La Óctuple Serpiente de Koshi atrozmente figura en los mitos cosmogónicos del Japón. Ocho cabezas y ocho colas tenía; sus ojos eran del color rojo oscuro de las cerezas; pinos y musgo le crecían en el lomo, y abetos en las frentes. Al reptar, abarcaba ocho valles y ocho colinas; su vientre siempre estaba manchado de sangre. Siete doncellas, que eran hijas de un rey, había devorado en siete años y se aprestaba a devorar la menor, que se llamaba Peine- Arrozal. La salvó un dios, llamado Valeroso-Veloz-Impetuoso-Macho. Este paladín construyó un gran cercado circular de madera, con ocho plataformas. En cada plataforma puso un tonel, lleno de cerveza de arroz. La Óctuple Serpiente acudió, metió una cabeza en cada tonel, bebió con avidez y no tardó en quedarse dormida. Entonces Valeroso-Veloz-Impetuoso-Macho le cortó las ocho cabezas. De las heridas brotó un río de sangre. En la cola de la Serpiente se
halló una espada, que aún se venera en el Gran Santuario de Atsuta. Estas cosas ocurrieron en la montaña que antes se llamó de la Serpiente y ahora de Ocho Nubes; el ocho, en el Japón, es cifra sagrada y significa "muchos". El papel-moneda del Japón aún conmemora la muerte de la Serpiente. Inútil agregar que el redentor se casó con la redimida, como Perseo con Andrómeda.
En su versión inglesa de las cosmogonías y teogonías del Japón (The Sacred Scriptures of the Japanese, Nueva York, 1952), Post Wheeler recuerda los mitos análogos de la Hidra, de Fafnir y de la diosa egipcia Hathor, a quien un dios embriagó con cerveza color de sangre, para librar de la aniquilación a los hombres
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Aquí una versión de esta leyenda que me encontre en un tomo de Fabulas, leyendas y cuentas de UTEHA (1983)
Suzano, el dios de las tempestades, expulsado del cielo, se refugió en la tierra y se puso a viajar de un sitio a otro, observando las cosas y estudiando a los hombres.
Una tarde, hacia la puesta del sol, llegó cerca de una alquería situada en pleno campo y , decidido a pedir hospitalidad por aquella noche, encaminó sus pasos con decisión hacia la puerta. Cuando estuvo a pocos pasos, unas voces lamentables, interrumpidas de vez en cuando por sollozos y suspiros, hirieron sus oídos.
El dios se detuvo perplejo en el umbral y echó una ojeada al interior de la casa. En el centro de la estancia, desnuda, y con el hogar sin fuego, se hallaban tres personas: un anciano, una anciana y una muchacha de rara belleza, de larga cabellera fluente, negra como las alas del cuervo, y hermosos ojos brillantes como estrellas. Los tres se lamentaban, lloraban y golpeándose el pecho en señal de desesperación.
-¿Qué sucede?- preguntó Suzano. ¿Por qué tanto dolor?
El anciano alzó el rostro lleno de arrugas y húmedo de lagrimas hacia el desconocido y contestó de esta manera:
-Soy Asizanuci, esta es mi mujer Tenazuci y la muchacha que aquí veis llorando es mi hija Kunisada, a quien dentro de poco el dragón de las ocho cabezas vendrá a buscar para llevársela a su guarida y devorarla .
-¿Quién es ese monstruo?- pregunto el dios.
-¡Oh ! es un monstruo enorme, que con su mole ocupa ocho valles y ocho colinas; y tiene ocho colas y ocho cabezas. Sus ojos son de fuego, su vientre lanza chispas, su cuerpo está cubierto de un espeso bosque de cedros gigantes. Este monstruo se ha llevado todas mis riquezas; ha matado uno tras otro cuanto animal había en mi establo y también los ciervos que poblaban mi hacienda. Ahora que me ha despojado de todo, viene a quitarme la única alegría de mi vida, esta hija adorada, en quien había puesto todas mis esperanzas.
-Si Kusanida quiere ser mi mujer, la protegeré contra el monstruo- dijo Suzano, conmovido por aquel relato.
Y para revelar su identidad, abrió la capa de peregrino que lo cubría. De momento apareció a los ojos de los presentes en toda su prestancia y majestad divinas. Kusanida se le acercó confiada, ofreciéndole su blanca manita, que Suzano estrechó entre las suyas con ternura.
Pero en aquel preciso momento la tierra tembló espantosamente y un aullido terrible resonó en la noche; el dragón se acercaba. Se divisaban ya las dieciséis llamas de sus ojos, que desgarraban las tinieblas con lívidos resplandores, en tanto que su cuerpo inmenso, semejante a una montaña, se iba aproximando, arrollándolo todo a su paso.
Suzano desenvainó su refulgente espada y ordenó a los dos ancianos, que en un rincón de la estancia rezaban temblorosos, que preparaban frente a la alquería ocho odres llenos de vino.
El dragón avanzaba veloz, como el pensamiento, a pesar de su mole. Pero al llegar cerca de la casa se detuvo: había sentido los efluvios del vino, del que era sobremanera glotón. Sin vacilar, metió las ocho cabezas en los ocho odres y se puso a beber con avidez. Y bebió y bebió , hasta que borracho, perdido, cayó a tierra profundamente dormido.
Entonces Suzano se le acercó y hundió muchas veces la hoja de su espada en el cuerpo inmóvil. Chorros de sangre negrusca manaron de la herida como cascadas y fueron a regar la tierra del contorno, formando un agitado río de olas sangrientas.
El monstruo estaba ya muerto; pero, para mayor seguridad, Susanoo hundió una vez más su arma en medio del cuerpo inmenso . Un rumor metálico, y la espada divina voló hecha pedazos. ¿Con qué obstáculo se había topado ? El dios quiso averiguarlo; descuartizó el cuerpo del monstruo e imaginen su asombro al descubrir en sus entrañas una larga espada diamantina.
-Esta espada- se dijo, mientras la sacaba de su original vaina- la regalare a mi hermana Amaterasu para obtener su perdón.
Luego, tomo de la mano a la hermosa Kunisada y la condujo a su maravilloso palacio, ceñido de ocho nubes plateadas, donde vivió para siempre feliz y contento.
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sábado, 29 de diciembre de 2012
Los Trolls
En Inglaterra, las Valquirias quedaron relegadas a las aldeas y degeneraron en brujas; en las naciones escandinavas los gigantes de la antigua mitología, que habitaban en Jotunheim y guerreaban con el dios Thor, han decaído en rústicos Trolls. En la cosmogonía que da principio a la Edda Mayor, se lee que, el día del Crepúsculo de los Dioses, los gigantes escalarán y romperán Bifrost, el arco iris, y destruirán el mundo, secundados por un lobo y una serpiente; los Trolls de la superstición popular son Elfos malignos y estúpidos, que moran en las cuevas de las montañas o en deleznables chozas. Los más distinguidos están dotados de dos o tres cabezas.
El poema dramático Peer Gynt (1867) de Henrik Ibsen les asegura su fama. Ibsen imagina que son, ante todo, nacionalistas; piensan, o tratan de pensar que el brebaje atroz que fabrican es delicioso y que sus cuevas son alcázares. Para que Peer Gynt no perciba la sordidez de su ámbito, le proponen arrancarle los ojos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El poema dramático Peer Gynt (1867) de Henrik Ibsen les asegura su fama. Ibsen imagina que son, ante todo, nacionalistas; piensan, o tratan de pensar que el brebaje atroz que fabrican es delicioso y que sus cuevas son alcázares. Para que Peer Gynt no perciba la sordidez de su ámbito, le proponen arrancarle los ojos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El centauro
El Centauro es la criatura más armoniosa de la zoología fantástica. "Biforme" lo llaman las Metamorfosis de Ovidio, pero nada cuesta olvidar su índole heterogénea y pensar que en el mundo platónico de las formas hay un arquetipo del Centauro, como del caballo o del hombre.
El descubrimiento de ese arquetipo requirió siglos; los monumentos primitivos y arcaicos exhiben un hombre desnudo, al que se adapta incómodamente la grupa de un caballo. En el frontón occidental del Templo de Zeus, en Olimpia, los Centauros ya tienen patas equinas; de donde debiera arrancar el cuello del animal arranca el torso humano.
Ixión, rey de Tesalia, y una nube a la que Zeus dio la forma de Hera, engendraron a los
Centauros; otra leyenda refiere que son hijos de Apolo. (Se ha dicho que "centauro" es una derivación de gandharva; en la mitología védica, los Gandharvas son divinidades menores que rigen los caballos del sol.) Como los griegos de la época homérica desconocían la equitación, se conjetura que el primer nómada que vieron les pareció todo uno con su caballo y se alega que los soldados de Pizarro o de Hernán Cortés también fueron Centauros para los indios.
"Uno de aquellos de caballo cayó del caballo abajo; y como los indios vieron dividirse aquel animal en dos partes, teniendo por cierto que todo era una cosa, fue tanto el miedo que tuvieron que volvieron las espaldas dando voces a los suyos, diciendo que se había hecho dos haciendo admiración dello: lo cual no fue un misterio; porque a no acaecer esto, se presume que mataran todos los cristianos", reza uno de los textos que cita Prescott.
Pero los griegos conocían el caballo, a diferencia de los indios; lo verosímil es conjeturar que el Centauro fue una imagen deliberada y no una confusión ignorante.
La más popular de las fábulas en que los Centauros figuran es la de su combate con los
lapitas, que los habían convidado a una boda. Para los huéspedes, el vino era cosa nueva; en mitad del festín, un Centauro borracho ultrajó a la novia e inició, volcando las mesas, la famosa Centauromaquia que Fidias, o un discípulo suyo, esculpiría en el Partenón, que Ovidio cantaría en el libro duodécimo de las Metamorfosis, y que inspiraría a Rubens. Los Centauros, vencidos por los lapitas, tuvieron que huir de Tesalia. Hércules, en otro combate, aniquiló a flechazos la estirpe.
La rústica barbarie y la ira están simbolizadas en el Centauro, pero "el más justo de los
Centauros, Quirón" (Ilíada, XI, 832), fue maestro de Aquiles y de Esculapio, a quienes instruyó en las artes de la música, de la cinegética, de la guerra y hasta de la medicina y la cirugía.
Quirón memorablemente figura en el canto duodécimo del Infierno, que por consenso general se llama "canto de los Centauros". Véanse a este propósito las finas observaciones deMomigliano, en su edición de 1945.
Plinio dice haber visto un Hipocentauro, conservado en miel, que mandaron de Egipto al
emperador. En la Cena de los siete sabios, Plutarco refiere humorísticamente que uno de los pastores de Periandro, déspota de Corinto, le trajo en una bolsa de cuero una criatura recién nacida que una yegua había dado a luz y cuyo rostro, pescuezo y brazos eran humanos y lo demás equino. Lloraba como un niño y todos pensaron que se trataba de un presagio espantoso. El sabio Tales lo miró, se rió y dijo a Periandro que realmente no podía aprobar la conducta de sus pastores.
En el quinto libro de su poema De rerum natura, Lucrecio afirma la imposibilidad del Centauro, porque la especie equina logra su madurez antes que la humana y, a los tres años, el Centauro sería un caballo adulto y un niño balbuciente. Este caballo moriría cincuenta años antes que el hombre.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El descubrimiento de ese arquetipo requirió siglos; los monumentos primitivos y arcaicos exhiben un hombre desnudo, al que se adapta incómodamente la grupa de un caballo. En el frontón occidental del Templo de Zeus, en Olimpia, los Centauros ya tienen patas equinas; de donde debiera arrancar el cuello del animal arranca el torso humano.
Ixión, rey de Tesalia, y una nube a la que Zeus dio la forma de Hera, engendraron a los
Centauros; otra leyenda refiere que son hijos de Apolo. (Se ha dicho que "centauro" es una derivación de gandharva; en la mitología védica, los Gandharvas son divinidades menores que rigen los caballos del sol.) Como los griegos de la época homérica desconocían la equitación, se conjetura que el primer nómada que vieron les pareció todo uno con su caballo y se alega que los soldados de Pizarro o de Hernán Cortés también fueron Centauros para los indios.
"Uno de aquellos de caballo cayó del caballo abajo; y como los indios vieron dividirse aquel animal en dos partes, teniendo por cierto que todo era una cosa, fue tanto el miedo que tuvieron que volvieron las espaldas dando voces a los suyos, diciendo que se había hecho dos haciendo admiración dello: lo cual no fue un misterio; porque a no acaecer esto, se presume que mataran todos los cristianos", reza uno de los textos que cita Prescott.
Pero los griegos conocían el caballo, a diferencia de los indios; lo verosímil es conjeturar que el Centauro fue una imagen deliberada y no una confusión ignorante.
La más popular de las fábulas en que los Centauros figuran es la de su combate con los
lapitas, que los habían convidado a una boda. Para los huéspedes, el vino era cosa nueva; en mitad del festín, un Centauro borracho ultrajó a la novia e inició, volcando las mesas, la famosa Centauromaquia que Fidias, o un discípulo suyo, esculpiría en el Partenón, que Ovidio cantaría en el libro duodécimo de las Metamorfosis, y que inspiraría a Rubens. Los Centauros, vencidos por los lapitas, tuvieron que huir de Tesalia. Hércules, en otro combate, aniquiló a flechazos la estirpe.
La rústica barbarie y la ira están simbolizadas en el Centauro, pero "el más justo de los
Centauros, Quirón" (Ilíada, XI, 832), fue maestro de Aquiles y de Esculapio, a quienes instruyó en las artes de la música, de la cinegética, de la guerra y hasta de la medicina y la cirugía.
Quirón memorablemente figura en el canto duodécimo del Infierno, que por consenso general se llama "canto de los Centauros". Véanse a este propósito las finas observaciones deMomigliano, en su edición de 1945.
Plinio dice haber visto un Hipocentauro, conservado en miel, que mandaron de Egipto al
emperador. En la Cena de los siete sabios, Plutarco refiere humorísticamente que uno de los pastores de Periandro, déspota de Corinto, le trajo en una bolsa de cuero una criatura recién nacida que una yegua había dado a luz y cuyo rostro, pescuezo y brazos eran humanos y lo demás equino. Lloraba como un niño y todos pensaron que se trataba de un presagio espantoso. El sabio Tales lo miró, se rió y dijo a Periandro que realmente no podía aprobar la conducta de sus pastores.
En el quinto libro de su poema De rerum natura, Lucrecio afirma la imposibilidad del Centauro, porque la especie equina logra su madurez antes que la humana y, a los tres años, el Centauro sería un caballo adulto y un niño balbuciente. Este caballo moriría cincuenta años antes que el hombre.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El basilisco
El Arcángel Miguel matando al basiliscoEn el curso de las edades, el Basilisco se modifica hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvida. Su nombre significa "pequeño rey"; para Plinio el Antiguo (VIII, 33), el Basilisco era una serpiente que en la cabeza tenía una mancha clara en forma de corona. A partir de la Edad Media, es un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo, con grandes alas espinosas y cola de serpiente que puede terminar en un garfio o en otra cabeza de gallo. El cambio de la imagen se refleja en un cambio de nombre; Chaucer, en el siglo XIV, habla del "basilicock". Uno de los grabados que ilustran la Historia Natural de las Serpientes y Dragones de Aldrovandi le atribuye escamas, no plumas, y la posesión de ocho patas. [Ocho patas tiene, según la Edda Menor, el caballo de Odín.]
Lo que no cambia es la virtud mortífera de su mirada. Los ojos de las gorgonas petrificaban; Lucano refiere que de la sangre de una de ellas, Medusa, nacieron todas las serpientes de Libia: el Áspid, la Anfisbena, el Amódite, el Basilisco. El pasaje está en el libro noveno de la Farsalia; Jáuregui lo traslada así al español:
El vuelo a Libia dirigió Perseo,
Donde jamás verdor se engendra o vive;
Instila allí su sangre el rostro feo,
Y en funestas arenas muerte escribe;
Presto el llovido humor logra su empleo
En el cálido seno, pues concibe
Todas sierpes, y adúltera se extraña
De ponzoñas preñadas la campaña...
La sangre de Medusa, pues en este
Sitio produjo al Basilisco armado
En lengua y ojos de insanable peste,
Aun de las sierpes mismas recelado:
Allí se jacta de tirano agreste,
Lejos hiere en ofensas duplicado,
Pues con el silbo y el mirar temido
Lleva muerte a la vista y al oído.
En alas de oro soberano asiste
Allí el dragón, que volador brillante
Cual sacre al suelo desde el viento embiste,
Buscando cebo en el ganado errante:
Al proceloso encuentro no resiste
Toro, rinoceronte, ni elefante,
Que su bufido y golpe es rayo y trueno,
Y mata sin expensas de veneno.
El Basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se abreva queda envenenada durante siglos. Que su mirada rompe las piedras y quema el pasto ha sido certificado por Plinio. El olor de la comadreja lo mata; en la Edad Media, se dijo que el canto del gallo. Los viajeros experimentados se proveían de gallos para atravesar comarcas desconocidas. Otra arma era un espejo; al Basilisco lo fulmina su propia imagen. Los enciclopedistas cristianos rechazaron las fábulas mitológicas de la Farsalia y pretendieron una explicación racional del origen del Basilisco. (Estaban obligados a creer en él, porque la Vulgata traduce por "basilisco" la voz hebrea Tsepha, nombre de un reptil venenoso.) Según recoge Pierre de Beauvais en su Bestiario de 1206, nace a partir de un huevo deforme, puesto por un gallo al llegar éste a la edad de 7 años, incubado por un sapo durante 9 años; por lo tanto al nacer guarda todas las características de sus progenitores, cabeza de gallo, cola de serpiente y cuerpo de sapo.Otra manera de nacer (Probablemente la más aceptada) Es que nace de un huevo puesto por un gallo e incubado por una serpiente Y se dice que nace con cuerpo de gallo,lengua de serpiente y cresta .En el siglo XVI, Sir Thomas Browne la declaró tan monstruosa como la generación del Basilisco Por aquellos años, Quevedo escribió su romance El Basilisco, en el que se lee:
Si está vivo quien te vio,
Toda tu historia es mentira,
Pues si no murió, te ignora,
Y si murió no lo afirma.
Fuentes :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Wikipedia : Basilisco
El yáculo
El yáculo es una serpiente voladora, de ella escribe Lucano (9, 720): "Y los voladores yáculos". Están encaramadas a los árboles, y cuando un animal se encuentra a su alcance, se lanzan sobre él y lo matan;por eso se los conoce como yáculos. Por otra parte, en Arabia existen serpientes provistas de alas y llamadas sirenas, que aventajan a los caballos en la carrera y además, según cuentan, también vuelan; su veneno es tan poderoso que la muerte sobreviene antes de sentir el dolor de la picadura (XII 4, 29).
Etimologías de San Isidoro (XII 4, 29).
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Etimologías de San Isidoro (XII 4, 29).
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
La anfisbena
La Farsalia enumera las verdaderas o imaginarias serpientes, que los soldados de Catón afrontaron en los desiertos de África; ahí están la Parca "que enhiesta como báculo camina" y el Yáculo, que viene por el aire como una flecha, y "la pesada Anfisbena, que lleva dos cabezas". Casi con iguales palabras la describe Plinio, que agrega: "como si una no le bastara para descargar su veneno". El Tesoro de Brunetto Latini -la enciclopedia que éste recomendó a su antiguo discípulo en el séptimo círculo del Infierno- es menos sentencioso y más claro: "La Anfisbena es serpiente con dos cabezas, la una en su lugar y la otra en la cola; y con las dos puede morder, y corre con ligereza, y sus ojos brillan como candelas". En el siglo XVII, Sir Thomas Browne observó que no hay animal sin abajo, arriba, delante, detrás, izquierda y derecha, y negó que pudiera existir la Anfisbena, en la que ambas extremidades son anteriores. Anfisbena, en griego, quiere decir "que va en dos direcciones". En las Antillas y en ciertas regiones de América, el nombre se aplica a un reptil que comúnmente se conoce por "doble andadora", por "serpiente de dos cabezas" y por "madre de las hormigas". Se dice que las hormigas la mantienen. También se dice que, si la cortan en dos pedazos, éstos se juntan.
Las virtudes medicinales de la Anfisbena ya fueron celebradas por Plinio.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Las virtudes medicinales de la Anfisbena ya fueron celebradas por Plinio.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El ave fénix
En efigies monumentales, en pirámides de piedra y en momias, los egipcios buscaron eternidad; es razonable que en su país haya surgido el mito de un pájaro inmortal y periódico, si bien la elaboración ulterior es obra de los griegos y de los romanos. Erman escribe que en la mitología de Heliópolis, el Fénix (benu) es el señor de los jubileos, o de los largos ciclos de tiempo; Herodoto, en un pasaje famoso (II, 73), refiere con repetida incredulidad una primera forma de la leyenda:
"Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de Fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis, sólo viene a Egipto cada quinientos años, a saber cuando fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mole y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas, en parte doradas, en parte de color carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos. Para trasladar el cadáver de su padre desde Arabia hasta el Templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre, el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al Templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren".
Unos quinientos años después, Tácito y Plinio retomaron la prodigiosa historia; el primero rectamente observó que toda antigüedad es oscura, pero que una tradición ha fijado el plazo de la vida del Fénix en mil cuatrocientos sesenta y un años (Anales, VI, 28). También el segundo investigó la cronología del Fénix; registró (X, 2) que, según Manilio, aquél vive un año platónico, o año magno. Año platónico es el tiempo que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para volver a su posición inicial; Tácito, en el Diálogo de los oradores, lo hace abarcar doce mil novecientos noventa y cuatro años comunes. Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio.
Según la leyenda cristianizada, el ave Fénix vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios dones, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.
Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años.
Clemente de Roma. Epístola a los Corintios (XXV).
Los años simplificaron el mecanismo de la generación del Fénix. Herodoto menciona un huevo, y Plinio, un gusano, pera Claudiano, a fines del siglo IV, ya versifica un pájaro inmortal que resurge de su ceniza, un heredero de sí mismo y un testigo de las edades.
El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna.
Claudio Claudiano
Pocos mitos habrá tan difundidos como el del Fénix. A los autores ya enumerados cabe agregar: Ovidio (Metamorfosis, XV), Dante (Infierno, XXIV), Shakespeare (Enrique VIII, v, 4), Pellicer (El Fénix y su historia natural), Quevedo (Parnaso español, VI), Milton (Samson Agonistes, in fine). Mencionaremos asimismo el poema latino De Ave Phoenice, que ha sido atribuido a Lactancio, y una imitación anglosajona de ese poema, del siglo VIII. Tertuliano, San Ambrosio y Cirilo de Jerusalén han alegado el Fénix como prueba de la resurrección de la carne. Plinio se burla de los terapeutas que prescriben remedios extraídos del nido y de las cenizas del Fénix.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
"Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de Fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis, sólo viene a Egipto cada quinientos años, a saber cuando fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mole y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas, en parte doradas, en parte de color carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos. Para trasladar el cadáver de su padre desde Arabia hasta el Templo del Sol, se vale de la siguiente maniobra: forma ante todo un huevo sólido de mirra, tan grande cuanto sus fuerzas alcancen para llevarlo, probando su peso después de formado para experimentar si es con ellas compatible; va después vaciándolo hasta abrir un hueco donde pueda encerrar el cadáver de su padre, el cual ajusta con otra porción de mirra y atesta de ella la concavidad, hasta que el peso del huevo preñado con el cadáver iguale al que cuando sólido tenía; cierra después la abertura, carga con su huevo, y lo lleva al Templo del Sol en Egipto. He aquí, sea lo que fuere, lo que de aquel pájaro refieren".
Unos quinientos años después, Tácito y Plinio retomaron la prodigiosa historia; el primero rectamente observó que toda antigüedad es oscura, pero que una tradición ha fijado el plazo de la vida del Fénix en mil cuatrocientos sesenta y un años (Anales, VI, 28). También el segundo investigó la cronología del Fénix; registró (X, 2) que, según Manilio, aquél vive un año platónico, o año magno. Año platónico es el tiempo que requieren el sol, la luna y los cinco planetas para volver a su posición inicial; Tácito, en el Diálogo de los oradores, lo hace abarcar doce mil novecientos noventa y cuatro años comunes. Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio.
Según la leyenda cristianizada, el ave Fénix vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios dones, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.
Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años.
Clemente de Roma. Epístola a los Corintios (XXV).
Los años simplificaron el mecanismo de la generación del Fénix. Herodoto menciona un huevo, y Plinio, un gusano, pera Claudiano, a fines del siglo IV, ya versifica un pájaro inmortal que resurge de su ceniza, un heredero de sí mismo y un testigo de las edades.
El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna.
Claudio Claudiano
Pocos mitos habrá tan difundidos como el del Fénix. A los autores ya enumerados cabe agregar: Ovidio (Metamorfosis, XV), Dante (Infierno, XXIV), Shakespeare (Enrique VIII, v, 4), Pellicer (El Fénix y su historia natural), Quevedo (Parnaso español, VI), Milton (Samson Agonistes, in fine). Mencionaremos asimismo el poema latino De Ave Phoenice, que ha sido atribuido a Lactancio, y una imitación anglosajona de ese poema, del siglo VIII. Tertuliano, San Ambrosio y Cirilo de Jerusalén han alegado el Fénix como prueba de la resurrección de la carne. Plinio se burla de los terapeutas que prescriben remedios extraídos del nido y de las cenizas del Fénix.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El fénix chino
Los libros canónicos de los chinos suelen defraudar, porque les falta lo patético a que nos tiene acostumbrados la Biblia. De pronta, en su razonable decurso, una intimidad nos conmueve.
Esta, por ejemplo, que registra el séptimo libro de las Analectas de Confucio:
"Dijo el Maestro a sus discípulos: ¡Qué bajo he caído! Hace ya tiempo que no veo en mis sueños al príncipe de Chu".
O ésta del libro noveno:
"El Maestro dijo: No viene el Fénix, ningún signo sale del río. Estoy acabado".
El "signo" (explican los comentadores) se refiere a una inscripción en el lomo de una tortuga mágica. En cuanto al Fénix (Feng), es un pájaro de colores resplandecientes, parecido al faisán y al pavo real. En épocas prehistóricas, visitaba los jardines y los palacios de los emperadores virtuosos, como un visible testimonio del favor celestial. El macho, que tenia tres patas, habitaba en el sol.
En el primer siglo de nuestra era, el arriesgado ateo Wang Ch'ung negó que el Fénix
constituyera una especie fija. Declaró que así como la serpiente se transforma en un pez y la rata en una tortuga; el ciervo, en épocas de prosperidad general, suele asumir la forma del unicornio, y el ganso, la del Fénix. Atribuyó esta mutación al "liquido propicio" que, dos mil trescientos cincuenta y seis años antes de la era cristiana, hizo que en el patio de Yao, que fue uno de los emperadores modelo, creciera pasto de color escarlata. Como se ve, su información era deficiente o más bien excesiva.
En las regiones infernales hay un edificio imaginario que se llama Torre del Fénix.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Esta, por ejemplo, que registra el séptimo libro de las Analectas de Confucio:
"Dijo el Maestro a sus discípulos: ¡Qué bajo he caído! Hace ya tiempo que no veo en mis sueños al príncipe de Chu".
O ésta del libro noveno:
"El Maestro dijo: No viene el Fénix, ningún signo sale del río. Estoy acabado".
El "signo" (explican los comentadores) se refiere a una inscripción en el lomo de una tortuga mágica. En cuanto al Fénix (Feng), es un pájaro de colores resplandecientes, parecido al faisán y al pavo real. En épocas prehistóricas, visitaba los jardines y los palacios de los emperadores virtuosos, como un visible testimonio del favor celestial. El macho, que tenia tres patas, habitaba en el sol.
En el primer siglo de nuestra era, el arriesgado ateo Wang Ch'ung negó que el Fénix
constituyera una especie fija. Declaró que así como la serpiente se transforma en un pez y la rata en una tortuga; el ciervo, en épocas de prosperidad general, suele asumir la forma del unicornio, y el ganso, la del Fénix. Atribuyó esta mutación al "liquido propicio" que, dos mil trescientos cincuenta y seis años antes de la era cristiana, hizo que en el patio de Yao, que fue uno de los emperadores modelo, creciera pasto de color escarlata. Como se ve, su información era deficiente o más bien excesiva.
En las regiones infernales hay un edificio imaginario que se llama Torre del Fénix.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Las sirenas
A lo largo del tiempo, las Sirenas cambian de forma. Su primer historiador, el rapsoda del duodécimo libro de la Odisea, no nos dice cómo eran; para Ovidio, son aves de plumaje rojizoy cara de virgen; para Apolonio de Rodas, de medio cuerpo arriba son mujeres y, abajo, aves
marinas; para el maestro Tirso de Molina (y para la heráldica), "la mitad mujeres, peces la
mitad". No menos discutible es su género; el diccionario clásico de Lempriére entiende que
son ninfas, el de Quicherat que son monstruos y el de Grimal que son demonios.
Las sirenas eran ocho hermanas hijas de la musa Calíope y del Dios río Aqueloo, poseían alas y la parte superior de su cuerpo era la de una mujer mientras que la inferior era de ave, aunque a nuestros tiempos se ha preservado mejor la imagen de monstruos mitad pez y mitad mujer, por influencia del mito de los tritones.
Poseedoras de una bella voz osaron competir con las musas, ante las que fueron derrotadas, apenadas se retiraron a una pequeña isla cerca de Sicilia . En cuanto avistaban una nave se lanzaban al mar y entonaban su dulce y embriagante canto, entonces los marineros desviaban su rumbo para ir en busca de las sirenas y se lanzaban al mar para no regresar, según otras versiones chocaban contra las rocas y naufragaban , después los marineros eran devorados por las sirenas.
Se sabía que las sirenas dejarían de existir si algún hombre se atreviera a escuchar su canto y soportara la tentación de arrojarse al mar, aunque nadie había poseído la fuerza de voluntad para esto, hasta que Odiseo debió de cruzar sus peligrosos dominios, entonces por consejo de Circe tapo los oídos de sus compañeros con cera, pero el deseaba escuchar el canto de las sirenas, por lo que ordeno que lo amarraran al palo mayor de la embarcación ,de esta forma sus compañeros no podrían escuchar a las sirenas y Odiseo aunque las escuchara no podría arrojarse al mar. Cuando pasaron cerca de las sirenas, Odiseo escucho su maravillosa voz ,y suplicaba desesperado que lo liberaran para poder arrojarse al mar, pero nadie lo escucho. Para tentarlo, las Sirenas le ofrecieron el conocimiento de todas las cosas del mundo.
"Nadie ha pasado por aquí en su negro bajel sin haber escuchado de nuestra boca la voz dulce
como el panal, y haberse regocijado con ella y haber proseguido más sabio... Porque sabemos
todas las cosas: cuantos afanes padecieron argivos y troyanos en la ancha Tróada por
determinación de los dioses, y sabemos cuanto sucederá en la tierra fecunda"
(Odisea, Xll).
El enorme mástil se movía ante los esfuerzos de Odiseo, que fueron vanos. Finalmente Odiseo y sus compañeros salieron triunfantes y las sirenas que rodeban su navio, desaparecieron, El cuerpo de una de ellas fue llevado por el mar a las playas italianas y encontrado por unos marineros, que le dieron sepultura. Gente proveniente de los más reconditos puntos de Italia acudio para visitar a aquella novia tan deseada, pero tan temida de todos los navegantes, fundándose con el tiempo en honor de aquella sirena la ciudad de Parténope , que posteriormente cambio su nombre por el de Nápoles.
Otro tradición nos dice que las sirenas se transformaron en piedras cuando Orfeo, en la nave de los argonautas logro cantar con más dulzura que ellas, y ninguno de los tripulantes presto atención a las sirenas, a excepción de Butes que se lanzo al mar, pero Afrodita lo salvo.
En el siglo VI, una Sirena fue capturada y bautizada en el norte de Gales, y figuró como una santa en ciertos almanaques antiguos, bajo el nombre de Murgen. Otra, en 1403, pasó por una brecha en un dique, y habitó en Haarlem hasta el día de su muerte. Nadie la comprendía, pero le enseñaron a hilar y veneraba como por instinto la cruz. Un cronista del siglo XVI razonó que no era un pescado porque sabía hilar, y que no era una mujer porque podía vivir en el agua.
El idioma inglés distingue la Sirena clásica (siren) de las que tienen cola de pez (mermaids).
Las sirenas son relacionadas con el mundo de Ultratumba, al parecer eran sombrías divinidades que indicaban el paso de un mundo a otro al igual que Caribdis y Escila.
Fuentes :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
UTEHA
Fabulas, leyendas y cuentos Libro I (1983)
El zorro chino
Para la zoología común, el Zorro Chino no difiere mucho de los otros; no así para la zoología fantástica. Las estadísticas le dan un promedio de vida que oscila entre ochocientos y mil años. Se le considera de mal agüero y cada parte de su cuerpo goza de una virtud especial. Le basta golpear la tierra con la cola para causar incendios; puede prever el futuro y asumir muchas formas, preferentemente de ancianos, de jóvenes doncellas y de eruditos. Es astuto, cauto y escéptico; su placer está en las travesuras y en las tormentas. Los hombres, cuando mueren, suelen trasmigrar con cuerpo de Zorros. Su morada está cerca de los sepulcros.
Existen miles de leyendas sobre él; transcribimos una, que no carece de humorismo:
"Wang vio dos Zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano, y ambos se reían como compartiendo una broma. Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un hombre que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostraran el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién venido tenía cola. "¡Es un Zorro!", exclamó y en el acto el hombre se convirtió en un Zorro y huyó. Los Zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres indescifrables, pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia, que se dirigía a la capital. Declararon que él mismo Wang les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se reuniera con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenían techo que los cobijara, Wang ordenó: "Regresemos".
Un día apareció un hermano menor que todos habían dado por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. "Ah -dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los Zorros-, ahí está la raíz de todo el mal", Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. "Al fin he recobrado lo que buscaba", exclamó y, convirtiéndose en un Zorro, se fue.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Existen miles de leyendas sobre él; transcribimos una, que no carece de humorismo:
"Wang vio dos Zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano, y ambos se reían como compartiendo una broma. Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un hombre que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostraran el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién venido tenía cola. "¡Es un Zorro!", exclamó y en el acto el hombre se convirtió en un Zorro y huyó. Los Zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres indescifrables, pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia, que se dirigía a la capital. Declararon que él mismo Wang les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se reuniera con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenían techo que los cobijara, Wang ordenó: "Regresemos".
Un día apareció un hermano menor que todos habían dado por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. "Ah -dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los Zorros-, ahí está la raíz de todo el mal", Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. "Al fin he recobrado lo que buscaba", exclamó y, convirtiéndose en un Zorro, se fue.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los yinn
Alá, según la tradición islámica, hizo a los ángeles con luz, a los Yinn con fuego y a los hombres con polvo. Hay quien afirma que la materia de los segundos es un oscuro fuego de humo. Fueron creados dos mil años antes de Adán, pero su estirpe no alcanzará el día del Juicio Final.
Al-Qazwiní los definió como "vastos animales aéreos de cuerpo transparente, capaces de asumir varias formas". Al principio se muestran como nubes o como altos pilares indefinidos; luego, según su voluntad, asumen la figura de un hombre, de un chacal, de un lobo, de un león, de un escorpión o de una culebra. Algunos son creyentes; otros, heréticos o ateos. Antes de destruir un reptil debemos pedirle que se retire, en nombre del Profeta; y es lícito matarlo si no obedece. Pueden atravesar un muro macizo o volar por los aires o hacerse bruscamente invisibles. A menudo llegan al cielo inferior, donde sorprenden la conversación de los ángeles sobre acontecimientos futuros; esto les permite ayudar a magos y adivinos. Ciertos doctores les atribuyen la construcción de las Pirámides o, por orden de Salomón, hijo de David, que conocía el Todopoderoso Nombre de Dios, del Templo de Jerusalén.
Desde las azoteas o los balcones lapidan a la gente; también tienen el hábito de raptar mujeres hermosas. Para evitar sus depredaciones conviene invocar el nombre de Alá, el Misericordioso, el Apiadado. Su morada más común son las ruinas, las casas deshabitadas, los aljibes, los ríos, y los desiertos. Los egipcios afirman que son la causa de las trombas de arena. Piensan que las estrellas fugaces son dardos arrojados por Alá contra los Yinn maléficos.
Iblis es su padre y su jefe
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Al-Qazwiní los definió como "vastos animales aéreos de cuerpo transparente, capaces de asumir varias formas". Al principio se muestran como nubes o como altos pilares indefinidos; luego, según su voluntad, asumen la figura de un hombre, de un chacal, de un lobo, de un león, de un escorpión o de una culebra. Algunos son creyentes; otros, heréticos o ateos. Antes de destruir un reptil debemos pedirle que se retire, en nombre del Profeta; y es lícito matarlo si no obedece. Pueden atravesar un muro macizo o volar por los aires o hacerse bruscamente invisibles. A menudo llegan al cielo inferior, donde sorprenden la conversación de los ángeles sobre acontecimientos futuros; esto les permite ayudar a magos y adivinos. Ciertos doctores les atribuyen la construcción de las Pirámides o, por orden de Salomón, hijo de David, que conocía el Todopoderoso Nombre de Dios, del Templo de Jerusalén.
Desde las azoteas o los balcones lapidan a la gente; también tienen el hábito de raptar mujeres hermosas. Para evitar sus depredaciones conviene invocar el nombre de Alá, el Misericordioso, el Apiadado. Su morada más común son las ruinas, las casas deshabitadas, los aljibes, los ríos, y los desiertos. Los egipcios afirman que son la causa de las trombas de arena. Piensan que las estrellas fugaces son dardos arrojados por Alá contra los Yinn maléficos.
Iblis es su padre y su jefe
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los tigres del annam
Para los annamitas, tigres o genios personificados por tigres rigen los rumbos del espacio.
El Tigre Rojo preside el sur (que está en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego.
El Tigre Negro preside el norte; le corresponden el invierno y el agua.
El Tigre Azul preside el oriente; le corresponden la primavera y las plantas.
El Tigre Blanco preside el occidente; le corresponden el otoño y los metales.
Sobre estos Tigres Cardinales hay otro Tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el centro, como él Emperador está en el centro de China y China está en el centro del mundo. (Por eso la llaman el Imperio Central; por eso, ocupa el centro del mapamundi que el P. Ricci, de la Compañía de Jesús, trazó a fines del siglo XVl para instruir a los chinos.)
Lao Tse ha encomendado a los Cinco Tigres la misión de guerrear contra los demonios. Una plegaria annamita, vertida al francés por Louis Cho Chod, implora con devoción el socorro de sus incontenibles ejércitos. Esta superstición es de origen chino; los sinólogos hablan de un Tigre Blanco, que preside la remota región de las estrellas occidentales. En el sur, los chinos ubican un Pájaro Rojo; en el oriente, un Dragón Azul; en el norte, una Tortuga negra. Como se ve, los annamitas han conservado los colores, pero han unificado los animales.
Los Bhils, pueblo del centro del Indostán, creen en infiernos para Tigres; los malayos saben de una ciudad en el corazón de la jungla, con vigas de huesos humanos, con muros de pieles humanas, con aleros de cabelleras humanas, construida y habitada por Tigres.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El Tigre Rojo preside el sur (que está en lo alto de los mapas); le corresponden el estío y el fuego.
El Tigre Negro preside el norte; le corresponden el invierno y el agua.
El Tigre Azul preside el oriente; le corresponden la primavera y las plantas.
El Tigre Blanco preside el occidente; le corresponden el otoño y los metales.
Sobre estos Tigres Cardinales hay otro Tigre, el Tigre Amarillo, que gobierna a los otros y está en el centro, como él Emperador está en el centro de China y China está en el centro del mundo. (Por eso la llaman el Imperio Central; por eso, ocupa el centro del mapamundi que el P. Ricci, de la Compañía de Jesús, trazó a fines del siglo XVl para instruir a los chinos.)
Lao Tse ha encomendado a los Cinco Tigres la misión de guerrear contra los demonios. Una plegaria annamita, vertida al francés por Louis Cho Chod, implora con devoción el socorro de sus incontenibles ejércitos. Esta superstición es de origen chino; los sinólogos hablan de un Tigre Blanco, que preside la remota región de las estrellas occidentales. En el sur, los chinos ubican un Pájaro Rojo; en el oriente, un Dragón Azul; en el norte, una Tortuga negra. Como se ve, los annamitas han conservado los colores, pero han unificado los animales.
Los Bhils, pueblo del centro del Indostán, creen en infiernos para Tigres; los malayos saben de una ciudad en el corazón de la jungla, con vigas de huesos humanos, con muros de pieles humanas, con aleros de cabelleras humanas, construida y habitada por Tigres.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El t'ao-t'ieh
Los poetas y la mitología lo ignoran; pero todos, alguna vez, lo hemos descubierto en la esquina de un capitel o en el centro de un friso, y hemos sentido un ligerísimo desagrado. El perro que guardaba los rebaños del triforme Gerión tenía dos cabezas y un cuerpo y felizmente Hércules lo mató; el T'ao-T'ieh invierte ese procedimiento y es más horrible, porque la desaforada cabeza proyecta un cuerpo a la derecha y otro a la izquierda. Suele tener seis patas, porque las delanteras sirven para los dos cuerpos. La cara puede ser de dragón, de tigre o de persona; "máscara de ogro" la llaman los historiadores del arte. Es un monstruo formal, inspirado por el demonio de la simetría a escultores, alfareros y ceramistas. Mil cuatrocientos años antes de la era cristiana, bajo la dinastía de los Shang, ya figuraba en bronces rituales.
T'ao-T'ieh quiere decir "glotón". Los chinos lo pintan en la vajilla, para enseñar frugalidad.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Talos
Los seres vivos hechos de metal o de piedra integran una especie alarmante de la zoología fantástica. Recordemos los airados toros de bronce que respiraban fuego y que Jasón, por obra de las artes mágicas de Medea, logró uncir al arado; la estatua psicológica de Condillac, de mármol sensible; el barquero de cobre, con una lámina de plomo en el pecho, en la que se leían nombres y talismanes, que rescató y abandonó, en Las Mil y Una Noches, al tercer mendigo hijo de rey, cuando éste hubo derribado al jinete de la Montaña del Imán; las muchachas "de suave plata y de furioso oro" que una diosa de la mitología de William Blake apresó para un hombre, en redes de seda; las aves de metal que fueron nodrizas de Ares; y Talos, el guardián de la isla de Creta.
[NOTA: A la serie podemos agregar un animal de tiro: el rápido jabalí Guillinbursti, cuyo nombre quiere decir "el de cerdas de oro", y que también se llama Slidrugtanni, "el de peligrosos colmillos". "Esta obra viva de herrería -escribe el mitólogo Paul Herrmann- salió de la fragua de los habilidosos enanos; éstos arrojaron al fuego una piel de cerdo y sacaron un jabalí de oro, capaz de recorrer la tierra, el agua y el aire. Por oscura que sea la noche, siempre hay bastante claridad en el sitio en que esté el jabalí". Guillinbursti tira del coche de Freyr, dios escandinavo de la generación y de la fecundidad.]
Algunos lo declaran obra de Vulcano o de Dédalo; Apolonio de superviviente de una Raza de Bronce.
Tres veces al día daba la vuelta a la isla de Creta y arrojaba peñascos a los que pretendían desembarcar. Caldeado al rojo vivo, abrazaba a los hombres y los mataba. Sólo era vulnerable en el talón; guiados por la hechicera Medea, Cástor y Pólux, los Dióscuros, le dieron muerte.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El simurg
El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia. Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.
El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dÍsticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir "treinta pájaros"; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro, la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras, ni la garza de los pantanos, ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg, y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo AI-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. "Esto -observa Lane- recuerda la leyenda del Fénix".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y lo describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En las fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII, lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dÍsticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros resuelven buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir "treinta pájaros"; saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro, la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras, ni la garza de los pantanos, ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares; el nombre del penúltimo es Vértigo; el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg, y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.
El cosmógrafo AI-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. "Esto -observa Lane- recuerda la leyenda del Fénix".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los sátiros
Así los griegos los llamaron; en Roma les dieron el nombre de Faunos, de Panes y de Silvanos. De la cintura para abajo eran cabras; el cuerpo, los brazos y el rostro eran humanos y velludos. Tenían cuernecitos en la frente, orejas puntiagudas y la nariz encorvada. Eran lascivos y borrachos. Acompañaron al dios Baco en su alegre conquista del Indostán. Tendían emboscadas a las Ninfas; los deleitaba la danza y tocaban diestramente la flauta. Los campesinos los veneraban y les ofrecían las primicias de las cosechas. También les sacrificaban corderos.
Un ejemplar de esas divinidades menores fue apresado en una cueva de Tesalia por los legionarios de Sila, que lo trajeron a su jefe. Emitía sonidos inarticulados y era tan repulsivo que Sila inmediatamente ordenó que lo restituyeran a las montañas.
El recuerdo de los Sátiros influyó en la imagen medieval de los diablos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Un ejemplar de esas divinidades menores fue apresado en una cueva de Tesalia por los legionarios de Sila, que lo trajeron a su jefe. Emitía sonidos inarticulados y era tan repulsivo que Sila inmediatamente ordenó que lo restituyeran a las montañas.
El recuerdo de los Sátiros influyó en la imagen medieval de los diablos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Los pigmeos
Para los antiguos, esta nación de enanos habitaba en los confines del Indostán o de Etiopía. Ciertos autores aseveran que edificaban sus moradas con cáscaras de huevo. Otros, como Aristóteles, han escrito que vivían en cuevas subterráneas. Para cosechar el trigo se armaban de hachas como para talar una selva. Cabalgaban corderos y cabras, de tamaño adecuado. Anualmente los invadían bandadas de grullas, procedentes de las llanuras de Rusia.
Pigmeo era asimismo el nombre de una divinidad, cuyo rostro esculpían los cartagineses en la proa de las naves de guerra, para aterrar a sus enemigos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Pigmeo era asimismo el nombre de una divinidad, cuyo rostro esculpían los cartagineses en la proa de las naves de guerra, para aterrar a sus enemigos.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El peritio
Parece que la sibila de Eritrea afirmó en uno de sus oráculos que Roma sería destruida por los Peritios.
Al desaparecer dichos oráculos en el año 642 de nuestra era (fueron quemados accidentalmente), quien se ocupó en restituirlos omitió el vaticinio y por ello en los mismos no hay indicación alguna al respecto.
Ante tan oscuro antecedente, se hizo necesario buscar una fuente que arrojara mayor luz sobre el particular. Así fue como tras mil y un inconvenientes se supo que en el siglo XVI un rabino de Fez (con toda seguridad Aaron-Ben-Chaim) había publicado un folleto dedicado a los animales fantásticos, donde traía a colación la obra de un autor árabe leída por él, en la que se mencionaba la pérdida de un tratado sobre los Peritios, al incendiar Omar la biblioteca de Alejandría. Si bien el rabino no ha dado el nombre del autor árabe, tuvo la feliz idea de transcribir algunos párrafos de su obra, dejándonos una valiosa referencia del Peritio. A falta de mayores elementos, es juicioso limitarse a copiar textualmente dichos párrafos; helos aquí:
"Los Peritios habitan en la Atlántida y son mitad ciervos, mitad aves. Tienen del ciervo la cabeza y las patas. En cuanto al cuerpo, es un ave perfecta con sus correspondientes alas y plumaje.
"Su más asombrosa particularidad consiste en que, cuando les da el sol, en vez de proyectar la sombra de su figura, proyectan la de un ser humano, de donde algunos concluyen que los Peritios son espíritus de individuos que murieron lejos de la protección de los dioses.
"...se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca... vuelan en bandadas y se los ha visto a gran altura en las Columnas de Hércules.
"...se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca... vuelan en bandadas y se los ha visto a gran altura en las Columnas de Hércules.
"...los que cruzaron las aguas con Escipión para vencer a Cartago estuvieron a muy poco de fracasar en su empresa, pues durante la travesía apareció un grupo compacto de Peritios, que mataron a muchos... Si bien nuestras armas son impotentes ante el Peritio, el animal no puede matar a más de un hombre.
"...se revuelca en la sangre de su víctima y luego huye hacia las alturas.
"...En Ravena, donde los vieron hace pocos años, dicen que su plumaje es de color celeste, lo cual me sorprende mucho por cuanto he "leído" que se trata de un verde muy oscuro".
Aun cuando los párrafos que anteceden son suficientemente explícitos, es lamentable que a nuestros días no haya llegado ninguna otra información atendible sobre los Peritios
El folleto del rabino que permitió esta descripción se hallaba depositado hasta antes de la última guerra mundial en la Universidad de Munich. Doloroso resulta decir lo, pero en la actualidad ese documento también ha desaparecido, no se sabe si a consecuencia de un bombardeo o por obra de los nazis.
Es de esperar que, si fue esta última la causa de su pérdida, con el tiempo reaparezca para adornar alguna biblioteca del mundo.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Al desaparecer dichos oráculos en el año 642 de nuestra era (fueron quemados accidentalmente), quien se ocupó en restituirlos omitió el vaticinio y por ello en los mismos no hay indicación alguna al respecto.
Ante tan oscuro antecedente, se hizo necesario buscar una fuente que arrojara mayor luz sobre el particular. Así fue como tras mil y un inconvenientes se supo que en el siglo XVI un rabino de Fez (con toda seguridad Aaron-Ben-Chaim) había publicado un folleto dedicado a los animales fantásticos, donde traía a colación la obra de un autor árabe leída por él, en la que se mencionaba la pérdida de un tratado sobre los Peritios, al incendiar Omar la biblioteca de Alejandría. Si bien el rabino no ha dado el nombre del autor árabe, tuvo la feliz idea de transcribir algunos párrafos de su obra, dejándonos una valiosa referencia del Peritio. A falta de mayores elementos, es juicioso limitarse a copiar textualmente dichos párrafos; helos aquí:
"Los Peritios habitan en la Atlántida y son mitad ciervos, mitad aves. Tienen del ciervo la cabeza y las patas. En cuanto al cuerpo, es un ave perfecta con sus correspondientes alas y plumaje.
"Su más asombrosa particularidad consiste en que, cuando les da el sol, en vez de proyectar la sombra de su figura, proyectan la de un ser humano, de donde algunos concluyen que los Peritios son espíritus de individuos que murieron lejos de la protección de los dioses.
"...se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca... vuelan en bandadas y se los ha visto a gran altura en las Columnas de Hércules.
"...se los ha sorprendido alimentándose de tierra seca... vuelan en bandadas y se los ha visto a gran altura en las Columnas de Hércules.
"...los que cruzaron las aguas con Escipión para vencer a Cartago estuvieron a muy poco de fracasar en su empresa, pues durante la travesía apareció un grupo compacto de Peritios, que mataron a muchos... Si bien nuestras armas son impotentes ante el Peritio, el animal no puede matar a más de un hombre.
"...se revuelca en la sangre de su víctima y luego huye hacia las alturas.
"...En Ravena, donde los vieron hace pocos años, dicen que su plumaje es de color celeste, lo cual me sorprende mucho por cuanto he "leído" que se trata de un verde muy oscuro".
Aun cuando los párrafos que anteceden son suficientemente explícitos, es lamentable que a nuestros días no haya llegado ninguna otra información atendible sobre los Peritios
El folleto del rabino que permitió esta descripción se hallaba depositado hasta antes de la última guerra mundial en la Universidad de Munich. Doloroso resulta decir lo, pero en la actualidad ese documento también ha desaparecido, no se sabe si a consecuencia de un bombardeo o por obra de los nazis.
Es de esperar que, si fue esta última la causa de su pérdida, con el tiempo reaparezca para adornar alguna biblioteca del mundo.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
La peluda
A orillas del Huisne, arroyo de apariencia tranquila, merodeaba durante la Edad Media la Peluda (la velue). Este animal habría sobrevivido el Diluvio, sin haber sido recogido en el arca. Era del tamaño de un toro; tenía cabeza de serpiente, un cuerpo esférico cubierto de pelaje verde, armado de aguijones cuya picadura era mortal. Las patas eran anchísimas, semejantes a las de la tortuga; con la cola, en forma de serpiente, podía matar a las personas y a los animales. Cuando se encolerizaba, lanzaba llamas que destruían las cosechas. De noche,saqueaba los establos. Cuando los campesinos la perseguían, se escondía en las aguas del Huisne, que hacía desbordar, inundando toda la zona.
Prefería devorar los seres inocentes, las doncellas y los niños. Elegía a la doncella más virtuosa, a la que llamaban la Corderita (l'agnelle). Un día, arrebató a una Corderita y la arrastró desgarrada y ensangrentada al lecho del Huisne. El novio de la víctima cortó con una espada la cola de la Peluda, que era su único lugar vulnerable. El monstruo murió inmediatamente. Lo embalsamaron y festejaron su muerte con tambores, con pífanos y danzas.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Prefería devorar los seres inocentes, las doncellas y los niños. Elegía a la doncella más virtuosa, a la que llamaban la Corderita (l'agnelle). Un día, arrebató a una Corderita y la arrastró desgarrada y ensangrentada al lecho del Huisne. El novio de la víctima cortó con una espada la cola de la Peluda, que era su único lugar vulnerable. El monstruo murió inmediatamente. Lo embalsamaron y festejaron su muerte con tambores, con pífanos y danzas.
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
El pelicano
El Pelícano de la zoología común es un ave acuática, de dos metros de envergadura, con un pico muy largo y ancho, de cuya mandíbula inferior pende una membrana rojiza que forma una especie de bolsa para guardar pescado; el de la fábula es menor y su pico es breve y agudo. Fiel a su nombre, el plumaje del primero es de color blanco; el del segundo es amarillo y a veces verde. Aún más singular que su aspecto resultan sus costumbres.
Con el pico y las garras, la madre acaricia los hijos con tanta devoción que los mata. A los tres días llega el padre; éste, desesperado al hallarlos muertos, se abre a picotazos el pecho. La sangre que derraman sus heridas los resucita... Así refieren los bestiarios el hecho, salvo que San Jerónimo, en un comentario al Psalmo 102 ("Soy como un pelícano del desierto, soy como una lechuza del yermo"), atribuye la muerte de los hijos a la serpiente. Que el Pelícano se abre el pecho y alimenta con su propia sangre a los hijos es la versión común de la fábula.
Sangre que da vida a los muertos sugiere la Eucaristía y la cruz, y así un verso famoso del Paraíso (XXV, 113) llama "nuestro Pelícano" a Jesucristo. El comentario latino de Benvenuto de Imola aclara: "Se dice pelícano porque se abrió el costado para salvarnos, como el pelícano que vivifica a los hijos muertos con la sangre del pecho. El pelícano es ave egipcia. La imagen del Pelícano es habitual en la heráldica eclesiástica y todavía la graban en los copones. El bestiario de Leonardo da Vinci define así al Pelícano: "Quiere mucho a sus hijos, y hallándolos en el nido muertos por las serpientes, se desgarra el pecho y, bañándolos con su sangre, los vuelve a la vida".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
Con el pico y las garras, la madre acaricia los hijos con tanta devoción que los mata. A los tres días llega el padre; éste, desesperado al hallarlos muertos, se abre a picotazos el pecho. La sangre que derraman sus heridas los resucita... Así refieren los bestiarios el hecho, salvo que San Jerónimo, en un comentario al Psalmo 102 ("Soy como un pelícano del desierto, soy como una lechuza del yermo"), atribuye la muerte de los hijos a la serpiente. Que el Pelícano se abre el pecho y alimenta con su propia sangre a los hijos es la versión común de la fábula.
Sangre que da vida a los muertos sugiere la Eucaristía y la cruz, y así un verso famoso del Paraíso (XXV, 113) llama "nuestro Pelícano" a Jesucristo. El comentario latino de Benvenuto de Imola aclara: "Se dice pelícano porque se abrió el costado para salvarnos, como el pelícano que vivifica a los hijos muertos con la sangre del pecho. El pelícano es ave egipcia. La imagen del Pelícano es habitual en la heráldica eclesiástica y todavía la graban en los copones. El bestiario de Leonardo da Vinci define así al Pelícano: "Quiere mucho a sus hijos, y hallándolos en el nido muertos por las serpientes, se desgarra el pecho y, bañándolos con su sangre, los vuelve a la vida".
Tomado de :
Jorge Luis Borges
El libro de los seres imaginarios (1968)
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