sábado, 31 de marzo de 2018

El zorro plateado y la gallineta

En las montañas de los Andes hay un animal pequeño, veloz y astuto, que
sabe esconderse muy bien. Su piel es sedosa y salpicada de diferentes
colores: amarillo, negro, carmelita y hasta blanco. Se trata del zorro plateado.
Un día, dice el cuento, un zorrito muy joven se enfrentó con una gallineta que
estaba acurrucada en su nido. La gallineta, al verlo, se asustó muchísimo, así
que se esponjó para parecer más grande. Pero el zorro, en vez de atacarla, la
saludó muy cortésmente:
«¿Cómo está su merced? ¿Cuándo espera sus pollitos? ¿Están ya para
nacer?»
La gallineta, temblando de pavor y con los ojos brillantes, se puso a silbar su
Uou-uuou, para espantar al enemigo, pero el zorro continuó hablándole, muy
tranquilo:
«Justamente, es por su voz por lo que he venido a visitarla. Además, ¡nos
parecemos tanto! Tiene usted, en su plumaje, los mismos colores de mi piel.
Mas... como le decía, es por su voz por lo que he venido... ¡Canta usted tan
bello! ¿No podría enseñarme? ¡Deseo tanto aprender!»
Al oír esto, la gallineta madre comenzó a recuperar la tranquilidad. ¿Sería
verdad lo que estaba oyendo? Sin duda el zorro tenía la barriga bien llena, de
otra forma no se tomaría la molestia de adquirir cultura. Así que contestó:
«Caballero, aprender a cantar no es tan fácil como parece, pero con mucho
gusto trataré de enseñarle. Observe usted mi pico. Notará que es bastante
delgado, muy fino y completamente pelado. Para cantar usted necesitará un
pico igual».
El zorro no sospechaba nada. Como todas las personas astutas, pensaba que
los demás eran tontos.
La gallineta continuó:
«Será necesario que usted le quite la piel a su boca».
El zorro, muy pensativo, contestó: «¡Conque debo quitarle la piel a mi boca!
Pues entonces empiece usted con la operación. Le prometo que no chillaré».
Poco a poco, la gallineta fue deshollejando la boca del zorro. La sangre
manchaba la yerba y el plumaje del ave, pero el zorro no se quejaba. Sentía
vergüenza de llorar de dolor. Al fin, comenzaron a vérsele los huesos; tenía la
boca pelada.
«Ahora sí puede cantar», lo animó la gallineta. «Haga Uuuu».
El zorro logró imitar el silbido. Estaba feliz. Mas el intenso dolor que sentía hizo
que corriera a meter al riachuelo su «pico», como llamaba a su boca adolorida.
Allí lo encontraron la gallineta y sus pollitos una semana más tarde. Había
muerto.
La gallineta les contó a sus hijitos la historia del zorro, y agregó: «Eso le pasa
al que quiere alcanzar lo humanamente imposible y se cree más inteligente que
los demás».

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