jueves, 1 de agosto de 2013

109 Pélope y Enómao

a. Pélope heredó el trono paflagonio de su padre Tantalo y durante un tiempo residió en Enete, en las costas del Mar Negro, desde donde gobernó también a los lidios y frigios. Pero los bárbaros lo expulsaron de Paflagonia y entonces se retiró al monte Sípilo en Lidia, su sede ancestral. En vista de que Ilo, rey de Troya, no le dejaba vivir en paz ni siquiera allí, sino que le ordenó que reanudara su viaje, Pélope llevó sus tesoros fabulosos a través del mar Egeo. Estaba resuelto a encontrar un nuevo hogar para él y la gran horda de sus seguidores, pero antes quería pedir la mano de Hipodamía, hija del rey Enómao, el arcadio, que gobernaba en Pisa y Elide.

b. Algunos dicen que Enómao era hijo de Ares y Harpina, hija del dios fluvial Asopo; o de la pléyade Asteria; o de Astérope; o de Eurítoe, hija de Dánao; en tanto que otros dicen que era hijo de Alxión, o de Hipéroco.

c. Por su esposa Esterope, o Evarete, hija de Acrisio, Enómao fue padre de Leucipo, Hipodamo y Disponteo, fundador de Disponte; y de una hija, Hipodamía. Enómao era famoso por su amor a los caballos, y prohibió a sus subditos bajo pena de maldición aparear yeguas con asnos. Hasta el presente, si los eleáticos necesitan muías, tienen que llevar sus yeguas al exterior para aparearlas y para que paran.

d. No se sabe con certeza si le advirtió un oráculo que su yerno le mataría o si él mismo se había enamorado de Hipodamía; pero el caso es que Enómao ideó un nuevo medio dé impedir que ella se casara. Desafió a cada uno de los pretendientes de Hipodamía por turno a una carrera de carros desde Pisa, situada junto al río Alfeo, frente a Olimpia, hasta el altar de Posidón en el Istmo de Corinto. Algunos dicen que los carros eran tirados por cuatro caballos; otros dicen que por dos. Enómao insistió en que Hipodamía debía cabalgar junto a cada pretendiente, para distraer su atención de los caballos, pero les concedió una ventaja de media hora en la partida mientras él sacrificaba un carnero en el altar de Zeus Marcial en Olimpia. Ambos carros debían correr hacia el Istmo y si el pretendiente era alcanzado, debía morir, pero si ganaba la carrera sería suya Hipodamía y moriría Enómao. Pero como Psila y Harpina, las yeguas engendradas por el viento que le había dado Ares, el padre de Pélope, eran con mucho las mejores de Grecia y más rápidas que el Viento Norte, y como su carro, hábilmente conducido por Mirtilo, estaba construido especialmente para las carreras, jamás había fracasado en su propósito de alcanzar a su rival y de traspasarle con su lanza, otro regalo de Ares.

e. De esta manera Enómao se deshizo de doce o, según dicen algunos, de trece príncipes, cuyas cabezas y miembros clavó sobre las puertas de su palacio, mientras sus troncos eran amontonados bárbaramente en la tierra. Cuando mató a Marmax, el primer pretendiente, mató también a sus yeguas Partenia y Erifa y las enterró junto al río Partenia, donde se muestra todavía su tumba. Algunos dicen que el segundo pretendiente, Alcatoo, fue enterrado cerca del Excita-Caballos en el hipódromo de Olimpia y que es su espectro rencoroso el que pone obstáculos a los aurigas.

f. Mirtilo, el auriga de Enómao, era hijo de Hermes y Teóbule o Cleóbule, o la danaide Fetusa; pero otros dicen que era hijo de Zeus y Clímene. También él se había enamorado de Hipodamía, pero no se atrevió a intervenir en la competencia. Entretanto los olímpicos habían decidido intervenir y poner fin a la matanza, porqué Enómao se jactaba de que un día construiría un templo con cráneos, como habían hecho Eveno, Diómedes y Anteo. En consecuencia, cuando Pélope desembarcó en Elide y suplicó a su amante Posidón, a quien invocó con un sacrificio en la costa, que le diera el carro más rápido del mundo para cortejar a Hipodamía o que contuviera el ímpetu de la lanza de bronce de Enómao, Posidón le ayudó de muy buena gana. Pélope no tardó en ser dueño de un carro de oro alado que podía correr por el mar sin que se le mojasen los ejes y del que tiraba un tronco de caballos incansables, alados e inmortales.

g. Después de visitar el monte Sípilo y de dedicar a Afrodita Temnia una imagen hecha con madera de mirto verde, Pélope probó su carro conduciéndolo a través del Egeo. Casi antes que hubiera tenido tiempo de mirar a su alrededor llegó a Lesbos, donde su auriga Cilo, o Celas, o Cilas murió a causa de la rapidez del viaje. Pélope pasó la noche en Lesbos y en sueños vio que el ánima de Cilo se lamentaba por su suerte y suplicaba honores de héroe. Al amanecer, Pélope quemó su cuerpo, levantó un túmulo sobre las cenizas y fundó en las cercanías el templo de Apolo Cilano. Luego reanudó el viaje conduciendo él mismo el carro.

h. Cuando llegó a Pisa se alarmó Pélope al ver la hilera de cabezas clavadas sobre las puertas del palacio y comenzó a lamentar su ambición. En consecuencias, prometió a Mirtilo, que si traicionaba a su amo, le daría la mitad del reino y el privilegio de pasar la noche de bodas con Hipodamía cuando la hubiese conseguido.

i. Antes de intervenir en la carrera —la escena está esculpida en el gablete frontal del templó de Zeus en Olimpia— Pélope hizo un sacrificio a Atenea Cidonia. Algunos dicen que se le apareció el ánima de Cilo y se comprometió a ayudarle; otro, que fue su auriga Esfero; pero se cree más generalmente que él mismo condujo su carro llevando a Hipodamía a su lado.

j. Entretanto, Hipodamía se había enamorado de Pélope y, lejos de ponerle obstáculos en la carrera, se ofreció a recompensar generosamente a Mirtilo si conseguía refrenar de algún modo la carrera de su padre. Mirtilo quitó las pezoneras a los ejes del carro de Enómao y las sustituyó con otras de cera. Cuando los carros llegaron al cuello del Istmo y Enómao, en su persecución furiosa, levantaba la lanza para atravesar la espalda de Pélope, las ruedas de su carro se desprendieron, quedó enredado entre los restos y murió arrastrado por los caballos. Su ánima ronda todavía alrededor de la estatua «excita-caballos» de Olimpia. Hay quienes dicen, no obstante, que la rapidez del carro y los caballos alados de Posidón permitieron fácilmente a Pélope adelantarse a Enómao y llegar al Istmo antes que él, y que Enómao se mató desesperado, o le mató Pélope en el poste que marcaba el final de la carrera. Según otros, la competencia se realizó en el hipódromo de Olimpia, y Anfión le dio a Pélope un objeto mágico que él enterró junto al excita-caballos de modo que las caballerías de Enómao se desbocaron y destrozaron el carro. Pero todos están de acuerdo en que Enómao, antes de morir, maldijo a Mirtilo y rogó que pereciera a manos de Pélope.

k. Entonces Pélope, Hipodamía y Mirtilo salieron para hacer una excursión nocturna a través del mar. «¡Ay! —exclamó Hipodamía—. No he bebido nada durante todo el día; me abrasa la sed.» El sol se ponía y Pélope se detuvo en la isla desierta de Helene, que se halla no lejos de la isla de Eubea, y fue a la ribera en busca de agua. Cuando volvió con el yelmo lleno, Hipodamía corrió llorando hacia él y se quejó de que Mirtilo había tratado de violarla. Pélope reprendió severamente a Mirtilo y le golpeó en el rostro, pero él protestó indignado: «Esta es la noche de bodas, en la que me juraste que gozaría a Hipodamía. ¿Acaso piensas faltar a tu juramento?» Pélope no contestó, pero le quitó las riendas a Mirtilo y siguieron adelante. Cuando se acercaban al cabo Geresto —el promontorio más meridional de Eubea, ahora coronado con un notable templo de Posidón— Pélope dio de pronto a Mirtilo un puntapié que lo mandó de cabeza al mar, y Mirtilo, mientras se hundía, maldijo a Pélope y a toda su familia.

l. Hermes puso la imagen de Mirtilo entre las estrellas como la constelación del Auriga, pero su cadáver fue llevado por el agua a la costa de Eubea y lo enterraron en la Feneo arcadia, detrás del templo de Hermes; una vez al año se le ofrecen allí sacrificios nocturnos como héroe. El Mar Mirtoano, que se extiende desde Eubea, pasando por Helene, hasta el Egeo, se cree generalmente que recibió su nombre de Mirtilo más bien que, como insisten los cúbeos, de la ninfa Mirto.

m. Pélope siguió adelante, hasta que llegó a la corriente occidental del Océano, donde Hefesto le purificó de su culpa de homicidio; luego volvió a Pisa y ocupó el trono de Enómao. Pronto subyugó casi todo el territorio de lo que se llamaba entonces Apia, o Pelasgiótide, nombre que cambió él, por el de Peloponeso, que significa «la isla de Pélope». Su valor, su buen juicio, su riqueza y sus numerosos hijos le ganaron la envidia y la veneración de toda Grecia.

n. Pélope le quitó Olimpia al rey Epeo y la anexó a su reino de Pisa; pero como no pudo vencer al rey Estínfalo de Arcadia por la fuerza de las armas, lo invitó a un debate amistoso, lo descuartizó y diseminó sus miembros por todas partes; crimen que causó un hambre en toda Grecia. Pero su celebración de los Juegos Olímpicos en honor de Zeus, alrededor de una generación después de Endimión, fue la más espléndida jamás realizada.

o. Para reparar el asesinato de Mirtilo, que era hijo de Hermes, Pélope construyó el primer templo de Hermes en el Peloponeso; trató también de aplacar al ánima de Mirtilo construyéndole un cenotafio en el hipódromo de Olimpia y rindiéndole honores de héroe. Algunos dicen que ni Enómao, ni el rencoroso Alcátoo, ni el objeto mágico que enterró Pélope son el verdadero espantador de los caballos: es el espíritu de Mirtilo.

p. Sobre la tumba de los infortunados pretendientes de Hipodamía, en el lado más lejano del río Alfeo, erigió Pélope un alto túmulo y les rindió también a ellos honores de héroes; y alrededor de un estadio de distancia, más o menos, se halla el templo de Ártemis Cordas llamado así porque los seguidores de Pélope celebraron allí sus victorias bailando la Danza de la Cuerda, que habían llevado de Lidia.

q. El templo de Pélope, donde se conservan sus huesos en un cofre de bronce, fue dedicado por Heracles Tirintio, su nieto, cuando fue a celebrar los Juegos Olímpicos; y los magistrados eleáticos todavía ofrecen a Pélope el sacrificio anual de un carnero negro, asado en un fuego de maderas de. álamo blanco. A los que comen de esa víctima se les prohibe entrar en el templo de Zeus hasta que se han bañado, y el cuello le corresponde tradicionalmente al guardabosque. El templo se llena todos los años con visitantes; los jóvenes se flagelan en el altar de Pélope y le ofrecen una libación de su sangre. Se exhibe su carro en el techo del Anactorio de Hiasia; los sicionios conservan su espada con puño de oro en su tesoro de Olimpia, y su cetro en forma de lanza, en Queronea, es quizá la única obra auténtica de Hefesto todavía existente. Zeus se lo envió a Pélope por medio de Hermes y Pélope lo legó al rey Atreo.

r. A Pélope se le llama también «croniano» y «Apaleador de caballos» y los aqueos lo consideran su antecesor.

1.      Según Pausanias y Apolodoro, Tántalo nunca salió del Asia Menor; pero otros autógrafos se refieren a él y a Pélope como reyes nativos de Grecia. Esto indica que sus nombres eran títulos dinásticos llevados por los primitivos colonos griegos al Asia Menor, donde fueron atestiguados con altares de héroes; y traídos de vuelta por emigrantes con anterioridad a la invasión aquea del Peloponeso en el siglo XII a. de C. Sabemos por las inscripciones hititas que hubo reyes helenos en Pamfilia y en Lesbos ya en el siglo XIV a. de C. Los pelopo-tantálidas parecen haber expulsado a la dinastía cretanizada de «Enómao» de la Monarquía Suprema del Peloponeso.

2.      El caballo, que había sido un animal sagrado en la Grecia pelásgica mucho antes del culto del carro solar, era un caballito europeo nativo dedicado a la Luna, no al Sol (véase 75.3). El caballo transcaspiano mayor llegó a Egipto con los invasores hicsos en 1850 a. de C. —los carros tirados por caballos desplazaron a los carros tirados por asnos en las fuerzas armadas egipcias alrededor del año 1500 a. de C.— y a Creta antes de la caída de Cnosos un siglo después. La prohibición religiosa de Enómao respecto a las mulas estaría asociada quizá con la muerte de Cilo: en Grecia, como en Roma, fue suprimido el culto del asno (véase 83.2) cuando el carro del sol se convirtió en el símbolo de la realeza. Casi la misma reforma religiosa tuvo lugar en Jerusalén (2 Reyes xxiii. 11), donde en la época de Josefo sobrevivía la tradición de un culto del asno anterior (Josefo: Contra Apion ii.7 y 10). Helio del carro solar, deidad aquea, se identificó entonces en diferentes ciudades con el Zeus solar o el Posidón solar, pero el asno se convirtió en el animal de Crono, a quien Zeus y Posidón habían destronado, o de Pan, Sileno y otras divinidades secundarias anticuadas. Había también un Apolo solar; puesto que Píndaro menciona su aborrecimiento de los asnos, habrá sido el Apolo de Cileno al que los hiperbóreos ofrecían hecatombes de asnos (Píndaro: Odas píticas x.30 y ss.).

3.      Enómao, que representaba a Zeus como el Sol encarnado, es llamado, en consecuencia, hijo de Asteria, que gobernaba el Cielo (véase 88.2) más bien que de una Pléyade del mismo nombre; y la reina Hipodamía, mediante el matrimonio con la cual llegó a ser rey, representaba a Hera como la Luna encarnada. La descendencia siguió siendo matrilineal en el Peloponeso, lo que aseguraba la buena voluntad de los campesinos conservadores. El reinado del rey no podía prolongarse más allá del Gran Año de cien meses, en el ultimo de los cuales coincidían el calendario solar y el lunar; entonces estaba destinado a ser muerto por caballos. Como una nueva concesión al culto anterior de Pisa, donde el representante de Zeus era muerto por su heredero en cada solsticio estival (véase 53.5), Enómao accedió a morir fingidamente en siete solsticios estivales sucesivos, designando en cada ocasión un sustituto para que ocupara su lugar durante veinticuatro horas y fuera en el carro del sol junto a la reina. Al término de este día el sustituto moría en un accidente de carro y el Rey salía de la tumba donde había estado escondido (véase 41.2 y 123.4) para reanudar su reinado. Esto explica el mito de Enómao y los pretendientes, otra versión del cual aparece en el de Eveno (véase 74.e). Los mitógrafos deben estar equivocados cuando mencionan «doce o trece» pretendientes. Estas cifras se refieren a las lunaciones —alternativamente doce y trece— de un año solar, no a los sustitutos; así en la carrera de carros de Olimpia se daba doce veces la vuelta al estadio en honor de la diosa Luna. Pélope es el modelo del octavo príncipe afortunado (véase 81.8) que se libra del accidente del carro y puede matar al rey viejo con su propio cetro-lanza.

4.      Este accidente anual del carro se representaba en el hipódromo. El sustituto podía conducir sus caballos —los cuales, a juzgar por el mito de Glauco (véase 71.2), parecen haber sido enloquecidos con drogas— por el trecho recto sin que le ocurriera nada, pero cuando daba la vuelta alrededor de la estatua de mármol blanco, llamada el Marmaranax («rey de mármol») o el Excita-Caballos, la rueda exterior se desprendía por falta de pezonera, el carro se derrumbaba y los caballos arrastraban al sustituto y le mataban. El mirto era el árbol de la muerte, el del decimotercer mes al término del cual se producía el accidente del carro (véase 101.2); de aquí que se diga que Mirtilo quitó las pezoneras de metal y las sustituyó por otras de cera —la fusión de la cera causó también la muerte de Icaro, el sustituto del rey Sol— y maldijo a la casa de Pélope.

5.       En la segunda mitad del mito se confunde a Mirtilo con el sustituto. Como interrex, el sustituto tenía derecho a acompañar a la reina en el carro del sol y a dormir con ella durante la única noche de su reinado; pero al amanecer del siguiente día el rey viejo le destruía y, metafóricamente, continuaba el viaje en su carro solar al extremo oeste, donde se purificaba en la corriente del Océano. La caída de Mirtilo del carro al mar es una condensación de mitos: a unas pocas millas al este del Hipódromo en que se realizaban los Juegos ístmicos (véase 71.b) el sustituto «Melicertes», en cuyo honor se habían fundado, era arrojado desde un risco (véase 96.3) y una ceremonia idéntica se realizaba probablemente en Geresto, donde murió Mirtilo. También en Tebas y Yolcos (véase 71.b) había Espantadores de Caballos, lo que indica que también allí se representaban en los hipódromos los accidentes de los carros. Pero como el Hipódromo de Olimpia, consagrado al Zeus solar, y el Hipódromo del Istmo, consagrado al Posidón solar, estaban asociados con la leyenda de Pélope, los mitógrafos han presentado la competencia como una carrera a campo traviesa entre ellos. Lesbos entra en la fábula quizá porque «Enómao» era un título dinástico lesbio.

6.       La entrada de Anfión en este mito, aunque era tebano, se explica porque era también nativo .de Sición en el Istmo (véase 76.0). «Mirto» sería un título de la diosa del Mar como destructora, y la primera sílaba significaba «mar», como en Mirtea, «diosa del mar»; Mirtoesa, forma más larga de Mirto, era uno de los títulos de Afrodita. Por lo tanto, Mirtilo puede significar originalmente «falo del mar»: myr-tylos.

7.       Pélope descuartiza a Estínfalo, como según se dice había hecho con él Tántalo; esta forma más antigua del sacrificio del rey ha sido correctamente referida desde Arcadia. Efectivamente, los pelópidas parecen haber patrocinado varios cultos locales además del carro del sol: a saber, el culto pastoril arcadio del roble y el carnero, atestiguado por la relación de Pélope con Tántalo y su sacrificio de un carnero negro en Olimpia; el culto de la perdiz en Creta, Troya y Palestina, atestiguado por la danza cordax; el culto de los Titanes, atestiguado por el título de «Croniano» de Pélope; el culto de la marsopa (véase 108.,5) y el culto del dios asno, en cuanto que el espíritu de Cilo le ayudó en la carrera.

8.       La matanza de las yeguas de Mármax puede referirse a la ceremonia de coronación de Enómao (véase 81.4), que implicaba el sacrificio de yeguas. Una «manzana cidonia», o membrillo, tendría en la mano la diosa de la Muerte, Atenea, a la que hizo el sacrificio Pélope, como su salvoconducto para los Campos Elíseos (véase 32.1, 53,5 y 133.4); y el álamo blanco, utilizado en sus ritos heroicos, simbolizaba la esperanza de reencarnación (véase 31.5 y Í34.f), después de haber sido descuartizado, porque a los que iban al Elíseo se les concedía la prerrogativa del renacimiento (véase 31.c).Una estrecha semejanza con el derramamiento de sangre en el altar olímpico de Pélope tiene la flagelación de los jóvenes espartanos atados a la imagen de Artemis Erguida (véase 116.4). Pélope era, en realidad, la víctima y sufrió en honor a la diosa Hipodamía (véase 110.3).

108 Tántalo

a. La ascendencia y el origen de Tántalo son motivo de discusión. Su madre era Pluto, hija de Cronos y Rea, o, según dicen algunos, de Océano y Tetis; y su padre Zeus o Tmolo, el dios con corona de roble del monte Tmolo que, con su esposa Ónfale, gobernaba en el reino de Lidia y había juzgado el certamen entre Pan y Apolo. Sin embargo, algunos llaman a Tántalo rey de Argos o de Corinto; y otros dicen que fue al norte desde el monte Sípilo en Lidia para gobernar el país de Paflagonia, de donde, por haber incurrido en la ira de los dioses, fue expulsado por el frigio Ilo, a cuyo hermano menor Ganimedes había raptado y seducido.

b. Por su esposa Eurianasa, hija del dios fluvial Pactólo; o por Euritemiste, hija del dios fluvial Janto; o por Clitia, hija de Anfidamante; o por la pléyade Dione, Tántalo fue padre de Pélope, Níobe y Bróteas. Sin embargo, algunos llaman a Pélope bastardo, o hijo de Atlante y la ninfa Linos.

c. Tántalo era amigo íntimo de Zeus, quien lo admitía en los banquetes de néctar y ambrosía del Olimpo, hasta que la buena suerte le trastornó la cabeza, reveló los secretos de Zeus y robó los manjares divinos para compartirlos con sus amigos mortales. Antes que se descubriera este delito cometió otro peor. Habiendo invitado a los olímpicos a un banquete en el monte Sípilo, o quizás en Corinto, Tántalo descubrió que los alimentos que tenía en la despensa eran insuficientes para los invitados y entonces no se sabe si para poner a prueba la omnisciencia de Zeus, o simplemente para poner de manifiesto su buena voluntad, despedazó a su hijo Pélope y agregó los pedazos al guisado preparado para los dioses, como habían hecho los hijos de Licaón con su hermano Níctimo cuando agasajaron a Zeus en Arcadia. Todos los dioses reconocieron lo que tenían en el plato, y lo rechazaron con horror, todos menos Deméter, quien, trastornada por haber perdido a Perséfone, comió la carne de la paletilla izquierda.

d. Por estos dos delitos fue castigado Tántalo con la ruina de su reino y, después de su muerte por la mano de Zeus, con el tormento eterno en compañía de Ixión, Sísifo, Ticio, las Danaides y otros. Ahora cuelga, consumido perennemente por la sed y el hambre, de la rama de un árbol frutal que se incuria sobre un lago pantanoso. Sus olas le llegan a la cintura, y a veces a la barbilla, pero cuando se inclina para beber retroceden y no dejan más que el negro cieno a sus pies; o, si alguna vez logra recoger un puñado de agua, ésta se desliza entre sus dedos y lo único que consigue es humedecer sus labios agrietados, quedándose más sediento que antes. Él árbol está cargado de peras, manzanas brillantes, higos dulces, olivas y granadas maduras, pero cada vez que tiende la mano para tomar un fruto suculento una ráfaga de viento lo pone fuera de su alcance.

e. Además, una piedra enorme, un risco del monte Sípilo, sobresale por encima del árbol y amenaza eternamente con aplastar el cráneo de Tántalo. Este es su castigo por un tercer delito: el robo, agravado con el perjurio. Un día, cuando Zeus era todavía un infante en Creta y le amamantaba la cabra Amaltea, Hefesto le hizo a Rea un mastín de oro para que guardara al niño; este mastín llegó a ser luego el guardián de su templo en Dicte. Pero Pandáreo, hijo de Merope, nativo de la Mileto lidia, o quizá cretense —si, en verdad, no era efesio— se atrevió a robar el mastín y lo llevó a Tántalo para que lo custodiara en el monte Sípilo. Cuando terminó la alarma causada por el robo, Pandáreo pidió a Tántalo que le devolviera el mastín, pero Tántalo juró por Zeus que nunca había visto ni oído hablar de un perro de oro. Cuando este juramento llegó a oídos de Zeus, ordenó a Hermes que investigara el asunto, y aunque Tántalo siguió perjurando, Hermes recuperó el perro por la fuerza o mediante una estratagema, y Zeus aplastó a Tántalo bajo un risco del monte Sípilo. Todavía se muestra el lugar cerca del lago Tantálido, guarida de cisnes-águilas blancos. Más tarde, Pandáreo y su esposa Harmótoe huyeron a Atenas, y de allí a Sicilia, donde perecieron miserablemente.

f. Según otros, sin embargo, fue Tántalo quien robó el mastín de oro y Pandáreo aquel a quien lo confió y quien, por haber negado que lo había recibido, fue destruido, juntamente con su esposa, por los dioses airados, o convertido en piedra. Pero las hijas huérfanas de Pandáreo, Merope y Cleotera, a las que algunos llaman Camiro y Clitia, fueron criadas por Afrodita con cuajadas, miel y vino dulce. Hera las dotó con belleza y una sabiduría más que humana; Artemis las hizo altas y fuertes; Atenea las instruyó en todas las artes manuales conocidas. Es difícil comprender por qué estas diosas mostraron tal solicitud, o eligieron a Afrodita para que ablandara el corazón de Zeus con respecto a esas huérfanas y arreglara buenos casamientos para ellas, a menos, por supuesto, que hubieran animado a Pandáreo para que cometiese el robo. Zeus tuvo que haber sospechado algo, pues mientras Afrodita estaba encerrada con él en el Olimpo, las Harpías se apoderaron de las tres muchachas con su consentimiento y las entregaron a las Erinias, quienes les hicieron sufrir sustitutívamente por los pecados de su padre.

g. Este Pandáreo fue también el padre de Aedón, esposa de Zeto, a quien dio como hijo Itilo. A Aedón le atormentaba la envidia que sentía por su hermana Níobe, quien gozaba del amor de seis hijos y seis hijas, y cuando trató de matar a Sípilo, el mayor de ellos, mató por error a Itilo; Zeus la transformó inmediatamente en un ruiseñor que, a comienzos del verano, lamenta todas las noches a su hijo asesinado,

h. Después de castigar a Tántalo, Zeus se dio el placer de resucitar a Pélope; para ello ordenó a Hermes que recogiera los miembros y los volviera a hervir en la misma caldera, sobre la cual pronunció un hechizo. Entonces la Parca Cloto los rearticuló; Deméter le dio una paletilla de marfil, para sustituir a la que había comido, y Rea le insufló la vida, mientras Pan danzaba alegremente.

i. Pélope salió de la caldera mágica revestido con una belleza tan radiante que Posidón se enamoró de él al instante y lo llevó al Olimpo en un carro tirado por caballos de oro. Allí le nombró su copero y compañero de lecho, como Zeus posteriormente nombró a Ganimedes, y le alimentó con ambrosía. Pélope advirtió por primera vez que su hombro izquierdo era de marfil cuando se desnudó el pecho para florar a su Níobe. Todos los verdaderos descendientes de Pélope están marcados de ese modo, y después de su muerte la paletilla de marfil fue guardada en Pisa.

j. Entretanto, Eurianasa, la madre de Pélope, lo buscaba diligentemente, pues ignoraba su ascensión al Olimpo; se enteró por los marmitones de que lo habían hervido y servido a los dioses, que parecían haber comido hasta el último trozo de su carne. Esta versión de la fábula se hizo corriente en toda Lidia; muchos la creen todavía y niegan que el Pélope a quien Tántalo hirvió en la caldera era el mismo Pélope que le sucedió.

k. Bróteas, el hijo feo de Tántalo, talló la imagen más antigua de la Madre de los Dioses, la que todavía se halla en la Peña Codina, al norte del monte Sípilo. Era un cazador famoso, pero se negaba a honrar a Artemis, y ésta lo enloqueció; gritando que ninguna llama podía quemarlo, se arrojó sobre una pira encendida y dejó que las llamas lo consumieran. Pero algunos dicen que se suicidó porque todos aborrecían su fealdad. El hijo de Bróteas y su heredero fue llamado Tántalo en honor de su abuelo.

1.      Según Estrabón (xii.8.21), Tántalo, Pélope y Níobe eran frigios; y cita a Demetrio de Scepsis, y también a Calístenes (xiv.5.28), según los cuales la familia derivaba su riqueza de las minas de Frigia y el monte Sípilo. Además, en Niobe de Esquilo (citado por Estrabón: xii.8.21) se dice que los Tantálidas tenían «un altar de Zeus, su dios paternal, en el monte Ida»; y Sípilo es situado en «la tierra idea». Democles, a quien Estrabón cita de segunda mano, interpreta racionalmente el mito de Tántalo diciendo que su reinado se caracterizó por violentos terremotos en Lidia y Jonia, hasta Tróade; aldeas enteras desaparecieron, el monte Sípilo se derrumbó, los pantanos se convirtieron en lagos y Troya quedó sumergida (Estrabón: i.3.17). Según Pausanias, también una ciudad situada en el monte Sípilo desapareció en una sima, que luego se llenó de agua y se convirtió en el lago Saloé, o Tántalis. Las ruinas de la ciudad podían ser vistas en el fondo del lago hasta qué éste quedó obstruido por el aluvión de una corriente de agua montañesa (Pausanias: vii.24.7). Plinio conviene en que Tántalis fue destruida por un terremoto (Historia natural ii.93), pero constata que se construyeron tres ciudades sucesivas en su sitio antes que quedara sumergida finalmente (Historia natural v.31).

2.      Sin embargo, la opinión histórica de Estrabón, aunque arqueológicamente admisible, no explica la relación de Tántalo con Argos, Corinto y la Mileto cretense. La roca que pende sobre él en el Tártaro, siempre a punto de caer, lo identifica con Sísiío de Corinto, cuyo castigo igualmente perpetuo se dedujo de una representación gráfica que mostraba al titán Sol empujando trabajosamente el disco solar hacia arriba por k ladera del Qelo hasta el cénit (véase 67.2). El escoliasta sobre Píndaro se daba cuenta vagamente de esta identificación, pero explicó racionalmente el castigo de Tántalo señalando que «algunos entienden que la piedra representa al sol, y Tántalo a un físico que sufre el castigo por haber demostrado que el sol es una masa de metal incandescente» (Escoliasta sobre las Odas olímpicas de Píndaro i.97). Confusamente, esta representación gráfica del titán Sol se ha combinado con otra: la de un hombre que atisba angustiado a través de un entrelazamiento de ramas cargadas de frutos y con el agua hasta la barbilla, castigo que los retóricos utilizaban como una alegoría del destino que esperaba a los ricos y codiciosos (Servio sobre la Eneida de Virgilio vi.603; Fulgencio: Compendio mitológico ii.18). A las manzanas, peras, higos y otros frutos que cuelgan sobre los hombros de Tántalo les llama Fulgencio «frutos del Mar Muerto», de los que dice Tertuliano que «tan pronto como se toca con el dedo la mangana se convierte en cenizas».

3.      Para comprender esta escena es necesario recordar que al padre de Tántalo, Tmolo, se le describe como habiendo sido enguirnaldado con roble, y que su hijo Pélope, uno de cuyos nietos se llamaba también Tántalo (véase 112.c), gozaba de los ritos de héroe en Olimpia en los que intervenía el «guardamontes de Zeus». Puesto que, como se conviene ahora generalmente, los criminales del Tártaro eran dioses o héroes de la época preolímpica, Tántalo representaría al rey sagrado anual, vestido con ramas llenas de frutos, como las que se llevaban en las Oscoforias (véase 98.w) y que era arrojado a un río como pharmacos, costumbre sobreviviente en el ritual de Jorge Verde en los Balcanes descrito por Frazer. El verbo tantalize, derivado de este mito, ha impedido que los eruditos se den cuenta de que la agonía de Tántalo es causada no por la sed, sino por el temor de ahogarse o de la subsiguiente inmolación en una pira, que fue el destino de su feo hijo Bróteas.

4.      Platón (Cratilo 28) puede tener razón cuando deriva Tantalus de talan tatos, «muy desdichado», formado de la misma raíz, tla, «sufriente» o «paciente», que da los nombres de Atlante y Telamón, ambos héroes del roble. Pero talanteuein significa «pesar moneda» y puede ser una referencia a sus riquezas; y talanteuesthai puede significar «tambalear de lado a lado», que es el modo de andar del rey sagrado con el muslo lisiado (véase 23.1). Parece, en consecuencia, que Tántalo es a la vez un titán Sol y un rey selvático, cuyo culto fue llevado de Grecia al Asia Menor por la vía de Creta —a Pandáreo se le describe como cretense— a mediados del segundo milenio a. de C. y se volvió a importar en Grecia hacia su final, cuando el derrumbe del imperio hitita obligó a los ricos colonos de habla griega del Asia Menor a abandonar sus ciudades.

5.       Cuando los autógrafos alegaban que Tántalo era un huésped frecuente del Olimpo, admitían que su culto había dominado en otro tiempo en el Peloponeso y, aunque a los banquetes a los que los dioses invitaban a Tántalo se los distingue cuidadosamente del banquete al que los invitó él, en todos los casos el manjar principal sería la misma sopa de menudos que los pastores antropófagos de Arcadia del culto del roble prepararon para Zeus Lobuno (véase 38.b). Quizá no sea una coincidencia que en Normandía a la víctima del Jorge Verde se la llame «Lobo Verde» y antiguamente se la arrojara viva a la hoguera del solsticio estival. El acto de comer a Pélope, sin embargo, no se relaciona directamente con el culto del lobo. La posición de Pélope como valido de Posidón, su nombre, «rostro barroso o sucio», y la leyenda de su paletilla de marfil indican más bien un culto de la marsopa en el Istmo (véase 8.3 y 70.5) —«delfín» en griego incluye a la marsopa— y sugiere que el Paladión, hecho según se decía con sus huesos (véase 159.3 y 166.h), era un objeto de culto de marfil de marsopa. Esto explicaría por qué, según el escoliasta sobre las Odas olímpicas de Píndaro (i.37), Tetis, la diosa del Mar, y no Deméter, come la paletilla de Pélope. Pero la antigua estatua sedente de Deméter de cabeza de yegua en Figalia tenía una paloma en la mano y un delfín (o marsopa) en la otra; y, como dice directamente Pausanias: «El motivo por el que se hizo así la imagen es evidente para cualquiera de inteligencia corriente que haya estudiado mitología» (viii, 43.3). Quiere decir que ella presidía el culto del caballo, el culto del roble y el culto de la marsopa.

6.      Este antiguo mito puso en aprietos a los autógrafos posteriores. No contentos con disculpar a Deméter de la acusación de haber comido deliberadamente carne humana y negando con indignación que todos los dioses comían lo que se les ponía delante, hasta el último bocado, inventaron una explicación superracionalista del mito. Tántalo, escribieron, era un sacerdote que reveló los secretos de Zeus a los no iniciados. En vista de lo cual los dioses lo depusieron y afligieron a su hijo con una enfermedad repugnante, pero los cirujanos lo cortaron y lo remendaron con injertos de hueso, dejando tantas cicatrices que parecía que lo habían descuartizado y luego habían vuelto a unir los pedazos (Tzetzes: Sobre Licofrón 152).

7.      El robo del mastín de oro por Pandáreo debe ser interpretado como una continuación del robo de Cerbero por Heracles, lo que indica que los aqueos desafiaban la maldición mortal, simbolizada por un perro, apoderándose de un objeto de culto consagrado a la diosa Tierra Rea (abuela de Tántalo) y confiriendo soberanía a su poseedor. Las diosas olímpicas apoyaban claramente el robo de Pandáreo, y el perro, aunque era propiedad de Rea, guardaba el templo del Zeus cretense que moría anualmente; por tanto, el mito indica no una violación original por los aqueos del altar de Rea, sino una recuperación temporal del objeto del culto por los devotos de la diosa.

8.      La naturaleza del objeto del culto robado es incierta. Puede haber sido un cordero de oro, el símbolo de la soberanía pelópida; o el cetro con un cuclillo por contera que, como se sabe, Zeus había robado a Hera; o el Paladión de marfil de marsopa; o la bolsa de la égida con su contenido secreto. Es improbable que fuera un perro de oro, pues el perro no era el objeto del culto, sino su guardián; a menos que se trate de una versión del mito gales de Amathaon ap Don, quien robó un perro a Arawn («elocuencia»), rey de Annwm («Tártaro»), y de este modo pudo conocer el nombre secreto del dios Bran (Diosa Blanca, págs. 58-62).

9.      Las tres hijas de Pandáreo, una de las cuales, Camiro, se llama igual que la más joven de las tres Parcas rodias (véase 60.2), son la diosa triple, aquí humillada por Zeus a causa de la rebelión de sus devotos. La lealtad de Tántalo a la diosa se pone de manifiesto en las fíbulas de su hijo Bróteas, quien talló su imagen en el monte Sípilo, y de su hija Níobe, sacerdotisa de la Diosa Blanca, quien desafió a los Olímpicos y cuya ave era el cisne-águila blanco del lago Tántalis. Ónfale, el nombre de la madre de Tántalo, indica un templo-ombligo profético como el de Delfos.

10.   El pharmacos anual era elegido por su extrema fealdad, lo que explica a Bróteas. Hay constancia de que en el Asia Menor al pharmacos primeramente se le golpeaba en los órganos genitales con cebolla albarrana (véase 26.3) al son de flautas lidias —Tántalo (Pausanias: ix.4) y su padre, Tmolo (Ovidio: Metamorfosis ii.56), están asociados en la leyenda con las flautas lidias— y luego lo quemaban en una pira de leña; más tarde arrojaban sus cenizas al mar (Tzetzes: Historia xxiii, 726-56, citando a Hipponax, siglo vi a. de C). En Europa parece haberse invertido el orden: al pharmacos del Verde Jorge primeramente le zambullían en el agua, luego le golpeaban y por fin lo quemaban.

107 Los Epígonos

a. Los hijos de los siete paladines caídos en Tebas juraron vengar a sus padres. Se los llama los Epígonos. El oráculo de Delfos les prometió la victoria si Alcmeón, hijo de Ánfiarao, se hacía cargo del mando. Pero él no deseaba atacar a Tebas y discutió acaloradamente la conveniencia de la campaña con su hermano Anfíloco. Al ver que no lograban ponerse de acuerdo sobre si debían o no hacer la guerra, sometieron la decisión a su madre Erifile. Como esta situación no se daba por primera vez, Tersandro, el hijo de Polinices, siguió el ejemplo de su padre: sobornó a Erifile con la túnica mágica que Atenea había dado a su antepasada Harmonía al mismo tiempo que Afrodita le había entregado el collar mágico. Erifile se decidió por la guerra y Alcmeón asumió el mando a regañadientes.

b. En la batalla librada ante las murallas de Tebas los Epígonos perdieron a Egialeo, hijo de Adrasto, y Tiresias, el adivino, advirtió a los tébanos que su ciudad sería saqueada. Anunció que las murallas estaban destinadas a resistir sólo mientras permaneciera vivo uno de los siete paladines originales, y Adrasto, el único sobreviviente, moriría de pena cuando se enterara de la muerte de Egialeo. En consecuencia, lo mejor que podían hacer los tebanos era huir esa misma noche. Tiresias
añadió que le daba igual que siguieran o no su consejo, pues estaba destinado a morir tan pronto como Tebas cayera en poder de los argivos. Así pues, a cubierto de la oscuridad, los tebanos escaparon hacia el norte con sus esposas, hijos, armas y unos cuantos bienes, y cuando se hallaron lo bastante lejos hicieron alto y fundaron la ciudad de Hestiea. Al amanecer, Tiresias, que iba con ellos, se detuvo para beber en el manantial de Tilfusa y falleció repentinamente.

c. Ese mismo día, que fue el mismo en que Adraste se enteró de la muerte de Egialeo y murió dé pena, los argivos, al ver que había sido evacuada Tebas, entraron en ella, demolieron las murallas y recogieron el botín. Enviaron la mejor parte a Apolo en Deífos, incluyendo a la hija de Tiresias, Manto o Dafne, que se había quedado en la ciudad y que llegó a ser su pitonisa[1].

d. Con esto no terminó el asunto. Casualmente, en presencia de Alcmeón, Tersandro se jactó de que la mayor parte del mérito por la victoria argiva se le debía a él, pues había sobornado a Enfile, como su padre Polinices había hecho anteriormente, para que diera la orden de marcha. Alcmeón supo así por primera vez que la vanidad de Erifile había causado la muerte de su padre, y podía haber causado también la suya. Consultó al oráculo de Delfos y Apolo le contestó que Erifile merecía la muerte. Alcmeón interpretó equivocadamente la respuesta de Apolo como una exhortación al matricidio y a su regreso mató a Erifile, según algunos con la ayuda de su hermano Anfíloco. Pero Erifile, moribunda, maldijo a Alcmeón y gritó: «¡Tierras de Grecia y Asia y de todo
el mundo: negad asilo a mis asesinos!» Inmediatamente las Erinias vengadoras lo persiguieron y enloquecieron.

e. Alcmeón huyó primeramente a Tesprocia, donde le negaron la entrada, y luego a Psófide, donde el rey Fegeo le purificó por consideración a Apolo. Fegeo le casó con su hija Arsínoe, a quien Alcmeón dio el collar y la túnica que había llevado en su equipaje. Pero las Erinias, sin tener en cuenta esa purificación, siguieron molestándole y la tierra de Psófide se hizo estéril a causa de él. Entonces, el oráculo de Delfos aconsejó a Alcmeón que se acercara al dios fluvial Aqueloo, que le purificó una vez más. Se casó con la hija de Aqueloo, Calírroe, y se instaló en un terreno recientemente formado por el aluvión del río y que no estaba incluido en la maldición de Erifila. Allí vivió en paz durante un tiempo.

f. Un año después Calírroe, temiendo perder su belleza, se negó a admitir a Alcmeón en su lecho a menos que le diese el collar y la túnica célebres. Por amor a Calírroe se atrevió a volver a Psófide, donde engañó a Fegeo: sin mencionar su casamiento con Calírroe, inventó una predicción del oráculo de Delfos según la cual nunca se libraría de la persecución de las Erinias hasta que hubiera dedicado la túnica y el collar al templo de Apolo. Fegeo hizo inmediatamente que Arsínoe se las entregara, de lo que se alegró ella, pues creía que Alcmeón volvería a ella tan pronto como le dejaran las Erinias, quienes volvían a perseguirle con ahínco. Pero uno de los sirvientes de Alcmeón reveló indiscretamente la verdad acerca de Calírroe, y Fegeo se irritó de tal modo que ordenó a sus hijos que tendieran una emboscada y mataran a Alcmeón cuando saliera del palacio. Arsínoe presenció el asesinato desde una ventana, y como no estaba enterada de la doblez de Alcmeón, vituperó en voz alta a su padre y hermanos por haber violado el derecho de hospitalidad y haberla hecho viuda. Fegeo le suplicó que guardara silencio y escuchase mientras él se justificaba, pero Arsínoe se tapó los oídos y les deseó una muerte violenta a él y sus hermanos antes de la siguiente luna nueva. En represalia, Fegeo la encerró en un arca y la regaló como esclava al rey de Nemea, y al mismo tiempo dijo a sus hijos: «Llevad esta túnica y estecollar a Apolo Deifico. Él procurará que no causen más desgracias.»

g. Los hijos de Fegeo le obedecieron. Pero, entretanto, Calírroe, informada de lo que había sucedido en Psófide, rogó que sus hijos infantes tenidos de Alcmeón se convirtieran en hombres maduros en un día y vengaran su asesinato. Zeus oyó su súplica, y los hijos de Calírroe se convirtieron de pronto en hombres maduros, tomaron las armas y fueron a Nemea, donde, como ya sabían, los hijos de Fegeo habían interrumpido su viaje de regreso de Delfos con la esperanza de convencer a Arsínoe para que retirara su maldición. Trataron de decirle la verdad acerca de Alcmeón, pero ella no quiso escucharles tampoco, y los hijos de Calírroe no sólo los sorprendieron y mataron, sino que además se apresuraron a ir a Psófide y mataron también a Fegeo antes que la siguiente luna apareciera en el firmamento. Como ningún rey o dios fluvial de Grecia consintió en purificarlos de sus crímenes, viajaron hacia el oeste hasta el Epiro y colonizaron Acarnania, llamada así por el mayor de los dos, Acarnán.

h. La túnica y el collar eran exhibidos en Delfos hasta la Guerra Santa [siglo iv a. de C.], cuando el bandido focio Failos los robó, y no se sabe si el collar de ámbar engastado en oro que los habitantes de Amatos pretenden que es el de Erifile es auténtico o falso[2].

i. Y algunos dicen que Tiresias tuvo dos hijas, Dafne y Manto. Dafne permaneció virgen y llegó a ser una Sibila, pero Alcmeón engendró a Anfíloco y Tisífone con Manto antes de enviarla a Apolo en Delfos; confió ambos niños al rey Creonte de Corinto. Años después, la esposa de Creonte, celosa de la belleza extraordinaria de Tisífone, la vendió como esclava, y Alcmeón, sin saber quién era, la compró para que le sirviera como criada, pero afortunadamente se abstuvo del incesto. En cuanto a Manto, Apolo la envió a Colofón en Jonia, donde se casó con Racio, rey de Caria; su hijo fue Mopso, el famoso adivino[3].

1.      Esto es una narración de bardo popular que contiene pocos elementos míticos y que podía ser relatada en Tebas o Argos sin ofender a nadie; tenía interés para los habitantes de Psófide, Nemea y el valle del AqueÍoo, se proponía explicar la fundación de Hestiae y la colonización de Acarnania y poseía un fuerte sabor moral. Enseñaba la inestabilidad del juicio femenino, la insensatez de los hombres que complacen la vanidad o la codicia de las mujeres, la prudencia de escuchar a los adivinos que están fuera de toda sospecha, el peligro de interpretar equivocadamente los oráculos y la inevitable maldición que recae sobre cualquier hijo que mata a su madre aunque sea para aplacar al espíritu de su padre asesinado (véase 114.a).

2.      La continua facultad de Erifile de decidir entre la guerra y la paz es la característica más interesante de la fábula. El verdadero significado de su nombre, «muchas hojas», indica que era una sacerdotisa argiva de Hera a cargo de un oráculo de árbol, como el de Dodona (véase 51.1). Si es así, ese árbol era probablemente un peral, consagrado a Hera (véase 74.5). Tanto la «Guerra de los Siete contra Tebas», a la que Hesíodo llama la «Guerra del rebaño de Edipo», como su continuación aquí relatada, parecen haber precedido a la expedición de los Argonautas y a la Guerra de Troya y de primera intención se las puede referir al siglo XIV a. de C.

106 Los siete contra Tebas

. Tantos príncipes visitaron Argos con la esperanza de casarse con Egiea o Deípile, las hijas del rey Adraste, que, temiendo hacerse enemigos si escogía a dos de ellos como yernos, consultó con el oráculo de Delfos. La respuesta de Apolo fue: «Unce a un carro de dos ruedas el jabalí y el león que luchan en tu palacio.»

b. Entre los menos afortunados de esos pretendientes se hallaban Polinices y Tideo. Polinices y su mellizo Eteocles habían sido elegidos co-reyes de Tebas después del destierro en Edipo, su padre. Convinieron en reinar durante años alternados, pero Eteocles, a quien le tocó el primer plazo, no quiso entregar el trono al final del año, alegando la mala disposición mostrada por Polinices, y lo desterró de la ciudad. Tideo, hijo de Éneo de Calidón, había matado a su hermano Melanipo en una cacería; aunque alegaba que se trataba de una accidente, se había profetizado que Melanipo le mataría a él y en consecuencia los calidonios sospechaban que había tratado de prevenir su destino y lo desterraron a él también.

c. Ahora bien, el emblema de Tebas es un león y el de Calidonia un jabalí, y los dos pretendientes fugitivos exhibían esas figuras en sus escudos. Esa noche, en el palacio de Adrasto, comenzaron a disputar sobre las riquezas y las glorías de sus ciudades respectivas y habría habido un asesinato si Adrasto no los hubiera separado y reconciliado. Luego, teniendo en cuenta la profecía, casó a Egiea con Polinices y a Deípile con Tideo, con la promesa de restablecer a ambos príncipes en sus reinos, pero dijo que primeramente marcharían sobre Tebas, que quedaba más cerca.

d. Adrasto reunió a sus jefes argivos: Capaneo, Hipomedonte, su cuñado Anfiarao el adivino, y su aliado arcadio Partenopeo, hijos de Meleagro y Atalanta, y les pidió que se armaran y partieran hacia el este. Sólo uno de esos paladines se mostró mal dispuesto a obedecer: era Anfiarao, quien, previendo que todos ellos, excepto Adrasto, morirían luchando contra Tebas, al principio se negó a ir.

e. Sucedió que Adrasto había disputado anteriormente con Anfiarao respecto a los asuntos de estado argivos y los dos hombres enfurecidos habrían podido matarse mutuamente de no ser por Enfile, la hermana de Adrasto, que estaba casada con Anfiarao. Tomando su rueca, se interpuso entre ellos, les sacó las espadas a golpes y les hizo jurar que acatarían siempre su decisión en cualquier disputa futura. Informado de este juramento, Tideo llamó a Polinices y le dijo:
—Enfile teme que esté perdiendo su belleza; ahora bien, si tú le ofreces el collar mágico que fue el regalo de boda de Afrodita a tu antepasada Harmonía, la esposa de Cadmo, pronto arreglaría la disputa entre Anfiarao y Adrasto obligándole a él a venir con nosotros.

f. Esto se hizo discretamente y partió la expedición encabezada por los siete paladines: Polinices, Tideo y los cinco argivos. Pero algunos dicen que Polinices no era uno de los siete y agregan el nombre del argivo Eteoclo, hijo de Ifis.

g. Su marcha los llevó a través de Nemea, donde reinaba Licurgo. Cuando pidieron permiso para que sus soldados pudieran beber en su región, Licurgo se lo dio y su sierva Hipsípila los condujo al manantial más próximo. Hipsípila era una princesa lemnea, pero cuando las mujeres de Lemnos juraron matar a todos sus hombres en venganza por el daño que les habían hecho, ella salvó la vida de su padre Toante, por lo que la vendieron inmediatamente como esclava, y allí estaba, como niñera de Ofeltes, el hijo de Licurgo. Dejó al niño un momento mientras guiaba al ejército argivo al manantial, ocasión que aprovechó una serpiente para enroscarse alrededor de la criatura y morderla mortalmente. Adrasto y sus soldados volvieron del manantial demasiado tarde para hacer otra cosa que matar a la serpiente y enterrar al niño.

h. Cuando Anfiarao les advirtió que ésa era una señal de mal agüero, ellos instituyeron los Juegos Nemeos en honor del niño, llamándole Arquémoro, que significa «el iniciador de la condena»; y cada uno de los paladines tuvo la satisfacción de ganar una de las siete pruebas. Los jueces de los Juegos Nemeos, que se celebran cada cuatro años, llevan desde entonces túnicas negras en duelo por Ofeltes y la corona del vencedor está tejida con perejil infausto.

i. Cuando llegaron a Citerón, Adrasto envió a Tideo como heraldo para que exigiese a los tebanos que Eteocles abdicase el trono en favor de Polinices. Al ser rechazada esa exigencia, Tideo desafió a sus jefes a combate singular, uno después de otro, y salió victorioso de todos los encuentros; pronto no hubo ya más tebanos que se atreviesen a presentarse. Entonces los argivos se acercaron a las murallas de la ciudad, y cada uno de los paladines se apostó delante de una de las siete puertas.

j. El adivino Tiresias, con quien consultó Eteocles, profetizó que los tebanos saldrían victoriosos sólo si un príncipe de la casa real se ofrecía voluntariamente como sacrificio a Ares; inmediatamente Meneceo, el hijo de Creonte, se dio muerte delante de las puertas, así como su homónimo y abuelo se había arrojado de cabeza desde las murallas en una ocasión anterior. La profecía de Tiresias se realizó: los tebanos fueron derrotados en una escaramuza y se retiraron a la ciudad, pero tan pronto como Capaneo colocó una escala de sitio contra la muralla y comenzó a subir por ella, Zeus lo mató con un rayo. Al ver eso, los tebanos se envalentonaron, hicieron una salida furiosa y mataron a otros tres de los siete paladines; y uno de ellos, que por casualidad se llamaba Melanipo, hirió a Tideo en el vientre. Atenea sentía afecto por Tideo y, compadecida de él cuando yacía medio muerto, se apresuró a pedir a su padre Zeus un elixir infalible que muy pronto le habría puesto de nuevo en pie. Pero Anfiarao odiaba a Tideo porque había obligado a los argivos a marchar y, como era perspicaz, corrió adonde estaba Melanipo y le cortó la cabeza. «¡Esta es tu venganza!» —exclamó— «¡Abre el cráneo y trágate los sesos!» Tideo lo hizo, y Atenea, que llegó en aquel momento con el elixir, lo vertió en tierra y se retiró disgustada.

k. Sólo Polinices, Anfiarao y Adrasto quedaban de los siete paladines; y Polinices, para evitar más muertes, propuso que se decidiera la sucesión al trono mediante un combate singular con Eteocles. Eteocles aceptó el desafío y en una lucha enconada cada uno de ellos hirió mortalmente al otro. Creonte, su tío, se hizo cargo del mando del ejército tebano y venció a los argivos desalentados. Anfiarao huyó en su carro por la ribera del río Ismeno, y estaba a punto de ser atravesado por la espalda por un tebano que le perseguía cuando Zeus abrió la tierra con un rayo y Anfiarao desapareció sin dejar rastro, con carro y todo, y ahora reina vivo entre los muertos. Batón, su auriga, desapareció con él.

l. Al ver que habían sido derrotados, Adrasto montó en su caballo alado Arión y huyó; pero cuando más tarde se enteró de que Creonte no permitía que se enterrara a los enemigos muertos, fue a Atenas como suplicante y convenció a Teseo para que marchara sobre Tebas y castigara la impiedad de Creonte. Teseo tomó la ciudad en un ataque sorpresa, encarceló a Creonte y entregó los cadáveres de los paladines muertos a sus parientes, quienes hicieron una gran pira para quemarlos. Pero Evadne, la esposa de Capaneo, puesto que su marido había sido convertido en héroe por el rayo de Zeus, no quiso separarse de él. Como la costumbre exigía que el hombre herido por un rayo fuese enterrado aparte de los demás, y se cercase su tumba, se arrojó a la pira ge
neral y se quemó viva.

m. Ahora bien, antes de la llegada de Teseo a Tebas, Antígona, hermana de Eteocles y Polinices, había desobedecido las órdenes de Creonte encendiendo secretamente una pira y colocando sobre ella el cadáver de Polinices. Pero al mirar por la ventana de su palacio, Creonte advirtió un resplandor distante que parecía provenir de una pira ardiente, fue a investigar y sorprendió a Antígona en su acto de desobediencia. Llamó a su hijo Hemón, con quien Antígona estaba comprometida en casamiento, y le ordenó que la enterrara viva en la tumba de Polinices. Hemón fingió que se apresuraba a hacer lo que se le ordenaba, pero en lugar de eso se casó con Antígona en secreto y la envió a vivir entre sus pastores. Ella le dio un hijo, que muchos años después, fue a Tebas e intervino en ciertos juegos fúnebres, pero Creonte, que seguía siendo rey de Tebas, sospechó su identidad por la marca de una serpiente que tenía en el cuerpo y que llevaban todos los descendientes de Cadmo, y le condenó a muerte. Heracles intercedió en favor de su vida, pero Creonte se mostró inflexible, por lo que Hemón mató a Antígona y se dio muerte a sí mismo.

1.      El oráculo del león y el jabalí de Apolo sin duda expresaba originalmente el buen criterio de constituir reinos dobles para evitar la lucha política entre el rey sagrado y su heredero, como la que provocó la caída de Tebas (véase 69.1). Pero el emblema de Tebas era un león, debido a su diosa anterior, la Esfinge con cuerpo de león; y el emblema de Calidón era un jabalí, probablemente porque a Ares, que tenía un templo allí, le gustaba adoptar ese disfraz (véase 18.j). Por tanto, el oráculo se ha aplicado a una situación diferente. Escudos con dibujos de animales se utilizaban regularmente al comienzo de la época clásica (véase 98.3 y 160.n).

2.      Los mitógrafos se valen con frecuencia de la sílaba eri de un nombre alegando que significa era, «lucha», más bien que «abundante». De aquí el mito de Erictonio (véase 25.1) y Erígone (véase 79.3). Erifile significaba originalmente «muchas hojas» más bien que «lucha tribal». Hesíodo (Los trabajos y los días 161 y ss.) dice que Zeus exterminó a dos generaciones de héroes, la primera en Tebas en la guerra por los rebaños de Edipo, y la segunda en Troya, en la guerra causada por la rubia Helena. No se explica lo de los «rebaños de Edipo», pero Hesíodo se refería, sin duda, a esta guerra entre Eteocles y Polinices, en la que los argivos apoyaron a un candidato sin suerte para el trono de Tebas. La causa de una disputa análoga entre hermanos fue el vellocino de oro, por el que contendieron Atreo y Tiestes (véase 111.c-d); su posesión puso a su dueño en el trono de Micenas. También Zeus tenía carneros con vellón de oro en el monte Lafistio, los cuales parecen haber sido la insignia regia de la vecina Orcómeno y causaron mucho derramamiento de sangre (véase 70.6).

3.      Hipsípile («puerta alta») era probablemente un título de la diosa Luna, cuyo curso describe un alto arco en el firmamento; y los Juegos Nemeos, como los Olímpicos, debían celebrarse al final del período del rey sagrado, cuando había reinado durante sus cincuenta meses lunares como marido de la suma sacerdotisa. El mito conserva la tradición de que anualmente se sacrificaban niños a la diosa como sustitutos del rey; aunque a la palabra Opheltes, que significa simplemente «benefactor», se le ha dado aquí un sentido forzado: «enrollado por una serpiente», como si se derivara de ophis, «serpiente», y eilein, «juntar apretando». Tampoco Archemorus significa «el comienzo de la condena», sino más bien «tronco de olivo original», y está referido a plantones del olivo sagrado de Atenea (véase 16.c), probablemente los que se utilizaban en los juegos como coronas para los vencedores en las diversas pruebas. Después de los desastres de la guerra persa, el empleo del olivo se interrumpió en los Juegos Nemeos en favor del perejil, una señal de luto (Escoliasta sobre Argumento de los Juegos Nemeos de Píndaro). El perejil era infausto, quizás a causa de su notoriedad como abortivo. El proverbio inglés dice: «parsley grows rank in cuckolds' gardens» (el perejil crece exuberante en los jardines de los maridos cornudos). Crecía exuberante en la isla de la muerte de Ogigia (véase 170.w).

4.      Él engullimiento por Tideo de los sesos de Melanipo es relatado como una anécdota moral. Este antiguo medio de mejorar la capacidad para la lucha, introducido por los helenos y que todavía practicaban los escitas en la época clásica (Herodoto: iv.64), había llegado a ser considerado bárbaro. Pero el icono del que los mitógrafos dedujeron su fábula mostraba probablemente a Atenea haciendo una libación al espíritu de Melanipo, para mostrar que aprobaba la acción de Tideo. La epopeya perdida de Los Siete contra Tebas debía parecerse mucho al Mahabbarata indio, que glorifica a la casta militar de los Maryannu; el mismo tema de la lucha entre parientes se da en esta epopeya, la conducta de los combatientes es más noble y más trágica que en la Ilíada, los dioses no desempeñan un papel malévolo, se honra la costumbre de inmolar a la viuda en la hoguera funeraria del marido, y Bhishma, como Tideo, bebe la sangre de su enemigo (véase 81.8).

5.      Él fin de Ánfiarao es otro ejemplo más de la muerte del rey sagrado a consecuencia de estrellarse su carro (véase 71.a; 101.g; 105.d; 109.j, etc.). El descenso de Batón («zarzamora») al Tártaro en su compañía parece relatado para explicar la difundida prohibición europea de comer moras, asociadas con la muerte.

6.      La autoinmolación de Evadne recuerda el mito de Alcestes (véase 69.d). Las reliquias de una cremación regia encontradas en una tumba-colmena de Dendra, cerca de Micenas, indican que, en este caso particular, el rey y la reina fueron enterrados al mismo tiempo; y A. W. Persson cree que la reina murió voluntariamente. Pero los dos pueden haber sido asesinados, o haber muerto de la misma enfermedad, y no hay noticia de un entierro micénico análogo en ninguna otra parte. La inmolación de la viuda en la hoguera del marido, que parece haber sido una práctica helénica, pasó pronto de moda (véase 74.8). Él rayo era una prueba de la presencia de Zeus, y como «sagrado» e «impuro» significan casi lo mismo en la religión primitiva —los animales proscriptos en el Levitico eran impuros porque eran sagrados— la tumba de un hombre muerto por un rayo era aislada por una cerca, como la de un ternero que muere de ántrax en una granja moderna, y se le concedían ritos heroicos. El cementerio de las cercanías de Eleusis en el que, según Pausanias, fueron enterrados finalmente los paladines, ya ha sido identificado y abierto por el profesor Mylonas. Encontró una tumba doble rodeada por un cerco de piedra y cinco tumbas individuales; los esqueletos, como se acostumbraba en el siglo XIII a. de C., a los que se puede atribuir los fragmentos de jarrones, no mostraban señales de cremación. Ladrones de tumbas primitivos se habían llevado, evidentemente, las armas de bronce y otros objetos metálicos, originalmente enterrados con los cuerpos; y puede haber sido su hallazgo de dos esqueletos dentro del círculo de piedra lo que sugirió a los habitantes de Eleusis que aquélla era la tumba de Capaneo, herido por el rayo, y de su fiel esposa Evadne.


105 Edipo

a. Layo, hijo de Lábdaco, se casó con Yocasta y gobernó en Tebas. Afligido por no haber tenido hijos durante largo tiempo, consultó en secreto con el oráculo de Delfos, el cual le informó que esa aparente desgracia era un beneficio, porque cualquier hijo nacido de Yocasta sería su asesino. En consecuencia, repudió a Yocasta, aunque sin darle explicación alguna de su decisión, cosa que le ofendió a ella de tal modo que, después de hacer que se emborrachara, consiguió mañosamente que volviera a sus brazos en cuanto hubo anochecido. Cuando, nueve meses después, Yocasta dio a luz un hijo, Layo lo arrancó de los brazos de la nodriza, le taladró los pies con un clavo, se los ató el uno al otro y lo dejó abandonado en el monte Citerón.

b. Pero las Parcas habían decidido que ese niño llegara a una vejez lozana. Un pastor corintio lo encontró, le llamó Edipo porque sus pies estaban deformados por las heridas hechas con el clavo, y lo llevó a Corinto, donde el rey Pólibo reinaba en aquel momento.

c. Según otra versión de la fábula, Layo no abandonó a Edipo en la montaña, sino que lo encerró en un arca que fue arrojada al mar desde un barco. El arca flotó a la deriva y llegó a la costa de Sición, donde Peribea, la esposa de Pólibo, estaba por casualidad en la playa vigilando a las lavanderas de la casa real. Recogió a Edipo, se retiró a un soto y simuló que sufría los dolores del parto. Como las lavanderas estaban demasiado ocupadas para observar lo que ella hada, les engañó a todas haciéndoles creer que acababa de dar a luz a aquel niño. Pero Peribea le dijo la verdad a Pólibo, quien, como tampoco tenía hijos, tuvo la satisfacción de criar a Edipo como su hijo propio.
Un día, habiéndole vituperado un joven corintio diciéndole que no se parecía lo más mínimo a sus supuestos padres, Edipo fue a preguntar al oráculo de Delfos qué era lo que le reservaba el futuro. «¡Aléjate del altar, desdichado! —le gritó la pitonisa, con repugnancia— ¡Matarás a tu padre y te casarás con tu madre!»

d. Como Edipo amaba a Pólibo y Peribea y no deseaba causarles un desastre, decidió inmediatamente no volver a Corinto. Pero sucedió que en el estrecho desfiladero entre Delfos y Dáulide se encontró con Layo, quien le ordenó ásperamente que saliese del camino y dejara pasar a sus superiores. Se debe explicar que Layo iba en carro y Edipo a pie. Edipo replicó que no reconocía más superiores que los dioses y sus propios padres.
—¡Tanto peor para ti! —gritó Layo, y ordenó a su cochero, Polifontes, que siguiera adelante.
Una de las ruedas magulló el pie de Edipo, quien, impulsado por la ira, mató a Polifontes con la lanza. Luego derribó a Layo, quien cayó al camino enredado en las riendas, fustigó a los caballos e hizo que éstos lo arrastraran y le mataran. El rey de Platea tuvo que enterrar ambos cadáveres.

e. Layo se estaba dirigiendo al oráculo para preguntarle cómo podía librar a Tebas de la Esfinge. Este monstruo era hija de Tifón y Equidna o, según dicen algunos, del perro Ortro y la Quimera, y había volado a Tebas desde la parte más distante de Etiopía. Se la reconocía fácilmente por su cabeza de mujer, cuerpo de león, cola de serpiente y alas de águila. Hera había enviado recientemente a la Esfinge para castigar la ciudad de Tebas porque Layo había raptado en Pisa al niño Crisipo; habiéndose instalado en el monte Picio, cerca de la ciudad, proponía a cada viajero tebano que pasaba por allí un enigma que le habían enseñado las Tres Musas: «¿Qué ser, con sólo una voz, tiene a veces dos pies, a veces tres, a veces cuatro y es más débil cuantos más pies tiene?» A los que no podían resolver el enigma los estrangulaba y devoraba en el acto, y entre esos infortunados estaba Hemón, el sobrino de Yocasta, a quien la Esfinge hizo haimon, o «sangriento», verdaderamente.
Edipo, quien se acercaba a Tebas inmediatamente después de haber matado a Layo, adivinó la respuesta: «El hombre —contestó—, porque se arrastra a gatas cuando es niño, se mantiene firmemente en sus dos pies en la juventud, y se apoya en un bastón en la vejez.» La Esfinge, mortificada, saltó desde el monte Picio y se despedazó en el valle de abajo. En vista de esto los tebanos, agradecidos, aclamaron a Edipo como rey, y se casó con Yocasta, ignorando que era su madre. .

f. Entonces una peste invadió Tebas y cuando se consultó una vez más al oráculo de Delfos, contestó: «¡Expulsad al asesino de Layo!» Edipo, que no sabía con quién se había encontrado en el desfiladero, maldijo al asesino de Layo y lo condenó al destierro.

g. El ciego Tiresias, el adivino más famoso de Grecia en esa época, pidió a Edipo una audiencia. Algunos dicen que Atenea, quien lo había cegado, porque inadvertidamente la había visto bañándose, atendió a la súplica de su madre y, tomando a la serpiente Erictonio de su égida, le ordenó: «Limpia los oídos de Tiresias con tu lengua para que pueda entender el lenguaje de las aves
proféticas.»

h. Otros dicen que en una ocasión, en el monte Cilene, Tiresias había visto a dos serpientes en el acto de acoplarse. Cuando ambas le atacaron, las golpeó con su bastón y mató a la hembra. Inmediatamente Tiresias se convirtió en una mujer y llegó a ser una ramera célebre; pero siete años después acertó a ver el mismo espectáculo y en el mismo lugar, y esta vez recuperó su virilidad matando a la serpiente macho. Otros dicen que cuando Afrodita y las tres Carites, Pasítea, Calé y Eufrósine, disputaron acerca de cuál de las cuatro era más bella, Tiresias otorgó el premio a Calé; inmediatamente Afrodita lo convirtió en una anciana. Pero Calé lo llevó consigo a Creta y le regaló una hermosa cabellera. Algunos días después Hera comenzó a reprocharle a Zeus sus numerosas infidelidades. Él las defendió alegando que, en todo caso, cuando compartía el lecho con ella, ella disfrutaba muchísimo más que él.
—Las mujeres, por supuesto, gozan con el acto sexual infinitamente más que los hombres —le dijo en tono fanfarrón.
—¡Qué tontería! —replicó Hera—. Sucede exactamente lo contrario y lo sabes muy bien.
Tiresias, llamado para arbitrar la disputa con su experiencia personal, declaró:
«Si en diez partes divides del amor el placer, una a los hombres va y nueve a la mujer.»
La sonrisa triunfante de Zeus exasperó de tal modo a Hera que cegó a Tiresias, pero Zeus le compensó con la visión interior y una vida que abarcó siete generaciones.

i. Tiresias se presentó en la corte de Edipo, apoyándose en el bastón de madera de cornejo que le había dado Atenea, y reveló a Edipo la voluntad de los dioses: que la peste cesaría solamente si un Hombre Sembrado moría en beneficio de la ciudad. El padre de Yocasta, Meneceo, uno de los que habían brotado de la tierra cuando Cadmo sembró los dientes de la serpiente, se arrojó inmediatamente de las murallas, y toda Tebas elogió su abnegación cívica.
Tiresias anunció luego:
—Meneceo ha obrado bien y la peste cesará. Pero los dioses tienen en consideración a otro de los Hombres Sembrados, uno de la tercera generación pues ha matado a su padre y se ha casado con su madre. ¡Sabed, reina Yocasta, que ese hombre es tu marido Edipo!

j. Al principio nadie quiso creer a Tiresias, pero pronto sus palabras quedaron confirmadas por una carta de Peribea desde Corinto. Escribía que la súbita muerte del rey Pólibo le permitía ahora revelar las circunstancias de la adopción de Edipo, y lo hacía con detalles condenatorios. Yocasta se ahorcó de vergüenza y de pena y Edipo se cegó con un alfiler que tomó de los vestidos de ella.

k. Algunos dicen que, aunque atormentado por las Erinias, que le acusaban de haber causado la muerte de su madre, Edipo siguió reinando en Tebas durante un tiempo, hasta que murió en una batalla. Según otros, sin embargo, el hermano de Yocasta, Créonte, le expulsó, pero no antes que maldijera a Eteocles y Polinices —que eran al mismo tiempo hijos y hermanos suyos— cuando insolentemente le enviaron la parte inferior de un animal sacrificado, o sea el anca en vez del cuarto delantero que correspondía al rey. En consecuencia observaron sin derramar lágrimas cómo abandonaba la ciudad que había librado del poder de la Esfinge. Después de vagar durante muchos años de un país a otro, guiado por su fiel hija Antígona, Edipo llegó por fin a Colono en el Ática, donde las Erinias, que tienen allí un bosquecillo, le persiguieron hasta matarlo, y Teseo enterró su cadáver en el recinto de los Solemnes de Atenas, y lo lloró al lado de Antígona.

1.      La fábula de Layo, Yocasta y Edipo ha sido deducida de una serie de iconos sagrados mediante una corrupción deliberada de su significado. Un mito que explicaría el nombre de Lábdaco («ayuda con antorchas») se ha perdido; pero puede referirse a la llegada a la luz de las antorchas de un Niño Divino, llevado por vaqueros o pastores, en la ceremonia del Año Nuevo, y aclamado como hijo de la diosa Brimo («rabiosa»). Este eleusis, o advenimiento, era el acontecimiento más importante en los Misterios Éleusinos, y quizá también en los ístmicos (véase 70.5), lo que explicaría el mito de la llegada de Edipo a la corte de Corinto. Los pastores adoptaban o rendían homenaje a otros muchos príncipes niños legendarios o semi-legendarios, tales como Hipótoo (véase 49.a). Pelias (véase 68.d), Anfión (véase 76.a). Égisto (véase 111.i), Moisés, Rómulo y Ciro, todos los cuales eran abandonados en una montaña o confiados a las olas en un arca, o ambas cosas. A Moisés lo encontró la hija del Faraón cuando bajó al río con sus mujeres. Es posible que Oedipus, «pie  hinchado»,   fuera   originalmente   Oedipais,   «hijo  del mar agitado», que es el significado del nombre que se da al héroe gales correspondiente, Dylan; y que la perforación de los pies de Edipo con un clavo pertenezca al final y no al comienzo de su fábula como en el mito de Talos (véase 92,m y 154.h).

2.      El asesinato de Layo es un recuerdo de la muerte ritual del rey solar por su sucesor: derribado de un carro y arrastrado por los caballos (véase 71.1) cuando terminaba el primer año de su reinado.

3.      La anécdota de la Esfinge ha sido deducida, evidentemente, de una ilustración en que aparecía la diosa Luna alada de Tebas, cuyo cuerpo compuesto representa las dos partes del año tebano —el león a la parte creciente y la serpiente a la parte menguante— y a quien el nuevo rey ofrece sus devociones antes de casarse con su sacerdotisa, la Reina. Parece también que el enigma que la Esfinge aprendió de las Musas ha sido inventado para explicar una ilustración de un infante, un guerrero y un anciano, los tres adorando a la diosa triple: cada uno de ellos rinde homenaje a una persona diferente de la tríada. Pero la Esfinge, vencida por Edipo, se mató, y lo mismo hizo su sacerdotisa Yocasta. ¿Fue Edipo un invasor de Tebas en el siglo XIII que suprimió el antiguo culto minoico de la diosa y reformó el calendario? Bajo el viejo sistema, el nuevo rey, aunque extranjero, había sido teóricamente un hijo del rey viejo al que mató y con cuya viuda se casó; costumbre que los invasores patriarcales tergiversaron considerándola como parricidio e incesto. La teoría freudiana de que el «complejo de Edipo» es un instinto común a todos los hombres fue sugerida por esta anécdota corrompida, y aunque Plutarco recuerda (Sobre Isis y Osiris 32) que el hipopótamo «asesinaba a su padre y violaba a su madre», nunca habría sugerido que todos los hombres tienen un complejo de hipopótamo.

4.      Aunque los patriotas tebanos, poco dispuestos a admitir que Edipo era un extranjero que tomó su ciudad por asalto, preferían hacer de él el heredero perdido del reino, la verdad es revelada por la muerte de Meneceo, miembro de la raza pre-helena que celebraba el festival de las Pelonas en memoria del demiurgo Ofión, de cuyos dientes pretendían haber nacido. Se lanzó a la muerte con la esperanza desesperada de aplacar a la diosa, como Mercio Curcio cuando se abrió una sima en el Foro romano (Livio: vii.6), y el mismo sacrificio se ofreció durante la guerra de los «siete contra Tebas» (véase 106.j). Sin embargo, murió en vano; de otro modo la Esfinge y su suprema sacerdotisa no se habrían visto obligadas a suicidarse. La fábula de la muerte de Yocasta por ahorcamiento es probablemente un error; se dice que la Helena del culto del olivo, lo mismo que Erígone y Ariadna del culto del vino, murieron de ese modo, quizá para explicar las figurillas de la diosa Luna que colgaban de las ramas de los árboles en los huertos como un talismán de la fertilidad (véase 79.2, 88.10 y 98J). En Tebas se utilizaban figurillas análogas y cuando Yocasta se suicidó lo hizo indudablemente arrojándose desde una roca, lo mismo que la Esfinge.

5.      La aparición de «Tiresias», título común de los adivinos en toda historia legendaria de Grecia indicaba que Zeus le había concedido a Tiresias una vida notablemente larga. Ver serpientes acoplándose se considera todavía infausto en la India meridional; la teoría es que el testigo será castigado con la «enfermedad femenina» (como la llama Herodoto), a saber, la homosexualidad; aquí el fabulista griego ha llevado la fábula un poco más adelante para provocar la risa contra las mujeres. El cornejo, árbol adivinatorio consagrado a Crono (véase 52.3 y 170.5), simbolizaba el cuarto mes, el del equinoccio de la primavera; Roma fue fundada en esa estación en el lugar donde golpeó en tierra la jabalina de madera de cornejo lanzada por Rómulo. Hesíodo convirtió a las dos Carites tradicionales en tres (véase 13.3), llamándolas Eufrósine, Aglaye y Talía (Teogonia 945). El relato de Sosóstrato sobre la disputa por la belleza tiene poco sentido, porque Pasithea Cale Eupbrosyne, «la Diosa de la Alegría que es bella para todos», parece haber sido el título de la propia Afrodita. Puede haberlo tomado del Juicio de París (véase 159.i y 3).

6.      Sobreviven dos relatos incompatibles de la muerte de Edipo. Según Homero, murió gloriosamente en batalla. Según Apolodoro e Higinio, fue desterrado por el hermano de Yocasta, un miembro de la casa real cadmea, y vagó como mendigo ciego por las ciudades de Grecia hasta que llegó a Colono, en el Ática, donde las Furias le persiguieron hasta darle muerte. Que Édipo se cegara a sí mismo por remordimiento lo han interpretado los psicólogos como castración, pero aunque los gramáticos griegos dijeron que la ceguera de Fénix, el preceptor de Aquiles (véase 160.l) era un eufemismo por impotencia, el mito primitivo es siempre categórico, y la castración de Urano y Atis siguió siendo recordada sin rubor en los libros de texto clásicos. La ceguera de Edipo, en consecuencia, parece una invención teatral más bien que un mito original. Las Furias eran personificaciones de la conciencia, pero de la conciencia en un sentido muy limitado: despertada tan sólo por la violación de un tabú maternal.

7.      Según la fábula no homérica, el desafío de la diosa de la ciudad por Edipo fue castigado con el destierro, y él murió luego víctima de sus temores supersticiosos. Es probable que sus innovaciones fuesen repudiadas por los tebanos conservadores; y, ciertamente, la renuencia de sus hijos y hermanos a concederle el cuarto delantero de la víctima sacrificada equivalía a negarle su autoridad divina. La espaldilla era el emolumento sacerdotal en Jerusalén (Levítico vii.32 y xi.21, etc.) y Tántalo puso una ante la diosa Deméter en un famoso banquete de los dioses (véase 108.c). Entre los akan la paletilla de la derecha todavía se concede al gobernante. ¿Trató Edipo, como Sísifo, de sustituir las leyes de sucesión matrilineales por las patrilineales y le desterraron sus subditos? Parece probable. Teseo de Atenas, otro revolucionario patriarcal del Istmo, quien destruyó el antiguo clan ateniense de los Palántidas (véase 99.a), es asociado por los dramaturgos atenienses con el entierro de Edipo, y también fue desterrado al final de su reinado (véase 104.f).

8.      Tiresias figura aquí dramáticamente como el profeta de la deshonra final de Edipo, pero la fábula, tal como sobrevive, parece haber sido invertida. En un tiempo puede haber sido algo así:

Edipo de Corinto conquistó Tebas y llegó a ser rey casándose con Yocasta, una sacerdotisa de Hera. Luego anunció que el reino pasaría en adelante de padre a hijo siguiendo la línea masculina, que es una costumbre corintia, en vez de seguir siendo el don de Hera la Estranguladora. Edipo confesó que se sentía deshonrado por haber dejado que los caballos del carro arrastraran y dieran muerte a Layo considerado su padre, y por haberse casado con Yocasta, quien le había hecho rey mediante una ceremonia de renacimiento. Pero cuando trató de cambiar estas costumbres, Yocasta se suicidó como protesta y Tebas fue víctima de una peste. Por consejo de un oráculo, los tebanos negaron entonces a Edipo la paletilla sagrada y le desterraron. Murió en una tentativa inútil de reconquistar su trono mediante la guerra.