lunes, 23 de febrero de 2009

La promesa del vikingo

En medio del mar había una vez una isla habitada sólo por los vikingos, guerreros formidables que no sentían temor de nada y que llevaban a cabo la empresas más arriesgadas , siempre con éxito .
Una noche se hallaban reunidos en banquete y habían bebido en exceso vinos y licores, de tal modo que sus mentes empezaban a sentirse un poco turbadas. Y decidieron que, para que aquélla noche fuese famosa en los siglos de los siglos, debían pronunciar un solemne juramento. En efecto, desenvainaron todos sus espadas y juraron declarar la guerra al poderoso rey de Noruega y arrojarlo de su tierra. El joven Vagn, que era el más fuerte y el más valeroso de todos, se adelantó y dijo:
-Yo combatiré a vuestro lado hasta mi último respiro; pero no me contento con esto, Quiero hacer un juramento que me toca a mí solo. Juro no volver a poner los pies en esta isla, si antes no he matado a Lera, el más formidable guerrero de Noruega, y he hecho mi esposa a Ingeborg, la más hermosa doncella del norte.
Al día siguiente, los vikingos partieron en sus espléndidos navíos, haciendo proa hacia Noruega; a mitad del camino se encontraron con las naves enemigas. Pronto se desencadenó una tremenda batalla y el agua se tiñó con la sangre de los héroes. Ante el furor de los vikingos, que desencadenaban un verdadero huracán de flechas, entre los gemidos de os heridos y los clamores guerreros, muy pronto los noruegos empezaron a retirarse. Pero he aquí que una terrible tempestad e repente se soltó sobre los vikingos: el granizo golpeaba los yelmos con violencia, atravesándolos e hiriendo a los combatientes; el viento los cegaba , y a la lluvia , que caía sin cesar, se mezclaban flechas y dardos. Luego, de repente, las nubes se animaron y , en medio de ellas aparecieron, en fantástica cabalgata , las valquirias , divinidades guerreras que se lanzaron , contra los guerreros de la isla. Se vio entonces una nave blanquísima , en cuya proa se erguía una mujer con los brazos tendidos, de cuyos dedos brotaban flechas, numerosas como gotas de agua, mientras sus ojos llameaban, ante ella cayeron los más nobles guerreros, mientras los supervivientes eran llevados prisioneros por los noruegos victoriosos.
Vagn se hallaba entre éstos, y junto con sus compañeros fue transportado a palacio.
Por la noche, los jefes de los vencedores se reunieron para celebrar la aplastante derrota de los enemigos, y el rey , para premiar a Lera, el más cruel y el más poderoso de sus guerreros, le concedió la gracia de matar a todos los prisioneros. Bajo la terrible espada de Lera cayeron, una a una , las nobles cabezas de los vikingos. Cuando le lego la vez a Vagn, el joven insultó a al héroe noruego con despreciativas palabras y éste airado, se lanzó contra él con toda su fuerza. Pero con un brusco movimiento , el vikingo evitó el golpe, y Lera, arrastrado por su propio impulso cayó a tierra. Entonces Vagn, rápido, se apoderó de su espada, y antes de que nadie pudiera impedirlo, la hundió hasta la empuñadura en el pecho del guerrero. Cuando, los presentes, queriendo vengar, se disponían a lanzarse contra el temerario joven. Erik, el hijo del rey los detuvo. Admiraba la habilidad y el valor del vikingo , sintió por él una súbita simpatía. Lo hizo liberar y lo conservó a su lado en la corte. Protegido por el príncipe , Vagn permaneció en la corte durante largo tiempo, se casó con la princesa Ingeborg, la más hermosa doncella del norte, y con ella regresó a su amada isla en la mitad del océano. De esta manera el vikingo había cumplido el juramento.

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