo, dicen, el indiecito.
        A la noche, dicen, se fue a acostar el rico a la casa de otro cacique. Entonces el indiecito, que lo había seguido, recogió todas las hormigas de un hormiguero. En un saco las recogió y se trepó sobre el techo de la ruca e hizo un agujero encima de la cama del hombre rico. Cuando estuvo dormido el hombre rico, vació, dicen, todas las hormigas encima de la cama y todas corrían, dicen, por la cara del rico y se le metían por la ropa y lo picaban.
        Como loco salió corriendo el hombre rico. Entonces el indiecito saltó por el agujero y se llevó la cama. Al amanecer volvió el rico que había ido a bañarse al río para quitarse las hormigas.
        -Yo le gané -dijo, dicen, el indiecito, y el rico tuvo que darle sus ovejas. Tuvo que darlas no más, dicen.
        -Apostaré otra vez -dijo el rico-. Te daré mi caballo si consigues bajarme sin tocarme.
        -Bueno, pues -dijo el indiecito-, yo lo haré.
        Salió el indiecito y se fue a cortar quiscos y después los amarró a la cola del caballo sin que el rico lo notara. Montó, dicen, el rico en su caballo y le clavó las espuelas de plata. Estaban entonces a orillas de un río grande y apenas corrió el caballo los quiscos empezaron a clavarle. Corcoveó entonces, dicen, y se tiró al río con su jinete y para no ahogarse el rico soltó las riendas de plata y abandonó su caballo, nadando hacia la orilla. Al caballo se lo llevó el río, dicen.
        Salió nadando el rico y el indiecito le cobró el precio de la apuesta. Entonces, dicen, no pudo el rico darle el caballo, por lo que se vio obligado por todos, a darle a su hija para que se casara con ella. Fue feliz esta indiecita, dicen.
 
 

Vocabulario:
 
Cacique: Jefe indio, personaje con ascendiente sobre el pueblo.
Machitún: Fiesta, reunión o ceremonia de los mapuches, con algún fin comunitario. El    machitún, esta precedido por la Machi, especie de curandera.
Ruca: Construcción sencilla de madera y ramas usada por los pueblos indios.
Quisco: También se le llama cardo. Nombre común de varias plantas espinosas


martes, 12 de julio de 2016

Limay, Neuquén y Raihúe.

La leyenda cuenta que Neuquén y Limay, grandes amigos, eran hijos de loncos (caciques) que tenían sus toldos, uno hacia el norte y otro hacia el sur.
Los jóvenes solían salir juntos de cacería. Un día, mientras andaban detrás de un guanaco, escucharon una dulce voz que provenía del Huechulafken (Lago Alto). Se trataba de una joven muchacha, tan bella y hermosa que ambos amigos se enamoraron en el acto de sus largas trenzas morenas y sus expresivos ojos. Limay fue quien se atrevió a preguntarle a la joven como se llamaba y así supieron que su nombre era "Raihué", palabra mapuche que significa algo así como "capullo en flor".
El amor apasionado por la hermosa muchacha comenzó a distanciar a los dos amigos al punto que sus padres finalmente lo notaron. Entonces buscaron encontrar una solución tratando de evitar herir suceptibilidades. Así, los loncos se pusieron de acuerdo en ir a visitar a la machi para pedirle consejo.
La machi adviritió a los loncos sobre el origen del distanciamiento entre sus hijos y les aconsejó que pusieran a prueba a los jóvenes.
Siguiendo esta sugerencia, los caciques le preguntaron a Raihué qué es lo que más le gustaría tener. Y la joven dijo que deseaba una caracola para escuchar el rumor de las olas al acercarla s su oído. Entonces los loncos pensaron que el desafío era justo y decidieron que el primero de los jóvenes que llegara a Futalafken y consiguiera aquel regalo sería el que se casaría con la muchacha y de esta forma, se pondría fin a la disputa.
Siguiendo el consejo de los dioses, los jovenes fueron convertidos en ríos por la machi de manera tal que cada uno desde su "mapu" en el norte uno y en el sur, el otro, pudieran alcanzar el mar tras un largo y arduo viaje.
Y todo hubiera resultado de acuerdo a lo planeado sino fuera porque Cüref, el viento, se hubo sentido ofendido por no haber sido consultado. Entonces, tomando revancha, susurruba al oído de la muchacha que las estrellas que seducen a los jóvenes, esclavizarían a Neuquén y a Limay de modo tal que nunca más volvería a saber de ellos.
Poco a poco, el corazón de Raihué se fue marchitando de angustia y de dolor ante estos mensajes insinuantes. Y asi fue pasando el tiempo y como ninguno de sus enamorados regresaba, se dirigió a la orilla del Lago Alto donde todo había comenzado y se ofreció a Nguenechén, el dios Todopoderso y le ofreció su vida a cambio de la salvación de los jóvenes. El dios le concedió el deseo y la convirtió en una hermosa panta de frutos dulces y flores pulposas: el michay (calafate).
Cüref, el viento, no satisfecho aún, fue a contarle a los jóvenes lo que había sucedido con la muchacha. Y sopló, y sopló para desviar el curso a fin de darles la noticia a los dos juntos. Y cuando Limay y Neuquén se enteraron de que que Raihué había muerto, se abrazaron para consolarse mutuamente y unieron sus aguas para siempre. Y los dos fundieron sus aguas rumbo al mar, vestidos de luto y dando origen al caudaloso Río Negro.